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ACTIVIDAD INICIAL INDIVIDUAL
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Escribe en un informe información
y conocimientos que tengas referentes a la España musulmana.
Nota al profesor:
No importa su calidad académica,
en este caso tratamos de buscar tópicos y leyendas de la tradición
colectiva respecto al tema.
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TOLERANCIA
Y CONVIVENCIA
Pero más
allá de las obras públicas y arquitectónicas, y los
prodigios científicos y culturales de al-Ándalus, lo que
mejor caracteriza el legado hispanomusulmán es su espíritu
de la tolerancia. Si hablamos de la tolerancia del Islam, no se trata de
un tópico repetido con fines propagandísticos, sino de una
experiencia y una realidad histórica irrefutable.
En la llamada Edad
de Oro del Islam, cuando el territorio musulmán se extendía
de España hasta la China, entre los siglos VIII y XIV, convivían
en su seno en un ambiente de libertad y mutuo respeto cristianos arrianos,
nestorianos, monofisitas y coptos, judíos, budistas, zoroastrianos,
maniqueos e hinduistas, cuyas creencias y tradiciones eran garantizadas
por el Islam por el estatuto de Ahl al-Dhimma, es decir, la "Gente
del Pacto". Esto es algo que el Islam puso en práctica hace más
de 1400 años y que Occidente a duras penas comenzó a llevarlo
a cabo a mediados del siglo XX.
Y es precisamente
uno de estos pactos, el firmado entre el godo Teodomiro, gobernador de
Orihuela, y Abd al-Aziz, el hijo de Musa Ibn Nusair, el 5 de abril del
año 713, el que conforma el documento más antiguo de la historia
andalusí (Ver Apéndice I). En virtud de este tratado Teodomiro
quedó como gobernador inamovible y Orihuela (la de Miguel Hernández)
fue un estado autónomo durante muchos años. Asimismo, los
señores de siete fortalezas de la región de Murcia, Alicante
y Valencia (situadas a lo largo de la antigua Vía Augusta) se someten
al gobierno musulmán a cambio de un estatuto jurídico en
que se reconocen libertades, posesiones y religión para sus habitantes.
Cuando los musulmanes
llegaron a la Península, traían un concepto absolutamente
revolucionario basado en el Corán y la Sunna o Tradición
del Profeta Muhammad, por el cual se trataba a los seres humanos por igual,
respetando sus derechos y propiedades. El pacto entre Abd al-Aziz y Teodomiro
prueba que hace 14 siglos el Islam no sólo respetaba los derechos
humanos, que Occidente recién descubrió hace menos de 300
años, sino tenía códigos y regulaciones que las propias
Naciones Unidas no son capaces de aplicar a las puertas del siglo XXI.
Por eso, vale remarcar aquí que ese concepto o idea sobre "el oscurantismo
de la Edad Media" tan en boga en los medios de comunicación y en
la lectura de los escritores posmodernos, es algo que compete a la historia
de Occidente, pero no a la del Islam.
Pongamos otro ejemplo
muy conocido. Después de afirmar su posición en la Península,
los musulmanes escalaron los Pirineos y entraron en Francia. En 732, entre
Tours y Poitiers, dos mil kilómetros al norte de Gibraltar, y a
450 kilómetros de Londres y a menos de 200 de París, fue
el punto más septentrional que alcanzaron esos predicadores carismáticos.
Véase Cecelia Holland: Tours. Medieval Battle Reconsidered,
en MHQ —The Quarterly Journal of Military History—, Leesburg (Virginia),
Winter 1999, págs. 50-59.
En 735 entraron
en Arlés y en 737 llegaron a Aviñón, el valle del
Ródano y Lyon. Y aunque en 759 se vieron obligados a retirarse del
mediodía francés, sus cuarenta años de circulación
por aquellas tierras contribuyeron, en el Languedoc, a la insólita
tolerancia de diversas creencias, la pintoresca alegría y el amor
romántico y caballeresco que desde entonces caracterizó a
los lugareños.
Una vez vista
esta introducción, pasemos al tema que nos despierta mayor interés:
El islam en la España Medieval : al- Alandalus, para comprender
los cambios y la profundidad de estos momentos históricos, hemos
dividido el material siguiendo los cambios políticos que afectan
en definitiva a toda la sociedad medieval : Cambios sociales, geográficos,
culturales...
