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Literaturas extranjeras



 
 
4: Wole Soyinka y la literatura simbólica.2/4
ISBN- 84-9714-064-8
Por José Luis Caramés y Herminio José García-Riaño Fernández, Universidad de Oviedo.
 

Así, los Igbos vieron la llegada del hombre blanco como algo ajeno a ellos, un cuerpo extraño pero poderoso enquistado en sus tierras; en suma, los europeos eran una pura contradicción a ojos de los Igbos en su entorno histórico y geográfico, y prueba de ello fueron los casi veinte años que los ingleses tardaron en conquistar los distintos pueblos de esta etnia, pequeños poblados diseminados y atomizados en un territorio desconocido y hostil para los europeos (8). Había muy poca gloria militar que ganar ante este panorama, y mucho que sufrir.

En cambio los Yoruba asimilaron la llegada de los británicos desde otra perspectiva, y de aquí podemos sacar conclusiones respecto a la actitud del propio Soyinka: así, palabras como “traición” -negadas en su momento por Achebe (9) pero implícitas en la mentalidad  Igbo ante la conquista- pierden sentido. La filosofía  de los Yoruba  desarrolló desde finales del s.XIX un sentido del eclecticismo tal que incluso en un choque cultural tan traumático buscaron extraer lo mejor de uno y otro mundo para así moldear una sociedad nueva. Así, por ejemplo, los Yoruba aceptaron de buen grado la imposición del inglés, pero mantuvieron intacto el uso de su lengua; y si años antes habían mostrado reticencias a la Jihad islámica de los Fulani, la llegada de los misioneros vino a reforzar las enseñanzas cristianas que los eslavos liberados habían dado a sus gentes, por lo que la nueva fe se extendió con rapidez.

 Es un sincretismo al que Soyinka no puede ser ajeno dada su herencia. Su contribución a la generación de su padre, lejos de la incapacidad de Achebe para abordar el mismo aspecto, es una muestra del reconocimiento a  quienes asimilaron el modo de vida del hombre blanco sin por ello olvidar su propio mundo. La fusión de ambos mundos a los ojos del entonces niño Soyinka aparece con toda su fuerza  en obras como Aké:The Years of Childhood, donde ya desde el comienzo vemos ambos esquemas culturales de forma equidistante: en un entorno donde conviven cristianos y paganos, Dios se personifica y baja de las alturas. La primera página de Aké es sencillamente soberbia, sin que falte sitio para el desfile de enmascarados del egúngún, variante Yoruba del egwugwu Igbo.

                                  On a  misty day, the  steep rise towards Itoko would join 
                       the sky. If God did not actually live there, there was little doubt
                       that he descended  first  on  his crest, then took his own gigantic 
                       stride  over  those  babbling  markets – which dared  to   sell  on 
                       Sundays-  into    St.  Peter’s  Church,   afterwards   visiting   the 
                       parsonage    for   tea   with  the   Canon.  There    was   a   small 
                       consolation that … he never stopped  first  at   the  Chief’s, who 
                       was known to be a pagan; certainly  the  chief  was  never  seen 
                       at a church service except at  the   anniversaries  of  the  Alake’s
                       coronation.  Instead   God   strode   straight  into  St.Peter’s   for 
                       morning service, but reserved  his most  formal, exotic presence
                       for the evening  service which, i n  his  honour, was always held
                       in  the   English   tongue.  … there was no doubt that  the  organ
                       was   adapting  its  normal   sounds   to  accompany  God’s  own
                       sepulchral responses, with its timbre  of  the  egúngún   to  those
                       prayers that were offered to him (10).

Esta vida diaria entre dos culturas, el “crossroads” del que hablaba Achebe, hizo mella en un Soyinka  que desde su juventud -y  gracias a ella- supo conciliar de forma intuitiva mundos aparentemente opuestos, el yoruba y el cristiano, pasando esa conciliación después a una etapa artística consciente. En todo caso, el Soyinka de Aké, hijo de cristianos, parece más cercano al mundo yoruba, como vemos cuando participa en la ceremonia de iniciación a la madurez que supone matar y comer una serpiente, o cuando su abuelo le practica incisiones rituales en tobillos y muñecas para hacer de Wole un hombre valiente, que nunca  ceda en una pelea (11)

El final de Aké muestra a un Soyinka listo para ingresar en la escuela secundaria de Ibadan, y en el que su sentimiento africano y yoruba se vería completado con una educación occidental en un eclecticismo clave a lo largo de su trayectoria. Como el propio Soyinka escribió en su ensayo “Neo-Tarzanism: The Poetics of  Pseudo-Tradition”:

