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Literaturas extranjeras



 
 
3: La Narrativa Nigeriana de Chinua Achebe.3/4
ISBN-84-9714-063-X
Por José Luis Caramés Lage y Herminio-José García-Riaño Fernández, Universidad de Oviedo.
 

Estilo.

Achebe creó para sus novelas una geografía y unos personajes que suelen esconder tras nombres simbólicos nexos de unión con el mundo del autor en su niñez, adolescencia y madurez. No se trata de buscar excesivos tintes autobiográficos más allá de detalles significativos y puntuales, sino de componer un mundo literario e el que los vínculos con el plano real son palpables. Ello convierte a las obras del autor Igbo en auténticos estudios antropológicos.

Para Achebe la novela actuó como un medio de descubrimiento, tanto personal como externo, algo nada ajeno a otros autores africanos como el propio Soyinka, que sintieron la necesidad de recurrir al estilo autobiográfico -en mayor o menor escala- a modo de referencia para desenterrar y reivindicar raíces olvidadas y valores propios despreciados por una cultura extranjera impuesta. 

Escritores como los dos nigerianos que nos ocupan, o el sudafricano Es’kia Mphalele, el kenyata Ngugi o el guineano Camara Laye, por poner algunos ejemplos, se comprometieron en una investigación profunda sobre los legados culturales de sus pueblos con el fín de reponer su lugar en Africa. En este contexto, el idioma a emplear para transmitir este legado se convertiría en un amplio foro de discusión interna: la lengua de los antepasados  o la colonial.Este dilema dividió a la primera generación de escritores africanos, de quienes mostramos a continuación, a modo de resumen de tendencias, unas breves opiniones de escritores representativos a favor o en contra de las lenguas coloniales. Así, un crítico como el nigeriano Obiajunwa Wali decía en 1963:

                            The whole uncritical acceptance of  English and French 
                       as  the  inevitable  medium  for  educated  African   writing,  is 
                   misdirected,and has no chance of advancing African  literature
                       and culture. In other words,until these writers and  heir western
                       midwives accept the fact that any true  African  literature  must
                       be written in African languages,they would be merely pursuing
                       a dead end, which can only  lead  to sterility,  uncreativity,  and 
                       frustration. (15)

Otros autores o críticos defendían el uso de lenguas europeas, como el mencionado Mphalele, mientras las autoridades educativas no cambiasen su política y promocionasen un aprendizaje profundo de sus lenguas; es decir, en espera de una modernización en el uso de las lenguas autóctonas:
                           It is  not the writer alone who will redeem the situation.… 
                       We    have   to   wait   a   generation  or   two   before   Africans 
                       outside  South and east Africa can  produce an adult literature in
                       their own languages. But we as writers cannot be asked to leave
                       off writing and engage in linguistics which are the basic concern
                       of education authorities. (16)

Los defensores de las lenguas europeas escondían a veces animosidad al emplearlas como “armas arrojadizas” contra quienes se las habían impuesto. Es el caso del francófono Léopold Sédar Senghor:
                          It is our  colonized  situation  that  imposed  the colonizer’s
                       Language on us, more precisely the policy of assimilation. …
                                As  Jean -Paul  Sartre  says,  we  have  chosen  to  turn  the 
                      colonizer’s weapons against him. The “miraculous arms”as Aimé
                      Césaire puts it. (17)

En la línea del uso incondicional de las lenguas europeas encontramos a Achebe que, sin renunciar a mostrar pinceladas de la lengua Igbo en muchos momentos, no solo no ve esterilidad alguna en tal forma de escribir, sino que ve en las lenguas coloniales los perfectos vehículos de comunicación universal para transmitir al mundo el mensaje de Africa; y así lo ve quien solo hablaba Igbo hasta los 8 años de edad:

                          I do not see any signs of  sterility  anywhere here. What I do
                        see is a  new  voice  coming  out  of  Africa,  speaking of African 
                        experience in a world-ide language.So my answer to the question
                        Can an African writer ever learn English well enough to  be  able 
                         to use it effectively in creative writing? Is certainly yes (18).

