Estilo:
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Gordimer representa una posición
sin duda única en la literatura del cono sur africano: la política
domina todos los ámbitos de la vida en Sudáfrica, y de forma
implícita o explícita va a invadir también el campo
literario. A lo largo de su carrera sus ideas se han ido radicalizando,
casi diríamos amargando ante el aparente callejón sin salida
del apartheid, y sin embargo sus obras, pese a evolucionar en la presentación
de cuadros humanos hacia el aspecto más negro de su sociedad, no
llegan nunca a abanderar soluciones políticas. Más bien al
contrario, su estilo se mantiene distante, casi impersonal y ausente de
emotividades incluso cuando se abordan o se esbozan temas recurrentes en
la terrible vida diaria de la Sudáfrica anterior a 1990.
Unos, en especial los más implicados
en la lucha social, vieron en este distanciamiento una consecuencia previsible
de su condición de blanca de clase media, que contemplaba la tormenta
en el mar encerrada en la soledad –y a la vez la seguridad y comodidad-
de un faro. Incluso en novelas como Burger’s Daughter (1979) donde
se trata una temática comunista (que le costaría la ilegalidad
de la obra), los propios comunistas tuvieron su opinión: así,
la publicación African Communist celebraba que en la novela
se abordasen las relaciones entre el Partido Comunista, el African National
Congress, las huelgas de los mineros y otros problemas, pero criticaba
la falta de pasión y el alejamiento de su prosa, (14) :
Regrettably, this proves to be a book that, once taken up,
is difficult not to put down. Nadine Gordimer’s passionless prose
is, as usual, exquisitely sculptured but excruciatingly
remote …
polishing the last phrase, carefully selecting the right
word after
rejecting many others- but to say what?
Otros, como el poeta y activista exiliado
Dennis Brutus vehían en el carácter impersonal y la ausencia
de “calor social” de la obra de Gordimer el símbolo de la deshumanización
de la sociedad sudafricana (15).Sin embargo parece cuando menos
trivial pretender asignar facetas reivindicativas a una obra de ficción
que no nació con esa pretensión, y no dejan de ser opiniones
más cercanas a la lucha en las calles, que a la lectura sosegada
y analítica de una prosa por otra parte abundante en mensajes sociales:
Como queda dicho, la inestabilidad social
fue tomando peso en la obra de Gordimer a medida que la escena sudafricana
ahondaba en lo irracional. Los cuadros coloniales de la clase blanca liberal
y sus entresijos psicológicos (léase The Conservationist),
perfectamente válidos para su época, dejaron paso desde los
años 80 a visiones cada vez más oscuras, incluso más
traumáticas, paralelas al nacimiento de guerrillas urbanas y a la
escalada de violencia (16). Con todo, Gordimer nunca satisfizo a
quienes buscaban en las obras de una blanca opuesta al apartheid un dogma
y un símbolo de revolución.
Y es que Gordimer nunca pretendió
ser una autora política, sino social. Su preocupación reside
en las descripciones de personajes arquetípicos de sectores sociales
sudafricanos en sincronía con el espacio temporal en el que escribe.
Sus novelas no son protestas, sino aproximaciones certeras a su sociedad,
que como todo en Sudáfrica, está mediatizada por la política,
sus cambios y sus revueltas. No es la revolución del hombre sino
su evolución, psicológica y en grupo, la que proporciona
el equilibrio y el sentido a sus obras, hasta el punto que los aspectos
políticos paralelos son a menudo irrelevantes, un mero trasfondo
más o menos borroso para dar forma en el tiempo a un análisis
psicológico del hombre.
De las obras de Gordimer a lo largo del
tiempo debemos extraer las múltiples imágenes humanas de
la Sudáfrica real y multirracial, que aparecen narradas bajo un
estilo suave, casi poético en ocasiones, pero a su vez ausente de
artificios, realista en diálogos, preciso en vocabulario y detallista
en las descripciones, de los grandes a los pequeños detalles. Pero
este análisis ha de ir siempre en consonancia con los avatares extra-literarios
que, en un país como el que nos ocupa, varían en intensidad
–in crescendo- y cambian casi entre obra y obra hasta hacer de cada
una de ellas un mundo distinto del descrito en la anterior y del que vendrá
en la siguiente. Ese es, al fin y al cabo, el reto que supone la aproximación
antropológica a la obra de Gordimer.
