| ESPLENDOR
LITERARIO Y PROGRESO CIENTÍFICO EN AL-ÁNDALUS DURANTE EL
SIGLO XI
La pujanza económica
de las «pequeñas Córdobas» o reinos de taifas
que surgieron por todo al-Ándalus, a su vez, se tradujo en esplendor
literario y progreso científico, debido a que los nuevos gobernantes
rivalizaban por tener la supremacía como mecenas de las letras,
artes y/o ciencias. Como consecuencia, este siglo XI, puede calificarse
como el siglo del crecimiento demográfico, la riqueza, la cultura,
la ciencia, la guerra y las divisiones.
MEDICINA
Abulcasis
Uno de los médicos
andalusíes más famosos es Abu-l-Qásim al-Zahrawí
(936-1013), latinizado Abulcasis. Fue uno de los más grandes cirujanos
del Islam y uno de los más importantes de la Europa medieval. Abulcasis
fue fìsico en la corte de al-Hakam. Su celebridad radica en su Kitab
al-tasrif fi liman aÿaz 'an al-ta'alif ("Libro de la ayuda para
quien carece de habilidad para usar voluminosos tratados"). En el libro
se incluye una detallada sección quirúrgica, la primera de
su clase, que resume el conocimiento quirúrgico de su tiempo. Este
apartado fue traducido primero en latín por el incansable Gerardo
de Cremona, y luego se vertió al provenzal y al hebreo. A mediados
del siglo XIV un famoso cirujano francés lo incorporó a su
libro. Tuvo muchas ediciones, entre las que se cuentan una de Venecia (1497),
otra de Basilea (1541), y la tercera de Oxford (1778). Durante siglos el
libro de Abulcasis ha sido texto obligado en las escuelas de medicina de
Salerno, Lovaina y Montpellier.
Abulcasis trató
por primera vez o puso énfasis especial en la cauterización
de las heridas y describió la formación de cálculos
en la vejiga. También publicó la necesidad de la disección
y la vivisección. Aspecto destacable del libro del facultativo andalusí
eran las ilustraciones de los instrumentos usados por el autor, que sirvieron
de modelo en Asia y Europa.
Avenzoar
Ibn Zuhr, latinizado
Avenzoar (1095-1161), andalusí que residió un tiempo en El
Cairo, escribió el Kitab al-taysir fi ad-madawat wa-al-tadbir
("Libro
que facilita el estudio de la terapéutica y la dieta"), un manual
que un siglo más tarde fue traducido al latín consiguiendo
una gran difusión, por consejos de su amigo y colega Averroes. En
esta obra se describe por primera vez el absceso de periocardio, se recomienda
la traqueotomía y la alimentación artificial del esófago.
Avenzoar es uno de los primeros médicos en dar la noticia sobre
el ácaro que produce la sarna. Eran los tiempos en que en al-Ándalus
se había creado un Ministerio de Investigaciones y Sanidad y a los
perturbados mentales se los curaba utilizando terapias musicales en hospicios
especiales dotados de jardines y fuentes de agua, un nivel aun no alcanzado
por la psicoterapia occidental.
Al-Gafiqí
En la primera mitad
del siglo XII vivió el oculista Muhammad Ibn Qassum Ibn Aslam al-Gafiqí,
que nació cerca de Córdoba y practicó en dicha ciudad.
Este fue el autor del Kitab al-murshid fi-l-kuhl ("Guía del
oculista") del que se conserva un manuscrito único en la biblioteca
de El Escorial. El tratado está compuesto por seis libros, ocupándose
de medicina ocular e higiene de los ojos en los dos últimos, y puede
considerarse como un fiel ejemplo de los conocimientos oftalmológicos
que llegó a dominar la medicina islámica de la época.
El instrumento óptico de dos cristales montados en armadura que
se sujeta a las orejas llamado gafas, debe su nombre al inventor, el oculista
andalusí al-Gafiqí.
LITERATURA Y
TEOLOGÍA
Ibn Hazm
Los distintos analistas
e investigadores no dejan de señalar que el más grande literato
musulmán de todos los tiempos fue el polígrafo andalusí
Abu Muhammad Alí Ibn Ahmad Ibn Sa’id Ibn Hazm, nacido en el seno
de una familia de muladíes (hispanogodos conversos) de Córdoba
en 994. Su vida conoció tres distintos períodos: el primero,
desde su nacimiento al golpe de estado cordobés, en 1009, creció
a la sombra de la corte, donde su padre Ahmad era visir de Almanzor; el
segundo, sufrió y se implicó en los quebrantos de la guerra
civil, entre 1009 y 1031, procurando con sus acciones (peleó contra
los ziríes y fue hecho prisionero en 1018 en la batalla de Granada)
y sus escritos defender a los omeyas; y el tercero, ya en la declarada
fragmentación de al-Ándalus en múltiples y anárquicos
reinos de taifas, sin aquel califato de Córdoba que, para el corazón
y la mente de Ibn Hazm, centraba el esquema del orden, del único
admisible, y que vio abolir, sin poder hacer nada, entre 1031 y su muerte,
en Montija, Huelva, en 1064.
