| Palabras
clave: apartheid, Sudáfrica, coloureds, afrikáans,
boers, trekboers, xhora, homeland, Nelson Mandela, Klerk, Soweto, Biko,
vlei, gujerati, zulús.
En un contexto general tan amplio como
el Africa subsahariana, sería un error buscar argumentos de
estudio antropológico que conservasen su validez en la totalidad
del territorio, y que al margen de lenguas o creencias sacasen a la luz
características humanas e históricas comunes. Lejos de ofrecer
un panorama homogéneo, la evolución de las sociedades africanas
de raza negra ha de verse bajo enfoques muy distintos en función
no solo de sus rasgos definitorios per se, sino también atendiendo
al grado y calidad del contacto con los europeos.
Si buscamos en este marco un lugar donde
los esquemas del dominio colonial alcanzan límites extremos, pronto
llegamos a la República de Sudáfrica. Allí, la presencia
prolongada de europeos de distinto origen conservó en el tiempo
el sentimiento de distinción racial y acabó en un deterioro
de las relaciones humanas que no nos es desconocido. Sin embargo, aún
en los años más difíciles de la política racista
del apartheid, surgieron voces no solo negras sino también
blancas, que desde las letras –y a menudo, aunque no en este caso, desde
el exilio- pusieron un punto y aparte y propusieron o incluso profetizaron
el cambio radical deseado por la mayoría. Una de esas voces, y además
de raza blanca, recibió en 1991 el Premio Nóbel, todo un
símbolo de reconocimiento. Hablamos de la sudafricana Nadine Gordimer.
En este estudio abarcaremos por razones
de espacio tan solo una parte de su trayectoria literaria, la de sus novelas.
Su otra vertiente, la de los relatos, merecería sin duda una atención
más exclusiva e igual de extensa. Con todo, la ficción en
prosa de Gordimer está unida por rasgos lo suficientemente comunes
en lo tocante a temáticas, estilo, lenguaje y simbologías
como para que lo que aquí vamos a tratar pueda ser suficiente para
una aproximación objetiva a una personalidad enfrentada con sus
obras a todo un status social y político.
Contexto general: Sudáfrica
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Con una superficie 2.3 veces superior
a la de España, la población de Sudáfrica apenas llega
a 45 millones de habitantes, de los que más de la mitad vive en
zonas urbanas. Con todo, la complejidad sociopolítica de la antigua
Unión Sudafricana es digna de un amplio estudio (1): Así,
no son una ni dos, sino tres capitales oficiales: Pretoria al noreste,
en Transvaal –próxima a Johannesburgo- es la capital administrativa,
Ciudad del Cabo, al suroeste, es la capital legislativa, y Bloemfontein,
próxima a Lesotho,-en el estado Boer de Orange- la capital judicial.
Igualmente complejo es el cuadro racial, al haber cuatro razas, durante
largos años diferenciadas políticamente a todos los efectos:
blancos, “africanos” (negros), asiáticos –principalmente hindúes-
y “coloureds” o mestizos (2).
Las cifras de los cuatro grupos entran
en conflicto con el reparto del poder de forma automática; así,
la población negra, históricamente privada de todo derecho
de representación sociopolítica hasta 1994, suma un 75% y
en tal cifra, la cuarta parte (más de 8 millones) es de etnia Zulú.
Los blancos suman el 13% del total, los“coloureds” llegan al 8%, y la población
asiática no pasa del 2%. Con todo, el poder absoluto residió
de forma férrea -en minoría absoluta- en manos blancas durante
siglos, siendo poseedores casi exclusivos de las tierras (3)(
y ello pese a su escaso crecimiento demográfico en comparación
con las cifras de negros y mestizos). Solo tras graves problemas sociopolíticos
empezó a cambiar la escena sudafricana en los últimos años.
