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22.PROUST Y EL TIEMPO RECOBRADO EN LA ESCRITURA 3/4
ISBN- 84-9714-004-4
 

LOS LIBROS.

 À la recherche du temps perdu es la historia de un narrador y de su progresivo descubrimiento y comprensión del mundo que se organiza en torno a él, en círculos concéntricos: el mundo subjetivo y personal, el mundo familiar, el mundo social. Pero La Recherche es también la aventura de una conciencia que se va descubriendo a sí misma en la reconstrucción retrospectiva de ese mundo subjetivo, familiar y social, y en el paulatino descubrimiento de su difícil vocación de escritor, de la que el Narrador sólo toma conciencia a lo largo de la última parte de la novela. Podría por tanto decirse que La Recherche, en su progresión global, traza el intinerario de un triple aprendizaje, sobre el que se irán desplegando y conformando los grandes ejes temáticos del universo proustiano: el aprendizaje sentimental -tema del amor-, el aprendizaje del mundo –tema de la conquista social- y el aprendizaje estético – tema del arte y de la vocación literaria.

 Veamos cómo se organizan estos tres conjuntos temáticos en los sucesivos libros que componen La Recherche.

1. Du côté de chez Swann (1913).

 El primer libro de La Recherche contornea los grandes espacios temáticos de la obra, ligados a una geografía imaginaria que irá precisando y desplegando en los volúmenes sucesivos su significado social y simbólico. En este sentido, Du côté de chez Swann se presenta como una apertura en sentido musical que introduce los grandes temas de la obra, como núcleo matricial que recoge y anticipa las experiencias originarias del héroe. De la extensa apertura meditativa sobre la incertidumbre del Yo a la experiencia fundacional de la “magdalena”, del traumatismo de las despedidas nocturnas a las primitivas experiencias amorosas, de los modelos artísticos  a las primeras tentativas literarias, el universo de La Recherche se dibuja ya en sus motivos esenciales.

 El libro se estructura en tres capítulos: Combray, Un amour de Swann y Noms de Pays: le nom. El primero de ellos, Combray, reproduce y prefigura la estructura circular del conjunto de la obra, al abrirse y clausurarse sobre un mismo motivo: el despertar del Narrador, de una habitación a otra; y al mismo tiempo, refleja la composición en tríptico del primer libro al dividirse en tres secciones: “Combray”, “Du côté de chez Swann” y “Du côté de Guermantes”. Este primer capítulo nos sitúa en el espacio originario del Yo para configurar una geografía imaginaria sobre la que se estructuran los grandes conjuntos de la obra: en primer lugar, el espacio del Narrador y de su entorno más inmediato, la familia y, despues, de uno y otro lado de ese centro, el dominio de los Swann (la burguesía) y el dominio de los Guermantes (la nobleza). El acceso a ese centro mágico y originario se produce mediante la experiencia fundacional de la búsqueda: el descubrimiento de la memoria involuntaria y del tiempo subjetivo.

 La segunda parte, Un amor de Swann, constituye una narración intercalada y hasta cierto punto  autónoma, relatada en tercera persona, en la cual el Narrador reconstruye los amores de Swann y Odette antes de su matrimonio. Si Combray es el punto de arranque del discurso, Un amor de Swann marca el comienzo temporal de la Recherche, instituyendo, a modo de relato de los orígenes, el punto de arranque de la historia. La angustia y la espera nocturna del Narrador niño hallan  su eco y alcanzan todo su significado en los desvelos amorosos de Swann, que prefigura, a modo de reflejo especular, la relación del Narrador adulto con Albertine. Este capítulo queda así religado al primero, al tiempo que dibuja el devenir de los siguientes, al introducir los motivos esenciales de la obra: el tema del amor y de los celos,  el tema del arte como vocación y como forma de conocimiento; el mundo parisino el mundo de los Guermantes se opone al de los Swann, y el fantasma de la homosexualidad que constituirá el motivo central de Sodome et Gomorrhe.

