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9. EL LIRISMO POÉTICO DIDÁCTICO DE 
ELIZABETH BARRETT BROWNING (1806-1861)1/4
José Luis Caramés Lage, Universidad de Oviedo.
ISBN- 84-9714-082-6
 

THESAURUS: Jamaica, Madeira, Hope End, Antillas, Lord Byron, Madame Staël, Robert Browning, Casa Guidi, Westminster Abbey, láudano, Henry Fielding, Tom Paine, Voltaire, Pope, Homero, Wordsworth, esclavitud, E. Dickinson, Oxford Movement, Charles Kingsley, George Sand, Dickens, Gaskell, George Eliot, William Thackeray, A. Tennyson, Dante Gabriel Rossetti, Aurora Leigh, Sonnets from the Portuguese. 

Nacimiento. 

Elizabeth nació en Coxhoe Hall, en el condado de Durham, el 8 de marzo de 1806. Su nombre completo era Elizabeth Barrett Moulton-Barrett, aunque en su entorno familiar siempre se la conoció como “Ba”. Ella se haría llamar Elizabeth Barrett Barrett. Ya desde niña Elizabeth fue una persona agraciada físicamente: pelo negro largo, ojos grises, boca grande, barbilla levantada y frente ancha, una complexión parecida a la de su padre, acompañada de un fuerte temperamento, muchas veces impetuoso que la convirtió en líder indiscutible entre sus hermanos. 

En 1809, cuando Elizabeth tenía tres años, la familia se traslada a la mansión de Hope End en Malvern, Herefordshire, a unas millas de Ledbury, Bath, Gloucester y Worcester. Su infancia transcurrió en esta mansión en la que durante muchos años los cambios eran innumerables hasta que su padre consiguió convertirla en una especie de palacio al estilo turco de moda en aquellos tiempos: minaretes, cúpula de cristal, balaustradas de bronce, caoba por doquier, bellos jardines, una reserva de ciervos, estanques, un lago y una cascada, obra que se completó en 1815 y que sería fruto del dinero procedente del comercio de esclavos de la plantación Cinnamon Hill en Jamaica. 

Elizabeth vivió una infancia privilegiada montando en pony por los campos de Hope End, visitando familias del vecindario y organizando representaciones teatrales con sus hermanos. En esta mansión comenzó a estudiar idiomas y a leer poesía y novela y en el año 1815 se desplazó con su familia a París donde permanecieron más de un mes. 

Familia. 

Su padre se llamaba Edward Moulton-Barrett y su madre Mary Clark Graham de Newcastle. Su padre había nacido en Jamaica el 28 de mayo de 1785. Los Barrett habían vivido en la isla desde que Inglaterra conquistara el país a los españoles durante el siglo XVII. A lo largo del siglo XVIII, la familia prosperó y se hizo una de las más ricas de la isla. Su abuelo había sido un gran terrateniente con tierras cultivadas por esclavos. La demanda económica estaba centrada en el azúcar y el ron, productos con los que la familia consigue una gran fortuna. Pero Elizabeth siempre lamentó que la fortuna familiar proviniese del mundo de la esclavitud y, desde niña, se cuestión la moralidad de la trata de personas y de beneficiarse del comercio de esclavos. La culpa y la pena se aferraron a su personalidad y hasta llegó a pensar que su familia estaba maldita por una especie de conjuro de la sangre de los esclavos.

Personaje importante en la vida de nuestra autora fue su abuela, madre de Edward, su padre. Fue la tercera de una familia de cinco hermanos. Se casó con un capitán de fragata de origen inglés, Charles Moulton, que había vivido en Madeira y había ganado dinero como mercader de esclavos y de vino. El capitán se quejaba de tener poco dinero y, quizás por eso, solía pasar grandes temporadas en Nueva York e Inglaterra. Su matrimonio duró tan sólo ocho años y pasó por cuatro embarazos. Charles fue abandonado por su esposa que finalmente se marchó a vivir con sus padres.

