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clave: programa
de lo separado---apartheit----etnocentrismo---universalidad---imperialista---dislocación---cultura
china---identidad cultural---alteridad---relación de subordinación---interpolación.
La imprudencia por
mi parte al estudiar a una norteamericana de origen chino es perdonable
por mi interés en descubrir las características del discurso
femenino y en analizar el mundo simbólico de ese discurso que hoy
domina en el mundo de las ideas. Y, además, niego la posibilidad
de adentrarme en un programa de lo separado, en una especie de apartheid,
entre las literaturas creadas por el hombre y la mujer, aunque reconozco
lo difícil que resulta conocer al “otro”.
Y en ese “otro”
basamos nuestro trabajo para decir que lo primero que es necesario hacer
es alejarse, dentro de lo posible, del etnocentrismo masculino occidental
que mantiene sus ideas, también en la crítica literaria,
como nociones de universalidad, cuando realmente lo son sólo regionales
o aún, locales. Este alejamiento del monocentrismo europeo
en la teoría literaria nos acerca a otros tipos de crítica
en donde hay que introducir tradiciones culturales y teorías literarias
más apropiadas a las literaturas que deseamos descubrir.
Y la crítica,
en este caso, se acerca a una teoría post-colonial en la que el
“otro”, además de pertenecer en los Estados Unidos a una minoría
como la china, es mujer, lo que resulta una especie de doble “otro”.
El término
post-colonial será visto aquí afectando a todo un proceso
imperialista
de dominación no sólo cultural sino también masculina.
De esta manera dejaremos de lado, al menos momentaneamente, la idea de
que la escritura de minorías y la de la mujer son algo marginal
o periférico para decir que creemos que deben ser entendidas como
enriquecedoras de la cultura mayoritaria incitándonos
a una nueva visión y percepción distinta de la realidad.
Dentro ya de la
crítica post-colonial vamos a aplicar una serie de categorías
a la obra de Amy Tan que nos procuran una introducción a
una nueva aproximación al texto literario.
La primera de las
categorías a discutir es la de la crisis de identidad que se centra
en la relación entre el “yo” y el lugar de donde se procede. De
esta forma se puede hablar de una dislocación (D. E. S. Maxwell
: 1965). Esta separación vendrá dada, en general, por la
emigración, la experiencia de la esclavitud, los desplazamientos
obligados, la búsqueda de trabajo, etc. Por eso, la lucha entre
lugar y desplazamiento es algo natural en las literaturas de minorías
y post-coloniales y en un plano más metafórico, en la literatura
escrita por mujeres.
Amy Tan nació
en Oakland, California en el año 1952. Sus padres habían
emigrado de China en el año 1949 esperando convertir a su hija en
una famosa neurocirujana y/o pianista. Su madre ejerce una gran influencia
en su creación literaria por las costumbres e historias que cuenta
a su hija desde pequeña. Realiza sus estudios como administradora
de programas para minusválidos y se prepara para ser periodista
y editora. En 1987 viaja a China en donde, desde el principio, se convierte
en una china más, debido a la asimilación que de su cultura
le ha hecho sentir las historias de su madre y la vida familiar.
Amy Tan está
casada y vive en San Francisco, habiendo publicado dos novelas que le han
hecho saltar a la fama como una gran escritora de minorias. La primera,
publicada en 1989, lleva el título de The Joy Luck Club
en la que se trata las historias de cuatro madres y sus hijas de la primera
generación de emigrantes chinos-americanos. Estas dos generaciones
están estudiadas en contraste con su cultura ancestral en la que
buscan su identidad cultural, sabiendo que el nuevo contexto americano
se está introduciendo en sus vidas.
Su segunda novela
se publica en 1991 con el título The Kitchen God´s
Wife . En ella se vuelve al Shanghai de los años
20, al vivido durante la II Guerra Mundial y a la llegada a Estados
Unidos de una de sus protagonistas, llena de tragedia y esperanza, en el
año 1949.
La segunda de estas
categorías en esta literatura sería la necesidad que tienen
los autores y autoras de procurarse una serie de modelos literarios
basados
en lo regional o nacional, en la idea de la raza, en la de la comparación
histórica, cultural y lingüística y en una posible reducción
de todos estos modelos comparativos en uno solo. Aquí podemos ver
que en el caso de Tan no hay oposición entre teoría y diferencia,
y, además, no aparece rotura con su propia cultura.
Se puede decir que
hay dos literaturas chinas: la que se remonta a cinco o seis siglos antes
de Cristo y una que comienza en el siglo XX. La que ahora nos interesa,
para trazar la tradición que puede conducirnos a la obra de Amy
Tan, es la segunda, afectada por el desarrollo y las condiciones económicas
que no favorecen la eclosión de las artes y sí la emigración
a países como los Estados Unidos.
Durante todo el
siglo XX la China ha conocido desórdenes constantes: la guerra
del opio; las invasiones japonesas; el poder de los imperialismos occidentales;
la guerra civil; la revolución cultural, por lo que hasta finales
de los años 70 y principios de los 80, no se ha conocido cierta
libertad intelectual. Esto ha ido parejo a la introducción de una
nueva lengua escrita a partir de 1919, el wenyan , lengua literaria
que puede ser leida con fluidez y extensivamente dentro de la población
y cuya finalidad es que también pueda ser hablada, para lograr así
una interacción entre lengua escrita y lengua hablada.
