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Literaturas extranjeras



 
 
4: Wole Soyinka y la literatura simbólica.3/4
ISBN- 84-9714-064-8
Por José Luis Caramés y Herminio José García-Riaño Fernández, Universidad de Oviedo.
 

Pero Soyinka no es solo un africano que escribe al modo europeo: sus obras,  como la que aquí nos ocupa, son un compendio de riqueza de imágenes y figuras del habla, ingenio morfosintáctico y juegos de palabras que, bajo un manto lingüístico occidental muestran en cada página las señas de identidad de todo un pueblo africano. Es a nivel lingüístico, por tanto, -y pese al uso del inglés- cuando la dimensión Yoruba aparece en obras como The Lion and the Jewel  en forma de  diálogos en los que surgen imágenes del mundo natural y comparaciones claramente identificables para una audiencia local. 

Si aderezamos las palabras con bailes, canciones o pequeñas frases en yoruba o en Pidgin English, vestimentas, menciones a mitos y deidades, y a rituales deportivos y religiosos autóctonos, o incluso comportamientos políticos delictivos (como el soborno del jefe Baroka para impedir el paso del ferrocarril por el pueblo, y así no perder status ante el avance de los tiempos) con estos y otros ingredientes cercanos la conexión de la obra con el público es evidente salvando elaboradas barreras lingüísticas. Son características comunes, en mayor o menor grado, a otras obras de teatro de Soyinka como Death and the King’s Horseman o The Trials of Brother Jero, por poner dos ejemplos.

Veamos como muestra algunos esbozos de la citada “dimensión yoruba” en diálogos de personajes en los que aparecen comparaciones con utensilios, animales o la naturaleza :

LAKUNLE: That is what the stewpot said to the fire.
                     Have you no shame – at your age
                     licking my bottom? (p.2)
… … … …
SIDI: … If the snail finds splinters in his shell 
               He changes house. Why do you stay? (p.6)
… … … …
BAROKA: You are still somewhat over-gentle with the pull
               As if you feared to hurt the panther of the trees.
               Be sharp and sweet 
               Like the swift sting of a vicious wasp
               For there the pleasure lies-the cooling aftermath. (p.26)
… … … …
SIDI: … See how the water glistens on my face
               Like the dew-moistened leaves on a Harmattan  morning. (p.22)

El público siente también la conexión con sus tradiciones cuando el personaje de Sidi reclama a su pretendiente, el maestro Lakunle, el pago íntegro de su “bride-price” para evitar ser el hazmerreir del pueblo. El hecho de que el maestro se niegue a pagar con regalos y dinero la “compra” de Sidi a sus padres produce en la obra un cierto choque entre una tradición intemporal nigeriana y el empuje de las nuevas costumbres, al margen de un tinte cómico por la pedantería lingüística de Lakunle:

SIDI: … I tell you, Lakunle, I must have
               The full bride-price. Will you make me
               A laughing stock? Well, do as you please.
               But Sidi won’t make herself
               A cheap bowl for the village spit. 
               …
               They will say I was no virgin
               That I was forced to sell my shame
               And marry you without a price.

LAKUNLE: A savage custom, barbaric, out-dated,
               Rejected, denounced, accursed,,
               Excommunicated, archaic, degrading,
               Humiliating, unspeakable, redundant.
               Retrogressive, remarkabla, unpalatable. (p.7) 
 

Al nivel de la Gramática,  los diálogos no hacen sino confirmar la abundancia de estructuras sintácticas formales, y es de destacar una notable ausencia de contracciones; veamos unos pocos ejemplos:

“Have you no shame?” (p.1) , “Do you not know what name they give you here?” (p.5) “I do not seek a wife” (p.7) “Of course I do not” (p.8) “Let us dance the dance of the lost traveller” (p.13), “…no more think I ”(p.53) …etc.