 En el tercer capítulo, Noms de pays: le nom, el narrador rememora el efecto que en él producían ciertos nombres de lugar, entre ellos Balbec. Se introduce un motivo básico de la ensoñación proustiana: el poder sugestivo de los nombres, su capacidad evocadora que incita a imaginar un lugar de plenitud y de belleza, acicate del viaje y de la búsqueda. A la evocación de la poesía de los nombres, sucede el relato de los paseos del Narrador por los campos Elíseos donde frecuentaba y admiraba a la elegante Mme Swann y a la pequeña Gilberte, preludio de las “muchachas en flor”.

 Se perfilan por tanto en el primer libro, los ejes de un triple aprendizaje que habrá de completarse en los sucesivos volúmenes: el aprendizaje amoroso en el que se contraponen las ensoñaciones felices del Narrador durante sus paseos en torno a las figuras todavía imprecisas de Mme Swann, Gilberte y la  lejana Duquesa de Guermantes, y la visión negativa del amor como patología, prefigurada por el sufrimiento del héroe en su relación materna, y ampliamente desarrollada en la reconstrucción de los avatares del amor de Swann por Odette, que expone ya las leyes esenciales de la “metafísica” amorosa proustiana: sus orígenes imaginarios que tienden a falsificar la realidad del ser amado, la vigencia del deseo en la imposibilidad de poseer, la dimensión “heurística” que desvela al yo que ama su verdadera interioridad.

 El aprendizaje sentimental se complementa con la iniciación al mundo. Ya sea el pequeño mundo familiar y doméstico de Combray y su comedia mundana, significada en Tante Léonie que comenta la vida social del pueblo desde su cama. Ya sea el gran mundo de la alta sociedad que el Narrador desea conocer y conquistar, indirectamente atisbado a través de Swann y de Legrandin. Los rituales, las leyes que rigen ambos mundos comienzan a ser descifrados por el Narrador que se prepara para pasar de uno a otro.

 A la iniciación amorosa y mundana se contrapone, en una relación excluyente, el aprendizaje del arte. El encuentro con Bergotte, escritor que el Narrador admirará durante mucho tiempo, y con Vinteuil, el músico, ofrecen dos modelos del artista y del arte al joven aprendiz de escritor. Y de modo paralelo, la experiencia de la memoria involuntaria, la fascinación ante el poder evocador y transmutador de los nombres indican un posible camino en la titubeante búsqueda de una vía de expresión artística y de una vocación literaria.

En su configuración temática, Du côté de chez Swann evidencia una estructura en díptico que es en primer término aquella que se sustenta sobre la bipolaridad de los dos mundos sociales hacia los que el narrador se sentirá atraído en su aventura mundana. Pero a esa bipolaridad se superpone otra: la del amor y el mundo social, de una parte, a los que el héroe habrá de sacrificar tanto tiempo, y, de otra, el de la vocación literaria que se prefigura en la ensoñación de los nombres, en la revelación de la memoria involuntaria, en el encuentro con Bergotte y Vinteuil, paradigmas del artista. La dicotomía, en suma, entre la vida y el arte y su conflictiva conciliación, problema que quedará abierto hasta el final de la obra.

2. À l´ombre des jeunes filles en fleurs. (1919)

 El segundo volumen de la Recherche se articula en torno a dos capítulos: Autour de Mme Swann y Noms de pays: le pays, que responden en una relación de simetría a la organización que despliega el primer libro,  componiendo con aquél una estructura en díptico sobre la cual proyectaba Proust configurar su obra.

 El espacio de Combray deja lugar a dos nuevos enclaves: París y Balbec ya entrevistos en el primer libro. El primer capítulo nos traslada a París, dominado por la figura creciente de Mme Swann cada vez más contundente frente a un mundo social que la rechaza, y el paralelo declive de Swann. Pero París es sobre todo el espacio irradiado por la presencia de Gilberte, objeto perseguido en los paseos del Narrador por los Campos Elíseos, cuyo prestigio acrecienta, a los ojos de aquél, la amistad que a ésta profesa el escritor Bergotte. Al motivo central, constituido por las peripecias del amor del Narrador por Gilberte que impone en su progresión una estructura lineal al episodio, se injertan nuevas ramificaciones que prolongan los cabos temáticos del primer libro: la iniciación al mundo parisino de Un amor de Swann, transfigurado en la experiencia del propio Narrador, y la iniciación al mundo del arte por medio de las figuras mediadoras de Bergotte y de la Berma.