Con un producto interior bruto (PIB)
que la sitúa en cabeza del continente, Sudáfrica es una
gran mina de oro, diamantes, hierro, carbón y acero, y un enorme
reserva de trigo, maíz, azúcar, fruta, tabaco, vinos y
ganado. En su contra obran una mayoría de mano de obra sin cualificar
por razones étnicas, un escaso 10% de la tierra destinada a cultivos
y el castigo cíclico de las sequías ante el escaso arbolado
(menos del 4% del terreno). En cuanto a los idiomas, el inglés y
el afrikaans (derivado del holandés) coexisten con distintas lenguas
de origen Bantú hasta sumar 11 idiomas oficiales.
Históricamente los blancos llevan
establecidos en Sudáfrica desde 1652, año en que el holandés
Jan van Riebeeck fundó una colonia de 70 hombres en el cabo
de Buena Esperanza para servir de enlace y ayuda a los barcos mercantes
holandeses que lo circunnavegaban procedentes de, o con destino a Asia.
Los colonos recibieron el nombre de “Boers” (granjeros) y posteriormente
“Afrikaners”. Los pueblos indígenas San (Bosquimanos)(4)
y Khoikhoin (Hotentotes) se mezclaron con los recién llegados
y dieron origen al grupo étnico de los “Cape Coloureds”. Mientras,
algunos afrikaners avanzaron tierra adentro y fundaron granjas de
tipo semi-nómada, recibiendo el nombre de “trekboers”; pronto entrarían
en conflicto con los Xhosa, granjeros nativos de explotaciones permanentes.
Al final del Siglo.XVIII y durante casi un siglo, los roces llegaron a
un estado bélico entre ambos grupos entre las actuales Sudáfrica
y Namibia.
Los Boers fueron ganando poder y hegemonía
en la zona. De forma paralela, la convivencia con los San y los
Khoikhoin
degeneró en una expulsión de los primeros a zonas desérticas
–los que sobrevivieron a las matanzas- y una semiesclavitud de los segundos.
En 1795 los británicos capturaron la colonia holandesa, renunciando
a ella en 1802 y retomándola en 1815 por 6 millones de libras. Los
ingleses prohibieron la esclavitud y forzaron la emigración
hacia el norte de los afrikaners y sus esclavos, naciendo así
los estados Boer de Orange y Transvaal, independientes de Londres a mediados
del Siglo XIX.
Poco después, el descubrimiento
de diamantes (1868) y oro (1886) derivó en el deseo inglés
de anexionar las repúblicas Boer en una federación sudafricana.
La resistencia de los afrikaners derivó en 1899 en una guerra que
en 1902 perdieron a manos inglesas. Sudáfrica nacía como
Unión en 1910 y tras la primera guerra mundial –en la que se alió
con Inglaterra- anexionó la colonia alemana de Africa del Sudoeste,
posteriormente Namibia, hasta 1990.
Durante la mayor parte del Siglo XX la
minoría blanca retuvo el poder absoluto mediante una rígida
separación y discriminación racial, que se acentuó
en 1948 con la llegada al poder del National Party y el establecimiento
del régimen del apartheid, y desde 1950 con la clasificación
de ciudadanos y sus patrimonios en base a la raza. Esta ley suponía
la desposesión flagrante de tierras y casas de los ciudadanos negros;
para reforzar el destierro, el gobierno blanco creó hasta 10 estados
artificiales para cada grupo étnico de raza negra, a modo de gigantescas
reservas llamadas “homelands”, donde la raza negra debía residir
desde entonces.
En 1970 todo ciudadano negro fue adscrito
forzosamente a alguno de estos territorios, acentuando más aún
la discriminación racial. Las “homelands” tenían distintos
grados de autonomía o independencia política, pero
solo eran reconocidas oficialmente por Sudáfrica. En 1983, una nueva
constitución creó parlamentos tricamerales para blancos,
mestizos y asiáticos –siempre convenientemente separados- eligiendo
cada etnia a sus representantes, pero la mayoría negra seguía
sin tal derecho.