Las elaboraciones sintácticas pueden dar como resultado frases o diálogos de una retórica solo explicable si lo analizamos desde una perspectiva del inglés “yorubizado”, valga la expresión, es decir, un inglés que no hace sino traducir expresiones del original Yoruba; veamos como ejemplo:

SIDI: … “Had he the precious book
                That would bestow upon me 
                Beauty beyond the dreams of a goddess?” (p.10)
…   …   …
         BAROKA: … “How irritable I have grown of late
                                 Such doubts to harbour of your loyalty…
                                 But this disaster is too much for one
                                 Checked thus as I upon the prime of youth.
                                 That rains that blessed me from my birth
                                 Number a meagre sixty-two. (p.30)

Finalmente en este apartado, no debemos obviar  un cierto número de conexiones  occidentales en teoría ajenas al paso de los personajes, y que jalonan la obra de forma casi imperceptible. Es el caso de las menciones bíblicas, o de las reiteradas comparaciones con la figura del zorro como símbolo de astucia en la tradición europea, en lugar de recurrir al bestiario africano. En el primer caso, el Evangelio según San Mateo aparece brevemente en frases como “A prophet has honour except in his own house” (Lakunle, p.5) o “Although the Christians’ holy book denies the truth of this, old wine thrives best within a new bottle. (Baroka, p.54) 

En cuanto a la figura del zorro, la misma aparece en tres ocasiones a lo largo de la obra, siempre asociado a los valores occidentales de astucia y engaño, y en detrimento de animales como la araña  o la tortuga, símbolos del embaucamiento en sociedades africanas como la propia Yoruba. No deja de resultar extraño que, teniendo a mano un riquísimo bestiario desde tiempos inmemoriales, Soyinka haya recurrido a figuras occidentales equivalentes, sin duda más alejadas del sentir de una audiencia africana.

No pocos escritores y críticos han puesto en entredicho el oscurantismo lingüístico de Soyinka, tachando al Yoruba de estar más cerca de la tradición europea que de su propio mundo. Fue éste el caballo de batalla entre los defensores del concepto literario nacionalista (mejor diríamos africanista) de “negritud” y el propio Soyinka desde mediados del siglo XX, con el fín del período colonial. La negritud surgió en África de la mano de Aimé Césaire como corriente de opinión y conducta  literaria tendente a la  búsqueda y recuperación de las lenguas, culturas, tradiciones y en general las raíces africanas, en detrimento de una herencia colonial asumida casi como un castigo o una maldición. África se veía como un ente distinto al resto, ajeno a conceptos occidentales y cuya inmensa variedad de culturas merecía un trato diferente.

Así, los escritores fieles a esta doctrina defendían el uso de lenguas autóctonas, tanto de forma inmediata y radical como de manera escalonada previa enseñanza en las escuelas; criticaban el apego a valores artísticos occidentales o, como Léopold Senghor, justificaban el empleo de las lenguas coloniales como arma arrojadiza contra sus dueños (23).Como solución intermedia, había quienes proponían (como el propio Soyinka) el uso de una lengua panafricana, una especie de esperanto que uniese tradiciones y culturas muy distintas y alejadas. Obviamente, los detractores del movimiento, tanto anglófonos como francófonos, defendían el uso de lenguas coloniales en tanto que elementos perfectos de comunicación internacional y de transmisión de sus ideas. 

Soyinka, por su parte, vio en la negritud una ramificación y casi justificación de la ideología colonial, al dar a su ensalce africanista  unas posiciones  agresivas y de defensa. El yoruba no sería ajeno a las críticas sufridas desde posiciones de la negritud, acusándole de ser ajeno a su propia cultura y tachando su apego a la lengua y las culturas europeas. En este sentido, Soyinka respondió con una frase lapidaria, quizás sus palabras más polémicas pero también el resumen de sus señas de identidad:

 A Tiger does not shout about its Tigritude (24)

Soyinka no debía demostrar a nadie su condición de yoruba ni su consecuente búsqueda de conocimiento sobre su cultura en tanto que comunicador africano, comprometido desde siempre con la recuperación y reivindicación de su propio mundo. El hecho de emplear tanto la lengua como las corrientes literarias inglesas no debe verse como un alejamiento sino como el uso de un vehículo de comunicación que no solo no es incompatible con el concepto africano, sino que demuestra ser capaz de transmitir a audiencias universales todo un mensaje de identidad. Es, al fin y al cabo, la mejor muestra de un eclecticismo cultural que el pueblo Yoruba ha empleado siempre en su beneficio, buscando lo bueno dentro de lo malo para mejorar e impulsar lo existente.