Dejando para el estudio de Wole Soyinka su particular posición en el tema de la identidad del escritor africano en su encrucijada cultural (la discutida “negritud”), volvemos al caso de Achebe. El Igbo se decantó, como hemos visto, por el uso del inglés –en su caso- como sistema universal de comunicación capaz de llevar el mensaje de Africa al último rincón del globo. Frente al uso de lenguas internacionales, hechas panafricanas, escribir en idiomas minoritarios (más bien digamos forzados a la minoría) y excesivamente atomizados imposibilitaban el alcance comunicador, que no dejaba de ser un deseo prioritario en los nuevos escritores. Achebe defendía igualmente su postura en ensayos como “The African Writer and the English Language” (19), justificando al mismo tiempo su empleo de palabras, frases o diálogos en Igbo o en Pidgin English para aclimatar una lengua a un contexto global marcadamante distinto al propio:

                                  I feel that the English language will  be able to  carry  the
                       weight of  my  African experience. But it will have to be  a  new
                       English,still in full comunion with its ancestral home but altered 
                       to suit  its new African surroundings.

Ese fue el compromiso de Achebe son su obra literaria, transmitir su mensaje de identidad usando la lengua de quienes previamente la habían enterrado. Como el propio Achebe señaló, no sin ironía…
                           If colonialism did not give the African  peoples a  song, it
                       At least gave them a tongue, for singing. (20)

El propósito final sería en todo caso la rehabilitación de las culturas africanas, su filosofía, sus valores estéticos y sobre todo, su dignidad.

Vocabulario

El inglés de Achebe resulta tan peculiar como exquisito: junto a un uso impecable del inglés académico, perfecto estilística y morfosintácticamente, supo plasmar las distintas variantes populares del “Nigerian Pidgin English” y poner en boca de los personajes precisos un vocabulario Igbo puntual pero rico y expresivo. El resultado es una mezcla brillante de corrección lingüística con diálogos plagados de desórdenes morfológicos, sintaxis rotas y una fonética genuinamente africana; todo ello adaptado a los registros de personajes, lugares y situaciones en los que el uso de un inglés académico se nos antoja imposible.

La variedad de vocabulario de Achebe, con la rica aportación de refranes y dichos en Igbo -convenientemente traducidos- contamina el inglés de forma consciente y lo transforma en el modo perfecto de comunicar unas vivencias específicas de un pueblo determinado en un tiempo y espacio ignorados fuera del ámbito local, sin dejar por ello de hacer del idioma ese transmisor universal. El resultado final es un ritual lingüístico que lleva al lector a un plano ancestral, mágico en ocasiones, pero sin perder la conexión con las vivencias contemporáneas; es en suma la integración de lo arcáico tradicional, por fín recuperado, en el mundo actual. 

El léxico puramente inglés del autor Igbo es sencillo, regular y homogéneo, lo que redunda en una lectura sin sobresaltos ni barroquismos. Si analizamos una novela en particular, como puede ser Things Fall Apart, vemos que se nos recrea la vida de una comunidad Igbo en estado precolonial y en los primeros contactos con los británicos; por ello hemos de suponer que el idioma original de sus escenas sería el Igbo, un lenguaje de estructuras y vocabulario mucho más simples que el inglés actual. Es por ello que el uso de la lengua colonial se adapta a la sencillez del tono, las voces y el mensaje de los nativos. No existen por tanto palabras complicadas ni términos abstractos que nos alejen del escenario original; todo el vocabulario empleado conforma  una estructura superficial simple bajo la que se deja notar una notable riqueza de imágenes y símbolos extralingüísticos. En una novela como esta, esa profusión de imágenes viene dada sobre todo por el amplio muestrario de proverbios, refranes y fábulas de la tradición oral Igbo, quizás el aspecto más sobresaliente para el lector no africano. Ya en el capítulo 1 podemos leer:

                           Having  spoken  plainly so  far, Okoye said  the next half
                      a  dozen   sentences  in   proverbs. Among  the  Ibo   the  art  of 
                      conversation  is   regarded  very   highly, and proverbs  are   the 
                      palm-oil  with  which  words  are eaten” (21)