                                 I cannot claim a  transparency of communication even  from
                       the sculpture, music  and  poetry of  my  own  people,  the Yoruba, 
                       but the aesthetic matrix is the fount of my own creative inspiration; 
                       it influences my critical responses  to other  cultures  and  validates
                       selective   eclecticism   as   the  right   of   every  productive  being, 
                       scientist or artist. (12)

Pero es un eclecticismo que va más allá de reflejos coloristas o celebraciones folclóricas, de índole más o menos reivindicativa, en un estilo literario europeo. Es un molde cultural que llena  toda una personalidad, una experiencia global que no precisa realce y sí ser completada, analizada y transmitida en un marco occidental. Como el propio Soyinka señalaba en una entrevista publicada en Interviews with Six Nigerian Writers (13) … “we must not think that traditionalism means raffia skirts”.

Estilo

La educación recibida por Soyinka le sitúa en un lugar de privilegio a la hora de contactar con la tradición dramática y poética de la literatura inglesa o escrita en inglés. Tanto las técnicas de redacción, producción y dirección como los movimientos y gestos de actores siguen una línea en principio ajena a la tradición africana, incluyendo el uso sistemático del inglés. Dentro del debate lingüístico abierto en los escritores africanos, ya mencionado en el caso de Achebe, Soyinka  tampoco cuestiona el uso de lenguas coloniales en su calidad de transmisores universales, si bien es curiosa la cita que reproducimos a continuación, en la que el autor Yoruba parece mostrar un aparente desconocimiento o despreocupación sobre las lenguas vernáculas nigerianas:

                                We have about four  main  languages  and  about thirty-
                       something other languages in Nigeria. So English, some kind 
                       of English, is mostly used. English  is  the common language
                       –not  always  the Queen’s  English  but  what you call broken 
                       English or  pidgin English. The result  is  that  literally  every 
                       man in the street can understand some form of English. (14)

Curioso, cuando son casi 300 los idiomas cuantificados en Nigeria, y discutible también el grado de conocimiento popular que atribuye al inglés en las calles nigerianas. En todo caso, es comprensible desde el punto de vista comunicativo la postura de poner lenguas coloniales en boca de personajes autóctonos, y es previsible en Soyinka el uso de un inglés impecable combinado con desviaciones pidgin, e incluyendo en sus obras elementos extralingüísticos propios de los yoruba como vestuarios extraordinariamente ricos y coloristas, música frenética, bailes y menciones a deidades y costumbres locales.

Soyinka ha sido a menudo tachado de “eurófilo”-valga la expresión- dada su admiración declarada hacia personajes como Shakespeare, Tolstoy, Beethoven,  Pablo Picasso, y sus aproximaciones a la tragedia griega clásica y su comparación -e incluso unión- con el mundo psíquico yoruba, por no hablar del uso casi exclusivo del inglés. En realidad, Soyinka va más allá de una simple admiración por la cultura occidental, y haciendo gala del sentido ecléctico enraizado en los yoruba, busca puntos de unión y de desunión entre ambos esquemas, explotando en sus obras esas similitudes y  contradicciones que en conjunto suponen  un factor enriquecedor de la creatividad y del propio intelecto. Aspectos como la globalizante “herencia africana” defendidos por sectores puristas deben, según su opinión, estar al margen de la búsqueda de conocimientos a escala universal, y éstos no deben en ningún caso excluirse por razones de procedencia. Incluso los factores religiosos son para Soyinka imprescindibles en la formación del nuevo orden: si en el último siglo la Jihad musulmana primero, y los misioneros después, se ocuparon de minar y destruir el universo de dioses y creencias autóctonas tachándolas de demoníacas, no por ello dejan ambas religiones de formar parte del sentir y la estética yoruba y nigeriana en general, y por tanto sería impensable prescindir de sus legados en aras de un Olimpo tradicionalista mal entendido. (15)

Pero volviendo al tema del idioma, tampoco seríamos precisos si pensásemos que, por el hecho de usar el inglés, Soyinka escribe en primer lugar para una comunidad occidental o extra-africana. El uso del inglés no deja de tener una causa colonial, pero las palabras de Soyinka buscan siempre llegar en primer lugar a un público africano, o en su lugar, de raza negra esté donde esté. Como en su momento declaró, la audiencia europea no es sino el último objetivo de su mensaje:

                                  English…continues to be my medium of expression as it  is
                         … for millions of people in Nigeria,Ghana, Sierra Leone,Gambia,
                         Kenya, who I want to talk to, if possible. And I want to  talk  also
                         to  our  black  brothers  in  the United States, in the West Indies. I
                         want  to  talk  also  even  to  Europeans,  if  they  are interested in 
                         listening. But they are at the very periphery of my concerns. (16)

Y ni siquiera podemos pensar en que el autor yoruba no haya buscado alternativas al uso del inglés, cuando en su momento –1975 y 1977- sugirió el uso del Swahili como lengua común de todo el África negra (¡quién sabe con qué convicción cuando también declaró improbable que él mismo escribiese en esa lengua!). En cualquier caso, Soyinka nunca vió contradicción alguna en la lengua inglesa como transmisor/ traductor del sentimiento yoruba, ni menos aún un sentido de culpabilidad.

