| Contexto.
Achebe, como después veremos en
Soyinka, es un símbolo claro de la dualidad cultural que marcó
a la generación de africanos subsaharianos que vivieron a caballo
de los últimos trazos coloniales y las nuevas independencias. Divididos
entre concepciones muy distintas del hombre y el mundo, dos modos diferentes
de hablar y de pensar, de vestir y celebrar, esta primera hornada de escritores
del Africa negra plasmaría en sus obras el sentir de todo un tiempo.
El propio Achebe habla de su infancia definiéndola como un “crossroads
of cultures ” (4) en la Nigeria aún británica en la
década de los 30:
On one arm of the cross we sang hyms and read the Bible
night and day. On the other my father’s brother, and his family,
blinded by heathenism, offered food to idols. That
was how it
was supposed to be anyhow. (5)
En esta dualidad, el niño
Achebe se ceñía por mandato paterno a una vida occidentalizada,
pero nunca dejaba de interesarse por el lado pagano oculto y proscrito,
esos extraños ritos y comidas prohibidas que le intrigaban y disparaban
su curiosidad. La experiencia de las dos culturas, sin embargo, dista mucho
del estereotipo del africano desarraigado por la dualidad, y tanto Achebe
como Soyinka extrajeron lo mejor de uno y otro lado desde su posición
objetiva. Como bien señalaba Achebe…
The distance becomes not a separation but a
bringing
together, like the necessary backward step which
a judicious
viewer might take in order to see a Canvas steadily and fully. (6)
Como ya se señaló, cuando
Achebe cambió la medicina por la literatura, se interesó
desde un principio por las novelas de temática africana escritas
por europeos sin especial preocupación por mostrar una imagen verídica
o verosímil del africano más allá de estereotipos
románticos. Esta literatura lanzaría su actividad creadora.
Frustrado como africano por historias del “noble salvaje” al gusto colonial,
pero sin apenas contenido, Achebe se preocupó por dar una respuesta
al ofrecer en sus obras una visión literaria con fuertes tintes
de estudio antropológico y psicológico: una perspectiva de
Africa hecha ad hoc desde el interior de Africa, para un público
tan africano como universal, en la que los personajes europeos se mueven
en planos secundarios (si exceptuamos a Winterbottom en Arrow of God
) y las acciones y situaciones descritas se ciñen a contextos
exclusivamente subsaharianos.
Así, entre 1957 y 1966 Achebe publicó
cuatro novelas: Things Fall Apart (1957), No Longer at Ease
(1960) Arrow of God (1964) y A Man of the People (1966).
Ya en 1987 aparecería Anthills of the Savannah (7).
Las dos primeras iban a ser una sola saga familiar, pero la amplitud de
la historia y la inexperiencia del autor motivaron la disgregación
del material en dos novelas distintas, mucho más solidas y claramente
relacionadas por sus personajes. De hecho, muchos han visto en el conjunto
de la obra en prosa de Achebe una auténtiga saga por capítulos
que nos llevaría –con algún que otro salto en el tiempo-
a ver la historia de Nigeria desde los últimos días del estado
tribal hasta la actual Federación sacudida por miedos, tumultos,
desórdenes y muerte, en plena decadencia postcolonial.
En todo caso, lo que la obra de Achebe
supone de forma global es un estudio brillante del principal problema de
la Nigeria actual, sus causas y sus consecuencias en relación con
el período colonial; es lo que Achebe definió en su certero
“pequeño gran libro”: The Trouble with Nigeria (8)
como “el fracaso de la autoridad”:
The trouble with Nigeria is simply
and squarely a
failure of leadership.”
En todas las novelas de Achebe, en efecto,
nos encontramos con personajes abiertamente opuestos a un colectivo en
su búsqueda del poder y el prestigio social. Son por otra parte
productos arquetípicos de la sociedad en que se mueven, producto
de sus entornos históricos y humanos inmediatos, y siempre sus ambiciones,
su orgullo o su egoismo van a producir –y acelerar- su caída, frustrando
el deseo de liderazgo del que hablaba Achebe en su cita anterior. El defecto
parece instalarse así como característico de la sociedad
nigeriana a las puertas del siglo XXI.
