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este primer bloque de contenidos, proponemos comenzar con una puesta en
común acerca de los que los alumnos conocen sobre los judíos,
tanto en su dimensión actual, como en el pasado.
Proponemos como actividad inicial la siguiente,
en la que participaría el grupo clase:
Actividad inicial para el alumno:
Expón tras una reflexión de breves minutos las
ideas que te sugieran el tema de los judíos, puedes incluir los
dichos, refranes, leyendas, ideas colectivas, de las que tengas noticias
referentes a los judíos.
¿Conoces algún monumento, hecho cultural, aportaciones
en general, de los judíos en España?
Anotar todas estas reflexiones en una ficha de trabajo para su posterior
comentario.
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Esta actividad nos sirve para una toma de contacto de los que conocen
los alumnos, partir de esto para ampliar información de contenido
histórico y trabajar conceptos, y actitudes.
Tras esta actividad tendremos conocimiento de los que los alumnos saben
sobre este tema para poder empezar a trabajar en varias direcciones, tanto
aportando imformación de contenidos propiamente histórico,
como cambiando los conceptos equivocados.
Una vez realizada esta actividad, la explicación del profesor
debe centrarse en plantear algunos de los conceptos que hemos expuesto
en este apartado, se podrían trabajar algunos de los conceptos para
acercarnos a conocer la cultura y la tradición judía, otros
conceptos interesantes aquí serían por ejemplo minoría,
pueblo, integración, para exponer la situación en la que
se encontraban los judíos en la España medieval.
Los primeros asentamientos parece que tuvieron lugar en la costa mediterránea
y su presencia se ha detectado en ciudades como Ampurias, Mataró,
Tarragona, Adra, Málaga, Cádiz y Mérida. Uno de los
primeros restos arqueológicos con que contamos es la estela funeraria
del samaritano Iustinus de Mérida, fechada en el siglo II. Este
epitafio, así como la lápida de la niña Salomónula
o la del rabí Lasies, permite asegurar la llegada de judíos
en los primeros siglos de nuestra Era. Los judíos de la España
romana debieron ser simples trabajadores o incluso esclavos y fueron medrando
poco a poco en las ricas ciudades comerciales de la costa. La importancia
de las comunidades judías debía ser tal en el siglo IV que
el Concilio de Elbira, Granada, se pronuncia en algunos de sus cánones
contra ellos. Es la primera vez que la Iglesia se preocupa por el peligro
que los judíos representan para los nuevos cristianos que, con la
convivencia, pueden judaizar.
Las primeras invasiones bárbaras de la Península supusieron
notables convulsiones tanto en la sociedad hispano-romana como en la judía.
Los hebreos habían ido creando una tímida explotación
agraria para subsistir, pero el enfrentamiento con la Iglesia se acentuó,
produciéndose la conversión forzosa de los judíos
de Mahón. Con la invasión de España por los visigodos
se produce una época de tolerancia del poder hacia los judíos.
La monarquía arriana, pese a su inestabilidad política, será
complaciente con sus súbditos judíos. Durante esta etapa,
judíos y cristianos no se diferenciaban más que por su religión.
Los judíos eran pequeños propietarios y se dedicaban al comercio,
contando con la tolerancia de los visigodos. Pero la conversión
de Recaredo en el III Concilio de Toledo supone el comienzo de las persecuciones
bajo la monarquía católica: Sisebuto expulsa a los judíos
del reino, Egica los persigue y separa de los cristianos y Chintilla obliga
a los judíos de Toledo a abjurar de los ritos y prácticas
de su fe. Los niños judíos eran separados de sus padres para
ser educados como Cristianos. De entre los restos arqueológicos
de ésta época, bastante escasos, destacan varias inscripciones,
como la pileta de Tarragona o la memoria de Meliosa. También es
de gran interés una estela del siglo VI-VII decorada con pavos reales
y arranque de menorah.

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