Vocabulario.

La obra de Soyinka, al igual que la de autores ya citados como Achebe, se desarrolla en momentos históricamente cruciales no solo en la historia de Africa, sino en el caso particular de Nigeria. Así, la declaración de Soyinka a favor del Swahili como lengua del África negra viene después de una guerra civil devastadora, en un contexto militarizado en muchos países de la zona, y en medio de un naufragio económico que sacude todo el continente. En tal contexto de desilusión (17) , parece  previsible que surjan perspectivas extremas como la del Swahili, o el llamamiento a escribir en todas las lenguas africanas hecho por la “Union of the Writers of the African Peoples” , primero en Accra (1975) y después en Dakar (1976). 

Sin embargo, en este remolino de opiniones y polémicas, Soyinka se mantuvo fiel al inglés, pero a un uso de la lengua inglesa en su vertiente más culta, más influida por corrientes literarias de la metrópoli, más amplia en su vocabulario y estructuras sintácticas y, según estos parámetros, quizás más alejada de su entorno inmediato en tanto que artificial en boca de personajes africanos. Leamos, por ejemplo, el complejo párrafo  que abre su primera novela, The Interpreters (1965):

                           “Metal on concrete jars my drink lobes”. This was Sagoe, 
                      grumbling  as  he  stuck   fingers  in  his  ears  against  the   mad 
                      screeching  of iron tables. Then his neck was nearly snapped  as
                      Dehinwa leapt  up and Sagoe’s head dangled  in  the void  where
                      her lap had been”. (18)

En el caso del  género más explotado por el autor, el teatro, los personajes de etnia Yoruba pueden llegar a aparecer a nuestros ojos como ajenos a su propio mundo, con sus diálogos traducidos a un inglés clásico, casi digno de Shakespeare en ciertos momentos, y aparentemente destinados a un público occidental; al menos esa es la impresión que sus críticos parecen extraer, y entre ellos el propio Achebe, quien censuró el culto al barroquismo y  la oscuridad lingüística del  Nobel  Yoruba: 

                                  Well,  I  think  he (Soyinka)  makes  a cult of  obscurity, 
                       especially in his later work, which to my  mind is  unnecessary 
                       and   unfortunate.  It’s  got  to  a  point  …  when  he’s   almost
                       embarrased   if   you   talk   about   his   earlier,   or   not earlier 
                       necessarily but simple plays, like  The  Trials  of  Brother  Jero, 
                       which  people  like… . But  the thing  with  him is  that he has a 
                       gift  for words which gets him out of trouble so that even  if you 
                       don’t  know  what  is going on, you  suspect  that  something  is
                       being said. (19)

En el tema lingüístico, Achebe defendía la diferencia de registros según se escriba novela o teatro, basando su teoría en la presencia de personajes de carne y hueso en un escenario frente al mero ejercicio de imaginación que supone leer una novela o un poema. Según su opinión, el teatro africano ganaría en credibilidad y facilidad de transmisión del mensaje al público inmediato si se escribiese en lenguas africanas. El propio Achebe manifestó en su momento su disposición a usar la lengua Igbo, y no el inglés, si se hubiese puesto a escribir un guión teatral sobre esta comunidad. 

Obviamente Soyinka no compartía esta opinión. Achebe y él llegaron a sus posiciones de privilegio desde mundos distintos en función de sus análisis del impacto colonial: Así, Soyinka nació y creció en un ambiente donde escribir, publicar y representar tanto en Yoruba como en inglés eran el pan de cada día, y donde el contacto con ambas culturas era constante y simultáneo. Sin duda las vivencias de una educación estrictamente ecléctica forman el ingrediente básico de su complejidad lingüística y estilística. Y ese eclecticismo no brota unicamente de sus años más jóvenes, sino ya de su educación universitaria: 