Los proverbios aparecen aquí como lás más elaboradas figuras del habla de un idioma básicamente sencillo. Son el mejor medio de comunicar ideas que, en un lenguaje más realista, serían duras o ásperas, y son también transmisores de una sabiduría intemporal, que conecta directamente al interlocutor o al lector con la naturaleza más cercana, y con leyendas y mitos contados de boca en boca. Aplicados a situaciones presentes en la novela, su misión didáctica y ejemplarizante es clara. Veamos algunos ejemplos -ni mucho menos todos- y sin pasar de la página 16:
                           Our elders say that the sun will shine on those who stand 
                      before it shines on  those who kneel under them. I  shall  pay my 
                     big debt first.” (Cap.1)
                  …  …  …  …  …  …  …  …  …  …  …  …  …  … 
                                 If a child washed his hands he could eat with kings. (Cap.1)
                      …   …   …  …  …  …  …  …  …  …  …   …  …  …  …  … …
                              …as the saying goes an old woman is always uneasy when
                      dry bones are mentioned in a proverb (Cap.3)
                      …   …   …  …  …  …  …  …  …  …  …   …  …  …  …  … …
                                 A toad does not run in the daytime for nothing (Cap.3)
                      …   …   …  …  …  …  …  …  …  …  …   …  …  …  …  … …
                                “I am not  afraid  of work. The lizard  that  jumped from the
                      high  iroko tree to  the  ground said that  he  would praise himself 
                     if no one else did. I began to fend for myself at an age  when most
                      people still  suck at  their mothers’ breasts. If  you  give me some 
                      yam seeds I shall not fail you”. (Cap.3)
        Son igualmente abundantes las comparaciones, que, al igual que los dichos, suelen conectar al hombre Igbo con su entorno animal y vegetal inmediato:

                         Okonkwo’s fame had grown like a bush-fire in the harmattan (Cap.1)
                              Ikemefuma grew rapidly like a yam tendril in the rainy season (Cap.7)

La sencillez del vocabulario y sus expresiones no son sino parte esencial a la hora de construir una Gramática de  frases simples, cortas y llenas de expresividad. Nunca vemos en Achebe deseo de crear estructuras fuera de contexto por su complejidad. En una gran proporción, las frases aparecen cerradas por puntos, son tajantes y definitorias. La narración discurre en conjunto de forma lineal, en un uso gramatical que podemos definir como clásico, regular y homogéneo.

El estilo en lo tocante a las partes del habla es realista, transparente y exento de elementos subjetivos. Las acciones se suceden de forma dinámica y natural, sin cambios súbitos de tiempo; el único ingrediente extraordinario es la inclusión de  Pidgin English en personajes de las novelas enmarcadas en los tiempos actuales (No Longer at Ease, A Man of the People y Anthills of the Savannah), y los ya citados recursos de proverbios y comparaciones, especialmente abundantes en su primera novela, pero nunca ausentes en el resto.

 En cuanto a los diálogos en Igbo, aparecen normalmente delimitados por la letra cursiva, y en ocasiones la frase se escribe en inglés, para un mejor entendimiento, añadiendo el narrador que el personaje lo había dicho en Igbo. En este sentido, No Longer at Ease ofrece una particular cohexistencia y confusión de ambos registros en personajes como Obi o Joseph. En todo caso, la ortodoxia sintáctica es notable

Como consecuencia de estas pautas, los diálogos de los personajes –¡aquéllos fuera de la influencia Igbo del uso de proverbios!- son ligeros, rápidos, puntuales. Tanto en inglés académico como en Pidgin o en lengua nativa, son toques de naturalidad no exentos de cargas emotivas, y que aumentan la expresividad del texto con su realismo. Serían en muchos casos diálogos dignos de un guión teatral, por su forma y por esa carga consciente de tensiones personales y ese dramatismo cási trágico que gobierna la vida de los personajes principales.

Simbología

De la lectura de las obras de Achebe podemos extraer con facilidad que no estamos ante un simple “story-teller”: de sus novelas extraemos un estudio meticuloso de las experiencias pasadas y presentes del autor y su entorno familiar; en las tensiones dramáticas que sacuden a sus personajes descubrimos muestras innumerables de las consecuencias psicológicamente negativas del choque de culturas, y todo ello no es sino una consecuencia directa del tiempo y lugar sobre el que se extiende la obra del autor Igbo, un momento crítico en la historia de su pueblo y de todo un continente. Achebe simboliza en sus obras el sentido del mundo que le viene directamente de la herencia de sus antepasados. Su visión de la realidad, en esa línea de la filosofía Igbo, nos demuestra tras una lectura profunda de sus novelas una idea constantemente simbolizada en personajes y situaciones: la idea de que nada, ni el poder presuntamente supremo, ni las riquezas, ni el amor, ni la autoridad, nada es absoluto y todo puede estar sujeto a cambios, incluso aspectos aparentemente intocables como la religión, los dioses y sus sacerdotes.Veamos en este sentido un resumen del universo religioso de los Igbo que forma parte del legado que nos simboliza Achebe en sus obras:

