| Estilo.
Achebe creó para sus novelas una
geografía y unos personajes que suelen esconder tras nombres simbólicos
nexos de unión con el mundo del autor en su niñez, adolescencia
y madurez. No se trata de buscar excesivos tintes autobiográficos
más allá de detalles significativos y puntuales, sino de
componer un mundo literario e el que los vínculos con el plano real
son palpables. Ello convierte a las obras del autor Igbo en auténticos
estudios antropológicos.
Para Achebe la novela actuó como
un medio de descubrimiento, tanto personal como externo, algo nada ajeno
a otros autores africanos como el propio Soyinka, que sintieron la necesidad
de recurrir al estilo autobiográfico -en mayor o menor escala- a
modo de referencia para desenterrar y reivindicar raíces olvidadas
y valores propios despreciados por una cultura extranjera impuesta.
Escritores como los dos nigerianos que
nos ocupan, o el sudafricano Es’kia Mphalele, el kenyata Ngugi o el guineano
Camara Laye, por poner algunos ejemplos, se comprometieron en una investigación
profunda sobre los legados culturales de sus pueblos con el fín
de reponer su lugar en Africa. En este contexto, el idioma a emplear para
transmitir este legado se convertiría en un amplio foro de discusión
interna: la lengua de los antepasados o la colonial.Este dilema dividió
a la primera generación de escritores africanos, de quienes mostramos
a continuación, a modo de resumen de tendencias, unas breves opiniones
de escritores representativos a favor o en contra de las lenguas coloniales.
Así, un crítico como el nigeriano Obiajunwa Wali decía
en 1963:
The whole uncritical acceptance of English and French
as the inevitable medium for educated
African writing, is
misdirected,and has no chance of advancing African literature
and culture. In other words,until these writers and heir western
midwives accept the fact that any true African literature
must
be written in African languages,they would be merely pursuing
a dead end, which can only lead to sterility, uncreativity,
and
frustration. (15)
Otros autores o críticos defendían
el uso de lenguas europeas, como el mencionado Mphalele, mientras las autoridades
educativas no cambiasen su política y promocionasen un aprendizaje
profundo de sus lenguas; es decir, en espera de una modernización
en el uso de las lenguas autóctonas:
It is not the writer alone who will redeem the situation.…
We have to wait a
generation or two before Africans
outside South and east Africa can produce an adult literature
in
their own languages. But we as writers cannot be asked to leave
off writing and engage in linguistics which are the basic concern
of education authorities. (16)
Los defensores de las lenguas europeas
escondían a veces animosidad al emplearlas como “armas arrojadizas”
contra quienes se las habían impuesto. Es el caso del francófono
Léopold Sédar Senghor:
It is our colonized situation that imposed
the colonizer’s
Language on us, more precisely the policy of assimilation. …
As Jean -Paul Sartre says, we have
chosen to turn the
colonizer’s weapons against him. The “miraculous arms”as Aimé
Césaire puts it. (17)
En la línea del uso incondicional
de las lenguas europeas encontramos a Achebe que, sin renunciar a mostrar
pinceladas de la lengua Igbo en muchos momentos, no solo no ve esterilidad
alguna en tal forma de escribir, sino que ve en las lenguas coloniales
los perfectos vehículos de comunicación universal para transmitir
al mundo el mensaje de Africa; y así lo ve quien solo hablaba Igbo
hasta los 8 años de edad:
I do not see any signs of sterility anywhere here. What I do
see is a new voice coming out of Africa,
speaking of African
experience in a world-ide language.So my answer to the question
Can an African writer ever learn English well enough to be
able
to use it effectively in creative writing? Is certainly yes (18).
Dejando para el estudio de Wole Soyinka
su particular posición en el tema de la identidad del escritor africano
en su encrucijada cultural (la discutida “negritud”), volvemos al caso
de Achebe. El Igbo se decantó, como hemos visto, por el uso del
inglés –en su caso- como sistema universal de comunicación
capaz de llevar el mensaje de Africa al último rincón del
globo. Frente al uso de lenguas internacionales, hechas panafricanas, escribir
en idiomas minoritarios (más bien digamos forzados a la minoría)
y excesivamente atomizados imposibilitaban el alcance comunicador, que
no dejaba de ser un deseo prioritario en los nuevos escritores. Achebe
defendía igualmente su postura en ensayos como “The African Writer
and the English Language” (19), justificando al mismo tiempo su
empleo de palabras, frases o diálogos en Igbo o en Pidgin English
para aclimatar una lengua a un contexto global marcadamante distinto al
propio:
I feel that the English language will be able to carry
the
weight of my African experience. But it will have to be
a new
English,still in full comunion with its ancestral home but altered
to suit its new African surroundings.
