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2. URBANISMO Y ARQUITECTURA.
La principal característica de la arquitectura barroca es la nueva concepción del espacio, consecuencia de la influencia contrarreformista. Como hemos visto, se va a exigir de la arquitectura su vinculación al espectador mediante la persuasión y la participación. No sólo se crea en las iglesias un ambiente válido para la exaltación de la fe católica sino que aparece un nuevo concepto de ciudad como símbolo religioso que debe también persuadir al fiel de la supremacía indiscutible de la Iglesia, además el ordenamiento urbano refleja la estructura social del absolutismo. Las perspectivas monumentales dan una amplitud indefinida a la imagen del poder, y permiten los desfiles militares y civiles y las masivas manifestaciones rituales religiosas. Las plazas se convierten en centros de referencia urbano, dominadas por un edificio principal (una iglesia, un palacio), serán decoradas con fuentes, obeliscos, estatuas y planificadas urbanísticamente para crear perspectivas impresionantes
Desaparece así la individualidad plástica de los edificios en favor de un conjunto superior: la ciudad como espectáculo, bien fuera espectáculo religioso (Roma), político (París) o ambas cosas en simbiosis (manifestaciones artísticas hispanas).
Las fachadas de los edificios se van a concebir en función del espacio que le rodea, se construye en función de la plaza, de la calle o del paisaje que se sitúa.
Desaparecen las formas geométricas, definidas en el Renacimiento para dar paso a la riqueza decorativa y a la variación óptica, conseguida esta última mediante la utilización de la luz que al incidir sobre superficies dinámicas altera su aspecto. Se convierte así la arquitectura barroca en aparente, abierta y expresiva. De nuevo la sensación viene a suplir a la razón
2.1.- Características
Estos serán sus elementos:
- La línea curva, dinámica es la dominante, elipses, parábolas, hipérbolas, cicloides, sinusoides, hélices, sustituyen al perfecto equilibrio del medio punto romano.
- Abundancia de arcos formas variadas.
- Uso de diferentes tipos de cúpulas.
- Uso de soportes dinámicos: el fuste de las columnas se retuerce (columna salomónica) y a veces generan por su forma especial sensación de inestabilidad, soportes extremadamente estrechos en su parte inferior (estipite barroco); uso de cariátides, de pilastras.
- Abundancia de elementos decorativos: los frontones se parten y adquieren formas curvas o mixtilineas, abundancia de nichos, hornacinas, ventanales con forma ovoide (oculi) enmarcados...
- Los muros pierden el sentido plano y se curvan dejando de cruzarse en ángulo recto, buscando todo tipo de perspectivas y efectos luminosos.
- Aunque se mantiene la tradicional planta rectangular (planta jesuítica), aparecen las plantas elípticas, circulares y mixtas.
Será ahora la arquitectura quien gobierne la dirección de la plástica. La escultura y la pintura se acogerán a ella, llegándose a una verdadera simbiosis de las artes. El arquitecto barroco deseará crear la ilusión de espacio en el interior de las cubiertas del edificio, porque se pretende que el cielo invada el ambiente templo. La cúpula, uno de los máximos logros renacentistas seguirá utilizándose en su apariencia externa, pero su interior se utilizará como espacio para disponer un torbellino de figuras que pintadas sobre ella parecen ascender al infinito. La pintura al fresco, junto con toda suerte de estucos y dorados que crearán una ilusión espacial nueva cobran un nuevo empuje.
La arquitectura ocultará las estructuras fundamentales mediante enlucidos, relieves e ilógicos soportes. Italia se pondrá a la cabeza de las manifestaciones arquitectónicas, Francia será la creadora del palacio barroco y su interés por los espacios lúdicos se plasmará en maravillosos jardines poblados de fuentes y estatuas y España, a pesar de la pobreza de materiales empleados destacará por su exuberancia decorativa.
2.2.- El simbolismo de la Roma barroca. Bernini y Barromini.
La arquitectura del siglo XVII pretenda impresionar. Los encargos principales eran para palacios e iglesias. Este afán efectista acabó provocando que se diera la misma importancia al exterior de un edificio y a sus entornos inmediatos que a su interior.