Así, cuando  Soyinka volvió a Nigeria tras su etapa en Leeds, a los 26 años, la influencia tanto de su profesor de arte dramático Wilson Knight –experto en la obra de Shakespeare- como de su etapa en el Royal Court Theatre, abrieron su mente al teatro, desde la redacción de un texto a la forma de darle vida y cuerpo en el escenario, y le dotaron a la vez de unos conocimientos extensos sobre la tradición dramática en lengua inglesa. Una vez en Nigeria, Soyinka se preocupó de estudiar a fondo las tradiciones y la cultura del país, buscando una adaptación lo más exacta y natural posible a sus esquemas creativos moldeados en la metrópoli. La vuelta a Nigeria sería, en suma, la búsqueda de dar forma a un sentido dramático que Soyinka intuía latente pero sumergido en los pueblos africanos, potencialmente capaces de expresarse en las tablas. 

Tomemos como ejemplo un breve acercamiento a su obra The Lion and the Jewel (20). Es uno de esos textos que causaron ciertos problemas de crítica, y ello por el uso peculiar de la lengua inglesa: The Lion and the Jewel se desarrolla en una aldea  donde, en teoría, solo el pedante maestro tiene un conocimiento fluido del inglés, y donde la lengua común es la Yoruba. En los diálogos de los demás personajes principales -Sidi, Baroka y Sadiku- lo que hace Soyinka es sugerir en inglés imágenes y dimensiones del sentir Yoruba: es, en suma, una traducción sin cambiar de autor: el mismo que recoge unas ideas en una lengua las traslada al idioma en el que ha cultivado y desarrollado su creatividad.

La técnica no tiene por qué sonar demasiado ajena, máxime teniendo en cuenta la idiosincrasia del mundo africano y su transformación cultural. Sin embargo, todo en una traducción gira en torno a la capacidad del autor y del  idioma al que se traduce un texto, de trasladar no solo palabras, sino ideas, expresividad y la propia filosofía que transporta el texto original, sobre todo cuando esa filosofía es tan poderosa como la Yoruba. ¿Es la de Soyinka una traducción –casi diríamos autotraducción- que transmite esas ideas al margen del lenguaje? Si  duda alguna, y no solo a nivel del ritual verbal, sino por la carga comunicativa del ritual no verbal implícito en el texto, es decir, por la unión de imágenes del habla con aditamentos extralingüísticos que hacen inconfundible la atmósfera local. El problema, si existe, puede venir cuando para comunicar las ideas Yoruba surge una lengua inglesa quizás demasiado elaborada para que los personajes en el escenario tengan visos de realidad. 

The Lion and the Jewel no es una obra que pueda considerarse entre las más laureadas de Soyinka, pero muestra de manera evidente la capacidad del autor Yoruba de moverse con soltura entre los dos mundos, cogiendo datos antropológicos y culturales de uno y lingüísticos del otro. Las escenas son africanas, y sin embargo los movimientos por el escenario y el propio lenguaje de los actores denuncian la incursión en las corrientes dramáticas europeas. El vocabulario es rico quizás en exceso, máxime cuando –aún siendo conscientes de estar ante una especie de traducción- se pone en boca de personajes en teoría alejados de círculos culturales, y en comunidades donde el inglés fue una lengua impuesta en un pasado muy reciente. 



 8.Ya en 1892 los ingleses reconocían su desconocimiento absoluto de las tierras Igbo situadas a unos 30 kilómetros del mar, más allá de tener constancia de su naturaleza pantanosa, como recoge Elizabeth Isichei en A History of Nigeria, pg.136 , editada por Oxford University Press (1987). 
 9. Prólogo a The African Trilogy (1988)  pag.x. Picador, Londres
10. Soyinka, W. (1981), p.1 
11. Ambos ritos aparecen en Aké: The Years of Childhood, Capítulo IX
12. Katrak, Ketu H. (1986) p.5
13. 1975- Bendel Newspapers Corp. Benin City. Citado en  Katrak, Ketu H. (1986) p.5.
14. Morrell, Karen L.–ed- (1975) In person: Achebe, Awonoor and Soyinka. Univ. of Washington. Seattle
15.En este sentido merece la pena leer con detenimiento la entrevista a Soyinka que sirve de introducción a Wole Soyinka: Six Plays, una recopilación de 6 de sus obras en la editorial  Methuen, Londres 1984.
16. Ibid., pg.xx
17. Recordemos el reflejo de esta desilusión en la novela de Achebe A Man of the People (1966)
18. Soyinka, Wole (1965) edición de 1987, p.7 Londres, Heinemann. 
19. Morrell, Karen L.–ed- (1975) op. cit. p.50-51
20. Escrita hacia 1958, representada por primera vez en 1959 y publicada de forma más extensa por Oxford University Press en 1963.