Ese fue el compromiso de Achebe son su
obra literaria, transmitir su mensaje de identidad usando la lengua de
quienes previamente la habían enterrado. Como el propio Achebe señaló,
no sin ironía…
If colonialism did not give the African peoples a song, it
At least gave them a tongue, for singing. (20)
El propósito final sería
en todo caso la rehabilitación de las culturas africanas, su filosofía,
sus valores estéticos y sobre todo, su dignidad.
Vocabulario
El inglés de Achebe resulta tan
peculiar como exquisito: junto a un uso impecable del inglés académico,
perfecto estilística y morfosintácticamente, supo plasmar
las distintas variantes populares del “Nigerian Pidgin English” y poner
en boca de los personajes precisos un vocabulario Igbo puntual pero rico
y expresivo. El resultado es una mezcla brillante de corrección
lingüística con diálogos plagados de desórdenes
morfológicos, sintaxis rotas y una fonética genuinamente
africana; todo ello adaptado a los registros de personajes, lugares y situaciones
en los que el uso de un inglés académico se nos antoja imposible.
La variedad de vocabulario de Achebe,
con la rica aportación de refranes y dichos en Igbo -convenientemente
traducidos- contamina el inglés de forma consciente y lo transforma
en el modo perfecto de comunicar unas vivencias específicas de un
pueblo determinado en un tiempo y espacio ignorados fuera del ámbito
local, sin dejar por ello de hacer del idioma ese transmisor universal.
El resultado final es un ritual lingüístico que lleva al lector
a un plano ancestral, mágico en ocasiones, pero sin perder la conexión
con las vivencias contemporáneas; es en suma la integración
de lo arcáico tradicional, por fín recuperado, en el mundo
actual.
El léxico puramente inglés
del autor Igbo es sencillo, regular y homogéneo, lo que redunda
en una lectura sin sobresaltos ni barroquismos. Si analizamos una novela
en particular, como puede ser Things Fall Apart, vemos que se nos
recrea la vida de una comunidad Igbo en estado precolonial y en los primeros
contactos con los británicos; por ello hemos de suponer que el idioma
original de sus escenas sería el Igbo, un lenguaje de estructuras
y vocabulario mucho más simples que el inglés actual. Es
por ello que el uso de la lengua colonial se adapta a la sencillez del
tono, las voces y el mensaje de los nativos. No existen por tanto palabras
complicadas ni términos abstractos que nos alejen del escenario
original; todo el vocabulario empleado conforma una estructura superficial
simple bajo la que se deja notar una notable riqueza de imágenes
y símbolos extralingüísticos. En una novela como esta,
esa profusión de imágenes viene dada sobre todo por el amplio
muestrario de proverbios, refranes y fábulas de la tradición
oral Igbo, quizás el aspecto más sobresaliente para el lector
no africano. Ya en el capítulo 1 podemos leer:
Having spoken plainly so far, Okoye said the next
half
a dozen sentences in proverbs. Among
the Ibo the art of
conversation is regarded very highly,
and proverbs are the
palm-oil with which words are eaten” (21)
Los proverbios aparecen aquí como
lás más elaboradas figuras del habla de un idioma básicamente
sencillo. Son el mejor medio de comunicar ideas que, en un lenguaje más
realista, serían duras o ásperas, y son también transmisores
de una sabiduría intemporal, que conecta directamente al interlocutor
o al lector con la naturaleza más cercana, y con leyendas y mitos
contados de boca en boca. Aplicados a situaciones presentes en la novela,
su misión didáctica y ejemplarizante es clara. Veamos algunos
ejemplos -ni mucho menos todos- y sin pasar de la página 16:
Our elders say that the sun will shine on those who stand
before it shines on those who kneel under them. I shall
pay my
big debt first.” (Cap.1)
… … … … … … … … …
… … … … …
If a child washed his hands he could eat with kings. (Cap.1)
… … … … … … … …
… … … … … … … … …
…as the saying goes an old woman is always uneasy when
dry bones are mentioned in a proverb (Cap.3)
… … … … … … … …
… … … … … … … … …
A toad does not run in the daytime for nothing (Cap.3)
… … … … … … … …
… … … … … … … … …
“I am not afraid of work. The lizard that jumped
from the
high iroko tree to the ground said that he
would praise himself
if no one else did. I began to fend for myself at an age when most
people still suck at their mothers’ breasts. If you
give me some
yam seeds I shall not fail you”. (Cap.3)
Son igualmente abundantes las comparaciones, que, al igual que los dichos,
suelen conectar al hombre Igbo con su entorno animal y vegetal inmediato:
Okonkwo’s fame had grown like a bush-fire in the harmattan (Cap.1)
Ikemefuma grew rapidly like a yam tendril in the rainy season (Cap.7)
La sencillez del vocabulario y sus expresiones
no son sino parte esencial a la hora de construir una Gramática
de frases simples, cortas y llenas de expresividad. Nunca vemos en
Achebe deseo de crear estructuras fuera de contexto por su complejidad.
