| THESAURUS:
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Eliot, William Thackeray, A. Tennyson, Dante Gabriel Rossetti, Aurora Leigh,
Sonnets from the Portuguese.
Nacimiento.
Elizabeth nació
en Coxhoe Hall, en el condado de Durham, el 8 de marzo de 1806. Su nombre
completo era Elizabeth Barrett Moulton-Barrett, aunque en su entorno familiar
siempre se la conoció como “Ba”. Ella se haría llamar Elizabeth
Barrett Barrett. Ya desde niña Elizabeth fue una persona agraciada
físicamente: pelo negro largo, ojos grises, boca grande, barbilla
levantada y frente ancha, una complexión parecida a la de su padre,
acompañada de un fuerte temperamento, muchas veces impetuoso que
la convirtió en líder indiscutible entre sus hermanos.
En 1809, cuando
Elizabeth tenía tres años, la familia se traslada a la mansión
de Hope End en Malvern, Herefordshire, a unas millas de Ledbury, Bath,
Gloucester y Worcester. Su infancia transcurrió en esta mansión
en la que durante muchos años los cambios eran innumerables hasta
que su padre consiguió convertirla en una especie de palacio al
estilo turco de moda en aquellos tiempos: minaretes, cúpula
de cristal, balaustradas de bronce, caoba por doquier, bellos jardines,
una reserva de ciervos, estanques, un lago y una cascada, obra que se completó
en 1815 y que sería fruto del dinero procedente del comercio de
esclavos de la plantación Cinnamon Hill en Jamaica.
Elizabeth vivió
una infancia privilegiada montando en pony por los campos de Hope End,
visitando familias del vecindario y organizando representaciones teatrales
con sus hermanos. En esta mansión comenzó a estudiar idiomas
y a leer poesía y novela y en el año 1815 se desplazó
con su familia a París donde permanecieron más de un mes.
Familia.
Su padre se llamaba
Edward Moulton-Barrett y su madre Mary Clark Graham de Newcastle. Su padre
había nacido en Jamaica el 28 de mayo de 1785. Los Barrett habían
vivido en la isla desde que Inglaterra conquistara el país a los
españoles durante el siglo XVII. A lo largo del siglo XVIII, la
familia prosperó y se hizo una de las más ricas de la isla.
Su abuelo había sido un gran terrateniente con tierras cultivadas
por esclavos. La demanda económica estaba centrada en el azúcar
y el ron, productos con los que la familia consigue una gran fortuna. Pero
Elizabeth siempre lamentó que la fortuna familiar proviniese del
mundo de la esclavitud y, desde niña, se cuestión la moralidad
de la trata de personas y de beneficiarse del comercio de esclavos. La
culpa y la pena se aferraron a su personalidad y hasta llegó a pensar
que su familia estaba maldita por una especie de conjuro de la sangre de
los esclavos.
Personaje importante
en la vida de nuestra autora fue su abuela, madre de Edward, su padre.
Fue la tercera de una familia de cinco hermanos. Se casó con un
capitán de fragata de origen inglés, Charles Moulton, que
había vivido en Madeira y había ganado dinero como mercader
de esclavos y de vino. El capitán se quejaba de tener poco dinero
y, quizás por eso, solía pasar grandes temporadas en Nueva
York e Inglaterra. Su matrimonio duró tan sólo ocho años
y pasó por cuatro embarazos. Charles fue abandonado por su esposa
que finalmente se marchó a vivir con sus padres.
Edward Moulton-Barrett,
padre de nuestra autora, vivió los primeros ocho años de
su vida en casa de sus abuelos y apenas veía a su padre. Fue un
chico callado, aunque con genio, que creció adorando a su madre
e idealizando a su abuelo. También admiraba a su tío George,
hermano de su madre que, con el paso del tiempo, le dejaría una
buena herencia.
