- El rincón del poeta
- Relatos breves
- Libros digitales
- Trabajos de investigación
 
 
Cultura en general (museos, exposiciones, patrimonio, etc...)
Enseñanza de español y didáctica de otras lenguas
Cooperación, igualdad, dependencia, desarrollo, etc.
Publicaciones e información sobre el mundo del libro.
 
 
Publicar en Liceus
Literaturas extranjeras



 
 

20. FIN DE SIGLO Y LITERATURA FEMENINA.1/4

Isabel Durán Giménez-Rico
ISBN- 84-9714-038-9
 

THESAURUS:
 Awakening, The. Bildungsroman. Cather, Willa.Color Local. Chopin, Kate. Feminismo.Fin de siècle Género. Glasgow , Ellen. House of Mirth, The Independencia femenina. Matrimonio.Mujer escritora. New Woman. Novelas del Despertar. Perkins Gilman, Charlotte. Regionalismo femenino.Sexo. Wharton, Edith.

I. La "New Woman"

 En los años 1880 las virtudes de la rectitud victoriana --que conllevaba integridad moral, ortodoxia religiosa, reserva sexual, trabajo duro, y una creencia confiada en el progreso personal y social--  ya se estaban cuestionando y se habían sustituido por una nueva seriedad más objetiva y neutral. Y es que a partir de los años 80 los valores victorianos, las creencias y los standards de comportamiento social y personal ya habían encontrado rival en una nueva generación de escritores e intelectuales. La literatura de los últimos 20 años del siglo XIX se enreda en un discurso extenso y variado que trata de reevaluar los criterios de los años 60 y 70 y de resolver las implicaciones de nuevos conceptos de liberación y de desarrollo evolutivo. Fundamental para el desmembramiento de las normas victorianas durante este período volátil e inseguro fue el papel que jugaron las mujeres al articular, a través de su vida y su obra, argumentos contemporáneos en torno al sexo, el matrimonio, y el género femenino.

 Aunque la ideología prevaleciente durante este período siguió siendo la de las "esferas separadas", público y masculino, privado y femenino, los años 1880 y 90 ofrecieron muchos retos a esta ética. Empezaron a debatirse temas sobre la relación entre los sexos, y muchas mujeres encontraron una tribuna desde la que expresarse, a través de su literatura o de columnas periodísticas en las muchas revistas femeninas que surgieron, o a través de campañas feministas de toda índole. Los movimientos por los derechos de la mujer del siglo XIX y de principios del XX estaban compuestos, en su mayoría, por mujeres de clase media. Fueron ellas quienes experimentaron de manera más acusada la privación de los derechos que los hombres de su misma clase habían conseguido o estaban consiguiendo. Durante varias décadas, el movimiento inglés por los derechos de la mujer fue el modelo para otros movimientos europeos por la igualdad de derechos. Allí, miles de mujeres lucharon durante más de 70 años (1850-1920)  para conseguir leyes más justas en lo referente a la custodia de los hijos y el divorcio, leyes que permitieran a las mujeres casadas controlar sus propios ingresos y propiedad, por la educación superior y por el derecho al voto y a la participación política. En 1851 Harriet Mill, la esposa de John Stuart Mill publicó un ensayo a favor del sufragio femenino en un periódico radical, reclamando una plena ciudadanía política y legal para las mujeres inglesas. Como sus contemporáneas feministas americanas, Mill comparaba a los hombres con los dueños de esclavos y a las mujeres con los esclavos. Y si la abolición de la esclavitud era una cuestión tanto moral como política, no lo era menos la abolición de la opresión de la mujer. Aunque Harriet Mill no ejerció ninguna actividad política, su marido, John Stuart Mill basó su ensayo, La Esclavitud Femenina (1869), clásico del pensamiento feminista, en las ideas de su esposa. También en los Estados Unidos, aunque ya en el siglo XX, gran número de mujeres se sumaron a la causa de la igualdad sexual dentro del matrimonio y en el trabajo, o bien lucharon para garantizar el voto en las elecciones federales. Basten como ejemplo Margaret Sanger, que se arriesgó a sufrir malos tratos y a ser detenida por promover el control de la natalidad; Emma Goldman, inmigrante recién llegada, que recorrió todo el país en su campaña en favor de su visión anarquista de la liberación humana, hasta que la deportaron a Rusia a finales de la Primera Guerra Mundial;  o Jane Adams, que creó Hull House, un refugio para los pobres de Chicago, y extendió el alcance de esta institución hasta abarcar toda la gama de reformas sociales y políticas que agitaban Estados Unidos a principios del siglo XX. También la Women's Trade Union League se creó en 1903 para garantizar a las mujeres el derecho de asociacionismo sindical.