En una gran proporción, las frases aparecen cerradas por puntos,
son tajantes y definitorias. La narración discurre en conjunto de
forma lineal, en un uso gramatical que podemos definir como clásico,
regular y homogéneo.
El estilo en lo tocante a las partes del
habla es realista, transparente y exento de elementos subjetivos. Las acciones
se suceden de forma dinámica y natural, sin cambios súbitos
de tiempo; el único ingrediente extraordinario es la inclusión
de Pidgin English en personajes de las novelas enmarcadas en los
tiempos actuales (No Longer at Ease, A Man of the People y Anthills
of the Savannah), y los ya citados recursos de proverbios y comparaciones,
especialmente abundantes en su primera novela, pero nunca ausentes en el
resto.
En cuanto a los diálogos
en Igbo, aparecen normalmente delimitados por la letra cursiva, y en ocasiones
la frase se escribe en inglés, para un mejor entendimiento, añadiendo
el narrador que el personaje lo había dicho en Igbo. En este sentido,
No Longer at Ease ofrece una particular cohexistencia y confusión
de ambos registros en personajes como Obi o Joseph. En todo caso, la ortodoxia
sintáctica es notable
Como consecuencia de estas pautas, los
diálogos de los personajes –¡aquéllos fuera de la influencia
Igbo del uso de proverbios!- son ligeros, rápidos, puntuales. Tanto
en inglés académico como en Pidgin o en lengua nativa, son
toques de naturalidad no exentos de cargas emotivas, y que aumentan la
expresividad del texto con su realismo. Serían en muchos casos diálogos
dignos de un guión teatral, por su forma y por esa carga consciente
de tensiones personales y ese dramatismo cási trágico que
gobierna la vida de los personajes principales.
Simbología
De la lectura de las obras de Achebe podemos
extraer con facilidad que no estamos ante un simple “story-teller”: de
sus novelas extraemos un estudio meticuloso de las experiencias pasadas
y presentes del autor y su entorno familiar; en las tensiones dramáticas
que sacuden a sus personajes descubrimos muestras innumerables de las consecuencias
psicológicamente negativas del choque de culturas, y todo ello no
es sino una consecuencia directa del tiempo y lugar sobre el que se extiende
la obra del autor Igbo, un momento crítico en la historia de su
pueblo y de todo un continente. Achebe simboliza en sus obras el sentido
del mundo que le viene directamente de la herencia de sus antepasados.
