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5. La prosa comprometida de Nadine Gordimer (1923- )1/5
Por José Luis Caramés Lage y Herminio José García-Riaño Fernández, Universidad de Oviedo.
ISBN-84-9714-068-0
 

Palabras clave:  apartheid, Sudáfrica, coloureds, afrikáans, boers, trekboers, xhora, homeland, Nelson Mandela, Klerk, Soweto, Biko, vlei, gujerati, zulús.

En un contexto general tan amplio como el Africa subsahariana, sería un  error buscar argumentos de estudio antropológico que conservasen su validez en la totalidad del territorio, y que al margen de lenguas o creencias sacasen a la luz características humanas e históricas comunes. Lejos de ofrecer un panorama homogéneo, la evolución de las sociedades africanas de raza negra ha de verse bajo enfoques muy distintos en función no solo de sus rasgos definitorios per se, sino también atendiendo al grado y calidad del contacto con los europeos.

Si buscamos en este marco un lugar donde los esquemas del dominio colonial alcanzan límites extremos, pronto llegamos a la República de Sudáfrica. Allí, la presencia prolongada de europeos de distinto origen conservó en el tiempo el sentimiento de distinción racial y acabó en un deterioro de las relaciones humanas que no nos es desconocido. Sin embargo, aún en los años más difíciles de la política racista del apartheid, surgieron voces no solo negras sino también blancas, que desde las letras –y a menudo, aunque no en este caso, desde el exilio- pusieron un punto y aparte y propusieron o incluso profetizaron el cambio radical deseado por la mayoría. Una de esas voces, y además de raza blanca, recibió en 1991 el Premio Nóbel, todo un símbolo de reconocimiento. Hablamos de la sudafricana Nadine Gordimer. 

En este estudio abarcaremos por razones de espacio tan solo una parte de su trayectoria literaria, la de sus novelas. Su otra vertiente, la de los relatos, merecería sin duda una atención más exclusiva e igual de extensa. Con todo, la ficción en prosa de Gordimer está unida por rasgos lo suficientemente comunes en lo tocante a temáticas, estilo, lenguaje y simbologías como para que lo que aquí vamos a tratar pueda ser suficiente para una aproximación objetiva a una personalidad enfrentada con sus obras a todo un status social y político.

Contexto general: Sudáfrica
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Con una superficie 2.3 veces superior a la de España, la población de Sudáfrica apenas llega a 45 millones de habitantes, de los que más de la mitad vive en zonas urbanas. Con todo, la complejidad sociopolítica de la antigua Unión Sudafricana es digna de un amplio estudio (1): Así, no son una ni dos, sino tres capitales oficiales: Pretoria al noreste, en Transvaal –próxima a Johannesburgo- es la capital administrativa, Ciudad del Cabo, al suroeste, es la capital legislativa, y Bloemfontein, próxima a Lesotho,-en el estado Boer de Orange- la capital judicial. Igualmente complejo es el cuadro racial, al haber cuatro razas, durante largos años diferenciadas políticamente a todos los efectos: blancos, “africanos” (negros), asiáticos –principalmente hindúes- y “coloureds” o mestizos (2)

Las cifras de los cuatro grupos entran en conflicto con el reparto del poder de forma automática; así, la población negra, históricamente privada de todo derecho de representación sociopolítica hasta 1994, suma un 75% y en tal cifra, la cuarta parte (más de 8 millones) es de etnia Zulú. Los blancos suman el 13% del total, los“coloureds” llegan al 8%, y la población asiática no pasa del 2%. Con todo, el poder absoluto residió de forma férrea -en minoría absoluta- en manos blancas durante siglos, siendo poseedores casi exclusivos de las tierras  (3)( y ello pese a su escaso crecimiento demográfico en comparación con las cifras de negros y mestizos). Solo tras graves problemas sociopolíticos  empezó a cambiar la escena sudafricana en los últimos años. 
Con un producto interior bruto (PIB) que la sitúa en cabeza del continente, Sudáfrica es una  gran mina de oro, diamantes, hierro, carbón y acero, y un enorme reserva de trigo, maíz, azúcar, fruta, tabaco, vinos y  ganado. En su contra obran una mayoría de mano de obra sin cualificar por razones étnicas, un escaso 10% de la tierra destinada a cultivos y el castigo cíclico de las sequías ante el escaso arbolado (menos del 4% del terreno). En cuanto a los idiomas, el inglés y el afrikaans (derivado del holandés) coexisten con distintas lenguas de origen Bantú hasta sumar 11 idiomas oficiales.

