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Literaturas extranjeras



 
 
5. La prosa comprometida de Nadine Gordimer (1923- ) 2/5
Por José Luis Caramés Lage y Herminio José García-Riaño Fernández, Universidad de Oviedo.
ISBN-84-9714-068-0
 

De forma continua, y alternando casi con precisión el relato corto con la novela, Gordimer fué publicando obras como  Friday’s Footprint (short stories, 1960), Occasion for Loving (novela, 1963), Not for Publication (short story, 1965), The Late Burgeois World (novela, 1966) A Guest of Honour (novela,1970), y Livingstone’s Companions (short story, 1971). Y siempre en sus escritos  vemos a Gordimer como una estudiosa precisa de las difíciles relaciones entre blancos y negros, señores y criados, que jalonaron hasta hace muy poco la vida de Sudáfrica. Sus enfoques del  legado colonial transformado en habitual por los afrikaners se muestran desde perspectivas de paranoia  social e incluso sexual, plasmando un mundo deformado por las obsesiones y los conflictos internos.

 Los años 60 habían comenzado con  el WH Smith Literary Award en 1961, y se cerraban con la concesión del Thomas Pringle Award en 1969. Los años 70 no trajeron ruptura alguna en su trayectoria, pero sí cambios contradictorios que no hicieron sino impulsar de forma definitiva su figura de escritora. Así, en 1971 recibía el James Tait Black Memorial Prize, y ya en 1974 llegaría su primer gran reconocimiento:

En efecto, su novela The Conservationist ganaba el Booker Prize, mientras su otra novela de la década, Burger’s Daughter, (1979) era prohibida por el régimen del apartheid por sus referencias a las terribles revueltas de Soweto de 1976 y 1977. No olvidaba el relato, y en 1975 publicó Selected Stories. También en ese año ganó el premio francés Grand Aigle d’Or.

 The Conservationist muestra un estudio antropológico soberbio por la unión perfecta del cuadro psicológico con el entorno físico, y que mezcla la alienación de un blanco rico que no encuentra su norte, con las tradiciones, expresiones y modos de vida de sus criados de etnia zulú, en un cuadro donde tanto los afrikaners como los hindúes completan una visión profética del aún futuro fin del estado racista. La profundidad psicológica no exenta de tintes políticos domina igualmente Burger’s Daughter, en la que una hija saca a la luz las distintas relaciones con su padre, un conocido comunista blanco.

Fueron años de presencia en diversas universidades europeas y norteamericanas, de redacción de libros de temática sudafricana lejos de la ficción, e incluso de colaboración en documentales de televisión, en los que llegó a trabajar con su hijo Hugo Cassirer. Pero siempre su residencia estaría en Johannesburgo.

A Soldier’s Embrace (relatos, 1980) haría de puente hasta 1981, año de publicación de una de sus más importantes novelas, July’s People: en una Sudáfrica futurista, encendida por las desigualdades sociales, la batalla contra la opresión blanca origina una escalada de violencia que llega a la guerra civil, al uso de misiles y a la extensión del fuego, obligando a los protagonistas a abandonar su perfecto hogar de clase media de Johannesburgo y buscar refugio en su criado negro, July. Este los guiará hasta su pueblo en un viaje delirante, casi apocalíptico en el que la clase dominante blanca se torna en refugiada.

Tras una vuelta al relato en 1984 con Something Out There, un enfoque nítido del terrorismo político, Gordimer ganó el premio Malaparte en Italia y el Nelly Sachs Prize en la -entonces- Alemania Federal, ambos en 1985, y el Bennettt Award en Estados Unidos en 1986; retomó la novela con A Sport of Nature (1987), y My Son’s Story (1990), la historia de una relación entre un mestizo y una blanca, y el hijo de aquél, en una existencia en crisis con las heridas del apartheid muy abiertas. 1991 sería el año de la concesión del Nobel de literatura, y dado el entonces reciente cambio sufrido en Sudáfrica, con la excarcelación de Mandela, quedaba claro el símbolo de este reconocimiento mundial a una lucha constante pero pausada contra el régimen racista.

