| 2.3- El palacio barroco como escenario del poder. El modelo de Versalles.
El arte barroco francés puede definirse como clasicista, prefiere la claridad, el orden y la serenidad a lo recargado y lo retórico, la obra así resulta sobria y equilibrada.
En un primer período, hasta 1660, se desarrolla el denominado estilo Luis XIII, se mantiene la influencia italiana tanto en las construcciones religiosas, entre las que sobresale la Iglesia de Val de Grace (1645) obra de François Mansart (1598-1666), aunque acabada por Lemuet.
En las obras civiles, sobresale el Palacio de Luxemburgo (1615) obra de Salomon Brosse (1571-1626), aunque los modelos italianos se abandonan progresivamente como se puede observar en la obra de Jacques Lemercier en el Palacio de París.
El carácter clasicista y oficial se acentúa durante el segundo periodo, que abarca hasta el primer decenio del siglo XVIII, denominado estilo Luis XIV, entonces se fundan las academias, en 1671, se fundó la Academia Real de Arquitectura, estas instituciones marcan las directrices a las que debe someterse la creación artística.
El palacio se convierte en el edificio más representativo del barroco francés, un edificio de grandes dimensiones, con una marcada horizontalidad, consta de una planta en forma de “U” hacia el jardín formando escuadra. las fachadas se caracterizan por su severidad clásica, son uniformes y simétricas, con frecuencia en total desacuerdo con la distribución interior, sin embargo los salones interiores se llenan de ricos elementos ornamentales, con profusión de curvas.
En este periodo se finaliza la fachada oriental del Palacio del Louvre (1667-1670), en el que Claude Parrault (1613-1688) y Luis Le Vau (1612-1670), una obra clasicista, cuya planta baja es austera, de una gran solidez, con vanos de arcos rebajados, pero en el que sobresale la planta superior con una gran columnata, formada por columnas pareadas de orden corintio, las secciones central y final sobresalen ligeramente y tiene aberturas en forma de arco y otros detalles como la ornamentación con medallones y girnaldas de flores.. Toda la fachada es una unidad compleja enfocada hacia el centro para dar una impresión simple y poderosa muy al gusto de la arquitectura oficial francesa.
Siguiendo esta línea, Le Vau, Mansart y Le Notre, levantan el espléndido Palacio de Versalles , ensayando una perfecta integración entre el palacio y sus alrededores. En principio el palacio era un pabellón de caza levantando para Luis XIII en 1624, Le Vau remodela el edificio a partir de 1669, siguiendo el modelo que Bernini presentó para el Palacio del Louvre, la planta baja sólida, con almohadillado, la planta principal de gran altura, decorada con pilastras y columnas y la planta superior rematada con una balaustrada con estatuas. A partir de 1678 se hace cargo de las obras Jules Hardouin Mansart (1646-1708), este cerró la terraza central creando en el espacio interior la Galería de los Espejos (1678-1684) y acondicionó las dos alas laterales. El interior de la Galería decorado con espejos, pilastras de marmol rojo con capiteles y basas de bronce dorado y motivos decorativos barrocos, se cubre con una bóveda de cañón, decorada con estucos dorados y pinturas.
También es obra suya la Capilla de Versalles (1698-1710), de nave única y dos pisos, la superior para uso del rey y su séquito más cercano y la inferior para los cortesanos.
Además completan el conjunto numerosas construcciones accesorias como las caballerizas, la Gran Orangerie, los pequeños palacios como el Trianón u los pabellones de Marly. Contribuyen a los efectos decorativos de la arquitectura los magíificos jardines, diseñados en la década de los sesenta por Le Notré, en el que la naturaleza es sometida a la voluntad humana, con escalinatas, plazoletas, avenidas, fuentes, estanques y esculturas
Este palacio se convertirá en el modelo de mucho otros palacios europeos de fin de siglo.
Frente a esta exhuberancia de formas, la iglesia más importante de la arquitectura francesa del periodo, la Iglesia de los Inválidos (1671-1691) de J. H. Mansart, nos remite de nuevo a la relativa severidad de la contención clásica francesa. Con columnas pareadas en los dos pisos frontales (dóricas en la base y corintias en el cuerpo superior) y en el tambor de la cúpula, la planta de cruz griega con capillas circulares en las esquinas.
Respecto al urbanismo son dignas de mención las plazas, concebidas como núcleo organizador del tejido urbano, amplias y de traza geométrica, rodeadas de casas de igual estructura y altura, como la plaza de los Vosgos o Real (1605-1612) de planta cuadrangular con la estatua ecuestre de Enrique IV en el centro, la plaza del Delfín (1607) , la plaza de Vendòme (1699) de planta cuadrangular, la plaza de las Victorias (1685-1686) de planta circular, obras las dos de J.H. Mansart.
2.4.- España: De la plaza mayor al palacio borbónico.