 Pero, )qué significaba ser una artista del Fin de siècle, con todo lo que implica esta frase francesa tan voluptuosamente apocalíptica?. Superficialmente, la frase fin de siècle significaba, para hombres y mujeres escritores, un tipo de sofisticación de salón --fumar cigarrillos turcos, subscribirse al periódico vanguardista londinense The Yellow Book, leer y traducir a los franceses... En términos más integradores, el fin de siècle se asociaba con los artistas e intelectuales revolucionarios como Aubrey Beardsley y Oscar Wilde, junto con sus precursores, Swinburne, Pater, Whitman, Wagner o Baudelaire. 

 Sin embargo, para las mujeres, los 90 también significaron una nueva idea de "amor libre" y de "mujer nueva", una mujer que podía elegir ser autónoma profesional, política y emocionalmente. Se la llamó "Novissima", "New Woman", "Odd Woman", "Wild Woman", "Superfluous Woman" en los periódicos ingleses y norteamericanos de los años 1880 y 90. La "new woman" de final del siglo XIX y principios del XX era un término prácticamente sinónimo al término "feminista" actual - para algunos un término de burla y desdén, para otros un grito desesperado. El término fue utilizado por primera vez por la novelista radical Sarah Grand, en un artículo publicado en el North American Review en Mayo de 1894. Se blandeó una tremenda polémica sobre ella por no elegir el camino convencional de la mujer burguesa del matrimonio y la maternidad. En verdad, se la acusó de ser la instigadora de la segunda caída del hombre por sus transgresiones contra las distinciones de sexo, género y clase.

 La "new woman" típicamente se representaba en la prensa satírica al uso como una mujer joven, de clase media y casi siempre soltera. Había descartado la moda del momento, en favor de una vestimenta más masculina y de un peinado más sencillo. Era culta, había recibido una educación inusual para la época y era una devota de Ibsen y de la literatura "progresista". Económicamente independiente de padre y marido, a menudo vivía de su salario como profesora, escritora o periodista. Tenía costumbres emancipadas, pertenecía a los clubs femeninos, y perseguía la igualdad con los hombres, y ya de paso estaba dispuesta a dar un giro a las convenciones y a las nociones aceptadas sobre feminidad. Era, en definitiva un reto al pensamiento establecido y, como tal, suponía una amenaza; algo que debía ridiculizarse y contenerse. Obviamente, esta imagen caricaturesca de la "new woman" surgió de las páginas de Punch (publicación inglesa de corte satírico, con ilustraciones caricaturescas) y otros libros de ficción, pero sus ideas sí existieron de verdad. En el número de Punch de Mayo de 1894 apareció el siguiente "poema" aludiendo al término recién acuñado:

There is a New Woman, and what do you think?
She lives upon nothing but Foolscap and ink!
But though Foolscap and Ink are the whole of her diet,
This nagging New Woman can never be quiet!.

 En realidad, el término "new woman" no describe a la feminista ardiente, ni a un intelecto poco ortodoxo tratando de entender su situación anómala, ni a las pocas mujeres que habían logrado forjarse una carrera profesional. Tampoco sugiere militancia ni extremismo. Quizás más que otra cosa el término describe a una generación de mujeres jóvenes de clase media que reaccionaron enérgicamente contra el sistema tradicional de proteccionismo paterno primero y marital después. La nueva mujer quería caminar sola por las calles y viajar en el tren sin chaperona; quería una educación más práctica y moderna, más experiencia de la vida, más ejercicio al aire libre, quería montar en bicicleta, escalar montañas y nadar. Quería llevar ropa más cómoda y sobre todo, quería tomar sus propias decisiones. 