En ese mismo año publicaba sus relatos Jump and Other Stories, siempre siguiendo la línea de perfección estilística y economía de narración, sin elementos supérfluos. En la misma línea se publicaba en 1993 Why Haven’t you Written?Selected Stories, 1950-1972. En 1994 terminaba su novela  No one to Accompany Me. En 1997 volvía a la short story con  Love, Dad and Other Stories, y en 1998 se publicaba su última novela, The House Gun, un nuevo estudio de las más íntimas relaciones humanas en la dimensión padres-hijos, con el trasfondo del crimen cometido por el hijo de unos blancos ricos. En ese mismo año rechazaba el Orange Award por ser un premio exclusivamente destinado a mujeres escritoras.

Ya al margen de la ficción, Nadine Gordimer publicó en los últimos años completos estudios críticos de la realidad humana de una Sudáfrica de cambios vertiginosos: títulos como The Black Interpreters (1973) y su examen minucioso de la poesía sudafricana y la ficción africana; The Essential Gesture: Writing, Politics and Places (1989), en puertas del fin del apartheid, y ya en la Sudáfrica más libre cada día, libros –entre otros- como Three in a Bed: Fiction, Morals and Politics (1991) Writing and Being: Charles Eliot Norton Lectures (1996) o Living in Hope and History: Notes from our Century (1999). Son en conjunto una incursión precisa en las relaciones y tensiones que se establecen entre las obras de un escritor y sus  experiencias extraliterarias, y un intento de desentrañar el proceso de conversión de dichas experiencias en ficción.

Toda una trayectoria y todo un  ejemplo de un factor importante en el desarrollo de la literatura africana: la realizada por africanos de raza blanca en un mundo en el que encajar las piezas de la convivencia es siempre lo más difícil.

Contexto
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Nadine Gordimer estudia y refleja a menudo en sus obras las distintas vertientes de la marginación del ser humano: no solo la exterior -obvia e innegable- provocada por un régimen sociopolítico anacrónico, sino la interior, aquella que afecta a quienes ostentan el poder careciendo del saber o el carácter adecuados para ejercerlos sin conflictos. Pero este análisis de la evolución psicológica de personajes más o menos arquetípicos de un espacio y un tiempo puede también darnos datos esclarecedores sobre su creador:

En efecto, Gordimer es mujer, es de habla inglesa, es blanca, y es de ascendencia judía; son factores que sin duda pueden dificultar su definición no solo en la literatura sino en la vida diaria en un  país como Sudáfrica: se opone pacífica pero sistemáticamente a la política de segregación racial, por lo que es claro su distanciamiento de los afrikaners, la clase blanca dominante; a su vez, su origen y crianza le dotan de una cierta inmunidad a la represión, y le impiden acercarse más allá de un límite a la mayoría negra que apoya, por mucho que la comprenda: ni pasó su vida en un suburbio negro, ni sufrió en sus carnes el dolor de apartheid hacia su familia o hacia sí misma, ni se jugó la vida frente a las fuerzas de seguridad en Soweto. Puede identificarse con la clase oprimida, pero no es una de ellos.

En suma, y pese a una creación literaria brillante y a un carácter fuerte en sus convicciones, Gordimer sostuvo durante toda su vida una situación personal muy inestable, casi insostenible, en un contexto hostil por todos los flancos. Su trayectoria corre paralela a un proceso de nacimiento, expansión, explosión y muerte del apartheid que podemos establecer de la siguiente forma, retomando los datos anteriormente expuestos en su biografía y uniendo sus publicaciones más relevantes con el contexto social y temporal que las rodeó y en cierta forma moldeó:

Así, el apartheid comenzó oficialmente con la llegada al poder del  National Party de los afrikaners en 1948: Gordimer tenía 25 años, y ya escribía con regularidad. En 1949 se prohibían los matrimonios entre razas (6), y Gordimer publica Face to Face (historias cortas). En 1950 la población y sus zonas de residencia se clasificaban por estrictos principios de raza (7).

En 1952 (Gordimer, 29 años) el African National Congress –ANC, partido que aglutinaba a la mayoría negra- inicia una campaña de resistencia pasiva  junto con el Souh African Indian Congress (SAIC). Un año después se publica The Lying Days y en 1954 se casa en segundas nupcias. Desde 1959 (Gordimer, 36 años) los estudiantes negros solo pueden acceder a la universidad con un permiso especial (8). Un año después, la policía mata a 67 manifestantes negros, hiriendo a 186  a las puertas de la comisaría de Sharpeville.

