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clave: relato corto-novela-vitalismo-pesimismo-angustia-realismo-literatura
fantástica-universo femenino-cosmologia-locura-viaje
I. MAUPASSANT Y SU VALORACIÓN EN EL MUNDO DE LAS LETRAS
A la hora de abordar un estudio sobre Maupassant
nos vemos obligados a emprender una lucha, a nuestro modo de ver, legítima,
contra dos tópicos que han ido minando la justa valoración
del autor normando, no sólo dentro de la literatura francesa del
siglo XIX, sino dentro de la literatura universal.
Por una parte, tradicionalmente, Guy de Maupassant
ha sufrido la rigidez de una crítica que lo ha valorado con demasiada
estrechez. Siendo un autor muy leído en todo el mundo, su consideración
como escritor no se ha correspondido con el éxito que tuvo en su
momento y que sigue teniendo entre el público.
El problema radica en que casi siempre se
han impuesto unos aspectos de su obra en detrimento de otros muchos, tanto
o más valiosos que aquellos. Nos estamos refiriendo a las dos caras
más conocidas de la escritura maupassantiana: el realismo costumbrista
y los cuentos de terror. Sin menospreciar estas vertientes, sentimos que
han sido explotadas sobremanera, dejando poco espacio a otras realidades
escriturales, como aquellas que, estéticamente, se encuentran más
próximas al simbolismo, incluso al surrealismo, o narratológicamente
pertenecientes a géneros "menores" como la crónica o el libro
de viajes. Creemos, pues, que el estudio de la realidad y la fantasía
en los textos de Maupassant no puede hacerse sino desde un enfoque plural
y múltiple, ya que sólo así seremos capaces de desentrañar
la complejidad de su concepción sobre el hombre y el mundo, sobre
la vida y la muerte, sobre lo real y lo fantasmagórico. Sólo
así Maupassant, todo Maupassant, puede hacerse un sitio entre Flaubert,
Zola, los Goncourt y el resto de grandes escritores del siglo XIX francés.
Otro de los tópicos que hay que desterrar
es la presunta simplicidad de su escritura, de su estilo monocorde y poco
elaborado o de la chatedad de sus estructuras narrativas, consideraciones
todas éstas que ya emergieron en vida del autor y que desde entonces
se han ido perpetuando. Estas características, sin carecer de un
fondo de verdad, distan de ser exactas de un modo absoluto. Si leemos detenidamente
las consideraciones de Maupassant sobre el hecho de la escritura, veremos
que para él se trata de algo mucho más complejo y sutil que
la producción en cadena de relatos cortos. A este respecto sería
recomendable la lectura de ese metadiscurso literario titulado Le Roman
que figura como prefacio a Pierre y Jean. En él Maupassant
nos presenta la labor del escritor, en el delicado equilibrio entre el
juego estilista y la escritura documental.
Quelque
soit la chose qu’on veut dire, il n’y a qu’un mot pour l’exprimer, qu’un
verbe pour l’animer et qu’un adjectif pour la qualifier. Il faut donc chercher,
jusqu’à qu’on les ait découverts, ce mot, ce verbe, cet adjectif,
et ne jamais se contenter de l’à-peu-près (…) pour éviter
la difficulté.
(...)
Il n’est point besoin du vocabulaire bizarre, compliqué, nombreux
et chinois qu’on nous impose aujourd’hui sous le nom d’écriture
artiste, pour fixer toutes les nuances de la pensée ; mais il faut
discerner avec une extrême lucidité toutes les modifications
de la valeur d’un mot suivant la place qu’il occupe (…) Efforçons-nous
d’être des stylistes excellents plutôt que des collectionneurs
de termes rares. (Maupassant, Le Roman)
Estas consideraciones, que se ponen de manifiesto
con evidencia en la redacción de sus novelas, no se aprecian tanto
en otros relatos, especialmente en la redacción de los cuentos,
cuyo estilo estaba sometido a las condiciones de publicación -el
folletín-. Sin embargo, detrás de ese realismo costumbrista,
fácil y socarrón subyace una finísima ironía
que muy frecuentemente toma el cariz de una honda amargura, cuando no de
un negro y terrible pesimismo. Detrás de los relatos más
eróticos o mundanos se esconde una compleja consideración
del universo femenino en la intersección de la crisis finisecular
que enfrenta el materialismo con el espiritualismo, arrojando luz sobre
la particular ontología maupassantiana. Detrás de sus descripciones
podemos percibir la exquisita sensibilidad a la luz y el color del impresionismo
y posimpresionismo, así como de los primeros pasos del simbolismo.
Detrás, por fin, del tema de la locura y el terror, el pavor existencial
de un hombre que lucha contra los demás y contra sí mismo,
para ser finalmente derrotado.
Esta versatilidad nos permite descubrir la
complejidad de un autor en el que se darán cita:
-
una tradición romántica, manifestada en su estrecha
vinculación con la naturaleza y sus elementos fantásticos;
-
la asunción de criterios positivistas, al dotar al conocimiento
de una base esencialmente sensorial;
-
una estética impresionista, al querer captar la realidad en un momento
preciso y fugaz, traduciendo las impresiones experimentadas ante la naturaleza;
-
una recreación simbolista del universo, producto de la abundancia
de imágenes poéticas, voluntariamente alejadas del objetivismo
naturalista;
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un adelanto del surrealismo que habría de llegar y que Maupassant
roza en sus incursiones por el subconsciente y en temas anejos como el
de la locura o el sueño.
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