El estado del apartheid, con todas
sus implicaciones de desigualdades en salud, educación, trabajo,
economía, política, derechos básicos y libertad, se
mantuvo, cada vez más inestable e injustificable, entre revueltas
y luchas callejeras -como los disturbios de Sharpeville en 1960 o Soweto
en 1976 (5)- hasta su muerte súbita con el golpe de timón
dado por F.W. de Klerk en 1990 con la abolición oficial del
sistema racista, el fin de la ilegalidad para el gran partido de la raza
negra, el African National Congress, la excarcelación de su
líder Nelson Mandela y la convocatoria de las primeras elecciones
libres en mayo de 1994. Tras ellas Mandela pasó de la cárcel
al gobierno, por encima de un National Party blanco al que triplicó
en votos, y en el que no todos estaban conformes con
el fin de la supremacía racial. El camino sudafricano
aún tiene obstáculos que despejar con el tiempo.
Nadine Gordimer: Biografía
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Nació el 20 de noviembre de 1.923
en Springs, una población minera cerca de Johannesburgo (Transvaal)
, hija de inmigrantes judíos; su madre era inglesa, mientras que
su padre era de procedencia lituana –de nacionalidad soviético en
aquellos años-. Su niñez tuvo momentos atípicos que
quizás hayan moldeado su dedicación posterior: así,
su madre forzaba en la medida de lo posible que Nadine no saliera de casa,
argumentando la salud delicada de la niña e ideando una enfermedad
del corazón que exigiría tranquilidad y cuidados. Su infancia
transcurrió estudiando en un colegio de monjas, lejos de su pasión,
la danza.
No es de extrañar que, ante
esta tesitura, la joven Nadine Gordimer empezase a escribir con solo 9
años. Aún con 15, la revista “Forum” publicaba su primer
relato. En 1948 se trasladó a Johannesburgo, donde fijó su
residencia definitiva. Llegó a ingresar en la universidad de Witwatersrand,
pero sin terminar sus estudios. Mientras tanto, seguía publicando
relatos en más revistas locales.
Gordimer apostó en un principio
por las historias cortas; así, en 1949 publicaba su primer libro
en esta línea, Face to Face, año en el que se casaría
por primera vez; en 1953 aparecía su segunda incursión editorial
en la “short story” The Soft Voice of the Serpent. Ya en los primeros
escritos aparecía claro el objeto de análisis y reflexión
que movió su creación, esto es, el complejo paisaje humano
en un país como Sudáfrica, donde solo la raza marcaba todas
las diferencias. Sus obras irían mostrando la progresiva alienación
de los comportamientos humanos, el exilio interior y la soledad, en base
a parámetros de segregación racial a los que siempre
se opondría.
Su primera novela vendría en 1953,
The Lying Days. Basada en su pueblo natal, ya se podía ver el
carácter firme y agudo de su técnica narrativa presente y
futura: una línea sobria, ausente de cualquier elemento sentimentalista,
pero profundamente preocupada por el torbellino de degeneración
social y humana que la rodeaba. En 1954 se casó por segunda vez,
ahora con un hombre de negocios, Reinhold Cassirer; cada uno tenía
una hija de sus anteriores matrimonios, y juntos tuvieron un hijo, Hugo.
En 1956 apareció su tercer libro de historias cortas, Six Feet
of the Country, y dos años después saldría su
segunda novela, A World of Strangers.
1. Buena parte de los datos aquí citados provienen
de la Enciclopedia Británica y de los libros que se mencionan en
la bibliografía.
2. Obviamente las comillas son nuestras; los sudafricanos
blancos llegaron a considerar “africano” sinónimo de negro, como
si ellos no hubiesen nacido y vivido en Africa. El sentimiento de alienación
geográfica y cultural es evidente.
3. Datos de 1978 hablan de un 87% de la tierra en Sudáfrica
en manos de la minoría blanca.
4. Del holandés “boschjesman”, hombre del bosque.
5. En 1960 en Sharpeville 65 manifestantes contra leyes
racistas fueron abatidos a tiros, 20.000 detenidos y 2.000 encarcelados
sin juicio. En 1976 los estudiantes de Soweto –en el área de Johannesburgo-
protestaron contra el carácter obligatorio del afrikaans en las
escuelas. La contundencia de la represión originó una escalada
de violencia que duró meses y llegó a paralizar la
vida del país. En 1977, habían muerto 575 personas según
cifras oficiales, muy posiblemente cortas. |