| II.
Kate Chopin y Charlotte Perkins Gilman
El bildungsroman, o novela
de aprendizaje, se define como una novela que relata la juventud de un
protagonista sensible que intenta aprender la naturaleza del mundo, descubrir
su significado, y adquirir una filosofía de la vida y del arte de
vivir. Pero, mientras que el bildungsroman masculino traza el aprendizaje
moral e intelectual del héroe, y su adquisición de una filosofía
de la vida, el bildungsroman femenino suele ser sobre un despertar a las
limitaciones agobiantes que rodean a la mujer. Las protagonistas de lo
que se ha dado en llamar "Novelas del Despertar", tan comunes entre las
nuevas mujeres, tienen que encontrarse a sí mismas en un mundo definido
por el amor y el matrimonio, y todas ellas emprenden un viaje hacia el
interior; hacia un mejor autoconocimiento, que les revela la disparidad
entre ese nuevo Yo que han descubierto, y la naturaleza del mundo exterior.
The Awakening, de Kate Chopin
(1851-1904), encaja perfectamente en este modelo de novelas del despertar,
ya que constituye una franca exploración de cómo una mujer
de finales del siglo XIX despierta a las limitaciones de su vida e inicia
una transformación en la que intenta alcanzar la independencia sexual
y emocional. Casada con un hombre de negocios bastante mayor que ella,
la protagonista, Edna Pontellier "despierta" al hecho de que no está
viviendo para sí misma, sino para obedecer a los roles sociales
de esposa y madre dictados por la época y la clase social. Inspirada
por la atmósfera sensual de la Costa del Golfo durante unas vacaciones
de verano y por su encantamiento con Robert Lebrun, un joven sensible y
encantador, Edna gradualmente deja de atender sus deberes como dama de
la burguesía de Nueva Orleans y al final abandona el hogar conyugal
para mudarse a una casa propia. O, por decirlo de otra manera, deja de
ser 'Mrs. Pontellier' para empezar a ser 'Edna'. A medida que el deseo
sexual de Edna comienza a expresarse, también se despierta su deseo
de autoexpresión artística. La música y la pintura
se le aparecen como una buena forma de explorar la represión y la
opresión. Pero ella misma debe descubrir su potencial, que lleva
tantos años escondido bajo un mero disfrute del arte, socialmente
aceptable. Así, el creciente deseo de Edna de pintar no es sólo
un deseo de escapar del apabullante tedio que impregna su pequeña
sociedad; es también un deseo de expresar una percepción
distinta del Yo, en un medio libre de las inscripciones verbales de la
ideología.
Volcada en su nueva faceta de artista,
Edna sueña con el regreso de su amado Robert, que se fue a México
para huir de ella, mientras tiene un affair extramatrimonial con el seductor
Alcée Arobin. Tras su reencuentro con Robert, Edna comprende que
no hay posibilidad para la mujer de alcanzar la autonomía que ansía,
y acude a buscar consuelo al lugar donde se sintió libre por primera
vez: el mar. Allí pondrá fin a su vida, dejándose
abrazar por las aguas del Golfo.
La publicación de The
Awakening, en 1899, fue un auténtico escándalo. Y es
que aunque la "new woman" de finales del siglo XIX que exigía igualdad
social, económica y política ya era un tema corriente en
las discusiones y en la ficción de la época, el retrato de
una mujer tan sensual e impenitente como Edna Pontellier era más
de lo que los críticos podían permitirse pasar. Kate Chopin,
una viuda de 33 años con 6 hijos, ya era conocida por ser independiente,
fumar, y coquetear con Albery Sampite. Sacó a flote el negocio de
su marido, hizo dinero, y después regresó a Nueva Orleans
para convertirse en escritora. A los 39 años publicó por
primera vez sus relatos, sobre mujeres independientes y rebeldes, y durante
su corta vida como escritora (poco más de diez años), escribió
dos novelas, más de 150 relatos y sketches, bastante poesía,
reseñas y crítica literaria. Desde el comienzo de su carrera,
sus relatos fueron estudios sobre la emancipación femenina. Estilísticamente,
además, eran relatos más avanzados y vanguardistas que los
relatos escritos por otras mujeres de la época, y es que Chopin
bebió de las fuentes de naturalistas como Zola o Howells, y, sobre
todo, de los relatos "directos y sencillos" de Maupassant, al que definió
como "un hombre que ha escapado de la tradición y la autoridad,
que se ha metido dentro de sí mismo y ha mirado hacia la vida a
través de su propio ser y con sus propios ojos". En todo caso, The
Awakening fue descrito como "veneno trivial y sórdido", "esencialmente
vulgar" y "enfermizamente introspectivo y de sentimientos mórbidos".