Históricamente los blancos llevan establecidos en Sudáfrica desde 1652, año en que el holandés Jan van Riebeeck  fundó una colonia de 70 hombres en el cabo de Buena Esperanza para servir de enlace y ayuda a los barcos mercantes holandeses que lo circunnavegaban procedentes de, o con destino a Asia. Los colonos recibieron el nombre de “Boers” (granjeros) y posteriormente “Afrikaners”. Los pueblos indígenas San (Bosquimanos)(4)  y Khoikhoin (Hotentotes) se mezclaron con los recién llegados y dieron origen al grupo étnico de los “Cape Coloureds”. Mientras, algunos afrikaners avanzaron tierra adentro  y fundaron granjas de tipo semi-nómada, recibiendo el nombre de “trekboers”; pronto entrarían en conflicto con los Xhosa, granjeros nativos de explotaciones permanentes. Al final del Siglo.XVIII y durante casi un siglo, los roces llegaron a un estado bélico entre ambos grupos entre las actuales Sudáfrica y Namibia.

Los Boers fueron ganando poder y hegemonía en la zona. De forma paralela, la convivencia con los San y los Khoikhoin degeneró en una expulsión de los primeros a zonas desérticas –los que sobrevivieron a las matanzas- y una semiesclavitud de los segundos. En 1795 los británicos  capturaron la colonia holandesa, renunciando a ella en 1802 y retomándola en 1815 por 6 millones de libras. Los ingleses prohibieron la esclavitud y forzaron la  emigración  hacia  el norte de los afrikaners y sus esclavos, naciendo así  los estados Boer de Orange y Transvaal, independientes de Londres a mediados del Siglo XIX. 

Poco después, el descubrimiento de diamantes (1868) y oro (1886) derivó en el deseo inglés de anexionar las repúblicas Boer en una federación sudafricana. La resistencia de los afrikaners derivó en 1899 en una guerra que en 1902 perdieron a manos inglesas. Sudáfrica nacía como Unión en 1910 y tras la primera guerra mundial –en la que se alió con Inglaterra- anexionó la colonia alemana de Africa del Sudoeste, posteriormente Namibia, hasta 1990.

Durante la mayor parte del Siglo XX la minoría blanca retuvo el poder absoluto mediante una rígida separación y discriminación racial, que se acentuó en 1948 con la llegada al poder del National Party y el establecimiento del régimen del apartheid, y desde 1950 con la clasificación de ciudadanos y sus patrimonios en base a la raza. Esta ley suponía la desposesión flagrante de tierras y casas de los ciudadanos negros; para reforzar el destierro, el gobierno blanco creó hasta 10 estados artificiales para cada grupo étnico de raza negra, a modo de gigantescas reservas llamadas “homelands”, donde la raza negra debía residir desde entonces. 

En 1970 todo ciudadano negro fue adscrito forzosamente a alguno de estos territorios, acentuando más aún la discriminación racial. Las “homelands” tenían distintos grados de autonomía o independencia política,  pero solo eran reconocidas oficialmente por Sudáfrica. En 1983, una nueva  constitución creó parlamentos tricamerales para blancos, mestizos y asiáticos –siempre convenientemente separados- eligiendo cada etnia a sus representantes, pero la mayoría negra seguía sin tal derecho. 