Edward fue educado
durante los primeros años de su vida por un tutor inglés
llamado Francis Murphy, opuesto a la esclavitud. En 1794 embarca, con sus
otros dos hermanos y con el tutor, a Londres; su madre les acompañaría
poco después. Se instalaron en la casa de su tía abuela y
Edward comienza una etapa un tanto melancólica y triste en su vida:
no se encuentra bien en la casa ni en la escuela y además los dos
hermanos de su madre fallecen de fiebre amarilla y su tío George,
el favorito, poco después. En 1798 fallece su padre y su hermana
Sarah muere de forma repentina en la escuela de Greenwich.
Edward heredó
propiedades, esclavos y dinero de su abuelo y de su tío George.
Pero la distancia de Jamaica y algunos desarreglos económicos con
familiares lo llevaron a perder bastante dinero.
En 1805, cuando
todavía no había alcanzado la mayoría de edad, Edward
se casó con Mary a la que le unía una relación muy
especial, casi fraternal; Mary siempre tuvo hacia su marido una actitud
conciliadora y comprensiva. Tuvieron doce hijos, de los cuales Elizabeth
era la mayor.
Elizabeth perderá
a su hermano favorito, Edward, al que llamaban “Bro” y que había
nacido en junio de 1807. Edward perecería ahogado en Torbayel el
día 11 de julio de 1840; su cuerpo nunca se encontró y esto
afectó profundamente a Elizabeth. También tenía dos
hermanas más jóvenes llamadas Henrietta y Arabel y otro hermano,
Sam, que moría en Jamaica en febrero 1840, a los veintiocho años
de edad. No se sabe mucho de sus otros hermanos: Stormie y George, que
se marcharon a estudiar a Glasgow, o Henry y Octavius a quienes su padre
quería animar a dedicarse a la abogacía siguiendo los pasos
de George.
En 1841 Miss Mitford
le regaló un perro spaniel al que llamó Flush, que sería
uno de los seres más queridos por Elizabeth y por el que llegarían
a pedir un rescate tras dos secuestros. Las cartas de Elizabeth tenían
un claro protagonista: su perro, cuyo cariño supuso una verdadera
terapia para nuestra autora en momentos difíciles.
Juventud.
Elizabeth llegó
a la pubertad un tanto confundida. Era una joven orgullosa e impetuosa
que intentaba controlarse y que criticaba la “blandura femenina” de su
madre y calificaba el matrimonio como una institución calamitosa.
Reservaba su admiración para los héroes, los mejores hombres
y mujeres de la literatura, la política, la guerra, etc., incluyendo
a su padre. Elizabeth fue consciente de su conflicto de lealtad respecto
a su madre y se sentía culpable de las discusiones de sus padres.
La soledad la acompañó de manera especial tras la marcha
de su querido hermano Bro de Hope End en 1820. Su madre estaba muy ocupada
con sus numerosos embarazos y la abuela materna de Elizabeth necesitaba
los cuidados de su hija. Su abuelo materno había muerto en 1818.
Todo esto contribuyó a la enfermedad que comenzó a invadirla
a los quince años y que no la abandonaría en toda su vida.
Pese a las muchas
horas que dedicaba a la lectura y la escritura, Elizabeth disfrutaba del
bosque de Hope End escondiéndose en sus rincones secretos, cavernas
mágicas y árboles retorcidos en los que plasmaba su imaginación
portentosa y donde potenciaba su ideología de la búsqueda
como equilibrio esencial de la vida. Se sentaba en la parte del jardín
que estaba llena de rosas blancas.
En 1824 la crisis
que la hacienda jamaicana venía sufriendo años atrás
se incrementó debido a la mala gestión y su tío Sam
tuvo que a desplazarse a las Antillas para administrar personalmente las
propiedades de la familia. Su padre, Edward, también se vio obligado
a economizar sacando a sus hijos Bro y Sam del colegio y dedicando más
tiempo a sus negocios en Londres.
Su tormento interior
se acrecentó con la edad y le resultaba muy difícil controlar
esa ansiedad.