Todo ello ha privado
a los escritores del siglo XX de sus fuentes, introduciéndolos además
en un período de graves problemas y censuras de todo tipo, como
ha sido el comprendido entre 1966- 1976, es decir, el que coincide con
parte, al menos, de la revolución cultural. De ello ha salido, una
literatura autobiográfica o una literatura de las cicatrices
que les permite expresar su visión del mundo y sus ideales, recordando,
en el caso de Tan, su pasado, el de su familia, lleno de explotación
y de penalidades.
La literatura así
entendida ejerce un efecto terapeútico claro, dejando al lector
que se empape de la cultura que se manifiesta en el texto, a través
de hechos de estilo que podemos concretar en un claro esteticismo, en el
arte de la alusión, en el gusto por la palabra, en un deseo de recordar
la historia o, al menos, la intrahistoria de su familia o del pueblo que
ha sufrido la injusticia de la dominación política
y masculina.
La literatura de
las cicatrices se acompaña de manera paradógica
de una negación de la política y de los asuntos sociales
generales. La literatura comprometida se eclipsa, poco a poco, para aparecer
un tipo de poesía, por ejemplo, que entra en la denominación
de poesía oscura, género que recurre a lo irracional o a
explicar la tragedia del “yo”. Aparece la crisis existencial de una generación
, en China a partir de finales de los años 70, que basa su modernismo
en la exploración de la propia personalidad. Se descubre el inconsciente
y se debate el modernismo, desde, sobre todo, la primera traducción
de Kafka en el año 1979 (Danièle Crisa,1987: 55).
Durante los años
80 la literatura china rompe definitivamente con la política. Se
está atravesando por una crisis moral que lanza a los jóvenes
escritores a una realidad brutal, exenta de todo romanticismo, que busca
explicarse en la China rural, arcaica pero auténtica. Es decir,
se embarcan en la vuelta a la identidad perdida. Aparecen los primeros
síntomas de una novela humanista que desea romper con las estructuras
sociales que imposibilitan los ideales y les hacen víctimas de la
condición humana. Nos toparemos con un humanismo herido por el deseo
de penetrar en los espacios cerrados del intelecto y de despegarse
de la idea que significa la negación de los deseos del ser humano
en beneficio de un orden social y de los valores colectivos. Por eso, en
la obra de Tan, los personajes, sobre todo femeninos, comienzan a
oponerse a su destino que respaldaba el deber de la autonegación
de la individualidad. Pero también surge un sentido de la autodestrucción
y una cierta satisfacción por la redención. Aparecerán
rasgos de neorrealismo en el cual se mezclan una aproximación
al monólogo interior y cierta descripción ingenua.
Por encima de todo
ello nos parece ver un deseo de reinterpretar los mitos populares ocultos
de una cultura como la china que se ha mezclado, en parte y, sobre todo
lingüísticamente, con la nueva cultura, la norteamericana.
Regreso a lo antiguo y adquisición de lo nuevo, serían
dos características de esta autora.
Una tercera categoría
estaría situada en el anhelo por escribir siguiendo las bases de
la literatura propia. Por eso, en Amy Tan, vemos una clara comparación
con otras autoras chinas de la misma época, aunque el idioma utilizado
sea diferente.
Ejemplo de autora
china, nacida un año después que Amy Tan, es decir, en 1953,
es Zhang Xinxin, escritora que surge de los años 1980, esto es,
del nuevo renacimiento cultural. Publica su primera novela en el año
1981, Sobre la misma línea del horizonte , traducida
al francés y publicada por Ed. Actes Sud/ Fleuve Blanc. En
1985 publica una serie de cuentos sobre la vida cotidiana china basados
en entrevistas y observaciones que hace en colaboración con
Sang Ye, corresponsal en Pekin de un periódico norteamericano. Sus
historias se adaptan a la radio y a la televisión de Pekín
y finalmente se publican con el título de Los pekineses: Cien
autorretraros de gente ordinaria , libro que tiene gran éxito
en su país y en el exterior.
Toda la obra de
Zhang Xinxin parece tener características semejantes a las de Amy
Tan si salvamos el idioma en el que escriben, aunque la segunda conozca
y utilice el chino de vez en cuando. Las dos coinciden en cierto existencialismo,
idealismo, subjetivismo y darwinismo social; en cierta tendencia en contra
del confucionismo, búsqueda y juegos “geólogicos” con la
cultura china, rotura de las fronteras regionales, introducción
al exotismo, estudio de la identidad cultural propia, consciencia de la
enormidad y diversidad de una cultura tan extensamente expandida como la
china, el contacto con lo “extranjero”, sentido de la relatividad dentro
de un universo cultural tan amplio y los choques que ésto puede
producir. Todo ello, en función de un deseo de golpear la
falta de sensibilidad y las vanalidades de la vida.
A Amy Tan podríamos
enmarcarla en la nueva literatura y crítica literaria que, desde
la subjetividad institucional, considera al “otro” desde una doble perspectiva:
la de la continuidad y la de la ruptura o alteridad.
La perspectiva de
la continuidad tendría que ver culturalmente con la evolución
de la mujer, a través de varias generaciones. Basicamente
se trataría de reflejar las relaciones entre generaciones
de mujeres en un mundo en el que se desea demostrar que el
regimen patriarcal es la culminación lógica de la civilización
y el resultado de las dificultades del hombre en su lucha en
contra de la naturaleza y de las pasiones humanas. Las mujeres, en
su papel de madres, han tenido poder a lo largo de la historia, pero se
dice que el verdadero orden social se logró cuando los padres consiguieron
su verdadero nivel en la relación familiar.

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