Chopin se sintió herida por estas críticas y por el ostracismo
social que le acarrearon, y no volvió a publicar ninguna otra novela:
como en tantas otras ocasiones, la autora había sido castigada por
el comportamiento de su heroína.
A lo largo de la historia de la
novela, la muerte siempre ha sido un bastión de la ficción
amorosa, repartida no sólo entre las culpables de crímenes
extramaritales flagrantes, sino entre las heroínas que pretendían
salir de la pasividad. Ya en 1791 y 1797, dos de las primeras novelistas
americanas, Susanna Rowson y Hannah Foster utilizaron la extendida fascinación
popular por "los fatales efectos de la seducción" en sus novelas
Charlotte
Temple y The Coquette, con las que lograron excitar a su audiencia,
a la vez que servían en bandeja la necesaria catarsis de compasión
por la muerte de las heroínas. En estas novelas la joven ingenua,
desviada hacia el mal camino por el aburrimiento que le producen los pretendientes
socialmente aceptables y su vida de sofocante rutina, se escapa con un
galán hacia una nueva vida que promete ser emocionante, para encontrarse
después arruinada y castigada con la muerte, bien por suicidio,
o bien al parir un hijo ilegítimo consecuencia de esos amores ilícitos.
Esta fórmula se repite no sólo en las novelas de escritoras
poco conocidas de los siglos XVIII y XIX, sino también en las de
varias escritoras canonizadas. La necesidad de impulsar a una heroína
hacia aspiraciones más humanas conduce, con frecuencia, a desenlaces
tan trágicos como inesperados. Y, habiendo dicho esto, nos encontramos
ante la eterna pregunta: ¿acaso el escape de tradiciones confinadoras
sólo puede ser la muerte?. De hecho, frecuentemente se compara
a The Awakening con Madame Bovary por la similitud del tema.
Ya en 1899, cuando se publicó, Willa Cather reseñó
el libro para Pittsburgh Leader la denominó "la Bovary Criolla".
Pero, mientras que muchos lectores
han visto el muy debatido suicidio de Edna como el castigo decimonónico
por la transgresión femenina contra la moralidad, las más
recientes lecturas feministas lo consideran un abrazo heroico y transcendentalista
con la independencia, y una simbólica resurrección hacia
el mito. A partir de los años 70, Edna empezó a ser leída
no como una mujer egoísta e inmoral, sino como una persona inmersa
en un momento histórico específico, y con unos rasgos personales
que influirían en el curso de su vida y su muerte. Algo que en el
siglo XIX era impensable en una mujer que abdica de sus responsabilidades
domésticas en favor de sus propias aspiraciones y necesidades. Es
decir, la crítica feminista ve esta conclusión como una forma
de escapar del cliché por el cual las mujeres que transgredían
las normas sociales debían ser castigadas con la muerte (Emma Bovary,
Tess, Lily Bart en The House of Mirth, de Edith Wharton, Maggie
Tulliver, Anna Karenina...). Así leído, el final sería
una experiencia transcendente en la que Edna alcanza la reconciliación
consigo misma, y no como el poder de la sociedad contra la rebeldía
femenina.
Obviamente, el mar es un elemento
esencial de la imaginería de la novela, y una fuerza dominante
en la experiencia de Edna. La metáfora central para expresar la
lucha por la libertad en The Awakening es nadar en el mar. Edna
aprende a nadar durante su estancia veraniega en el Golfo y poco a poco
supera su miedo al agua. Durante el primer baño nocturno de la novela,
ya vemos evidentes signos de este simbolismo: "She wanted to swim far out,
where no woman had swum before... As she swam she seemed to be reaching
out for the unlimited in which to lose herself" (Chopin 46, 47).