Así, en Things Fall Apart
(9) , seguimos la vida de Okonkwo, ciudadano ejemplar del
pueblo Igbo de Umuofia (formado por nueve poblados dispersos) en los días
previos a la llegada del primer hombre blanco. Okonkwo es un gran trabajador
de su hacienda, campeón de lucha y guerrero temerario, sin tiempo
para el miedo ni la ociosidad; es en suma un modelo admirado en su comunidad.
Sin embargo, asesina involuntariamente a otro hombre del poblado y ello
le obliga al exilio durante siete años con toda su familia. Su ascensión
social se ha detenido. A la vuelta a Umuofia tras el destierro, todo ha
cambiado: el hombre blanco (militar y misionero) ha asentado sus leyes
y sus creencias, e incluso su propio hijo Nwoye se ha convertido.
El mundo tribal se desintegra sin remedio.
Las relaciones entre los Igbo y
los ingleses son imposibles: Un egwugwu (enmascarado que representa
el espíritu de un muerto), es sacrílegamente desprovisto
de su máscara en una festividad pagana por un converso. Acto seguido,
y en represalia, la iglesia es reducida a cenizas, y ante la reacción
inglesa Okonkwo, solo frente al enemigo, asesina a un oficial. El final
no podría se otro que el suicidio de Okonkwo en un último
acto de honor antes de ser capturado. Las líneas del poema de Yeats
que da título a la novela sobrevuelan los acontecimientos como un
ave de mal agüero:
Things Fall Apart; the centre cannot
hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and
everywhere
The ceremony of innocence is drowned.
La segunda novela, No Longer at Ease,
concebida en principio como segunda parte de la anterior-como ya se señaló-
muestra al nieto de Okonkwo, Obi, hijo del converso Nwoye, educado en Inglaterra
gracias a los hombres de Umuofia residentes en Lagos,y empleado por los
ingleses en su Administración. Lagos en los momentos previos a la
independencia aparece como una caótica amalgama de lo rural y lo
urbano degradado, donde se mueve Obi Okonkwo entre sobornos, escándalos
y amores frustrados, buscando su propia identidad y definición,
su lugar en la sociedad frente a sus paisanos de Umuofia, que esperan de
él les devuelva los favores recibidos, y frente a Clara, una Igbo
de la que se enamora pero cuya condición de “osu” (10) le
impide casarse. La vida caótica de Obi, dando tumbos y aceptando
sobornos, provoca su detención y caída final.
Las conexiones de la novela existen no
solo en los personajes, sino también en el propio Achebe, cuyo padre
Isaiah fue un converso como Nwoye (bautizado, curiosamente, Isaac) siendo
nieto de Igbos precoloniales y viviendo en una Nigeria decadente, sucia
y empobrecida. Lógicamente, las pinceladas autobiográficas
se detienen cuando el personaje de Obi se hunde en la corrupción
y a medida que la obra avanza hacia el final.
Arrow of God nos devuelve al período
colonial, a medio camino de las novelas previas.
Desconectados ya de la familia Okonkwo,
vemos las vidas paralelas de un oficial inglés, Winterbottom, receloso,
hostil y enfermo en una atmósfera húmeda y calurosa, en un
ambiente que considera hostil, y de un sacerdote Igbo, Ezeulu, que pese
al dominio que ejerce sobre su gente se siente como un mero intermediario
de su deidad, una “flecha en el arco del dios Ulu”, y que además
cede terreno a los misioneros al permitir que uno de sus hijos vaya a la
escuela cristiana. Su compromiso con su propia tradición se ha roto
como su integridad como sacerdote, y su autoridad se desvanece.