 El segundo capítulo, Noms de pays: le pays, responde en eco a la última parte del primer libro. Balbec,  uno de los lugares soñados por el Narrador en aquélla, deviene el escenario de la aparición de las “muchachas en flor”, dominado por Albertine, figura todavía imprecisa que irá ampliándose progresivamente hasta convertirse en un personaje central de La Recherche. Junto a ella, otros personajes aquí presentados completan el carácter expositivo de este capítulo que se abre, a modo de preludio, hacia el siguiente libro: el progresivo desvelamiento de tres Guermantes (Melle de Villeparisis, Saint-Loup y Charlus) y el descubrimiento de Elstir, el pintor del mar, encuentro esencial en la formación estética del Narrador.

 La referencia wagneriana a las “muchachas-flor” nos sitúa en el mundo de los amores nacientes o, como diría Baudelaire, del “verde paraíso de los amores infantiles”.  Persecuciones, juegos inocentes, pero también primeros atisbos de la duda y del dolor, prolongan la iniciación sentimental del joven Narrador. Por otro lado, el aprendizaje del mundo se completa con la amistad de Saint-Loup, miembro de los Guermantes, y compañero en los paseos del Narrador, que le abrirá las puertas de la sociedad mundana del Faubourg Saint-Germain.

 El aprendizaje artístico le depara  sus primeras decepciones: Noms de pays: le pays significa la confrontación entre el sueño y la realidad, entre el nombre del lugar prometido (Balbec) y la decepción que produce la realidad, marcando el declive de la ensoñación poética de los nombres y el escepticismo en cuanto a sus cualidades de escritor. No obstante, la reaparición de Elstir, el pintor que frecuentaba el círculo de Swann, paradigma proustiano del artista moderno, dará lugar a una revelación crucial para el aprendizaje artístico. La belleza no está en el objeto o el tema en sí, sino en la mirada, en la interpretación del artista que transfigura la realidad y le confiere un aspecto nuevo. Las metáforas pictóricas de Elstir constituirán el correlato plástico del principio que el Narrador intentará aplicar a su obra: captar la impresión, el efecto que produce la realidad, idea que retoma la máxima de Mallarmé  de “Peindre non la chose mais l´effet qu´elle produit”. 
 

3. Du coté de Guermantes I, II (1920-1921).

 Una vez más por razones editoriales, la novela de Guermantes se publica en dos volúmenes, fraccionándose así un texto que había sido proyectado como un díptico.

  El primer volumen, dividido en cuatro partes, recoge el traslado del narrador junto a su familia a un nuevo domicilio en París, cerca de los Guermantes; la salida a la Ópera donde la Berma interpreta a Fedra, la estancia con Saint-Loup en Doncières y la “matinée” social en casa de Melle de Villeparisis. El mundo de los Swann y de las “muchachas en flor”, deja paso a otro espacio: la vida mundana, las salidas y las reuniones en los salones parisinos en los que el Narrador irá completando su aprendizaje sentimental y social, en torno a la figura distante de la Duquesa de Guermantes y de su círculo. El episodio de la enfermedad y la muerte de la abuela cierra el primer volumen, articulando a modo de bisagra los dos frentes del díptico.

 El segundo volumen se divide en tres partes: la primera entrelaza el redescubrimiento de Albertine, la relación del Narrador con Saint-Loup y su  progresiva decepción amorosa respecto de la Duquesa de Guermantes; a ella suceden la recepción en casa de los Guermantes, y la visita a Charlus. La ascensión social del héroe prosigue, accediendo a las reuniones mundanas más restringidas de París: en casa de los Duques de Guermantes, y dos meses despues en la de la Princesa. El volumen se cierra con la indiferencia de los Duques ante la noticia de la muerte de un familiar que les impediría acudir a un baile, y su distracción ante Swann, el viejo amigo, que, enfermo, alude a la proximidad de su muerte. 

 Le côte de Guermantes se  inserta pues en el itinerario de la Recherche como la etapa de rectificación de los sueños y de las ilusiones sobre el mundo. Se trataría, como expresa el propio Narrador en Le Temps retrouvé de “partir des illusions, des croyances qu´on rectifie peu à peu” (vol. IV, 393). Procedimiento que retoma y amplía el principio que se desprende de la poética de los nombres: “Par la logique naturelle après avoir affronté à la poésie du nom Balbec la banalité du pays Balbec, il me fallait – dice Proust – procéder de même pour le nom de Guermantes” (Correspondance, vol.III, 305).