Vocabulario
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Si hemos de seleccionar una obra de Gordimer
que sea representativa del estilo, la complejidad narrativa y el
enfoque lingüístico de los personajes, poco tendremos
que buscar para encontrar The Conservationist (17) novela
en la que nos detendremos en este apartado. Es quizás la que mayor
complejidad lingüística nos ofrece, posiblemente la más
elaborada y perfeccionada en sus perspectivas narrativas, pero es también
un punto de referencia imprescindible para situar y asimilar el conjunto
de la trayectoria de Gordimer, tanto para sus novelas como para sus cuentos.
Publicada en 1974, The Conservationist
nos lleva a una granja en Transvaal (18) en los primeros años
de la década de los 70. Allí un personaje representativo
de la nueva clase media pujante, Mehring, compra una granja a la que acude
solo los fines de semana, en la que viven y trabajan un buen número
de negros y en cuyos confines tienen sus negocios los hindúes (19).
El triángulo racial aparece muy delimitado, y salvo los diálogos
entre Mehring y su –digamos- “capataz” en la granja, Jacobus, o entre negros
e hindúes, se nos presentan cuadros de personajes con escasa movilidad
racial: Mehring se relaciona con blancos, tanto de izquierdas como afrikaners,
mientras los negros viven en su mundo, o como mucho se acercan a los hindúes
para comprar o pedir favores.
El aspecto más destacable de esta
novela aparece en el nivel narrativo: de forma continua alternan ante el
lector el narrador omnisciente y el monólogo interior de Mehring,
casi siempre sin barreras de capítulos o párrafos distintos.
Mehring es “he” en un momento dado, y de repente sus acciones aparecen
dominadas por el “I” de primera persona. El uso del monólogo interior
es el arma de corte modernista con la que Gordimer plasma la psicología
de la mente confusa de Mehring, sus previsibles prejuicios raciales, sus
fobias – que devuelven a su mente frases lapidarias dichas por otros personajes
(20)- y oscuras obsesiones sexuales, y su evolución y degradación
que acaban siendo el símbolo y el final profetizado (con dos décadas
de antelación) de toda una clase dominante. El uso del monólogo
interior en The Conservationist no es sino un escaparate de la calidad
humana que Gordimer reprueba, y de la crisis de personalidad latente de
una minoría en tierra hostil.
En cuanto al narrador omnisciente, con
frecuencia su afán comunicador le lleva a introducir largos paréntesis
explicativos que no hacen sino ralentizar quizás en exceso el ritmo
narrativo. Esta presencia de la voz narrativa afecta también a los
diálogos, que suelen verse interrumpidos por relativamente largas
descripciones de escenas o personajes, que nos dan una información
valiosa, pero que hacen difícil seguir el diálogo al que
asistimos e incluso recordar qué personaje estaba hablando. Por
contra, Gordimer llama la atención del lector con frecuentes efectos
de “zoom” mediante los cuales pasamos de planos generales a observar en
primera fila detalles pequeños, casi imperceptibles, y frecuentemente
asociados a la naturaleza:
With the toe of his rubber sole the farmer turns, as he goes,
a glint where the bed of the river has dropped back; someone lost
a ring there… (p.13)
… …
… …
Moving from the covert of reeds and darkening fields …
The red eye of a cigar opens and closes (p.150)
… …
… …
The crystal neck of a bottle
stuck out of the mud;
pappy lumps of sodden fur with rats’ tails. A woman’s ring or
perhaps only the tin loop that lifts to tear open
the top of a
can of beer glittered in there among
the trident-marks of
birds’ feet. (p.p.225)
En este sentido es digna de mención
la descripción de las páginas 90-91, demasiado larga para
ser incluida aquí, pero que nos lleva por el paisaje de un vlei
o tierra pantanosa, bajando de los sauces a las aves, sus nidos, los insectos,
sus larvas y hasta las propias amebas, en un carrusel de la naturaleza
que siempre manifiesta su carácter cíclico, de la destrucción
al renacimiento.