Además, el momento que podríamos catalogar de epifánico,
tiene lugar en la playa, porque, nos dice la narradora, "The voice of the
sea is seductive; never ceasing, whispering, clamoring, murmuring, inviting
the soul to wander for a spell in abysses of solitude; to lose itself in
mazes of inward contemplation" (32). Es la voz del mar, entonces, la que
en este brevísimo capítulo VI le revela a Edna "her position
in the universe as a human being, and... her relations as an individual
to the world within and about her" (31-32). Una carga demasiado pesada,
quizás, para descender sobre el alma de una joven mujer de 28 años,
porque, continua la narradora, implica más sabiduría " than
the Holy Ghost is usually pleased to vouchsafe to any woman" (32).
Evidentemente, muchas novelas escritas
por mujeres en el siglo XIX y XX tienen configuraciones metafóricas
comunes en torno a espacios, especialmente la habitación, la casa,
la tierra y el mar. Más concretamente la oposición dormitorio
o casa / mar es un principio estructurador de mucha ficción femenina.
La habitación a menudo se utiliza como metáfora del
confinamiento físico y psicológico al que se ven sometidas
las mujeres. En ninguna obra femenina se ve tan clara esta metáfora
como en The Yellow Wallpaper (1892), de Charlotte Perkins Gilman
(1860-1935).
El tema de este relato es la crítica a lo que se llamaba "confinamiento
solitario", una práctica que se creía positiva para el paciente,
pero que en realidad no hacía sino incrementar su ansiedad y que,
a menudo, llegaba a provocar el suicidio. Gilman narra la patética
historia de una mujer que sufre depresión postparto y es encerrada,
por prescripción de su marido médico, en una habitación
empapelada en amarillo, con la prohibición de usar papel y pluma,
que, según él, sólo provocarían más
excitación. La siniestra implicación es que el deseo de escribir
en una mujer es anormal, y puede destruir sus tendencias "naturales" hacia
la domesticidad y la maternidad. La mujer artista es, por tanto, algo abominable.
La cura de reposo y reclusión es, por descontado, peor que la enfermedad,
y el estado mental de la enferma empeora progresivamente. En sus delirios
claustrofóbicos, la narradora tiene visiones de una mujer encerrada
tras el papel amarillo que cubre la pared, y que se desliza desesperadamente
de un extremo a otro, intentando encontrar una fisura por la que escapar.
El resto de la ficción de
Gilman tiene un programa concreto, y presupone que una sociedad reestructurada
puede aliviar y hasta eliminar el dolor psíquico de la mujer. Sus
relatos "When I was a Witch", "If I Wetre a Man", "The Cottagette", o "Turned",
además de su novela utópica Herland (1915) muestran
las posibilidades y los buenos resultados obtenidos cuando se modifican
ciertos ambientes domésticos (cocinas y guarderías, por ejemplo),
o cuando se mejoran las relaciones interpersonales, y las posibilidades
laborales para ambos sexos.
Siguiendo con la metáfora
de la confinación, encontramos en el polo opuesto la sensación
de espacio y libertad, representado en los espacios abiertos y en el mar.
Los "sentimientos oceánicos" es una metáfora con bases religiosas,
psicológicas, y literarias. Se utiliza para expresar la sensación
de libertad y de desprendimiento del cuerpo o de la materia, y de la aprehensión
de la unicidad universal que a menudo se experimenta en los mares abiertos.
Y ya desde épocas antiguas los poetas nos han ofrecido narraciones
de esta experiencia, a menudo de boca de marineros que se hacían
a la mar. Es decir, si el reconocimiento implícito de las restricciones
y el confinamiento social se expresa a través de metáforas
de reclusión; la sensación de un Yo existente más
allá de esas restricciones se expresa en mucha ficción femenina,
y, desde luego en The Awakening, a través de metáforas
de fluidez y escape de esas fronteras. No es casualidad que Edna Pontellier
sólo es feliz cuando está en la costa, y que, al final del
verano, cuando regresa al hogar conyugal en la ciudad siente que le falta
la respiración; manifiesta deseos de destruir todos los objetos
a su alrededor (de hecho rompe un jarrón en pedazos), y todo lo
que ve en torno a su hogar le parece "parte y parcela de un mundo extraño
que ahora era su antagonista". El Matrimonio, para las mujeres creativas
de The Awakening y The Yellow Wallpaper es un encierro cada vez
más sofocante. Por eso las habitaciones, las casas, y las fronteras
son importantes en los argumentos de ambas obras, como metáforas
de la manera en que la sociedad rehusa dejar a las mujeres ir más
allá de la "habitación" cultural y convencional del matrimonio
y la maternidad (no olvidemos a Nora, de Casa de Muñecas,
de Ibsen).