 El paso del tiempo y la degradación de los personajes, junto con el descubrimiento de la vacuidad del “gran mundo” confieren a este volumen una atmósfera de decepción y pesimismo. Culpabilizado por la sensación de “perder el tiempo” (he aquí otro de los sentidos del título) en los vanos rituales del juego social, el Narrador toma conciencia de la escisión entre sus sueños y la realidad; se desvitalizan sus ambiciones artísticas, al tiempo que se va descomponiendo el universo imaginario en el que se sustentaban los dos primeros libros. El arte ya no es sino un recuerdo, atisbado en la representación de Fedra en la Ópera, o en los cuadros de Elstir contemplados en casa de los Guermantes. En la enfermedad de Bergotte, en la muerte de la abuela  y en el anunciado fin de Swann se prefigura la doble muerte del arte y de la infancia, asociada a la incursión en la vida mundana.

 Por todo ello, Du côté de Guermantes significa el paso de la adolescencia a la edad madura y  la disolución de los sueños de la juventud. La entrada en dicho mundo supone una etapa decisiva en el triple aprendizaje del héroe. La conquista social se produce en dos etapas representadas  en las dos escenas mundanas simétricas, ampliamente desarrolladas, que subrayan la estructura binaria de estos dos libros: la primera es la entrada en el salón de Mme de Villeparisis, una Guermantes desclasada.  En la segunda se realizan las ambiciones del Narrador de ser invitado a casa de los Duques. Como los héroes de Stendhal y de Balzac, el héroe de La Recherche ha conquistado la posición mundana que ambicionaba. Pero la iniciación al mundo no aporta ningún saber, y el placer pronto se convierte en decepción: una vez poseido, el objeto deseado pierde todo su poder de fascinación. Conquista social y conquista amorosa quedan equiparadas: el deseo sólo pervive en la espera, en la búsqueda de su realización. Una vez a su alcance, Albertine, lo mismo que la Duquesa de Guermantes, pierden el halo de fascinación y de misterio que revestían en  la ensoñación amorosa del narrador. En un juego de simetrías invertidas, la relación de Saint-Loup con Rachel –actriz y antaño prostituta-, completa el aprendizaje sentimental del Narrador, retomando otra de las grandes leyes proustianas: la del amor como ilusión subjetiva, la del ser amado como construcción imaginaria. De aquella que le causa tantos tormentos, el delicado Saint-Loup desconoce su pasado, lo mismo que Swann desconocía e irá descubriendo poco a poco el de Odette, lo mismo que el Narrador, más adelante, no sabrá nunca que pensar de la homosexualidad de Albertine. El mundo de Sodoma y Gomorra se anuncia ya en el de Guermantes, como se prefiguraba en el de Swann.
 

4. Sodome et Gomorrhe I, II (1921-22).

 Último volumen de La Recherche publicado en vida de Proust, Sodome et Gomorrhe explora el espacio de la homosexualidad masculina y femenina, desplegando dos mundos simétricos aunque separados, en los que el aprendizaje sentimental del héroe narrador alcanzará sus revelaciones más sombrías.
 El libro se divide en tres partes: la primera se centra en el descubrimiento y la exploración del mundo de Sodoma; la segunda refiere las últimas relaciones del Narrador con el mundo parisino y se centra en la velada en casa de la Princesa de Guermantes; la tercera nos devuelve a Balbec e introduce el mundo de Gomorra. El libro despliega por tanto una estructura circular: se abre con el descubrimiento de Sodoma vinculado al “secreto” de Charlus y se cierra con el de Gomorra y el progresivo oscurecimiento de la figura de Albertine.