Ibn Hazm nos dejó
un testimonio del elevado rango que tenían las mujeres musulmanas
cordobesas: «Yo mismo he observado a las mujeres y he llegado
a conocer sus secretos hasta un punto casi incomparable, porque fui criado
y crecí entre ellas, sin conocer otra sociedad. Nunca alterné
con hombres hasta que fui ya adolescente y me había empezado a despuntar
la barba. Fueron las mujeres las que me enseñaron el Corán,
me recitaron mucha poesía, me enseñaron la caligrafía».
Convertido en un
inquebrantable defensor de los principios del Islam, recorría los
reinos de taifas, entreverándose en coléricas disputas, como
las que consta mantuvo en Córdoba, Talavera, Almería y, sobre
todo, en la isla de Mallorca.
También arremetió
contra el abbadí Abbad Ibn Muhammad al-Mu'tadid bi-llah, régulo
de la taifa de Sevilla entre 1042-1069. Este hipócrita y cruel reyezuelo
se enojó muchísimo con las críticas con que lo apostrofó
el polígrafo cordobés y ordenó hacer una hoguera con
los libros de Abu Muhammad Alí. Fue entonces cuando Ibn Hazm compuso
aquellos famosos versos, citados por el escritor oriundo del arrabal cordobés
de Saqunda y radicado en Sevilla, al-Saqundí (m. 1231), en su Risala
fi fadl al-Ándalus, traducido por Emilio García Gómez
con el título «Elogio del Islam español»:
«Dejaos
de quemar pergaminos y vitelas,
y hablad de
cosas de ciencia para que vea
la gente quién
es el que sabe...
Aunque queméis
el papel, no quemaréis
lo que el papel
encierra; antes bien,
quedará
guardado en mi pecho».
Siempre demostró
su orgullo de ser andalusí: «¡Vete en mala hora,
oh perla de la China! Me basta a mí con mi rubí de al-Ándalus».
Y escribió incluso estas palabras sorprendentes: «Mi Oriente
es Occidente»
.Ibn Hazm
realizó interesantísimos estudios sobre las religiones, sectas
y escuelas y tuvo frecuentes debates con sabios judíos y cristianos
sobre la Biblia y el monoteísmo (cfr. Camilla Adang: Muslim Writers
on Judaism and the Hebrew Bible. From Ibn Rabban to Ibn Hazm, Leiden,
1996).
Se le atribuyen
400 composiciones, unas 80.000 páginas, no todas conservadas, y
sobre muy variados temas: jurídicos (Kitab al-ihkam fi usul al-ahkam"Libro
de los principios de los fundamentos jurídicos"), teológicos
(Kitab
al-fisal ua-l-nihal "Libro de las soluciones divinas"), filosóficos
(Kitab al-ajlaq ua-l-sir "Libro de los caracteres de la conducta"),
científicos (Kitab fi maratib al-ulum "Libro sobre la clasificación
de las ciencias"), históricos y sociológicos (Risala fi
fadl al-Ándalus "Tratado sobre la excelencia de al-Ándalus"),
sin olvidar su obra maestra, un tratado sobre el amor, Tauq al-hamama
«El
collar de la paloma. Tratado sobre el Amor y los Amantes», traducido
y comentado por el eminente islamólogo español Emilio García
Gómez (1905-1995), con un prólogo del filósofo José
Ortega y Gasset (1883-1955), y publicado por la Sociedad de Estudios y
Publicaciones (Madrid, 1952). Esta obra magnífica consta de un prólogo,
treinta capítulos y un epílogo donde se detallan y analizan
todas las manifestaciones del amor: desde el profesado al Creador hasta
el que se experimenta por los placeres inmundos. En el Capítulo
VI (pág. 106) declara Ibn Hazm que el amor es uno, y la verdadera
religión es una, y por lo tanto no es posible amar a dos personas
diferentes:
«Miente
de juro quien pretende amar a dos,
como mintió
Manes en sus principios.
No hay sitio
en el corazón para dos amados,
ni lo que sigue
a lo primero es siempre lo segundo.
Igual que la
razón es una, y no conoce
otro Creador
que el Unico, el Clemente,
uno es también
el corazón y no ama
más que
a uno, esté lejos o esté cerca.
Quien no es
así, es suspecto en ley de amor
y está
distante de la verdadera fe.