Este efecto de acercamiento afecta a
la propia perspectiva de las escenas, que suele llevarnos de planos elevados
como si fuésemos testigos desde una cierta altura, a los propios
ojos de Mehring, con escasas concesiones a otras posibilidades como las
perspectivas de personajes secundarios.
Los personajes, sea cual sea su peso específico,
aparecen delimitados por importantes barreras lingüísticas:
el nombre “Mehring” suena más bien afrikaner, pero el personaje
habla continuamente en inglés, al igual que el resto, y en
todo caso el narrador nos hace saber en qué momento se está
produciendo un breve diálogo en afrikaans o en gujerati (lengua
hindú). El afrikaans aparece en breves palabras como “geen toegang”
para un cartel de prohibición del paso (21) o el curioso
mote del jornalero Witbooi , llamado “swart gevaar” (el peligro negro),
siempre con la correspondiente traducción al inglés.
Los distintos idiomas al margen del inglés
sirven como escudo protector a sus personajes para evitar ser entendidos
por los de otra raza; así, no todos los negros hablan inglés,
y lo que es más, suelen hablar en su idioma para poder criticar
y evitar ser entendidos por Mehring:
They are busy complaining about him in the safety of
their own language, they retreat into it and they can say what
they like. (22)
Igualmente los hindúes hablan en
su tienda en lengua gujerati a modo de escudo familiar que los clientes,
sean de la raza que sean, son incapaces de entender:
In a full shop, the privacy of this talk in Gujerati was as
secure to the family as if the shop were empty. The language
reached nobody else’s understanding. (23)
El vocabulario se nutre a menudo de palabras
o pequeñas frases en afrikaans, gujerati, zulú e incluso
algún vocablo con un más que probable origen español,
como el calificativo de “piccanins” con el que se describe a los niños
de raza negra que deambulan por la granja y rodean a los blancos esperando
alguna moneda, y que bien puede ser una deformación del término
“pequeños”.
Con todo, y quizás de forma artificial,
tanto la voz del narrador omnisciente como los pensamientos de Mehring
o los diálogos entre los personajes se desarrollan en inglés.
Pero incluso dentro de la aparente homogeneidad lingüística,
solo el narrador mantiene un estilo y un vocabulario que podamos llamar
“académico”, pues tanto el inglés hablado por los personajes
negros como –en menor medida- por los blancos ofrece irregularidades y
deformidades que dotan de realismo a la acción y que no podemos
obviar:
Así, en el campo de la gramática,
Jacobus abandera un inglés cercano al cáos, con un alto grado
de irregularidades morfosintácticas y fonéticas, representativo
de la lengua empleada por los estratos más bajos de la base de la
pirámide: la base negra. Veamos algunos ejemplos:
Yes, was no trouble. They say to me I know who is this man.
I say –me, I don’t know who is, the master tell you nobody
here
can know … Then they ask me, who is find
him? And I bring
Solomon and they ask him, same, same, you know who is this man?
Solomon he say, no … I give them that things in the kitchen …(p.23)
… …
… … …
I’m tell you … The witch-doctor
he’s tell the people they
must buy the goat. Then he’s put that
goat away somewhere,
somewhere, she don’t know where. Nobody must say her.
Since
three day she mustn’t go out, … She don’t see
nothing. Then
lateron, she going to throw bones… (p. 138)
… …
…
Es un registro que van a adoptar personajes
igualmente de raza negra, como July en novelas como July’s People,
representando con realismo los fundamentos del broken English sudafricano
en conversaciones cotidianas.
El inglés de los personajes blancos,
si bien mucho más correcto, se presenta a menudo en su forma más
coloquial, con ausencia de auxiliares en las preguntas, contracciones extrañas
o “question tags” incorrectas, que junto con el inglés hablado por
los trabajadores negros dotan a los diálogos de la novela de un
realismo interactivo (24) continuo y certero. Son especialmente
abundantes las contracciones:
Here’ve got nothing to do … (p.18)
You can p’raps do me a favour …
(p.49)
You’ve got a son? He lives with you?