 Sodoma se sitúa en París donde el Narrador descubre accidentalmente la “verdad” de Charlus que arroja una luz nueva sobre el personaje: su relación homosexual con Jupien primero, y despues con Morel.  Gomorra nos traslada a Balbec y alude simbólicamente a las sospechas que se ciernen sobre las relaciones de Albertine con sus amigas, centrándose despues en su relación con Mme de Vinteuil, que prefiguraba ya Du côté de chez Swann, en la escena de lesbianismo de la que el Narrador es testigo en Montjouvain. De “voyeur” o testigo externo del mundo de Sodoma y Gomorra, el Narrador se convierte en víctima que habrá de padecer en sus propias carnes los tormentos del amor. Así, al descubrimiento de los hábitos de Charlus se corresponde, de nuevo en un juego de simetrías, aquél que se refiere a Albertine, de tal modo que el tortuoso aprendizaje sentimental del Narrador queda religado a dos modelos: aquél lejano de Swann por Odette referido en Un amour de Swann, y este otro, más cercano, pero igualmente desgraciado, de Charlus por Morel.

 Entre ambos espacios, la memoria involuntaria del Narrador trae el recuerdo de la muerte de la abuela, de la que éste toma consciencia por primera vez, al recordar, de nuevo en Balbec, los cuidados que aquélla tuvo con él durante su primera estancia. El paraíso perdido de la infancia se  desvanece, el itinerario iniciático del héroe en su aprendizaje emprende simbólicamente el “descenso a los infiernos”: primero como testigo de los condenados, los “malditos” que deben vivir en la mentira, ocultando a sus seres más cercanos lo más esencial de sus vidas, despues en el reencuentro con los muertos, aquéllos que el tiempo se ha llevado, por último como víctima del suplicio de los celos que despiertan en él las sospechas sobre la homosexualidad de Albertine.

 Pero además, Sodome et Gomorrhe supone una etapa esencial en el aprendizaje del héroe, confrontándolo al estatus movedizo de la verdad que el Narrador ha ido construyendo, y obligándole a modificar su visión sobre los seres y las relaciones que le rodean: de la velada en casa de la Princesa de Guermantes, último bastión de la conquista social, al decepcionante regreso a Balbec, el mundo se ha transformado. Lejos estamos ya de las ilusiones artísticas: las “etimologías” de los topónimos que va desarrollando Brinchot a lo largo de su viaje, se ofrecen como contrapunto de la “poesía” de los nombres y revelan que el aprendiz de escritor ha perdido su fe en el poder transmutador y creador de la palabra.
 

 5. La Prisionnière (1923).

 Este volumen es el primero de los textos póstumos, el último texto corregido por el autor,  en el cual trabajó hasta su muerte. Con él se abre el ciclo de Albertine que se conformará, una vez más, a modo de díptico, completándose con el siguiente volumen, La fugitive.

 Aunque no está estructurado en capítulos, puede discernirse una organización en cinco jornadas, disposición en cierto modo atípica en el conjunto de la obra, mediante la cual Proust remitiría a los cinco actos de la tragedia de Racine –otro punto de referencia recurrente en La Recherche- y bajo cuyos auspicios se desarrolla esta “tragedia” de la pasión. 

Tras la exploración y la conquista del mundo social, queda por vivir la experiencia amorosa. La Prisionnière relata la relación del Narrador con Albertine, a la que mantiene “prisionera” en su casa, vigilando estrechamente sus idas y venidas con el fin de disipar – o de confirmar definitivamente- sus sospechas. Si “Gomorrhe est dispersée au quatre coins du monde”, como dice el Narrador, la única solución ante el tormento de los celos es el secuestro de la joven. Sin embargo, el drama de La Prisionnière reside precisamente en la imposibilidad de poseer absolutamente al ser amado, de conocer y comprender todos sus secretos, sus pensamientos más íntimos. La patología proustiana del amor se expresa aquí en toda su amplitud: Albertine sólo será amada como ser misterioso y fugitivo; cuando desaparecen las sospechas sólo provoca indiferencia. El amor se descubre así como una experiencia ambivalente, fuente de tormentos y de decepción, pero también de placer, al permitirle revivir las sensaciones de su juventud en Balbec, junto a las “muchachas en flor”.