La religión
no es más que una, la recta,
y el que tiene
dos religiones es infiel».
Véase Roger
Arnaldez: Grammaire et théologie chez Ibn Hazm de Cordue,
J. Vrin, París, 1981; Ramón Mujica Pinilla: El collar
de la paloma del alma. Amor sagrado y amor profano en la enseñanza
de Ibn Hazm y de Ibn Arabi, Hiperión, Madrid, 1990.
ASTRONOMÍA
Azarquiel
El más famoso
de todos los astronomos andalusíes que, a la vez, merece ser considerado
como una de las primeras figuras medievales en la materia, es Abu Ibrahim
Ibn Yahia al-Naqqás ("el grabador"), llamado entre sus contemporáneos
al-Zarqalí, por lo que fue conocido en el mundo latino y la posteridad
como Azarquiel. Nacido en Córdoba hacia 1029, muere en Toledo en
el 1087, tan sólo dos años después de la conquista
de la ciudad por los castellanos. Realizó importantes observaciones
astronómicas, que compila en su tratado titulado «Tablas Toledanas».
esta obra servirá de base, años más tarde, para la
confección de las llamadas Tablas Alfonsíes, realizadas por
Alfonso X el Sabio (1221-1284) y sus colaboradores. Las tablas Toledanas
fueron abundantemente traducidas a otros idiomas, desde el original árabe
al latín, al romance y al hebreo, entre otros, lo que propició
la gran difusión de su trabajo.
Azarquiel fue el
inventor en Toledo de la azafea, que simplificó el manejo del astrolabio
tradicional e introdujo tal precisión en el cálculo de la
latitud que en lo sucesivo permitió a los nautas orientarse en los
dos hemisferios (cfr. Roser Puig Aguilar: Los tratados de construcción
y uso de la azafea de Azarquiel, AECI, Madrid, 1987).
Hacia 1149, Roberto
de Chester, al adaptar las tablas astronómicas de al-Battaní
y de Azarquiel, llevó la trigonometría islámica a
Inglaterra e introdujo la palabra sinus (seno) en la nueva ciencia.
Azarquiel fue también
un importante innovador de astrolabios (cfr. José María Millás
Vallicrosa: Estudios sobre Azarchiel, Madrid-Granada, 1943-50).
Asimismo, Ibrahim
al-Sahlí de Valencia en 1081 construyó el globo celeste más
antiguo que se conoce, una esfera de latón de 209 milímetros;
en su superficie, en cuarenta y siete constelaciones, había grabada
1.015 estrellas con sus respectivas magnitudes. El antiguo minarete de
la Mezquita Mayor de Sevilla, que hoy conocemos como "La Giralda", hacia
1190 era observatorio a la vez que alminar; allí Ÿabir Ibn Aflah
hacía observaciones para su Islar al-Maÿisti o "Corrección
del Almagesto".
Alpetragio
Abu Ishaq Nuruddín
al-Bitruÿí al-Isbilí (m. 1204), conocido por los latinos
como Alpetragio, natural de Pedroche (cerca de Córdoba), vivía
en Sevilla en la segunda mitad del siglo XII. Fue discípulo de Ibn
Tufail y amigo de Averroes, y autor de un tratado cosmogónico llamado
Kitab fi-l-hai’a, que escribió probablemente, entre 1185 y 1192,
y que fue traducido por Miguel Escoto (cfr. B.R. Goldstein: Al-Bitruji:
On the Principles of Astronomy, 2 vols., Londres, 1971).
HISTORIA
Ibn al-Kardabús
Aunque muy poco
es lo que sabemos sobre el alfaquí e historiador andalusí
Abu Marwán Abd al-Malik al-Tawzari Ibn al-Kardabús (vivió
entre la segunda mitad del siglo XII y principios del XIII), podemos precisar
que estudió en Alejandría y su vida transcurrió prácticamente
en la ciudad de Tawzar (Tozeur) en Ifriqiyya (Tunicia meridional). Su Kitab
al-iktifá fi ajbar al-julafá ("Libro de lo suficiente relativo
a la historia de los califas"), es una historia general del Islam, desde
los tiempos del Profeta (BPD) hasta la época del califa almohade
Abu Yusuf Ya’qub al-Mansur (que gobernó entre 1184-1199), el constructor
de la torre minarete de la Giralda de Sevilla. Esta obra fue traducida
por el profesor Felipe Maíllo Salgado de la Universidad de Salamanca
con el título Historia de al-Ándalus (Akal, Madrid, 1993),
y en ella encontramos datos interesantes, como el origen shií del
general Musa Ibn Nusair (640-717), el primer gobernador de al-Ándalus
(ver págs. 56 y 57).
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