(p.71)
That girl works for me, isn’t it?
(p.116)
It’s what the wives of men who’re
getting rich … (p.150)
The location’ll have to be extended…
(p.154)
People’ve got no respect … (p.176)
No one’ll ever remember where you
are buried (p.184)
How’re things? (p.207)
You know what that is? (p.213)
You sure? (p.241)
Por otra parte el inglés con el
que entendemos a los personajes hindúes es prácticamente
correcto, si bien somos conscientes de que buena parte de sus diálogos
son traducciones del Gujerati hechas por ese narrador omnisciente que nos
lleva por todos los submundos de la novela. La lengua inglesa se enfoca
en la novela – no sin cierto sarcasmo por parte del narrador- como la que
debe emplear cualquier personaje que quiera demostrar educación,
incluso aunque sea metiendo palabras en inglés en su propio idioma
en un aparente caos. Veamos este ejemplo de Dawood, un personaje hindú:
They were all talking at once, in their own language,
except that dawood would always
interject with Listen,
that’s how the young ones werewhen they’d been to school
in the city, they must mix English with everything to show
how educated they are. (25)
Este es, muy resumido, el particular mundo
del ritual verbal y no verbal que gobierna la que puede ser la novela más
compleja, más meditada de Gordimer, estilísticamente hablando.
En la dificultad de sus cuadros humanos y sus formas de expresión
estriba su mérito.
Simbología
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Nadine Gordimer es una escritora
que en todos los aspectos parte en sus obras de un desplazamiento obvio
en su propia sociedad, como vimos en el apartado “Contexto”: en una Sudáfrica
de mayoría negra, ella es blanca y debe luchar por hacerse un hueco
en los entresijos de una raza a la que no pertenece. En una Sudáfrica
donde los blancos dominantes hablan Afrikaans y practican la segregación,
ella pertenece a la esfera anglosajona por familia y educación,
y su filosofía de las razas no es sino un lamento en el desierto.
Quizás este punto, su difícil
oposición al corte arbitrario y sistemático de derechos y
libertades que reinó en Sudáfrica hasta 1990, sea el centro
en torno al que giran dos de sus novelas con una mayor carga de simbología
sociopolítica y que vamos a estudiar en las próximas páginas:
My Son’s Story y July’s People , sin olvidarnos de obras como The
Late Bourgeois World y Burger’s Daughter
My Son’s Story , (26) publicada
en 1990 con la agonía del apartheid, es la historia de Sonny, un
maestro de escuela que poco a poco va tomando parte activa en la lucha
contra el régimen, y con él su mujer y su hija, hasta que
pierde el trabajo, sufre la cárcel y su familia acaba abandonando
el país. Sus relaciones sentimentales con Hanna, una mujer blanca,
luchadora igualmente por las libertades, completan un círculo que
crece hasta estallar, en cuyo centro está la voz del narrador, su
hijo Will, cómplice y a la vez detractor de su padre; las relaciones
padre/hijo, oscilantes entre el amor y el repudio, y el paulatino alejamiento
de familia y amante de Sonny, son constantes en el desarrollo de
la trama que desemboca en una división final: Sonny y Will juntos
y su casa destruida por los blancos, mientras su mujer Aila y su hija Baby
se unen a los “Freedom Fighters” en el exilio. Hanna, por su parte, se
va al Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. Ningún
personaje del círculo inicial permanece en su sitio.