 La oposición entre la vida y el arte se reafirma dolorosamente en este volumen en el que la muerte de Bergotte y la música de Vinteuil escuchada en casa de los Verdurin, suscitan la nostalgia del Narrador ante su vida malgastada y “la promesse qu´il existait autre chose, réalisable par l´art sans doute, que le néant (…) trouvé dans tous les plaisirs et dans l´amour même”. (Vol. III:123). El confinamiento no es sólo el de Albertine –que acabará fugándose- sino también el del Narrador en el tortuoso laberinto de los celos, y en una existencia que, por la falta de voluntad, le ha separado definitivamente de toda ambición artística. 
 
 
 

6. Albertine disparue (La Fugitive) 1925.

En un principio La prisionnière y Albertine disparue constituían un único volumen que Proust pensaba titular Sodome et Gomorrhe III. Sin embargo, el autor decidió cambiar el título y reforzar  la estructura en díptico del conjunto dividiendo la obra en dos partes, La prisionnière y La fugitive. Al haber sido utilizado este último título por otro autor, acabó imponiéndose el de Albertine disparue, que es el que presenta la última edición de la obra.

 Albertine disparue, se estructura en tres secciones. La primera de ellas recoge los intentos del Narrador para que Albertine regrese a París, recurriendo a la mediación de Saint-Loup que volverá con la negativa de ésta y con noticias sobre su vida que acrecientan el malestar del Narrador. Esta parte se cierra con la noticia de la muerte de la joven. La desaparición de Albertine no calma los tormentos del Narrador quien, a lo largo de la segunda parte, busca incansable en su pasado las evidencias de sus trahiciones. Pero Albertine se alza en emblema de la verdad en permanente fuga y expresa los límites de toda búsqueda cognitiva. Al confinamiento voluntario del Narrador, sucede, en la tercera parte, el viaje a una deslumbrante Venecia, que contrapuntea el lado fúnebre y sombrío de la muerte y del duelo. Una Venecia ambivalente: de un lado familiar pues en ella el Narrador reencuentra las sensaciones de Combray, y de otro exótica, romántica e impresionista, en cuya recreación poética se agolpan las referencias literarias y pictóricas. A su regreso, la noticia de la boda de Gilberte con Saint-Loup le devolverá a Combray en el que tienen lugar dos revelaciones importantes: la fusión del mundo de Swann y el de Guermantes que desdibuja la morfología imaginaria del espacio de la infancia, y la infidelidad de Saint-Loup que reincide en el carácter cambiante e incognoscible de los seres a los se creía conocer.

Albertine disparue no sólo es el libro de la pérdida y del duelo del ser amado, sino también de todo un mundo arraigado en el pasado, y por ende, el adiós definitivo al paraíso de la infancia. A la experiencia exaltante de Venecia se contrapone, en la última parte, la geografía mágica del espacio originario que se desvela como espejismo, retocando irreversiblemente la visión del mundo de la infancia: por un lado, Gilberte le descubre el atajo que permitía conciliar ambos paseos y comunicar ambos mundos, por otra parte, el matrimonio de ésta y de Saint-Loup reune a ambas familias y unifica los dos pôlos de la ensoñación originaria. Pero el descubrimiento de  la homosexualidad de Saint-Loup reintroduce el motivo de Sodoma y Gomorra, superponiéndose la nueva imagen de su amigo al recuerdo de los paseos adolescentes por Balbec que le aportaron las primeras experiencias del amor y de la amistad. Se prefigura así el motivo central del último volumen: la pérdida de un mundo y de una época, y tal vez el fin de las ambiciones artísticas.
 

7. Le Temps retrouvé (1927).

Le Temps retrouvé contiene algunos de los pasajes más antíguos de La Recherche, que fueron redactados al mismo tiempo que la apertura, y son precisamente aquellos que cierran la obra y refieren la “matinée chez les Guermantes” en la que tiene lugar la decisiva revelación estética que había de clausurar la búsqueda artística del Narrador. A éstos se añadieron los capítulos sobre la guerra, en ningún modo previstos en el proyecto inicial, que confieren una tonalidad dramática al tema de la pérdida y la desaparición de todo un mundo con la que Proust pensaba cerrar su novela.