 Elaine Showalter, en su libro sobre literatura femenina  A Literature of their Own distingue tres grandes fases dentro de la literatura femenina inglesa. La primera fase sería la de imitación de las formas establecidas por la tradición dominante; una interiorización de sus normas artísticas y de sus visiones de los roles sociales, y una tímida y solapada crítica contra esas visiones. En segundo lugar, hay una fase de protesta abierta y explícita contra esas normas y valores, y una reivindicación de los derechos y los valores de la minoría oprimida. Finalmente, llegó a la historia literaria femenina la fase de autodescubrimiento, de búsqueda de la propia identidad. Showalter propone tres nombres para designar a las escritoras de estas tres fases: Literatura Femenina (Feminine), Feminista (Feminist), y "de mujeres" (Female), aunque, por supuesto, las fases se solapan.
 Pues bien, aunque Showalter se refiere a la tradición inglesa, su tipología es fácilmente aplicable a la tradición literaria femenina norteamericana.  La fase femenina habría sido la de las predecesoras en la literatura norteamericana del siglo XIX: las autoras de 'best-sellers' Louisa May Alcott, Susan Warner o Harriet Beecher Stowe, que, si bien escribieron ficción antisurreccionista, era un tipo de novela que idealizaba los valores de la mujer virtuosa, decorosa y hogareña, en su esfera doméstica. La fase feminista, sería, pues, la que nos ocupa en este tema, la que va de 1880 a 1930; escritoras que tenían un alto sentido de pertenencia a una hermandad de mujeres. Algunas escritoras feministas, como Lady Florence Dixie en Inglaterra y Charlotte Perkins Gilman en los Estados Unidos llegaron incluso a imaginar utopías feministas, mundos gobernados por mujeres, como Gloriana (1890), la mujer política por excelencia de Dixie,  revoluciones feministas, y nacimientos de vírgenes. En Herland Perkins Gilman imaginó una utopía de amazonas en la que las mujeres se reproducían de forma espontánea en una meritocracia maternal. 

 Pero aparte de estas fantasías utópicas, Las mujeres empezaron a explorar la experiencia femenina y a exponer actitudes patriarcales no de forma solapada, sino abierta y directa. Surgió un nuevo género realista, que se ha llegado a llamar "regionalismo femenino" (Elliott 590) en el que algunas escritoras presentaban relaciones tumultuosas entre hombres y mujeres, problemas del matrimonio desde el punto de vista de la mujer, experiencias y derechos sexuales, o visiones alternativas sobre la maternidad. El matrimonio, destino de toda novela decimonónica, y la resolución de todos sus problemas y, supuestamente, los de la heroína, se convierte ahora en el origen de la narrativa y de todos los problemas de aquélla. A partir de los años 1890, la '"new woman"' llenó de fuerza e inspiración a las novelas y relatos de Kate Chopin, Alice James, Charlotte Perkins Gilman, Edith Wharton, Ellen Glasgow, y Willa Cather.

 Estas nuevas mujeres escritoras que rechazaron la domesticidad, entraron en los círculos literarios bajo la rúbrica del "Regionalismo" o "Color Local". Hasta que la crítica feminista revalorizó a estos nombres, Sarah Orne Jewett y Mary Wilkins Freeman eran consideradas las cronistas de una Nueva Inglaterra decadente; Ellen Glasgow del Sur virginiano, Willa Cather de la Nebraska de los pioneros, y Chopin de la Louisiana criolla francesa. Y lo eran, al menos aparentemente. Pero, bajo la cubierta del regionalismo estas mujeres exploraron el territorio de las vidas de las mujeres, y la geografía de la mente femenina. La premisa que defendían a través de sus obras era que la mujer sólo puede estar en posesión de su propia vida si es también poseedora de su mente. Sabían que el mito de la "mujer perfecta" había sido creado por el patriarcado para suprimir la consciencia y la ambición femeninas, y así, en su ficción iconoclasta, censuraban el 'status quo' y los valores que servían para mantenerlo. Y lo hicieron buscando nuevas formas y estructuras que fueran adecuadas para la mentalidad de la "nueva mujer", y que se alejaran del bildungsroman masculino urbano, industrial o científico.