Su visión de la realidad, en esa línea de la filosofía
Igbo, nos demuestra tras una lectura profunda de sus novelas una idea constantemente
simbolizada en personajes y situaciones: la idea de que nada, ni el poder
presuntamente supremo, ni las riquezas, ni el amor, ni la autoridad, nada
es absoluto y todo puede estar sujeto a cambios, incluso aspectos aparentemente
intocables como la religión, los dioses y sus sacerdotes.Veamos
en este sentido un resumen del universo religioso de los Igbo que forma
parte del legado que nos simboliza Achebe en sus obras:
En efecto, nada en el mundo Igbo
es definitivo e inalterable: los hombres necesitan dioses, pero los dioses
necesitan quienes los adoren, y no en vano los Igbo se caracterizaban por
tener la costumbre de destruir a sus propios dioses y prescindir de sus
servicios si no les daban lo que pedían, momento en el que los brujos
creaban otro fetiche, le daban otro nombre y otras atribuciones, y ponían
a la nueva deidad en la plaza vacante. Buena muestra de este peculiar universo
religioso de los Igbo es sin duda Arrow of God, donde vemos pinceladas
como la siguiente: en el capítulo 2 se cuenta la historia de una
deidad personificada en un ser de carne y hueso, inventada ad hoc por los
hombres a su conveniencia:
Es la historia del mercado de Okperi,
que veía mermada su actividad económica por la competencia
de mercados vecinos. Para solucionar el problema, los hombres de Okperi
deciden crear un dios llamado Nwanyeke, al que dotan de gran poder, y lo
ponen a cargo del mercado. Nwanyeke se personificaba en una mujer vieja,
que cada día de mercado aparecía con una escoba con el canto
del gallo -ántes por tanto que toda la gente- danzando ritualmente
y al mismo tiempo haciendo ostensibles gestos de barrer la tierra de todo
el recinto (22). Nadie en su sano juicio aparecería por el
mercado antes de que la nueva diosa terminase su ritual de purificación,
bajo peligro de deshacer el conjuro mágico.
Existe por tanto en el mundo que nos ocupa
una noción de interdependencia entre dos elementos opuestos pero
necesarios el uno para el otro. El hombre necesita dioses y los dioses
necesitan hombres. El destino de un hombre está controlado por el
chi, el alma o doble espiritual con el que el dios supremo Chukwu
dota a cada hombre al nacer, pero a su vez dice un proverbio Igbo “Si un
hombre está de acuerdo, su chi está de acuerdo”, con
lo que el hombre Igbo nunca estará carente de poder e iniciativa
para cambiar las cosas si así lo desea.
El ser humano consigue así
ser único e independiente, pero a su vez está constantemente
conectado a su chi, su alma y su destino. En suma, está conectado
al mundo invisible, a los muertos, en una unión perfecta y armónica
de lo natural y lo espiritual. Mientras persista esa armonía nada
malo ocurrirá, pero un pequeño desequilibrio puede ser la
causa oculta de una calamidad en las cosechas o una desgracia familiar.
Ahí es donde entra el temido y respetado nivel intermedio entre
el material y el espiritual, el mundo de los oráculos y la adivinación,
de los santuarios y los sacrificios de animales o de personas si la gravedad
del caso así lo requiere. El fin será siempre la búsqueda
del equilibrio entre los planos material y espiritual, pues por cada fuerza
humana o fantasmal que intente desequilibrar la balanza aparecerá
otra o un remedio para reestablecer el equilibrio. Todas las fuerzas son
manipulables.
En las obras de Achebe aparece con frecuencia
esta lucha por equilibrar las fuerzas, buscando el autor sacar a la luz
los momentos en los que ese equilibrio está en peligro (por ejemplo,
los problemas sociales de Okonkwo o los espirituales de Ezeulu) Tras una
lucha dramática por devolver las cosas al equilibrio inicial, nos
quedamos con esa idea final de que el poder más absoluto es relativo,
por eso los personajes de Achebe se ven siempre frenados. Los suyos son
personajes atormentados por su aislamiento, frustrados en sus ambiciones
sociales, inmersos en corrupción y en tiranía, aterrorizados
por la represión política, y en suma personajes sin equilibrio,
sin sitio y sin definición personal en una sociedad hostil. Sus
mundos se les han puesto del revés y el pozo en el que han caído
se hace cada vez más profundo.
Al desvelarnos por una parte el mundo
mágico de su pueblo, y por otra parte cómo le afectó
el impacto colonial, junto con sus consecuencias actuales, Achebe compuso
su respuesta contundente frente a aquellas obras exitosas pero superficiales
del Africa romántica, que situaban a los nativos siempre en planos
de inferioridad con respecto a los personajes europeos. Las mismas obras
–y sus mismos lectores- daban por supuesto que los africanos eran incapaces
de expresarse y desenvolverse socialmente de forma culta. Frente a estos
arrebatos de arrogancia, Achebe contrapuso con un éxito innegable
la simbología que reivindica la riqueza cultural de los rituales
nativos, alejando de manera clara toda noción de barbarie.
