| IV.
Willa Cather y Ellen Glasgow
Willa Cather (1873-1947)
es
a menudo estudiada como miembro del grupo de los "muckrakers" o "removedores
de estiércol", que aparecieron cuando las aspiraciones democráticas
impacientes chocaron con la tecnología del nuevo periodismo. Escritores
como Upton Sinclair y Jack London se empeñaron en buscar escándalos
y en destapar corrupciones en empresas e instituciones y, si Cather aparece
en esa lista, es porque dirigió, entre 1906 y 1912, la revista
McCLure's
Magazine, una de las que pedían reformas y hasta revoluciones.
Sin embargo, en 1912 Cather abandonó su carrera de editora y periodista
para escribir literatura sobre la zona fronteriza de Nebraska, donde se
crió desde los 10 años. Las novelas de Cather conmemoran
el contumaz y primigenio paisaje que casi había desaparecido cuando
ella empezó a escribir; y sus fronteras ficticias evocan la grandeza
de fuerzas eternas y misteriosas que movilizaban a sus primeros habitantes.
Así, Cather rindió homenaje a los esfuerzos de los hombres
y mujeres de la pradera por vivir de forma decente y satisfactoria pese
a las duras condiciones en que vivían en el Medio Oeste.
Una de estas mujeres fuertes y
decididas es Alexandra Bergson, la protagonista de Oh Pioneers!
(1913), hija de un inmigrante que se hace cargo de la granja cuando muere
su padre, dispuesta a sacarla adelante con su grandeza e integridad. No
es coincidencia que Cather dedicara esta novela a su muy admirada Sarah
Orne Jewett. El personaje está basado en todos esos inmigrantes
escandinavos, rusos, alemanes, o franceses que Willa conoció cuando
sus padres se trasladaron a Nebraska: la mezcla de etnias que en un principio
asustó a la niña se convertiría con el tiempo en un
regalo para la creatividad de la escritora, puesto que en varias de su
s novelas y relatos retrata la vida de los inmigrantes de Nebraska; esos
que le enseñaron culturas e historias que desviaron por vez primera
su atención desde América hacia Europa. Pero el/la
pionero/a no es el único personaje que celebra Cather. Otro es el
artista, retratado primero en el cantante de ópera de The
Song of the Lark (1915), y más tarde en la actriz de Coming,
Aphrodite! (1920). Y si Willa Cather es también estudiada
como una "new woman" no es sólo por las mujeres fuertes y rebeldes
que pueblan sus novelas, sino porque en 1888, con sólo quince años,
rechazó las constricciones de la feminidad Victoriana y adoptó
una personalidad masculina, vistiendo como un chico, cortándose
el pelo, y llamándose a sí misma "William Cather".
My Ántonia (1918)
es una novela altamente autobiográfica en la que un narrador masculino
presenta los recuerdos de la infancia de su autora en Nebraska. Ántonia
Shimerda es otra mujer llena de fortaleza y decisión, que supera
de forma heroica el suicidio de su padre, el duro trabajo en la granja,
un empleo en la ciudad, y un embarazo ilegítimo, para convertirse
en "a rich mine of life, like the founders of early races". Pese a que
su siguiente novela, One of Ours, ganó el premio Pulitzer
en 1922, Cather se sumergió en una época de depresión
y desasosiego por su mala salud y por la falta de valores de la sociedad.
Su ficción daría un giro nostálgico entonces hacia
períodos pretéritos, como el de los colonos franco-canadienses
del siglo XVII de Shadows on the Rock (1931). Su última novela,
Shappira and the Slave Girl (1940), sin embargo, vuelve a celebrar
la creatividad femenina de aquellas mujeres que iban a ayudar con la costura,
la cocina, el enlatado, o la limpieza a su granja natal de Virginia. Es
decir, Cather buscó consuelo ante el presente despreciable en la
coherencia del pasado y en la riqueza de la naturaleza: si puentes y fábricas
representaban el poder de la civilización masculina, las energías
biológicas y geológicas inherentes a la tierra expresaban
un poder muy superior al de la así llamada civilización moderna.
Cather se alió con esas energías de la tierra norteamericana
y las identificó con la mujer; con Alexandra Bergson, con Ántonia,
con Thea Kronborg, de Song of the Lark. Ellas representan los valores
generativos de la tierra, sus ciclos naturales, los cambios temperamentales
de su climatología; su valor espacial. Cather, una romántica,
insiste en que el artista cante la canción de un mundo orgánico
de existencia corporal y vegetativa.
Ellen Glasgow (1873-1945),
nacida en Virginia, fue una cronista de la vida en el Sur. Sus novelas
se sucedieron constantemente durante cuarenta años, desde la publicación
de The Descendant en 1897, y en muchas de ellas desmitifica la empalagosa
historia de su región y sustituye la nostalgia romántica
por un realismo irónico y crítico. La ceguera, diagnosticaba
Glasgow en su narrativa, era la enfermedad que domina al Sur; su incapacidad
para hacer frente a la realidad. Pero más allá de la mera
crónica histórica, Glasgow también se empeñó
en retratar la vida de mujeres de distinta clase social, dentro de una
sociedad patriarcal y paternalista sureña, y a subvertir los valores
de esa cultura: novelas como Virginia (1913), The Life of Gabriella
(1916), o Barren Ground (1925), en efecto, se centran en la
situación de las mujeres en el Sur cambiante. Cabría decir,
con Peter Conn (265), que la carrera profesional de Dorinda Oakley, protagonista
de Barren Ground, resume la evolución literaria del Sur en
los inicios del siglo XX. Dorinda es la hija de unos granjeros de Virginia
que sueña con el matrimonio como vía de escape y realización;
pero el hombre al que ama la seduce y abandona. Hasta aquí la novela
cumple con todas las premisas de una novela romántica convencional.
Pero a medida que avanzamos, se abandona el melodrama para desembocar en
un realismo más maduro: Dorinda no pagará su transgresión
sexual con la muerte, sino que hallará refugio y realización
personal trabajando la "tierra yerma" del título, a la que dedicará
los restantes 30 años de su vida. Dorinda se convertirá en
una mujer independiente, y en uno de los personajes femeninos más
firmes de la narrativa del siglo XX.
Otra novela contra el matrimonio
convencional es Virginia (1913), dedicada a la memoria de sus adoradas
madre y hermana Cary, que narra de forma sensible y compasiva la historia
de Virginia Pendleton, la mujer que lo deja todo por el amor de un hombre,
para ser finalmente abandonada por un dramaturgo, pese a haberse dedicado
con tesón a sus roles de esposa y madre. Nuevamente, la vida de
Virginia Pendleton, como la de Edna Pontellier, o Lily Barth, queda destruida
por una combinación de influencias como son el dogmatismo de una
ética cristiana estrecha, el desasosiego de las condiciones económicas
y sociales de la sociedad moderna, y, a menudo, una ingenuidad individual
con la que juega libremente el destino. Queda poco lugar para los finales
felices en muchas de estas novelas escritas por "mujeres nuevas".
Su novela más feminista
es Life and Gabriella (1916), cuya protagonista es una mujer llena
de la fortaleza que le otorgan su inteligencia y su voluntad férrea.
Ya en su lecho de muerte, Glasgow logró completar su autobiografía,
The
Woman Within, que se publicaría de forma póstuma, y de
la que su amigo el escritor James Branch Cabell diría que era un
volumen hermosos y lleno de sabiduría "which contains a large deal
of her very best fiction".
BIBLIOGRAFÍA
|