El punto de partida fue la fachada de la iglesia jesuítica del Gesú (1573) de Giacomo della Porta (1533-1602). Este proyecto inspiró a Carlo Maderna (1556-1620), la iglesia de Santa Susana (1603), sus elementos principales son columnas clásicas, cornisas y frontones, pero se distribuyeron en dos pisos formando un conjunto muy poco clásico. En el cuerpo principal las columnas del piso inferior se convierten en pilastras planas en el piso superior, aunque hay columnas más pequeñas encerradas en las pilastras más interiores del piso superior. En ambos pisos se observa idéntico cambio de ritmo hacia el centro. Las pilastras planas laterales del piso de abajo se convierten en volutas de transición en el piso de arriba. En resumen, las líneas horizontales y verticales, las curvas y las diagonales, la luz y la sombra, los elementos pequeños y los grandes, se unen para dirigir nuestra mirada hacia el centro y luego hacia arriba.
Pero en ningún sitio puede observarse mejor este cambio de actitud que en la basílica de S. Pedro de Roma.
Miguel Ángel habla pensado dar a la Iglesia una bóveda simétrica cruciforme. La simetría perfecta de esta forma sólo variarla por la adición a un lado de un enorme pórtico de frontón, como el del Panteón. Pero el proyecto varió sustancialmente: Carlos Maderna modifico la planta (1607) adoptando la cruz latina, con capillas laterales, sustituyó el pórtico proyectado por una fachada amplia y nueva, con grandes columnas rematadas en el un frontón sobre la puerta y ático con balaustrada y estatuas. Frente a ella se extendía un espacio abierto de limites irregulares, con un antiguo obelisco erigido casi en el centro. Aquí es donde actúa el gran artista del XVII: Juan Lorenzo Bernini (1598-1680), transformó este espacio en el más grandioso acceso imaginable. Alrededor del obelisco, desde 1656 construyó dos grandes columnatas cubiertas; cada una de ellas consta de cuatro filas de columnas gigantes, pegadas a la fachada principal después de un trozo recto se abren para formar una gran elipse, la plaza que se forma es de grandes dimensiones, concebida como una gran atrio destinado a la celebración de ceremonias masivas, dotándola de una gran teatralidad y la escenografía, desde la plaza se contempla la fachada realzada por la elevación de la pendiente de esa zona, la visión de la fachada se refuerza con la visión simultanea de la cúpula.
Previamente Bernini, había construido el Baldaquino de San Pedro (1624), sobre la tumba del apóstol, cuatro columnas salomónicas con capitel de orden compuesto sostienen un entablamento ondulado, coronado por un dosel, decorado con figuras de ángeles y niños, sobre el que se alzan cuatro volutas que convergen en el globo terráqueo que sostiene una cruz, el conjunto realizado en bronce, encargo del Papa Urbano VIII, de 29 metros de altura.
También realizó la Iglesia de San Andrés del Quirinal (1658) de planta elíptica, con el eje mayor paralelo a la puerta, en la fachada un pórtico con un entablamento curvo y volutas que sostienen el escudo de la familia papal.
Además proyectó la fachada principal del Palacio Barberini, la iglesia de Castelgandolfo, la escalera Regia del Vaticano, el palacio Odeslcalchi.
El prestigio de Bernini hizo que viajara a Paris para discutir el diseño del Palacio del Louvre, si bien sus proyectos no son aceptados la influencia de Bernini es evidente. Construyó la capilla funeraria para los Borbones en Saint- Denis y diseño el baldaquino de la Iglesia de Val-de-Grace.
Francisco Castelli, il Borromini (1599-1667), con un temperamento más apasionado e inquieto que Bernini, va a dotar a sus obras de un dinamismo inaudito, subordinado a una audaz fantasía y a su dominio técnico, que crea conjuntos de grandiosos efectos lumínicos y espaciales. Sus obras son iglesias de pequeño tamaño, de materiales modestos.
Su fantasía creativa e innovadora le lleva a crear elementos nuevos como capiteles con la volutas al revés, a ondular con continuas curvas y contracurvas, con elementos cóncavos y convexos las fachadas y los interiores.