Lógicamente, por tanto, el
último baño de Edna Pontellier en el mar es fácilmente
interpretable como el traspaso de ese umbral, de esa frontera elevada por
la cultura y por el discurso; es un acto que metafóricamente disuelve
la construcción social y lingüística del Yo. De ahí
que las interpretaciones más líricas y metafísicas
consideren que Edna entra en relación amorosa con el sol y el mar,
los factores primigenios elementales, y obtiene la plenitud con el No-Yo
Emersoniano, con la Naturaleza, con el Universo. Edna sólo puede
pensar una manera de eludir una sociedad que sigue intentando colocarla
en su lugar doméstico apropiado, y esta es su muy debatido suicidio.
Si vemos su último baño como una simple acción realista,
tenderemos a desaprobarla, o a verla como una derrota, una regresión
cobarde, y así lo ha interpretado Elaine Showalter. Es posible,
sin embargo, especular que, en términos míticos, Edna nada
no hacia su muerte, sino hacia su vida verdadera, hacia su propia visión,
hacia la imaginación abierta de su infancia. De hecho, Edna nunca
acaba inmovilizada ni en un estado premortal desagradable, como Madame
Bovary o Lily Barth, sino que siempre está moviéndose, nadando,
cuando la vemos por última vez, nunca se detiene a que le llegue
la muerte. Es lógico, en términos realistas, pensar que el
agotamiento la sobrevendrá y se ahogará, sin embargo, Chopin
está decidida a regenerar a Edna a través del mito; a enviarla
a un Edén imaginario en el que las escenas de su infancia que la
reconfortan; al paraíso preadolescente; al yo presexual. Como nos
revelan las últimas palabras de Chopin, Edna nada hacia lo eterno,
lo paradisíaco:
Se looked into the distance, and
the old terror flamed up for an instant, then sank again. Edna heard her
father's voice and her sister Margaret's..... There was the hum of bees,
and the musky odor of pinks filled the air (137).
Finalmente, recordaremos que en
su discusión del "Complejo de Ofelia", el fenomenólogo Gaston
Bachelard traza las conexiones simbólicas entre mujer, agua y muerte.
Ahogarse, nos explica Bachelard refiriéndose a la muerte de la Ofelia
de Shakespeare, siempre ha estado relacionado con lo femenino, con la fluidez
femenina, en contraposición a la aridez masculina. Ahogarse se convierte
en la muerte verdaderamente femenina en los dramas de la literatura y de
la vida; un tipo de muerte que es una preciosa inmersión dentro
del elemento femenino. "El agua es símbolo profundo y orgánico
de la mujer líquida cuyos ojos se inundan de lágrimas con
tanta facilidad, como también su cuerpo es el depósito de
sangre, líquido amniótico, y leche".
Pero para entender mejor The
Awakening vamos a tratar de situarlo dentro de la tradición
a la que pertenece, porque es una novela que recibe la influencia de tres
tradiciones sucesivas: El sentimentalismo doméstico, Los escritores
de "color local" de la postguerra, y Las "new women" escritoras, o feministas
del final del XIX .
1) La cultura americana
femenina de los años 1850 y 60, llamada por algún historiador
"el mundo femenino de amor y de ritual" se definía por la veneración
de la maternidad, por las intensas relaciones madre-hija, y por íntimas
relaciones de amistad entre mujeres. La "novela sentimental" femenina celebraba
las instituciones matriarcales e idealizaba el período de feliz
unión entre madre e hijo, y estaba colmada de artefactos, espacios
e imágenes de la cultura americana doméstica del siglo XIX:
la cocina, siempre acogedora con su desgastada silla mecedora; el jardín
Edénico de la madre, lleno de flores y abejas que van a la miel,
y el pájaro cantor enjaulado, que representa a la mujer creativa
en su esfera doméstica. La satisfacción sexual parecía
llegar sólo amamantando a los bebés, y las hermandades literarias
exclusivamente femeninas eran la respuesta a los "clubs" a los que huían
los maridos bajo cualquier excusa.