El estado del apartheid, con todas sus implicaciones de desigualdades en salud, educación, trabajo, economía, política, derechos básicos y libertad, se mantuvo, cada vez más inestable e injustificable, entre revueltas y luchas callejeras -como los disturbios de Sharpeville en 1960 o Soweto en 1976 (5)- hasta su muerte súbita con el golpe de timón dado por  F.W. de Klerk en 1990 con la abolición oficial del sistema racista, el fin de la ilegalidad para el gran partido de la raza negra, el African National Congress, la excarcelación  de su líder Nelson Mandela y la convocatoria de las primeras elecciones libres en mayo de 1994. Tras ellas Mandela pasó de la cárcel al gobierno, por encima de un National Party blanco al que triplicó en votos, y en el que no todos estaban  conformes  con  el  fin  de la  supremacía racial. El camino sudafricano aún tiene obstáculos que despejar con el tiempo. 

Nadine Gordimer: Biografía
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Nació el 20 de noviembre de 1.923 en Springs, una población minera cerca de Johannesburgo (Transvaal) , hija de inmigrantes judíos; su madre era inglesa, mientras que su padre era de procedencia lituana –de nacionalidad soviético en aquellos años-. Su niñez tuvo momentos atípicos que quizás hayan moldeado su dedicación posterior: así, su madre forzaba en la medida de lo posible que Nadine no saliera de casa, argumentando la salud delicada de la niña e ideando una enfermedad del corazón que exigiría tranquilidad y cuidados. Su infancia transcurrió estudiando en un colegio de monjas, lejos de su pasión, la danza.

 No es de extrañar que, ante esta tesitura, la joven Nadine Gordimer empezase a escribir con solo 9 años. Aún con 15, la revista “Forum” publicaba su primer relato. En 1948 se trasladó a Johannesburgo, donde fijó su residencia definitiva. Llegó a ingresar en la universidad de Witwatersrand, pero sin terminar sus estudios. Mientras tanto, seguía publicando relatos en más revistas locales. 

Gordimer apostó en un  principio por las historias cortas; así, en 1949 publicaba su primer libro en esta línea, Face to Face, año en el que se casaría por primera vez; en 1953 aparecía su segunda incursión editorial en la “short story” The Soft Voice of the Serpent. Ya en los primeros escritos aparecía claro el objeto de análisis y reflexión que movió su creación, esto es, el complejo paisaje humano en un país como Sudáfrica, donde solo la raza marcaba todas las diferencias. Sus obras irían mostrando la progresiva alienación de los comportamientos humanos, el exilio interior y la soledad, en base a parámetros de segregación racial  a los que siempre se opondría. 

Su primera novela vendría en 1953, The Lying Days. Basada en su pueblo natal, ya se podía ver el carácter firme y agudo de su técnica narrativa presente y futura: una línea sobria, ausente de cualquier elemento sentimentalista, pero profundamente preocupada por el torbellino de degeneración social y humana que la rodeaba. En 1954 se casó por segunda vez, ahora con un hombre de negocios, Reinhold Cassirer; cada uno tenía una hija de sus anteriores matrimonios, y juntos tuvieron un hijo, Hugo. En 1956 apareció su tercer libro de historias cortas, Six Feet of the Country, y dos años después saldría su segunda novela, A World of  Strangers. 



 1. Buena parte de los datos aquí citados provienen de la Enciclopedia Británica y de los libros que se mencionan en la bibliografía.
 2. Obviamente las comillas son nuestras; los sudafricanos blancos llegaron a considerar “africano” sinónimo de negro, como si ellos no hubiesen nacido y vivido en Africa. El sentimiento de alienación geográfica y cultural  es evidente.
 3. Datos de 1978 hablan de un 87% de la tierra en Sudáfrica en manos de la minoría blanca.
 4. Del holandés “boschjesman”, hombre del bosque.
 5. En 1960 en Sharpeville 65 manifestantes contra leyes racistas fueron abatidos a tiros, 20.000 detenidos y 2.000 encarcelados sin juicio. En 1976 los estudiantes de Soweto –en el área de Johannesburgo- protestaron contra el carácter obligatorio del afrikaans en las escuelas. La contundencia de la represión originó una escalada de violencia que duró meses y  llegó a paralizar la vida del país. En 1977, habían muerto 575 personas según cifras oficiales, muy posiblemente cortas.