Así, en su ensayo “The Role of
the Writer in a New Nation” Achebe decía querer comprometerse en
demostrar…
….. that African peoples did not hear of culture
for the
first time from Europeans, that their societies were not mindless
but frequently had a philosophy of great
depth and value and
beauty, that they had poetry and, above all, they had dignity. (23)
Achebe refleja de forma constante estos
dos planos de Africa: su herencia cultural extraordinaria y paralelamente
el sufrimiento psicológico causado por el control europeo, factor
clave de la pérdida de conceptos sociales y morales intemporales.
Es al fín y al cabo el símbolo final de Achebe: la denuncia
de unos tiempos cambiantes y sus efectos dramáticos. Este análisis
del trauma personal y colectivo del africano entre dos mundos aparece con
claridad en las novelas que podríamos definir como “tradicionales”
atendiendo a su temática: por ejemplo, Okonkwo en Things Fall
Apart y Ezeulu en Arrow of God son símbolos de
desplazamiento y degradación social a partir de posiciones iniciales
de teórico privilegio. Poco a poco estos personajes van quedándose
sin sitio en un entorno modificado por el hombre blanco, cuya presencia
cambia el centro de gravitación de toda una esfera social.
El cambio producido redunda en una potenciación
de los defectos y deformaciones de la sociedad africana en tiempos modernos,
y es que la pérdida de valores tradicionales se une en Africa a
la herencia de los aspectos más negativos del dominio colonial:
el uso desmesurado de la fuerza y del terror, la ambición de riquezas,
la corrupción y la ausencia de ética; buenos ejemplos son
A Man of the People y Anthills of the Savannah y sus símbolos
desencantados de la Nigeria actual. Veamos brevemente ésta última:
En la última novela de Achebe,
Nigeria es Kangan, y los tres personajes principales simbolizan las tres
etnias predominantes en el rompecabezas nigeriano: Hausas, Igbos y Yorubas:
tres pueblos que se debaten en tensiones entre sí mientras anulan
cualquier brote de etnias minoritarias. La novela es una ficción
soberbia del debate suscitado en Africa entre las nuevas naciones-estado
y su choque con el sistema tribal, un problema que el autor Igbo ya había
analizado en su ensayo The Trouble with Nigeria (24) .En
la novela Achebe intenta buscar una salida airosa al espacio en blanco
inevitable que existe entre ser un nativo en un sistema tribal, y ser un
ciudadano en un estado que, además de ser artificial en sus fronteras,
reprime con violencia y sangre cualquier conato de rebeldía.
Esta condición de violencia
inhumana se encarna en el personaje de Sam, tirano sin piedad, símbolo
de los peligros de muchos gobiernos africanos que ejercen el poder militar
a espaldas de sus ciudadanos, e incluso contra ellos. Los otros dos personajes
principales, Ikem y Chris, representan en sus vidas y sus muertes una posibilidad
de renacimiento y de convivencia. El final trágico de los personajes
principales se contrapone al final con esa esperanza, encarnada en los
hijos de los muertos en compañía de sus madres -una vez más,
casi anónimas-. Como un hormiguero sobrevive al fuego aniquilador
en la sabana, Achebe plantea que las nuevas generaciones puedan revivir
en la tierra quemada, una idea quizás más utópica
que posible, y un pequeño hilo de esperanza en un rosario de muestras
de desencanto y decepción.

15. Bishop, Rand (ed.) (1988) African Literature, African Critics,
p.29. Nueva York, Greenwood Press
16. ibid., p.31
17. ibid., p.29
18. ibid., p.30
19. Achebe. Chinua (1975) Morning Yet on Creation Day, Londres,
Heinemann, p.62
20. Innes, C.L. & Lindfors,B (eds.) 1979 p.69
21. Achebe,Chinua (1958) p.5
22. Achebe, Ch. (1964), p.19
23. Innes,C.L. & Lindfors, B.(eds.) 1979, p.37
24. Achebe, Ch.(1983) Heinemann, Londres.
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