Gordimer tiene 38 años en 1961, cuando Sudáfrica se escinde del imperio británico al hacerse República y cuando comienza una campaña de sabotajes y bombas a cargo del ala más dura del ANC y su escisión africanista, el Pan-Africanist Congress (PAC). En 1962 es detenido Nelson Mandela, quien dos años después sería condenado a cadena perpetua junto con otros líderes del ANC y el PAC. En 1963 se publica Occasion for Loving, y en 1966 The Late Burgeois World. En 1968 (Gordimer, 45 años) Steve Biko funda la South African Students Organization (SASO), solo para negros, impulsando de forma inequívoca la formación de la “black consciousness” que años después estallaría.

En efecto, Soweto en 1976 (Gordimer, 53 años) se convierte en espoleta de una conciencia castigada: cientos de personas mueren en los disturbios provocados por la imposición de la lengua de los afrikaners en la enseñanza de los negros. Al año siguiente la SASO es ilegalizada y Biko es arrestado y asesinado por la policía. En 1978 P.W. Botha llega al mando. En 1979 Gordimer publica Burger’s Daughter y en 1981 su apocalíptica July’s People, imagen magnificada de Soweto. En 1984, en un período de violencia en aumento en las calles de las ciudades, la nueva constitución concede pequeñas participaciones en la vida legislativa a la minoría asiática y los mestizos, pero no a la mayoría negra. En 1986 (Gordimer, 63 años) se declara el estado de emergencia indefinido en todo el país, y un año después se publica A Sport of Nature. En 1989 F.W. de Klerk sucede a Botha en el poder. 

Se acercan los cambios definitivos, inevitables por las presiones internacionales y la gravísima inestabilidad social: 1990 es el año de la independencia de Namibia, el fín oficial del apartheid y la puesta en libertad de Mandela. Gordimer tiene 67 años, se publica My Son’s Story, y por fin sus convicciones triunfan sobre la sinrazón. Un año después se le concede el premio Nobel en reconocimiento no solo a su trayectoria creativa, sino a su papel como símbolo de la oposición más dura al régimen más duro, sin renunciar a su identidad. Paralelamente Sudáfrica reconoce también su obra dándole el CNA Award. 

Parece claro que el contexto social y temporal de una persona comprometida como Nadine Gordimer puede convertir la perspectiva y la propia estructura de cada creación en un acto político, en una reivindicación y en ocasiones, en una predicción basada tanto en la lógica como en el deseo personal. Ella misma es una persona “plurimarginada” entre los negros por su origen caucásico y entre los blancos por sus ideas (9), y sin embargo nunca abandonó su línea de exploración de la naturaleza humana a ambos lados de la barrera racial. Con todo, la suya es una posición de análisis que puede convertirla en “sospechosa” por su compromiso anti-apartheid, y que puede hacernos ver muchas implicaciones políticas en su producción literaria y en la propia formación de sus personajes, tanto blancos como negros, y el entorno en el que se mueven.
El entorno de Gordimer es, en cualquier caso, el impulsor de una obra que se presta como pocas en la literatura contemporánea a un análisis antropológico-literario: sus novelas y relatos ofrecen una respuesta literaria a casi seis décadas de apartheid, con todas las implicaciones humanas de una voz que clama en el desierto. Es esta aproximación desde la ficción a tan graves problemas sociales la que convierte la obra de Gordimer en un despliegue de datos sociológicos de primera magnitud en un análisis literario. En este sentido el crítico Robert Green emplazaba la mayor relevancia de las novelas de Gordimer en el futuro, pero dándoles incluso una dimensión básicamente histórica:

                            …when  the history of  the Nationalist Governments from 
                            1948 to  the  end  comes  to be written, Nadine Gordimer’s 
                            shelf of novels will provide the future historian with all the
                            evidence needed to assess the price that has been paid. (10)

Obviamente la ficción literaria no puede ser fuente principal en un estudio histórico del apartheid ni de cualquier otro factor de la evolución humana, y en este sentido la literatura no puede exceder su peso en la balanza del estudio antropológico: es un aspecto importante y una aproximación, pero no una exégesis definitoria de procesos históricos que por definición deben ser fríos y objetivos. 
En el contexto de la literatura sudafricana, Gordimer se mueve en  medio de dos corrientes  difíciles de armonizar: de un lado promueve y hace creíble el nacimiento y la consolidación de la ficción sudafricana en inglés, -quizás desde la tranquilidad de una residencia permanente a la que nunca renunció, y que otros en el exilio no tuvieron-, y de otro lado rechaza la deformación de la que podríamos llamar “literatura nacional” afrikaner, fruto del apartheid, y que no puede ser interpretada sin ser conscientes de su simbología. Frente a las formas literarias del régimen, Gordimer opta por rescatar elementos tradicionales de culturas como la Zulú (11) y disponer de su riqueza  en ficción escrita en inglés y dentro de las  corrientes literarias occidentales.