 En efecto, nada en el mundo Igbo es definitivo e inalterable: los hombres necesitan dioses, pero los dioses necesitan quienes los adoren, y no en vano los Igbo se caracterizaban por tener la costumbre de destruir a sus propios dioses y prescindir de sus servicios si no les daban lo que pedían, momento en el que los brujos creaban otro fetiche, le daban otro nombre y otras atribuciones, y ponían a la nueva deidad en la plaza vacante. Buena muestra de este peculiar universo religioso de los Igbo es sin duda Arrow of God, donde vemos pinceladas como la siguiente: en el capítulo 2 se cuenta la historia de una deidad personificada en un ser de carne y hueso, inventada ad hoc por los hombres a su conveniencia:

Es la historia del mercado de Okperi, que veía mermada su actividad económica por la competencia de mercados vecinos. Para solucionar el problema, los hombres de Okperi deciden crear un dios llamado Nwanyeke, al que dotan de gran poder, y lo ponen a cargo del mercado. Nwanyeke se personificaba en una mujer vieja, que cada día de mercado aparecía con una escoba con el canto del gallo -ántes por tanto que toda la gente- danzando ritualmente y al mismo tiempo haciendo ostensibles gestos de barrer la tierra de todo el recinto (22). Nadie en su sano juicio aparecería por el mercado antes de que la nueva diosa terminase su ritual de purificación, bajo peligro de deshacer el conjuro mágico.

Existe por tanto en el mundo que nos ocupa una noción de interdependencia entre dos elementos opuestos pero necesarios el uno para el otro. El hombre necesita dioses y los dioses necesitan hombres. El destino de un hombre está controlado por el chi, el alma o doble espiritual con el que el dios supremo Chukwu dota a cada hombre al nacer, pero a su vez dice un proverbio Igbo “Si un hombre está de acuerdo, su chi está de acuerdo”, con lo que el hombre Igbo nunca estará carente de poder e iniciativa para cambiar las cosas si así lo desea.

 El ser humano consigue así ser único e independiente, pero  a su vez está constantemente conectado a su chi, su alma y su destino. En suma, está conectado al mundo invisible, a los muertos, en una unión perfecta y armónica de lo natural y lo espiritual. Mientras persista esa armonía nada malo ocurrirá, pero un pequeño desequilibrio puede ser la causa oculta de una calamidad en las cosechas o una desgracia familiar. Ahí es donde entra el temido y respetado nivel intermedio entre el material y el espiritual, el mundo de los oráculos y la adivinación, de los santuarios y los sacrificios de animales o de personas si la gravedad del caso así lo requiere. El fin será siempre la búsqueda del equilibrio entre los planos material y espiritual, pues por cada fuerza humana o fantasmal que intente desequilibrar la balanza aparecerá otra o un remedio para reestablecer el equilibrio. Todas las fuerzas son manipulables. 

En las obras de Achebe aparece con frecuencia esta lucha por equilibrar las fuerzas, buscando el autor sacar a la luz los momentos en los que ese equilibrio está en peligro (por ejemplo, los problemas sociales de Okonkwo o los espirituales de Ezeulu) Tras una lucha dramática por devolver las cosas al equilibrio inicial, nos quedamos con esa idea final de que el poder más absoluto es relativo, por eso los personajes de Achebe se ven siempre frenados. Los suyos son personajes atormentados por su aislamiento, frustrados en sus ambiciones sociales, inmersos en corrupción y en tiranía, aterrorizados por la represión política, y en suma personajes sin equilibrio, sin sitio y sin definición personal en una sociedad hostil. Sus mundos se les han puesto del revés y el pozo en el que han caído se hace cada vez más profundo.