Ambos personajes se sienten vulnerables
y saben que su dominio solo es teórico. Ambos se ven urgidos por
una necesidad de afianzamiento personal ante el avance de la Indirect Rule
(Winterbottom) y de la fe cristiana de los misioneros (Ezeulu). Los conflictos
internos y externos de ambos personajes corren en capítulos paralelos
hasta que se cruzan en los momentos más intensos de la novela.
Ambos mundos, el tradicional del sacerdote
y el colonial se acercan y giran como planetas en torno al concepto del
poder y su dinámica de frustraciones. Sus órbitas llegan
a tal confluencia que, viendo a un personaje, casi vemos al otro. Al final
unos y otros, dominadores y dominados, no son sino marionetas sociales
hechas del mismo material, el material del fracaso.
A Man of the People nos lleva de
nuevo a tiempos modernos. Son los años previos a la guerra civil
y Nigeria se simboloza en tierras imaginarias. El personaje de Odili, un
maestro occidentalizado y utópico en sus conceptos sociales para
Africa, se contrapone al del Jefe Nanga, un ladrón y un político
sin escrúpulos, moralmente corrupto pero cuyo talante sonriente
y hablador le hace ser un líder de masas anónimas y cuyo
realismo ante los acontecimientos le hace más fuerte. Odili y Nanga
entrarán en conflicto, pero no por política sino por una
mujer, novia del maestro y seducida por el político.
Frente al éxito de Nanga, que roba
dinero, votos e incluso corazones de mujeres, Odili es un náufrago
social e ideológico en un mar de degradación, un personaje
alienado, débil, y amargado. Ambos personajes entran en una dinámica
de acercamiento-distanciamiento, en una noria violenta cuyo final es un
golpe de estado: Nanga es atrapado en una huída ridícula,
y Odili puede recuperar su definición, su novia y en suma su afianzamiento
en la sociedad.
Esta novela fue considerada por no pocos
como “profética” ante el golpe de estado fraguado contra los Igbo
ese mismo año,1966, y que desembocaría en la guerra civil:
masacres y muerte. Más que profeta, Achebe demostró con esta
novela una agudeza política y psicológica notable, probando
sus aptitudes como analista de la Nigeria en la que vive. El cuadro social
de A Man of the People es sencillamente soberbio, y el desencanto
de Achebe con su “nueva” Nigeria, palpable.
Su última novela, Anthills of
the Savannah, muestra una visión impresionante por su crudeza,
de una Nigeria una vez más simbolozada, y en la que tres etnias
predominantes (imagen de Hausas, Igbos y Yorubas) gobiernan a espaldas
del resto de comunidades, sembrando la represión y el terror de
estado. Asistimos a ejecuciones, saqueos, asesinatos políticos,
controles policiales y militares, censuras, e incluso la toma de la universidad:
en suma, el poder de las armas y el miedo a hablar y moverse, que forzará
a los protagonistas a una huída desesperada a la tierra baldía.
Al final, un golpe de estado acabará con un gobierno militar para
implantar otro. Poder contra poder, la rueda de la historia africana, o
como dice un conocido refrán nigeriano, “soldier go, soldier come”.
Sin embargo, seguir una línea
monográfica sobre el ejercicio del poder sería encasillar
demasiado la obra en prosa de Achebe, un autor cuyo genio va más
allá. Así, sus cinco novelas poséen características
que hacen de cada una de ellas un producto único y separado del
resto, pero creando a la vez puentes de unión entre sí que,
salvando espacio y tiempo, realidad o símbolo, crean un corpus literario
sólido tanto novela por novela como en su conjunto.