El último volumen de La Recherche se dispone en tres partes: Tansonville que nos devuelve a Combray donde el protagonista frecuenta a Gilberte y a Saint-Loup y en la que se enfrenta nuevamente a su incapacidad literaria.  Paris pendant la guerre  refiere dos viajes del Narrador a un París en el que la guerra impone su clima, y donde resurge el mundo simbólico de Gomorra, del que dan cuenta la degradación de Charlus, y las oscuras costumbres de Saint-Loup, que morirá heróicamente en el frente, poco despues. La guerra confiere un nuevo vigor a la imagen simbólica de la ciudad maldita que Proust había desarrollado en Sodome et Gomorrhe: la guerra y la destrucción que se abaten sobre la ciudad nocturna alcanzan una dimensión mítica que remite al destino de las antiguas urbes desaparecidas como Babilonia o como Pompeya, en cuyos muros –como recuerda el propio Charlus- se hallaron inscritos los nombres de Sodoma y Gomorra. 

Ese fin de un mundo es también, naturalmente, el del “mundo” tal y como el Narrador lo conoció en su juventud, ese mundo que la guerra ha trastocado (Mme de Villeparisis muere en la soledad, el salón de Mme de Vinteuil crece en prestigio al erigirse ésta en portavoz de las noticias del frente). Pero su declive se manifiesta sobre todo en la última “Matinée” en casa de la Princesa de Guermantes que refiere, tras una elipsis temporal, la tercera parte de Le Temps retrouvé.

Muchos años despues del final de la guerra, y habiendo renunciado a su proyecto de ser escritor, el Narrador regresa a París y asiste a la que será su última reunión mundana en casa de los Príncipes. El preludio de esta sección queda estrechamente religado a las dos primeras partes de Le Temps retrouvé: a Tansonville se corresponden las reflexiones del Narrador sobre su  incapacidad para la literatura y el silencio de la naturaleza; a Paris pendant la guerre el reencuentro con el Barón de Charlus. Si las dos primeras partes incidían en la imposibilidad de recuperar el pasado y en la negación del arte, la “Matinée” supone la inversión de ambas constataciones en dos momentos sucesivos que preparan la conclusión de la obra. 

 En la biblioteca de los Guermantes, a la espera de ser recibido, se produce, la revelación decisiva sobre el tiempo, la memoria y la función del arte, en la que culmina el aprendizaje estético del Narrador: la experiencia de la memoria involuntaria que anula la temporalidad y permite recuperar el pasado desde esa visión extratemporal  y totalizadora que al arte correspondrá restituir. Revelación que le determina a emprender la redacción de la obra definitiva en la que el “tiempo perdido” sea resucitado y revivido a través de la literatura. Tarea en la que empleará todas sus fuerzas, y todo el tiempo que le queda, pero, eso sí, no sin antes  atravesar el umbral del salón de los Guermantes, y descubrir el vertiginoso efecto del tiempo sobre ese mundo que está a punto de perderse –y tal vez de salvarse para siempre en la novela que se dispone a escribir.

Temas, personajes y mundos simbólicos confluyen en la gran escena mundana final, convergiendo y fusionándose en la figura de Melle de Saint-Loup, hija de una Swann y de un Guermantes, que reconcilia todos los “lados” de la obra y “resume la idea del tiempo perdido” permitiendo al Narrador recuperar todos los momentos de su pasado: procede de Combray y de Balbec, de Odette y de Swann (sus abuelos), de Sodoma por Saint-Loup (su padre), evoca a las muchachas en flor, se religa a la música por Swann y Vinteuil y a la pintura de Elstir junto a cuyos cuadros aparece (Tadié, 1971:287).

 Culmina así la novela social desvelando in extremis la configuración de su trama, no enteramente visible al comienzo, que habrá reconstruido la historia paralela de dos familias, de dos mundos, hasta su unificación final. Pero ese movimiento de reunificación de diferentes los hilos anecdóticos que acaban  anudándose en la figura de la joven Saint-Loup, pone también a descubierto el procedimiento compositivo desplegado por Proust en la construcción de la obra. En su configuración lineal, el conjunto de La Recherche se descubre entonces como un progresivo avance en la búsqueda de la integración y la religación de todas y cada una de sus partes, hasta llegar a la aprehensión de ese mundo en su completud, es decir en su unidad. La unidad que le confiere el Yo subjetivo del Narrador, “cette unité qui n´appartient qu´aux créations de l´esprit” (Vol. I, 134).