Retazos de este espíritu
aparecen en la figura de Madame Ratignolle, la íntima amiga de Edna,
que es descrita en la novela como "mother-woman": "Eran mujeres que idolatraban
a sus hijos, que veneraban a sus maridos y que consideraban un privilegio
sagrado poder desaparecer como seres individuales y crecer alas como ángeles
de la guarda". Es Adèle Ratignolle la que, instantes después
de parir a su cuarto hijo, e intuyendo que Edna ha elegido otro tipo de
vida, le susurra: "Think of the children, Edna. Oh think of the children!
remember them!" (132).
2) Tras la Guerra Civil
el mundo homosocial de la cultura femenina empezó a disolverse,
a medida que las mujeres iban teniendo acceso a la educación, el
trabajo y la política. Las escritoras de color local que empezaron
a publicar historias sobre la vida regional americana en los 70 y 80 se
consideraban hijas de padres, no solo de madres, literarios. La gran diferencia
entre estas escritoras y sus predecesoras es que se empieza a considerar
el "egoísmo", es decir, la habilidad de anteponer las ambiciones
literarias a los quehaceres domésticos. Los años 70 y 80
fueron "una época de solteras" con estilos de vida solitarios e
individualistas. Estas escritoras escribían sobre los conflictos
entre maternidad y creatividad literaria, llegando a la conclusión
de que la realización literaria exigía el sacrificio de los
impulsos maternales.
También las escritoras de
color local impregnan sus imágenes tradicionales con significados
míticos. Así, en sus historias, el jardín materno
se convierte en el santuario paradisíaco, el pájaro enjaulado
se convierte en una garza real blanca, o heroína de la naturaleza;
la casa se hace emblema del cuerpo femenino, siendo la cocina el vientre;
y los utensilios domésticos son ahora objetos totémicos.
Esta influencia aparece en The Awakening en la figura de la mujer
artista Mmelle. Reisz, soltera e independiente, y en el despertar de Edna
al mundo del arte. Madame Ratignole y Mademoiselle Reisz representan los
dos roles alternativos de la mujer-madre o la mujer-artista, pero también
sugieren diferentes desenlaces para la novela. La historia de Adèle
sugiere que Edna abandonará su rebelión, regresará
a su matrimonio, tendrá otro bebé, y poco a poco valorará
y llegará a amar a su marido (este es el final de muchas novelas
sentimentales del siglo XIX). La historia de Mmelle Reisz sugiere que Edna
perderá su belleza y su encanto, su marido y sus hijos, y lo habrá
sacrificado todo por su arte y su orgullo. Chopin rechaza estas dos conclusiones
cerradas y se escapa de las tradiciones literarias que representan, al
ofrecernos ese final abierto a todo tipo de interpretaciones y opiniones.
3) La "new woman" escritora
de los 90 ya no anhelaba los lazos femeninos ni los santuarios del pasado.
Producto del escepticismo Darwiniano y de la sofisticación estética,
tenían una relación ambigua e incluso hostil con la cultura
femenina que les precedió. También sus actitudes hacia la
sexualidad femenina eran revolucionarias, y exigían libertad e innovación
en la forma y en el contenido. Cambiaron la novela realista en tres partes
sobre el cortejo y el matrimonio, por largos interludios a los que denominaban
"fantasías", "alegorías", "monocromos", o "sueños".
Estas narrativas impresionistas eran intentos de explorar la consciencia
femenina, la "terra incognita" que de sí misma sólo conocía
la escritora.