Sin embargo, tras ver la evolución
de Achebe, no podemos obviar que existe un salto considerable en sus novelas,
repartidas en temática “tradicional” o “contemporánea”. Al
margen de las distancias que toda creación literaria establece con
el plano real, existe en Achebe un espacio en blanco, admitido por el propio
autor: el planteamiento inicial era crear una especie de saga familiar
empezando por los tiempos de su abuelo, cuya generación había
abierto las puertas a los europeos, y acabando en la Nigeria actual. Como
ya sabemos, la amplitud del tema a tratar forzó a Achebe a separar
la saga en novelas individuales. Si asumimos que el espacio/tiempo de Okonkwo
(Things Fall Apart) correría paralelo al del abuelo de Achebe
(11) , seguimos la línea y vemos a Obi Okonkwo (No Longer
at Ease) Nanga/Odili (A Man of the People) o el triunvirato
Sam/Ikem/Chris (Anthills of the Savannah) como personajes no necesariamente
conectados con el autor, pero sí inmersos en la sociedad contemporánea
de Achebe. ¿Dónde está entonces la generación
de su padre? ¿En Nwoye, quizás, bautizado Isaac? El personaje
une las dos primeras novelas al ser hijo de Okonkwo y padre de Obi, pero
su papel en ambas es demasiado etéreo, sin el peso específico
que una mención específica al tiempo de su padre merecería.
¿En los personajes de Arrow of God? El tiempo, quizás
el espacio son los indicados, pero ni un oficial inglés ni un sacerdote
Igbo encajan en tal papel. (12)
El propio autor reconoció esta
ausencia en el prólogo a una edición especial de sus tres
primeras obras bajo el título The African Trilogy (13)
: Ni No Longer at Ease ni Arrow of God pudieron tratar el tema
de la generación Igbo que aceptó el modo de vida colonial.
Achebe escribe en dicho prólogo que no se trata de un rechazo hacia
tal generación por haber traicionado su identidad, sino de una dificultad
manifiesta dada la complejidad de sentimientos en juego para un Achebe
que, en el momento de plasmarlos, era demasiado inexperto como autor o
sabía aún demasiado poco sobre lo que realmente había
pasado. Achebe cierra el tema con las siguientes palabras:
Meanwhile the story of my father waits. I know a lot more
now than I did when I put it aside more than twenty-five years
ago. … There is a great story in that generation that navigated
the perilous crossroads. But why rush into it and get
things (if
not youeself) tangled up? (14)
Nada en todo caso que eclipse una línea
creativa impresionante, capaz de abrirnos los ojos a un mundo casi desconocido.
Las conexiones antropológicas nos muestran imágenes magníficas
de ritos, costumbres, lenguas y conocimientos en general de culturas que
durante un tiempo yacieron sepultadas bajo la ignorancia, y esa recuperación
es la principal dimensión de cara al lector occidental.
4. “Named for Victoria, Queen of England” en Hopes and Impediments:
Selected Essays (1965-87), p. 67
5. ibid.,p.68
6. ibid.,p.68
7. Todas ellas publicadas en Heinemann, Londres.
8. The Trouble with Nigeria (1983) Heinemann, Londres.
9. Título de reminiscencias literarias, sacado del poema
de W.B. Yeats (1865-1939) titulado The Second Coming, donde el poeta se
lamenta del fin del orden y la inocencia en aras de cambios nada positivos.
10. Casta iniciada por un hombre Igbo que elige dedicarse por entero
al servicio de un dios determinado, alejándose por ello de su sociedad,
que lo considera un intocable. Sus descendientes llevarán este estigma.
11.Achebe recoge en su ensayo “Named for Victoria Queen of England”
(Hopes and Impediments: Selected Essays – Heinemann, Londres 1988) cómo
su tío-abuelo Udo Osinyi, hombre de prestigio en su pueblo, fue
el primero en dejar a los misioneros instalarse en sus tierras. Pero pronto
los echaría, porque sus tristes cánticos religiosos podían
hacer pensar al vecindario que eran cantos fúnebres en su honor.
12. Me permito aquí mencionar la comunicación que presenté
en el IV Congreso Internacional sobre el Discurso Artístico titulada
La Generación Perdida del Africa Colonial: El Compromiso Fallido
de Chinua Achebe (Universidad de Oviedo, 1997-Volumen I de las Actas, pp.477-488)
13. Chinua Achebe: The African Trilogy (1988) Londres,Picador
14. ibid.,p. xi

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