En obras como The Lion and the Jewel por tanto, podemos ver cómo el eclecticismo es el ingrediente principal en el ritual lingüístico y no verbal de Soyinka, y ello no es sino la consecuencia lógica de vivir  y comunicar en inglés sin serlo, y al mismo tiempo la de sentir el mundo yoruba sin  rechazar corrientes de pensamiento extra-africanas. El bilingüismo de Soyinka y su situación en la encrucijada de culturas aparece en todo caso como la mejor herramienta para unificar audiencias, venciendo las barreras de sociedades demasiado heterogéneas como para compartir una experiencia común, y cumpliendo con el doble compromiso de llegar a un alcance universal sin dejar por ello de reflejar aspectos locales.

 Simbología. 
Soyinka siempre se ha sentido más cómodo en el teatro que escribiendo poesía, novelas o autobiografías. El teatro es para el autor Yoruba mucho más que un texto impreso, es una expresión dinámica que responde y evoluciona en función de la atmósfera que la rodea, y depende de las características de la audiencia y de los cambios sociales y ambientales. El propio Soyinka declaró en no pocas ocasiones su inclinación por el teatro, explicando la aparición de sus dos novelas (The Interpreters,1965 y Season of Anomy, 1973) como anécdotas en su trayectoria. Parece claro que el yoruba define su creatividad en las tablas, y en todo caso plasma sus ideas y su filosofía en el verso, dejando la ficción en prosa en incursiones poco menos que experimentales.
De su  saber hacer como autor-director teatral hemos visto una  muestra pequeña pero ilustrativa en los distintos enfoques verbales y no verbales de su teatro poniendo como ejemplo The Lion and the Jewel, y más adelante abordaremos las implicaciones de sus poemas en su particular mundo de las ideas. Pero no podemos pasar por alto la base social y familiar que sustenta al escritor,  los símbolos del pasado que confluyeron en una creatividad desbordante. Nos referimos al tratamiento que Soyinka dedicó a su niñez y adolescencia en obras autobiográficas como Aké, the Years of Childhood, (1981)  Ìsarà: A Voyage around Essay (1990) Ibadan: The Penkelemes Years : A Memoir 1946-1965 (1994) o Memories of Nigerian Childhood (1994). En ellas tenemos las claves de su educación, su existencia entre dos mundos -como otros muchos autores africanos- sus razones y los símbolos del futuro autor, por lo que son imprescindibles a la hora de abordar su estudio y comprender su trayectoria.

Aké, the Years of Childhood es la primera incursión de Soyinka en su pasado, y la obra que nos permite ver al niño Wole inmerso en una sociedad híbrida, donde los valores coloniales se ven forzados a hacer concesiones y convivir con el mundo africano, y los cristianos con los paganos. Soyinka se hace personaje y aparece rodeado por su gente, sus padres, sus familiares y amigos, con sus nombres o motes reales y en un marco espacial y temporal coincidente con la niñez del autor. Pero no perdemos por el estilo autobiográfico la sensación de estar ante una obra de ficción, a su vez con una carga didáctica evidente: Aké mete de lleno al lector en los últimos años del dominio colonial y ambos mundos, el occidental y el autóctono aparecen en planos constantemente cruzados a través de la mente confusa de un niño: lo humano y lo mágico llega  a tal nivel de comunión que forman un todo en nuestra mente, que nosotros mismos debemos separar.