Vemos cómo la evolución
literaria de Kate Chopin la llevó por estas tres fases de la cultura
y de la escritura femenina americana. Nacida en 1850, creció con
los best-sellers de las sentimentalistas americanas e inglesas, y también
tomó como modelos literarios a coloristas locales como Sarah Orne
Jewett y Mary Wilkins Freeman que habían escrito historias sobre
la soledad y la frustración femeninas. Pero enseguida se lanzó
a buscar otros modelos más ambiciosos. Sus gustos literarios no
eran precisamente provincianos: leía a Darwin, a Spencer, a Aristófanes,
a Flaubert, a Whitman, a Ibsen y a Maupassant. Identificándose
con las New Women, Chopin simplemente intentó plasmar, a su modo
y con su propia voz, esa "terra incognita" de la vida interior de una mujer,
con todo el cúmulo de dudas, miedos, confusiones y ambigüedades.
Además Edna rechaza el "imperio de la madre" y el mundo de sororidad
de la cultura femenina al ser presentada sin madre ni hijas, e incluso
al rehusar asistir a la boda de su hermana. Para una generación
que había crecido leyendo Little Women (la novela de Louisa
May Alcott), esto era realmente chocante. Formalmente, la novela también
se aleja de las técnicas realistas hacia un ritmo impresionista
de epifanías y cortes bruscos. Chopin abandona los títulos
para cada capítulo y escribe 39 capítulos numerados de longitud
muy desigual. Los capítulos se mantienen unidos por su constante
enfoque en la consciencia de Edna, y por las imágenes y los motivos
que se repiten: la música, el mar, las sombras, nadar, los
amantes, y nacer.
Una imagen que me gustaría
comentar es la del hombre desnudo. Durante una soirèe musical
en casa de Mmelle Reisz, una de las piezas que interpreta la pianista y
que Edna titula "Solitude", evoca en su mente la imagen de un hombre desnudo
en la orilla del mar. Esta imagen del hombre desnudo, sugiere la solitaria
angustia espiritual del hombre en su búsqueda metafísica
del autoconocimiento, y aparece en claro contraste con el carácter
sociable de mujeres y niños que aparecen en otras de sus "visiones".
Estas imágenes mentales son las tradicionales creaciones de la ideología,
que presentan al hombre como el pensador solitario, mientras que la mujer
se le aparece como el elemento social y relacional. Es, pues interesante,
que su comportamiento antes de su último baño marino recrea
esta imagen del hombre desnudo junto al mar:
... for the first time in her life
she stood naked in the open air, at the mercy of the sun, the breeze that
beat upon her, and the waves that invited her. How strange and awful it
seemed to stand naked under the sky! how delicious! She felt like some
new-born creature, opening its eyes in a familiar world that it had never
known (136).
Es decir, Edna se ha atribuido el
rol del filósofo y ha rechazado los roles femeninos prescritos por
la sociedad. Pero esto es sólo la culminación de toda una
serie de reacciones fóbicas hacia el papel tradicional de esposa
y madre. Un ejemplo es el capítulo en que Edna no puede resistir
cuando su amiga la reclama durante el acto más femenino posible:
parir un hijo, y tiene que abandonar la habitación pues odia ver
a la mujer sufriendo. Más chocante todavía resulta uno de
los
últimos párrafos de la novela, cuando Edna se encamina hacia
la playa para darse su último baño, que describe un sentimiento
antimaternal absolutamente repulsivo para la época: "The children
appeared before her like antagonists who had overcome her; who had overpowered
and sought to drag her into the soul's slavery for the rest of her days"
(136).
Según Annis Pratt, la última
fase de los viajes femeninos hacia el renacer es la aparición de
personalidades transformadas, andróginas y poderosas de las mujeres
que al principio eran perfectamente sumisas y complacientes con la sociedad;
y por lo tanto, con frecuencia terminan con el castigo a la mujer buscadora,
o su liberación, según leamos ese final, por su éxito
en este peligroso y revolucionario viaje hacia su interior. Esta Edna transformada
y andrógina sería la que se baña desnuda, emulando
al hombre de sus visiones, y ya liberada de pudores y miedos se lanza a
disfrutar del íntimo y sensual abrazo del mar.Y los lectores nos
quedamos con el consuelo de que, para Edna Pontellier, sí ha merecido
la pena despertar. Así se lo había dicho al Dr. Mandelet:
"Yes"... "The years that are
gone seem like dreams -if one might go on sleeping and dreaming- but to
wake up and find -oh well! perhaps it is better to wake up after all, even
to suffer, rather than to remain a dupe to illusions all one's life" (133).
|