En arquitectura, el barroco español mantendrá los esquemas fundamentales del edificio sobre los que diseñará toda la fantasía ornamental. Sin embargo, no se atreverá a modificar sustancialmente las plantas, como lo hicieron los italianos; de este modo los espacios internos no se dislocan excesivamente y mantienen una unidad relativamente clásica. La corona española no estaba para demasiados gastos. en el siglo XVII, siglo de crisis generalizada en la Península; por eso no ha de chocarnos que se generalice el uso del ladrillo como material de construcción y que no sean abundantes las obras monumentales. La llegada de una nueva dinastía en el S. XVIII propiciará la construcción de nuevos y la remodelación de los edificios palaciegos siguiendo el gusto francés.
Distinguimos tres perÍodos - estilos en la arquitectura barroca española:
El primer periodo abarcaría hasta el segundo tercio del S. XVII, se vivirá todavía la influencia herreriana, con , planta renacentistas y de gran sobriedad decorativa reducidas a los chapiteles herrerianos rematados en bola, y a la decoración en los entablamentos de triglifos pareados o ménsulas de perfil alargado denominados mutilos.
Siendo sus principales representantes Juan Gómez de Mora (1586-1648) autor de: el convento de la Encarnación (1611-1616) atribuido también al fraile carmelita Fray Alberto de la Madre de Dios, el ayuntamiento de Madrid (1640), y la fachada y el interior de la Clerecía de Salamanca (1617, colegio de los Jesuitas, hoy sede de la Universidad Pontificia), el palacio del Buen Retiro (1631-1633) y la Cárcel Real (1629-1634, hoy sede del Ministerio de Asuntos Exteriores)
Por encargo de Felipe III, construyó la Plaza Mayor de Madrid (1617-1619), de planta rectangular, cerrada con pórticos y una balconada de tres pisos, realizada en estructura de madera cubierta de ladrillos, hoy solo conserva del original la parte baja, pues el resto se destruyó en el incendio de 1672.
Juan Bautista Creszenci (1577-1635), realiza la decoración del Panteón Real del Monasterio del Escorial, sobre una obra arquitectónica de Alonso Carbonell (1620-1660), en la que combina mármoles grises, rosados y bronces dorados.
Los jesuitas Pedro Sánchez (1569-1633) y Francisco Bautista (1594-1679), construyen la catedral de San Isidro de Madrid (1622), la planta sigue al igual que la Clerecía de Salamanca, el modelo creado por Vignola en la iglesia del Gesú de Roma, sobresale la decoración en la fachada de órdenes gigantes superpuestos y en el interior la cúpula encamonada.
El segundo periodo abarcaría hasta el final del s. XVII, prolongándose al siglo XVIII en algunas zonas periféricas, desde mitad de siglo se abandona la austeridad herreriana y se enriquece la decoración con elementos naturalistas (guirnaldas de frutas, cartelas de hojas carnosas), esculturas en relieves y frisos, elementos abstractos (placas recortadas sobrepuestas, molduras partidas, baquetones quebrados o mixtilíneos), las plantas siguen siendo muy sencillas pero en los alzados (torres y cúpulas) aparecen una mayor variedad.
Alonso Cano (1601-1667), con el que se inicia la tendencia del segundo periodo, realiza la fachada de la Catedral de Granada (1667), con tres arcos que medio punto, que cubren el paramento rehundido, formado por dos cuerpos, el inferior con puerta de arco de medio punto y óculo, y el superior con óculos, utilizando pilastras de orden gigante y medallones como elementos decorativos.
Este autor junto con Pedro de la Torre, son los ejemplos la transición, realizó la Capilla de San Isidro en la Iglesia de San Andrés de Madrid (1643-1669), los juegos de luces y la decoración de estucos con motivos vegetales anuncian la eclosión churrigueresca.
A José de Churriguera (1665-1725) se debe el Retablo de S. Esteban de Salamanca (1693), formado por grandes columnas salomónicas, recubiertas de elementos decorativos de frutas, usa además molduras partidas, baquetones ondulantes, hornacinas con figuras, una decoración donde abundan los dorados juntos a zonas policromadas. Se trata de un estilo fundamentalmente ornamental, recargado y exuberante denominado “churrigueresco”.
Sin embargo Churriguera, realiza como constructor obras menos recargadas y más racionales, entre ellas sobresalen el trazado del conjunto urbanístico del Nuevo Baztán (1709-1713), un pueblo cuya planta diseña en base a una cuadrícula, construyendo una serie de edificios (iglesia, palacio, viviendas), su hermano Joaquín Churriguera (1674-1724), realizó el Colegio de Calatrava de Salamanca (1717) y el proyecto de la cúpula de la Catedral Nueva de la ciudad (1714), su otro hermano Alberto Churriguera (1676-1740), realizó la traza de la Plaza Mayor (1729-1733), que sigue la traza de la Plaza Mayor de Madrid, con una mayor presencia de elementos decorativos, en ella se encuentra el Ayuntamiento (1755) obra de Andrés García de Quiñones que también finaliza las torres de la Clerecía y el patio interior de la misma.