Transgrede totalmente el clasicismo, creando nuevas proporciones y motivos ornamentales.
En la Iglesia de San Carlos de las cuatro fuentes (1638-1667) con planta elíptica y capillas radiales, utiliza el muro curvo en su interior con elementos cóncavo-convexos, cubriendo el conjunto con una cúpula oval. En la fachada muy dinámica con ondulaciones , dividida en dos cuerpos con columnas y profundas hornacinas con estatuas, rematada en la parte superior con una balaustrada y un gran medallón oval, provocando fuertes efectos lumínicos.
La Iglesia de San Ivo della Sapienza (1642-1660) de planta central estrellada mixtilínea, cubierta con una cúpula mixtilínea sobre un alto tambor cuya linterna con forma en espiral está rematada por una llama . La fachada tiene forma de curva cóncava.
En el Oratorio de los Filipenses (1637), con fachada curva cóncava, excepto en el centro que sobresale en el primer piso y se rehunde en un profundo nicho en el segundo , rematando la parte superior con un frontón mixtilíneo. El interior sin ninguna relación con la fachada, se cubre con una cúpula de nervios de evocación gótica.
En la iglesia de Santa Inés (1653-1661), situada en uno de los laterales de la Plaza Navona, la entrada sobresale y está encajada en un hueco de curvatura mucho más profunda, que destaca la gran cúpula que se alza encima suyo. Los pares de columnas a cada lado de la puerta central dirigen la mirada desde la entrada hasta la cúpula, en donde su forma se repite por pares de pilastras. Flanquean la cúpula torres cuya planta cuadrada se transforma en circular en el segundo piso.
Además de realizar la decoración interior de la basílica de San Juan de Letrán (1646) y el colegio Propaganda Fidei (1647-1664).
Entre sus obras civiles son dignas de mención la Columnata del Palacio Spada (1632) y la fachada posterior y la rampa del Palacio Barberini.
En el S. XVIII la arquitectura italiana pierde su ímpetu innovador, poco a poco se impone de nuevo la geometría y el orden en los exteriores, esto va extendiéndose lentamente a todo el edificio, presagiando el neoclasicismo.
El arquitecto más característico de este periodo es Felipe Juvara (1676-1736), su arquitectura fusión de la tradición barroca con el influjo clásico, se refleja en la disminución del dinamismo en las estructuras, en la utilización de los órdenes clásicos, en la armónica ondulación de las lineas curvas y convexas, en evitar los efectos lumínicos demasiado profundos.
Su obra la Basílica Superga (1717-1731, Turín), de planta central, un octógono irregular, cubierto con un gran cúpula sobre tambor, precedida de un pórtico tetrastilo clásico con frontón, en la Iglesia del Castillo de Venaria usa la planta de cruz griega, y en la Iglesia de San Felipe, la planta jesuítica de una sola nave con capillas laterales.
Dentro de las obras civiles sobresale el Palacio Madama (1718-21, Turín) en el que estructura la fachada a partir de un alto zócalo almohadillado, sobre el un orden colosal e columnas y pilastras corintias rematándola con una balaustrada con estatuas; esta estructura es similar a la que su discípulo Sachetti realiza en el Palacio Real del Madrid (1738), Juvara intervino además en el proyecto de la Catedral de Lisboa, en el Palacio de La Granja (1721, Segovia).
Otro autores italianos de este período quedan reflejados en este cuadro sinóptico:
| AUTOR |
OBRA |
LUGAR |
FECHA |
| Pietro Cortona (1596-1669) |
Iglesia Sta. María de la Paz
Iglesia Sta. María in Vía Lata |
Roma
Roma |
1656
1658 |
| Carlos Rainaldi(1611-1691) |
Iglesia Sta. María Campitelli |
Roma |
1656-65 |
| Baldassare Longhena (1598-1682) |
Iglesia Sta. María de la Salud
Palacio Pesaro |
Venecia
Venecia |
1630-48
1663 |
| Guarino Guarini (1614-83) |
Iglesia de San Lorenzo
Capilla del Sto. Sudario
Palacio Carignano |
Turín
Catedral Turín
Turín |
1668-80
1668
1679 |

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