Edward Moulton-Barrett, padre de nuestra autora, vivió los primeros ocho años de su vida en casa de sus abuelos y apenas veía a su padre. Fue un chico callado, aunque con genio, que creció adorando a su madre e idealizando a su abuelo. También admiraba a su tío George, hermano de su madre que, con el paso del tiempo, le dejaría una buena herencia.

Edward fue educado durante los primeros años de su vida por un tutor inglés llamado Francis Murphy, opuesto a la esclavitud. En 1794 embarca, con sus otros dos hermanos y con el tutor, a Londres; su madre les acompañaría poco después. Se instalaron en la casa de su tía abuela y Edward comienza una etapa un tanto melancólica y triste en su vida: no se encuentra bien en la casa ni en la escuela y además los dos hermanos de su madre fallecen de fiebre amarilla y su tío George, el favorito, poco después. En 1798 fallece su padre y su hermana Sarah muere de forma repentina en la escuela de Greenwich.

Edward heredó propiedades, esclavos y dinero de su abuelo y de su tío George. Pero la distancia de Jamaica y algunos desarreglos económicos con familiares lo llevaron a perder bastante dinero. 
En 1805, cuando todavía no había alcanzado la mayoría de edad, Edward se casó con Mary a la que le unía una relación muy especial, casi fraternal; Mary siempre tuvo hacia su marido una actitud conciliadora y comprensiva. Tuvieron doce hijos, de los cuales Elizabeth era la mayor.

Elizabeth perderá a su hermano favorito, Edward, al que llamaban “Bro” y que había nacido en junio de 1807. Edward perecería ahogado en Torbayel el día 11 de julio de 1840; su cuerpo nunca se encontró y esto afectó profundamente a Elizabeth. También tenía dos hermanas más jóvenes llamadas Henrietta y Arabel y otro hermano, Sam, que moría en Jamaica en febrero 1840, a los veintiocho años de edad. No se sabe mucho de sus otros hermanos: Stormie y George, que se marcharon a estudiar a Glasgow, o Henry y Octavius a quienes su padre quería animar a dedicarse a la abogacía siguiendo los pasos de George.

En 1841 Miss Mitford le regaló un perro spaniel al que llamó Flush, que sería uno de los seres más queridos por Elizabeth y por el que llegarían a pedir un rescate tras dos secuestros. Las cartas de Elizabeth tenían un claro protagonista: su perro, cuyo cariño supuso una verdadera terapia para nuestra autora en momentos difíciles. 

Juventud.

Elizabeth llegó a la pubertad un tanto confundida. Era una joven orgullosa e impetuosa que intentaba controlarse y que criticaba la “blandura femenina” de su madre y calificaba el matrimonio como una institución calamitosa. Reservaba su admiración para los héroes, los mejores hombres y mujeres de la literatura, la política, la guerra, etc., incluyendo a su padre. Elizabeth fue consciente de su conflicto de lealtad respecto a su madre y se sentía culpable de las discusiones de sus padres. La soledad la acompañó de manera especial tras la marcha de su querido hermano Bro de Hope End en 1820. Su madre estaba muy ocupada con sus numerosos embarazos y la abuela materna de Elizabeth necesitaba los cuidados de su hija. Su abuelo materno había muerto en 1818. Todo esto contribuyó a la enfermedad que comenzó a invadirla a los quince años y que no la abandonaría en toda su vida.

Pese a las muchas horas que dedicaba a la lectura y la escritura, Elizabeth disfrutaba del bosque de Hope End escondiéndose en sus rincones secretos, cavernas mágicas y árboles retorcidos en los que plasmaba su imaginación portentosa y donde potenciaba su ideología de la búsqueda como equilibrio esencial de la vida. Se sentaba en la parte del jardín que estaba llena de rosas blancas. 

En 1824 la crisis que la hacienda jamaicana venía sufriendo años atrás se incrementó debido a la mala gestión y su tío Sam tuvo que a desplazarse a las Antillas para administrar personalmente las propiedades de la familia. Su padre, Edward, también se vio obligado a economizar sacando a sus hijos Bro y Sam del colegio y dedicando más tiempo a sus negocios en Londres. 