Al desvelarnos por una parte el mundo mágico de su pueblo, y por otra parte cómo le afectó el impacto colonial, junto con sus consecuencias actuales, Achebe compuso su respuesta contundente frente a aquellas obras exitosas pero superficiales del Africa romántica, que situaban a los nativos siempre en planos de inferioridad con respecto a los personajes europeos. Las mismas obras –y sus mismos lectores- daban por supuesto que los africanos eran incapaces de expresarse y desenvolverse socialmente de forma culta. Frente a estos arrebatos de arrogancia, Achebe contrapuso con un éxito innegable la simbología que reivindica la riqueza cultural de los rituales nativos, alejando de manera clara toda noción de barbarie.

Así, en su ensayo “The Role of the Writer in a New Nation” Achebe decía querer comprometerse en demostrar…
                                 ….. that African  peoples did  not  hear of culture  for the
                      first time from Europeans, that their societies were not mindless
                      but  frequently  had a  philosophy of  great  depth and value and
                      beauty, that they had poetry and, above all, they had dignity. (23)

Achebe refleja de forma constante estos dos planos de Africa: su herencia cultural extraordinaria y paralelamente el sufrimiento psicológico causado por el control europeo, factor clave de la pérdida de conceptos sociales y morales intemporales. Es al fín y al cabo el símbolo final de Achebe: la denuncia de unos tiempos cambiantes y sus efectos dramáticos. Este análisis del trauma personal y colectivo del africano entre dos mundos aparece con claridad en las novelas que podríamos definir como “tradicionales” atendiendo a su temática: por ejemplo, Okonkwo en Things Fall Apart y Ezeulu en Arrow of God son  símbolos de desplazamiento y degradación social a partir de posiciones iniciales de teórico privilegio. Poco a poco estos personajes van quedándose sin sitio en un entorno modificado por el hombre blanco, cuya presencia cambia el centro de gravitación de toda una esfera social.

El cambio producido redunda en una potenciación de los defectos y deformaciones de la sociedad africana en tiempos modernos, y es que la pérdida de valores tradicionales se une en Africa a la herencia de los aspectos más negativos del dominio colonial: el uso desmesurado de la fuerza y del terror, la ambición de riquezas, la corrupción y la ausencia de ética; buenos ejemplos son A Man of the People y Anthills of the Savannah y sus símbolos desencantados de la Nigeria actual. Veamos brevemente ésta última:

En la última novela de Achebe, Nigeria es Kangan, y los tres personajes principales simbolizan las tres etnias predominantes en el rompecabezas nigeriano: Hausas, Igbos y Yorubas: tres pueblos que se debaten en tensiones entre sí mientras anulan cualquier brote de etnias minoritarias. La novela es una ficción soberbia del debate suscitado en Africa entre las nuevas naciones-estado y su choque con el sistema tribal, un problema que el autor Igbo ya había analizado en su ensayo The Trouble with Nigeria (24) .En la novela Achebe intenta buscar una salida airosa al espacio en blanco inevitable que existe entre ser un nativo en un sistema tribal, y ser un ciudadano en un estado que, además de ser artificial en sus fronteras, reprime con violencia y sangre cualquier conato de rebeldía.

 Esta condición de violencia inhumana se encarna en el personaje de Sam, tirano sin piedad, símbolo de los peligros de muchos gobiernos africanos que ejercen el poder militar a espaldas de sus ciudadanos, e incluso contra ellos. Los otros dos personajes principales, Ikem y Chris, representan en sus vidas y sus muertes una posibilidad de renacimiento y de convivencia. El final trágico de los personajes principales se contrapone al final con esa esperanza, encarnada en los hijos de los muertos en compañía de sus madres -una vez más, casi anónimas-. Como un hormiguero sobrevive al fuego aniquilador en la sabana, Achebe plantea que las nuevas generaciones puedan revivir en la tierra quemada, una idea quizás más utópica que posible, y un pequeño hilo de esperanza en un rosario de muestras de desencanto y decepción. 


 
15. Bishop, Rand (ed.) (1988) African Literature, African Critics, p.29. Nueva York, Greenwood Press
16. ibid., p.31
17. ibid., p.29
18. ibid., p.30
19. Achebe. Chinua (1975) Morning Yet on Creation Day, Londres, Heinemann, p.62
20. Innes, C.L. & Lindfors,B (eds.) 1979 p.69
21. Achebe,Chinua (1958) p.5
22. Achebe, Ch. (1964), p.19
23. Innes,C.L. & Lindfors, B.(eds.) 1979, p.37
24. Achebe, Ch.(1983) Heinemann, Londres.