Estudios. Elizabeth
no recibió la educación convencional de las niñas
de su edad. En lugar de aprender a coser estudió italiano, griego
y hebreo, además de leer la poesía de Lord Byron y las novelas
de Madame de Staël. Su madre, Mary, es la que, en principio, le enseñó
a leer y a escribir y con la que aprendió francés. Desde
1817 a 1820 comparte los estudios con su hermano Bro bajo la supervisión
de un tutor llamado Daniel McSwiney y Elizabeth pide a su padre que le
dejara asistir a las clases. Su padre accede y Elizabeth estudia latín
y griego con su hermano, si bien la joven Ba rápidamente lo aventajó
como estudiante.
Cuando Bro cumplió
los trece años se fue a la escuela y Elizabeth se resiente, pues
eso significaba también la marcha de su tutor. Su padre decidió
que las niñas necesitaban una institutriz, Mrs Orne. Se sintió
abandonada por su padre y la relación con su madre no era del todo
pacífica, circunstancias que acrecentaron su crisis afectiva.
Matrimonio.
Aunque nunca había
deseado casarse, Elizabeth se había sentido atraída por hombres
mayores que ella con quienes compartía intereses intelectuales hasta
que conoció a Robert Browing, uno de los poetas más conocidos
de la época victoriana, que había nacido el 7 de mayo de
1812 en Londres y cuya obra más conocida fue sin duda The Ring
and the Book (1868-69).
Fue Mary Russell
Mitford quien había comenzado a hablarle del joven poeta autor de
Paracelsus (1835). Su primo John Kenyon le dejó una copia
de esta obra en el verano de 1836 y rápidamente se sintió
cautivada por su lectura. Le atraía la pasión de su poesía
y comenzaron a cartearse. Las casi tres cartas por semana acompañaban
esta amistad tan especial que culminaría con su encuentro, el 10
de enero de 1845. Robert la visita en Wimpole Street y al día siguiente
le escribe una declaración de amor. Elizabeth, inválida y
rondando la cuarentena -era seis años mayor que Robert- vaciló
en principio ante el amor de su pretendiente y plasma estas dudas en Sonnets
from the Portuguese, que escribió en los dos años siguientes.
Sin embargo, el amor entre ambos era verdadero.
El padre de Elizabeth
se opuso a esta relación aunque Robert siguió visitando a
Elizabeth a escondidas hasta que el 12 de septiembre de 1846 contrajeron
matrimonio en secreto, con su doncella Elizabeth Wilson como testigo, en
Londres. Su padre la desheredó, como haría con sus otros
hijos que se casaron sin su consentimiento y dejó de hablarle. Otros
miembros de la familia, como su hermano George, también sintieron
antipatía tanto por ella como por su marido.
El 19 de septiembre,
los recién casados, la doncella y Flush dejaron Gran Bretaña
para encontrarse en París con su amiga Anna Jameson que los acompañó
hasta Italia. Se establecieron en Pisa y la salud de Elizabeth mejoró
notablemente, recuperándose considerablemente de su invalidez y
de su dependencia del láudano.
El 20 de abril de
1847 llegaron a Florencia, donde alquilaron Casa Guidi por tres meses y,
aunque cambiaron de residencia, volvieron allí en mayo de 1849,
donde vivirían hasta la muerte de Elizabeth. Su vida matrimonial
parece haber sido muy dichosa, únicamente ensombrecida por el rechazo
de su padre, algo que a Elizabeth nunca dejó de apenar. La última
etapa de su matrimonio se caracterizó por las continuas recaídas
de Elizabeth. Tras haber intentado en vano reconciliarse con su padre,
Elizabeth falleció el 29 de junio de 1861 sin haber obtenido el
perdón de su padre. Robert Browning falleció en Venecia el
12 de diciembre de 1889, veintiocho años después que su esposa,
pero nunca volvió a casarse. Fue enterrado en Westminster Abbey.

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