Pedro de Rivera (1683-1742) realiza la fachada del Antiguo Hospicio (1722) madrileño. Su obra no se limita a los aspectos más decorativos sino que demostró poseer un gran sentido del espacio y de las estructuras internas. Utilizó con frecuencia los estipites y los gruesos baquetones enmarcando los vanos, centrando casi todos los elementos decorativos en sus estrechas fachadas que contrastan con la austeridad del resto del muro, realizó también el Puente de Toledo (1723-24) y la Iglesia de Montserrat (1720).
El barroquismo llega a sus últimas consecuencias con la obra de Narciso Tomé (+1742), el transparente de la Catedral de Toledo (1721-1732), donde se funden la arquitectura, escultura y pintura, consiguiendo gracias a la luz un imponente efecto escenográfico.
En Galicia destaca Fernando Casas y Novoa (+1749), que levanta la fachada del Obradorio (1738-1749) aunque es ya del siglo XVIII, por su concepción pertenece al pleno barroco hispano, recubre la antigua obra románica y está resuelta con una solemnidad y espiritualidad poco usual en otros barrocos subrayando la verticalidad del diseño, su ornamentación es recia y se subordina al predominio de la geometría. Otros autores son Domingo Antonio de Andrade (1639-1712) que construyó la Torre del Reloj (1680).
En el País Vasco, trabajó el italiano Carlo Fontana (638-1714), que levantó la Basílica de Loyola (1681)
En Andalucía, se usa fundamentalmente el ladrillo recubierto frecuentemente por ricas yeserías, hay dos focos principales, uno en Sevilla, donde trabaja Leonardo Figueroa (1650-1730) cuyas obras más significativas son la Iglesia de San Pablo (1691-1709) y la Iglesia de San Luis (1699-1731) y la portada del Palacio de San Telmo (1724-1734) y el otro foco es Granada donde trabaja Francisco Hurtado Izquierdo (1669-1725), autor de la capilla del Sagrario de la Catedral de Granada (1704) con planta cuadrangular y una exuberante decoración a base de líneas curvas y quebradas y el Sagrario de la Cartuja (1702-1720)donde la decoración se realiza a base de la combinación de mármoles de distintos colores y bronces , se le atribuye también la Sacristía (1727-1764) del mismo edificio, cuya rica y profusa decoración en yeso fue realizada después de su muerte; señalar también a Vicente Acero que en Cádiz, proyectó la Catedral (1720-29). Dentro de la arquitectura industrial es digna de mención la Fábrica de Tabacos (1726-1757) obra de Ignacio Sala y Sebastián van der Beer.
En la zona levantina, ya en el siglo XVIII se construye la fachada de la Catedral de Valencia (1703) obra de Conrado Rudolfo (+ 1732) autor de origen alemán, esta fachada cóncava, en un espacio muy pequeño rompe con la tradición hispana, Jaime Bort (+1754) realiza la fachada de la Catedral de Murcia (1736-1753) planteada como un gran retablo con planos curvados y ornamentación rococó y la fachada del palacio del Marqués de Dos Aguas (1740-1744), ondulante y profusamente decorada.
El último periodo que se desarrolla a lo largo del S. XVIII se caracteriza por reunir un grupo de construcciones en el que se mezclan las influencias italianas y francesas, sin ninguna conexión con el estilo del periodo anterior.
Se inicia con la obra de Teodoro Adermans (1664-1725) el Palacio de San Ildefonso de la Granja (1721), que plantea un esquema cuadrangular con torres, posteriormente fue modificado por Juvara y Sachetti (1736) responsables de la fachada principal, que sigue el modelo de Versalles con extensos jardines de trazado geométrico y fuentes.
Juan Bautista Sachetti modificó el proyecto de Juvara para el Palacio Real de Madrid, comenzado en 1734, reduciendo sus dimensiones y aumentando su altura, un cuerpo sirve de basamento, en forma de alto zócalo almohadillado y en el cuerpo principal con dos pisos de ventanas se alternan columnas y pilastras de orden gigante, coronándose el edificio con una balaustrada. De planta cuadrada, con salientes en los ángulos, gran patio central y un saliente en la fachada posterior correspondiente a la capilla.
El italiano Santiago Bonavia (+1759) remodeló el Palacio de Aranjuez (1748) y Francisco Sabatini (1722-1797) amplió el Palacio del Pardo (1772), anticipando el neoclasicismo.
Francisco Carlier(+1760), construye la Iglesia de las Salesas Reales (1750-58), con una fachada sencilla pero una rica ornamentación interior.

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