La tentación de reflejar las distintas identidades africanas en su prosa quedó patente en su obra crítica The Black Interpreters, de 1973, donde daba su propia definición del concepto de “literatura africana” y dejaba clara su implicación en la cultura de todo el continente:

                           “My  own definition is  that African  Writing  is  writing 
                      done in   ny  language by Africans themselves and by others of 
                      whatever  skin  colour who shares with Africans the experience 
                      of  having  been  shaped ,  mentally   and   spiritually, by Africa 
                      rather  than  anywhere  else  in  the world. One  must look at the 
                      world from Africa, to be an African writer, not look upon Africa 
                      from the world” (12)

Es, en todo caso, una definición de literatura africana lo suficientemente ecléctica como para permitir la inclusión en la misma no ya de una mujer nacida en Sudáfrica, sino de una escritora de raza blanca, hija de un lituano y una inglesa, y de sangre judía. La inclusión viene marcada por un sentimiento de complicidad con la vida y la filosofía de la población africana que podríamos llamar “autóctona” atendiendo –parece imposible evitarlo en el caso de Sudáfrica- a  razonamientos raciales. Pero la que acabamos de leer es una definición que Gordimer crea desde una perspectiva panafricanista. ¿Podemos extrapolarla a una dimensión exclusivamente sudafricana? Dicho de otra forma, ¿podemos hablar de una “literatura sudafricana” de forma específica? Aquí no cabe sino nadar en un mar de ambigüedades en el que cualquier movimiento puede desviarnos de nuestro camino. Es difícil hablar de la literatura sudafricana cuando durante décadas y hasta hace apenas unos años, la mayoría absoluta del país no tenía derecho a una vida digna, a una educación y a unos derechos básicos, y por supuesto no tenía acceso a la ficción literaria. La literatura del pequeño mundo afrikaner no puede definir y representar la corriente de creación de todo un país callado.

Podemos decir, por tanto, que el término “literatura sudafricana” es, hoy por hoy, poco más de un lustro tras las primeras elecciones libres, un concepto teñido de artificialidad, y solo el tiempo le dará el barniz necesario para dotarlo del peso específico de literaturas como las del Africa Subsahariana. Ahora bien, una vez admitida esta relativa artificialidad, la obra de Gordimer dentro de la escala sudafricana tiene una magnitud que la convierte en su máxima figura, y aún siendo de raza blanca, alcanza un radio de acción que cubre todo el país, todos sus habitantes y sus características, problemas y ritos, todo su pasado y su presente, e incluso una proyección del futuro que veinte años antes demostró tener tintes proféticos. (13) Podemos discutir conceptos, pero no a las personas que los integran.
 




 6. La ley se llamó “Prohibition of Mixed Marriages Act” y junto con la “Immorality Act” prohibían tanto los matrimonios como las propias relaciones sexuales entre razas. 
 7. Mediante la ley llamada “Group Areas Act” y sus posteriores versiones corregidas, y la “Population Registration Act”, se clasificaban respectivamente las tierras y las personas siempre en base a la raza de éstas. Ambas leyes son de 1950. 
 8.Mediante un anexo a la ley “University Education Act” se prohibía a las universidades sudafricanas aceptar estudiantes negros sin permiso oficial.
 9.Como veremos posteriormente, no solo los afrikaners tenían sus diferencias con Gordimer, sino que los propios blancos de izquierdas criticaban a menudo su frialdad y ausencia de compromiso claro.
10. Head, Dominic : (1994)  Nadine Gordimer – Cambridge Studies in African and Caribbean Literature,    Cambridge, Inglaterra,  p. 2
11.  Ejemplo soberbio de la unión de la simbología Zulú con el mundo en decadencia de un blanco lo tenemos en The Conservationist (1974) novela ganadora del Booker Prize, que aquí analizaremos.
12. Gordimer, Nadine (1973) The Black Interpreters: Notes on African Writing. Ravan Press, Johanesburgo
13. Son dignas de estudio  las implicaciones futuristas de The Conservationist, y su predicción simbólica de la vuelta de Sudáfrica a manos negras.