EL ESPLENDOR
DEL CALIFATO DE CÓRDOBA
El califato de los
Omeyas (661-750), con sede en Damasco nunca dio a España el valor
que tenía. Entre 716-756/97-138 se desarrolla el llamado emirato
de Córdoba, dependiente de Damasco, período en que se suceden
diversos gobernadores, o emires, nombrados directamente por el califa Omeya
de Damasco. Cuando en 750 éste fue reemplazado por el califato de
los Abbasíes (750-1100), con capital en Bagdad, el territorio era
meramente conocido como "el distrito de al-Ándalus", gobernado desde
Qairauán. Pero cuando los triunfantes abbasíes ordenan la
muerte de todos los príncipes omeyas, este hecho aparentemente anecdótico
será decisivo para la más occidental de las provincias del
imperio.
Abderrahmán
Ibn Mu'awiya (731-788), nieto del califa Hishám Ibn Abdelmalik (691-743),
fue el único omeya que consiguió escapar. Perseguido de aldea
en aldea, cruzó a nado el ancho Eúfrates, pasó a Palestina,
Egipto, Ifriqiya, Marruecos y al-Ándalus. Así, en 756 fue
proclamado emir de Córdoba iniciando uno de los períodos
más ilustres de la historia del Islam.
A partir de entonces
se funda el emirato omeya independiente de Bagdad (756-929/138-316).
El emir tomará decisiones propias, considerando a la familia Abbasí
—que se había hecho con el califato y trasladado su capital a Bagdad
— como sus máximos enemigos.
Hacia 777 al-Ándalus
fue invadida por el ejército de Carlomagno (742-814), pero los francos
fueron frenados en las puertas de Zaragoza por los soldados de Abderrahmán
y su retaguardia aniquilada por una alianza de vascos y musulmanes en Roncesvalles
(778), donde cayó el legendario paladín franco Roland o Roldán
que dio lugar al cantar de gesta homónimo.
Los sucesores de
Abderrahmán I son Hishám I (788-796), al-Hakam I (796-822),
Abderrahmán II (822-852), Muhammad I (852-886), al-Mundhir (886-888),
Abdallah (888-912) y Abderrahmán III (912-961).
A fines del siglo
VIII, la mayoría de la población, descendiente de los hispanorromanos
y de los visigodos, se había convertido al Islam, recibiendo el
nombre de muladíes; sólo en las ciudades quedó
una parte de población que se mantuvo cristiana (mozárabes)
y que, en general, fue muy respetada. Los emires cordobeses se vieron obligados
a enfrentarse con la aristocracia árabe rebelde y los muladíes
que les disputaban el poder.
Durante el gobierno
de al-Hakam I, coetáneo de Carlomagno (742-814), y sus sucesores,
se desarrollaron las revueltas de Toledo y Córdoba en 807 y 814,
y los enfrentamientos con los gobernadores militares de la frontera (Ibn
Marwán "el Gallego" en Extremadura, 868; familia de los Banu Qasi
—Musa Ibn Musa— en el valle del Ebro). Pero ninguna alcanzó tanta
fuerza ni puso en peligro el emirato como la revuelta del muladí
Omar Ibn Hafzún, durante el mandato del emir Abdallah.Entre 844
y 861 se produjeron varios ataques vikingos (llamados maÿús
"magos" por los musulmanes) contra las costas del sur de al-Ándalus.
Según el testimonio de historiadores como Ibn Qutíyya, Ibn
Hayyán y al-Maqqarí, la marina andalusí causó
estragos entre los vikingos, marinos por demás experimentados, utilizando
proyectiles incendiarios (niÿam al-naft) y numerosísimos arqueros
(ar-rumat). Los vikingos lograron remontar el Guadalquivir hasta las cercanías
de la antigua Hispalis romana (la Sevilla actual), llamada Isbilía
por los musulmanes (cfr. Jorge Lirola Delgado: El poder naval de Al-Ándalus
en la época del Califato Omeya, Universidad de Granada, Granada,
1993)
En 929 Abderrahmán
III an-Nasir li-Din Allah decide tomar el título califal, ante
la lejanía e incomunicación con el califato Abbasí
de Bagdad, y ante el inmediato peligro que suponía el califa Fatimí
en el Magreb. El califato omeya independiente de Bagdad se extenderá
entre 929 y 1010/316-400).