Aké nos describe la niñez y los primeros recuerdos del autor, desde su época pre-escolar hasta su paso a la Secondary School de Ibadan. Wole es un niño fascinado y confundido por el choque de filosofías  que nos hace ver las costumbres y vida diaria de ambos lados.  Observa con minuciosidad desde la decoración de su casa hasta un desfile de la banda de la policía, o la llegada de la electricidad y la radio, hace a menudo preguntas comprometidas, y desea vivamente ir a la escuela. En su entorno domina el uso del inglés, aunque surgen con frecuencia palabras y frases en yoruba: exclamaciones, cánticos, nombres de alimentos o de ropa, creencias y mitos.
Los padres de Wole simbolizan el lado occidental de su educación: su padre, Soyinka Ayo, es un personaje culto, erudito, muy aficionado a los debates, y cuyo apodo –“Essay”(25)-  responde a sus iniciales S.A. y plasma en una sola palabra toda una personalidad. Soyinka nos habla de cómo su padre entró en su mente como “Essay” y no con su nombre real:

                                It did not take long for him to enter my consciousness 
                     simply  as Essay, as one of those careful stylistic exercises in 
                     prose  which follow set rules of composition, are products of
                     fastidiousness and elegance, set down in beautiful caligraphy 
                     that would be the envy of most copyists of any age. (26)

Su madre Eniola, aparece con el apodo de “Wild Christian” y tanto el apelativo como la descripción de su carácter nos hablan de una profunda y casi extrema fe cristiana que le permitía…

                            …to  pour ground-nut  oil  from a broad-rimmed bowl into
                    an empty bottle without spilling a drop. She had a strange habit
                    of  sighing  with  a kind  of  rapture, crediting her  steadiness of 
                    hand to faith and  thanking  God. If  however  the  basin slipped
                    and she  lost  a  drop or  two, she  murmured  that  her  sins  had
                    become heavy and that she needed to pray more. (27)

Frente al estricto mundo culto y cristiano, Wole contempla con mezcla de curiosidad y respeto personajes y rituales de la dimensión mágica yoruba, como la “dance of shame” o escarnio público con baile incluido para castigar una mala acción –como puede ser orinar en la cama, capítulo VI-, o la inquietante presencia de los demoníacos òrò, y los iwin o gnomos que moran en el bosque que rodea al poblado y que acechan a quienes se internan en sus dominios, sin olvidar el tenebroso desfile de enmascarados egúngún, muertos encarnados en cuerpos que se ocultan tras misteriosas máscaras, que aterrorizan a los niños y son venerados por los adultos del lado pagano. 

La convivencia y mezcla virtual de lo cristiano y lo yoruba ya se ve en la primera página de Aké, (párrafo ya citado en el apartado “contexto”) donde Dios actúa como una deidad local, personificado, observando el pueblo desde lo alto del monte Itoko, y descendiendo para tomar el té en casa del canónigo, pasando por alto los dominios paganos. Wole, incapaz aún de discernir ambos mundos,  asume que Dios debe hablar inglés, y por eso una misa en esta lengua  debe ser en su honor. Ambos mundos son uno solo en una obra llena de magia  per se, y aumentada ésta por la mente de un niño a través de la cual se nos tamizan o magnifican todos los acontecimientos. 



21. Para las citas referidas a The Lion and the Jewel recurrimos a la 27ª edición, de 1.988, O.U.P.
22. Viento del norte que sopla en tierra Yoruba  entre noviembre y enero.
23. Para una profundización en el  concepto de “negritud” , con explicación de teorías y profusión de citas de defensores y detractores, es más que interesante e ilustrativo el libro de Rand Bishop African Literature, African Critics: The Forming of Critical Standards 1947-1966, publicado en 1988 por Greenwood Press, Connecticut.
24. Ibid., p.151
25. La continuación de Aké se titularía, precisamente, Isara: A Voyage Around “Essay”, al centrar la obra en la  enigmática, culta y recta  figura de su padre.
 26. Soyinka, W. (1981), edición de 1983, p.14