Nos falta un detalle: la amante es blanca,
pero ¿de qué raza es Sonny y su familia? Ese es el punto
clave en la simbología de My Son’s Story: no lo sabemos y
no debemos buscar una catalogación. No es ninguna raza en especial,
pero queda claro que no son blancos; tampoco son de raza negra, ni asiática,
pero sufren igualmente la pesadilla del apartheid. Sonny y su familia son
en sí mismos el símbolo que Gordimer buscó para reivindicar
un orden social aceptable desde todos los sectores sociales del país,
ante el fin del sistema racista: no son de raza alguna porque son de todas
las razas posibles en el mosaico sudafricano. Podemos únicamente
entrever parentescos poco relevantes y siempre muy lejanos en el tiempo,
como los de Aila y su familia, de origen oriental y musulmán:
...her oriental beauty half-hidden by neat blouses
and
skirts, while the rest of that side of her ancestral heritage had
been buried in generations of intermarriage and cross-cultural
alliances of other kinds. (27)
... ... ... ... ...
...
...she remembered... her grandfather looking so different,
wearing a white turban when he returned from Mecca... (28)
... ... ... ... ... ...
She reminds me of pig. Our ancestors didn’t eat pig (29)
Son en todo caso referencias que, lejos
de mostrarse como definitorias de una raza, acentúan por su lejanía
temporal el carácter neutro de los personajes principales, y con
ello la unión deseable de todos los colores. La simbología
debe también extrapolarse al contexto histórico de Sudáfrica
en el momento de escribirse y publicarse la novela: el fin del apartheid
fue también el final de una estrategia sociopolítica
anacrónica, y la neutralidad racial de My Son’s Story viene
a apuntar la necesidad de una definición –cercana, eso sí,
a lo utópico- de una nueva sociedad sin un color predominante
A un nivel psicológico, los personajes
de My Son’s Story parecen obedecer a patrones de género:
el masculino y el femenino parten de un solo plano ante el lector y desembocan
al final de la novela en destinos distintos: así las mujeres, Aila,
Baby y Hannah, evolucionan desde papeles pasivos y aparentemente secundarios,
y acaban desapareciendo de la escena para afrontar la lucha contra el régimen
racista: Aila y Baby en el exilio, en la guerrilla de los Freedom Fighters,
y Hannah desde los despachos del ACNUR.
14. Smith, Rowland (1990): Critical Essays on Nadine Gordimer.
GK Hall & Co. Boston, p.4
15. ibid., p. 5
16. En Something Out There (1984) , por ejemplo, se reflejan
las actividades de sabotaje de grupos armados anti-apartheid en las ciudades
de Sudáfrica, y en especial en los barrios de los blancos.
17.Londres: Cape, 1974. Nueva York: Viking, 1975
18. El uso de una granja como “setting” de la novela
es en sí una respuesta a la novela The Story of an African
Farm, de Olive Schreiner. Si en ésta se muestra el cuadro colonial
de la ocupación blanca, Gordimer profetiza en su novela el fin de
dicho dominio y la vuelta de la tierra a manos negras.
19. No le faltaban incentivos al rico sudafricano si quería
explotar una propiedad rural, ya que las pérdidas
por la sequía, incendios o pobres cosechas eran deducibles
de los impuestos.
20. La frase dicha por Antonia “No one will remember where
you’re buried” actúa como un martillo en la mente de Mehring y simboliza
el miedo a la pérdida de los privilegios de los blancos, que en
unos años verán como la raza negra se apodera de las tierras
en su día arrebatadas.
21.En un cartel trilingüe, unido al inglés
“no thoroughfare” y al zulu “akunandlela lapha” Gordimer, Nadine (1974)
p. 134
22. ibid., p.69
23. ibid., p.114
24.Para una acertada clasificación de los distintos
niveles de realismo a analizar en una obra literaria, así como de
importantes pasos a seguir para un análisis antropológico-literario,
remitimos al lector al texto de los profesores de la Universidad de Oviedo
Dr. José Luis Caramés Lage y Dra. Carmen Escobedo de
Tapia titulado El Comentario de Textos Antropológico-Literario:
Análisis de Cinco Casos Representativos de la Novela Indo-Angla
Contemporánea (ver bibliografía)
25. Gordimer, Nadine (1974) p. 111
26. Londres: Bloomsbury; Nueva York: Farrar, Strauss and
Giroux
27. My Son’s Story, p.19
28. ibid., p. 45
29. ibid., p.93
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