El sucesor de Abderrahmán
III Al-Hakam II al-Mustansir (961-912), propició un enorme desarrollo
de las ciencias y las artes que sería la base del llamado Renacimiento
europeo. En cambio, Hishám II al-Muayyad (976-1009) será
un pusilánime manejado por su primer ministro Ibn Abi Amir al-Mansur
(m. 1002), «Almanzor», quien gobernará de hecho al-Ándalus,
aunque sin tomar el título califal. A al-Mansur le sucederá
su hijo Abd al-Malik al-Muzafar (1002-1008), y luego Abderrahmán,
conocido como «Sanchuelo» por los cristianos, sucede a su hermano,
hasta que al autonombrarse califa hace estallar la guerra civil en al-Ándalus.
La
Mezquita de Córdoba.
En 785 el emir Abderrahmán
I (731-788) comenzó la construcción de lo que sería
la Mezquita mayor de la ciudad. Esta forma un rectángulo que mide
180 metros de norte a sur y 130 metros de este a oeste. En la arquitectura
de la mezquita se observan cuatro estilos autónomos representativos
de cuatro épocas distintas desde 785 a 987.
Originalmente el
exterior mostraba un muro almenado de ladrillo y piedra y un sólido
alminar que superaba en tamaño y belleza a todos los alminares de
la época. Diecinueve portales, con arcos de herradura elegantemente
esculpidos con pétrea decoración floral y geométrica,
conducían al Patio de las Abluciones (hoy Patio de los Naranjos).
En este rectángulo, pavimentado con baldosas de colores, había
cuatro fuentes, cada una tallada en un bloque de mármol tan grande
que se habían necesitado setenta bueyes para su transporte desde
la cantera. La mezquita propiamente dicha era un bosque de 1290 columnas,
que dividían el interior en once naves principales y veintiuna secundarias.
De los capiteles de las columnas partía una variedad de arcos: semicirculares,
apuntados, de herradura, la mayoría con dovelas alternadamente rojas
y blancas. Las columnas de jaspe, pórfido, alabastro y mármol
daban por su número una impresión de espacio ilimitado.
El techo de madera
estaba tallado en cartelas que ostentaban inscripciones, muchas de ellas
coránicas. Colgaban de él 200 candelabros que sostenían
7000 tazas de aceite perfumado que les llegaba de depósitos constituidos
por campanas cristianas invertidas, también suspendidas del techo.
La sección destinada a la oración comunitaria tenía
el suelo cubierto con baldosas esmaltadas sobre las que se desplegaban
esterillas de caña sobre las que se acomodaban los orantes.
El mihrab era
una pieza octogonal, brillantemente ornamentado con mosaicos esmaltados.
El minbar (púlpito con escalones desde donde el jatíb
"disertante" pronuncia la jútba o sermón) consistía
en 37.000 pequeños paneles de marfil y maderas preciosas: ébano,
cidro, áloe, sándalo rojo y amarillo, unidos con clavos de
oro o plata y con incrustaciones de gemas.
En 1523 se decidió
imponer en el corazón de la Mezquita de Córdoba, una catedral
católica. El propio emperador Carlos V (1500-1558), al ver la aberración
que se había causado a la arquitectura del edificio dijo al Obispo
Fray Juan de Toledo y a los Capituladores la célebre frase: «Si
yo hubiera sabido lo que era esto, no hubiera permitido que se llegase
a lo antiguo: porque hacéis lo que hay en muchas otras partes, y
habéis deshecho lo que era único en el mundo».
El escritor checo
en lengua alemana Rainer María Rilke (1875-1926) expresó
melancólicamente su desazón al visitarla: «Da pena,
tristeza y aun vergüenza lo que se ha hecho con la Mezquita al enredar
la iglesia y las capillas en sus lisas guedejas, y se querría desenredarla
y peinar tan hermosa cabellera».
En la época
del califato de Córdoba, la afluencia a la gran mezquita el viernes
al mediodía (Salat al-Ÿumu’a "Oración Comunitaria
del Viernes"), era tan multitudinaria que, en verano, para proteger del
sol a los fieles que no cabían en su interior, se desplegaba un
magnífico toldo por encima del Patio de las Abluciones. Véase
Leopoldo Torres Balbás: La Mezquita de Córdoba y las ruinas
de Medinat Al-Zahara, Col. Monumentos Cardinales de España,
XIII, Madrid, 1952; Fernando Chueca Goitía: La Mezquita
de Córdoba, Albaicín, Granada, 1971; Marianne Barrucand
y Achim Bednorz: Arquitectura islámica en Andalucía,
Taschen, Köln, 1992, págs. 60-105; Henri Stierlin: Islam. Volume
I. Early Architecture from Baghdad to Cordoba. Umayyad Splendor
in Cordoba, Taschen, Köln, 1996, págs. 85-113).

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