Su tormento interior se acrecentó con la edad y le resultaba muy difícil controlar esa ansiedad. 
Estudios. Elizabeth no recibió la educación convencional de las niñas de su edad. En lugar de aprender a coser estudió italiano, griego y hebreo, además de leer la poesía de Lord Byron y las novelas de Madame de Staël. Su madre, Mary, es la que, en principio, le enseñó a leer y a escribir y con la que aprendió francés. Desde 1817 a 1820 comparte los estudios con su hermano Bro bajo la supervisión de un tutor llamado Daniel McSwiney y Elizabeth pide a su padre que le dejara asistir a las clases. Su padre accede y Elizabeth estudia latín y griego con su hermano, si bien la joven Ba rápidamente lo aventajó como estudiante. 

Cuando Bro cumplió los trece años se fue a la escuela y Elizabeth se resiente, pues eso significaba también la marcha de su tutor. Su padre decidió que las niñas necesitaban una institutriz, Mrs Orne. Se sintió abandonada por su padre y la relación con su madre no era del todo pacífica, circunstancias que acrecentaron su crisis afectiva.

Matrimonio. 

Aunque nunca había deseado casarse, Elizabeth se había sentido atraída por hombres mayores que ella con quienes compartía intereses intelectuales hasta que conoció a Robert Browing, uno de los poetas más conocidos de la época victoriana, que había nacido el 7 de mayo de 1812 en Londres y cuya obra más conocida fue sin duda The Ring and the Book (1868-69).

Fue Mary Russell Mitford quien había comenzado a hablarle del joven poeta autor de Paracelsus (1835). Su primo John Kenyon le dejó una copia de esta obra en el verano de 1836 y rápidamente se sintió cautivada por su lectura. Le atraía la pasión de su poesía y comenzaron a cartearse. Las casi tres cartas por semana acompañaban esta amistad tan especial que culminaría con su encuentro, el 10 de enero de 1845. Robert la visita en Wimpole Street y al día siguiente le escribe una declaración de amor. Elizabeth, inválida y rondando la cuarentena -era seis años mayor que Robert- vaciló en principio ante el amor de su pretendiente y plasma estas dudas en Sonnets from the Portuguese, que escribió en los dos años siguientes. Sin embargo, el amor entre ambos era verdadero. 

El padre de Elizabeth se opuso a esta relación aunque Robert siguió visitando a Elizabeth a escondidas hasta que el 12 de septiembre de 1846 contrajeron matrimonio en secreto, con su doncella Elizabeth Wilson como testigo, en Londres. Su padre la desheredó, como haría con sus otros hijos que se casaron sin su consentimiento y dejó de hablarle. Otros miembros de la familia, como su hermano George, también sintieron antipatía tanto por ella como por su marido. 

El 19 de septiembre, los recién casados, la doncella y Flush dejaron Gran Bretaña para encontrarse en París con su amiga Anna Jameson que los acompañó hasta Italia. Se establecieron en Pisa y la salud de Elizabeth mejoró notablemente, recuperándose considerablemente de su invalidez y de su dependencia del láudano. 

El 20 de abril de 1847 llegaron a Florencia, donde alquilaron Casa Guidi por tres meses y, aunque cambiaron de residencia, volvieron allí en mayo de 1849, donde vivirían hasta la muerte de Elizabeth. Su vida matrimonial parece haber sido muy dichosa, únicamente ensombrecida por el rechazo de su padre, algo que a Elizabeth nunca dejó de apenar. La última etapa de su matrimonio se caracterizó por las continuas recaídas de Elizabeth. Tras haber intentado en vano reconciliarse con su padre, Elizabeth falleció el 29 de junio de 1861 sin haber obtenido el perdón de su padre. Robert Browning falleció en Venecia el 12 de diciembre de 1889, veintiocho años después que su esposa, pero nunca volvió a casarse. Fue enterrado en Westminster Abbey.