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EL ARTE BARROCO 4/7


Manuel Holgado García
ISBN-84-9714-117-2


3.- LA ESCULTURA

El sentido propagandístico que asumió el arte del S.XVII determinó dos de las principales cualidades de la escultura barroca: el carácter efectista y teatral y la aproximación a lo real. 

3.1.- Principales características:

- Tendencia a la representación naturalista. 
- Concede gran importancia a la representación de los estados anímicos y de los sentimientos, la expresión del contenido psicológico.
- La libertad compositiva y el dinamismo presiden todas las obras, lo que choca con el equilibrio y reposo renacentista, ahora el movimiento se extiende en el espacio con la expansión de los miembros y la amplitud de los ropajes de los personajes.
- Plasmación del movimiento en un momento transitorio conseguido con el  predominio de la composición asimétrica, en la que las diagonales, lo escorzos y los contornos discontinuos, proyectan la obra hacia el espectador, con un carácter abierto y fuertemente expresivo.
- Se concede gran importancia a la iluminación, que incide sobre superficies diversas (unas veces muy pulidas y otras veces meramente desbastadas), creando una contraposición entre luces y sombras.
- Tienen carácter eminentemente decorativo, es decir, no suele concebida para su visión aislada, sino para ser contemplada integrada en un conjunto más amplio.
- Utilización preferente de la piedra, mármol y bronce, enriquecidos al sometérselas a distintas labras.  Es frecuente también la búsqueda de la policromía (mármoles de colores, bronces dorados ...).
- Desde el punto de vista temático, predomina el tema religioso en los países católicos, cuya temática se amplía con la inclusión de nuevos santos, prestándose especial atención a los momentos gloriosos o dramáticos, martirios, éxtasis, como expresión de los ideales contrarreformistas.
- También se desarrolla las representaciones de los reyes y poderosos, muchas de estas representaciones son ecuestres.
- En la escultura funeraria se exalta el poder y las virtudes del difunto, que suele ser presentado en actitud heroica, aparecen detalles que muestran la fragilidad y lo efímero de las glorias terrenales.
- La temática mitológica se desarrolla en jardines y palacios.
- Debido al auge urbanístico del barroco, se desarrolla un tipo de escultura destinada a la ornamentación de la ciudad, dotada generalmente de significación alegórica, en forma de decoración múltiple para las fachadas y fuentes.
- En los países protestantes, por su condición iconoclasta, la escultura alcanzará  menor desarrollo, quedando reducida a los temas funerarios, a los retratos y a las obras encargadas por las corporaciones y Ayuntamientos.

3.2. Italia. Bernini. 

Juan Lorenzo Bernini (1598-1680), es el autor más representativo de la escultura barroca en Italia, autor prolífico, une al dominio perfecto de la técnica lograda en su formación con su padre, escultor manierista, y al estudio de los modelos clásicos y renacentistas.

Como características de su obra podemos señalar:

  • Representación de las figuras en el momento de máxima tensión.
  • Uso de los efectos y contrastes de luces y sombras.
  • Uso del ropaje como medio expresivo, para subrayar el sentimiento de la figura y el impacto emocional de esta.
  • Uso de la forma serpentinata.
  • Creación de nuevos modelos iconográficos: santos, tumbas, estatuas ecuestres, retratos, fuentes.
  • Sentido escenográfico, que integra diferentes manifestaciones artísticas: arquitectura, escultura y pintura.
Apolo y DafneComienza su obra como escultor colaborando con su padre, de este periodo son: el rapto de Proserpina (1622) y la cabra Amaltea (1615). En el David (1619) muestra al personaje bíblico en el acto mismo de arrojar la piedra.  Hasta los labios fuertemente apretados transmiten la intensa concentración y esfuerzo de este momento.  No sólo observamos la acción sino que nos sentimos atrapados en ella.  Hay pequeños detalles, como los dedos del pie derecho contraídos sobre el borde del plinto para conseguir un agarre mayor que contribuyen a nuestra acción de inmediatez. A esta época juvenil pertenece la escultura de Santa Bibiana con profundos efectos lumínicos. El grupo de Apolo y Dafne (1621) de gran dinamismo, muestra el momento en que Dafne se convierte en árbol de laurel al contacto con los brazos de Apolo.

Se necesitaba algo que señalase el punto focal de la tumba y del altar que había encima, de modo que interceptara la mirada que se dirigirla hacia el lejano extremo del coro, estableciendo un vínculo visual entre los fieles y la arquitectura.  Con la idea de acentuar la importancia de la tumba de San Pedro y el altar mayor dentro de la Basílica de San Pedro del Vaticano, Urbano VIII encargó a Bernini un baldaquino sobre la tumba y el altar,  es el baldaquino de bronce (1635) de 29 metros de altura, se trata de una obra donde escultura y arquitectura se funden, sus 4 grandes columnas salomónicas mantienen una conexión visual con la arquitectura que le rodea por arriba y lateralmente.  Al ser de bronce, la riqueza decorativa crea eficaces conexiones visuales.  Las columnas y la corona de cuatro  brazos que se curvan hacia arriba y hacia dentro, vistos desde el fondo de la nave, se hacen eco de los grandes pilares centrales y de la cúpula superior, centrando la atención con la misma eficacia que la bóveda en el proyecto de Miguel Angel.

Éxtasis de santa Teresa. BerniniLa Cátedra de San Pedro (1666), concebida para cubrir la decoración del ábside la basílica vaticana, los cuatro padres de la Iglesia sostienen el trono del apóstol bajo una gloria evangélica dispuesta en torno a una ventana oval con vidriera,  la  silla se montó a una altura suficiente para que pudiera verse por encima del altar desde la nave,  rodeada de nubes doradas y parece flotar hacia el cielo,  la luz de por ella penetra forma parte del conjunto tanto física como espiritualmente, ya que simboliza la luz divina que ilumina al Papado.

  La estatua de San Longino(1638), en el crucero de la basílica vaticana, su gesto heroico  y la amplitud y agitación de los ropajes es otra obra típicamente barroca.

El Éxtasis de Santa  Teresa (1645-52) para una capilla  Conaro de la iglesia romana Santa María della Vittoria pretendía despertar una emoción fuertemente religiosa. La función del grupo de Sta. Teresa era que la persona arrodillada bajo el altar penetrase en la mística experiencia de la Santa.  Bernini nos ofrece de nuevo una imagen momentánea: el momento en que el ángel levanta el dardo para volverlo a clavar e insuflar de amor por Dios a Teresa.  Cuando nos arrodillamos en la capilla el artista ha creado ante nuestros ojos esta visión: la Santa esculpida en mármol pulido blanco, cae desvanecida mientras los rayos dorados de la iluminación divina se esparcen desde arriba, aclarados por una ventana oculta, en la bóveda superior los cielos se abren revelando ángeles y la autenticidad de la visión queda reforzada por la irrupción de la estructura arquitectónica hacia nosotros y por la presencia de figuras de fieles esculpidas en balcones a cada lado de la capilla poco profundas. 

Tumba de Urbano VIII, copia (Bernini).El efecto escenográfico, tan barroco, está plenamente conseguido; casi nos sentimos intrusos en la escena, donde escultura, arquitectura y pintura se funden en una sola cosa atrayéndolos.  En esta escultura se asumen algunas cualidades de la pintura.  La situación del grupo dentro de su marco arquitectónico, la iluminación procedente de la ventana oculta refuerzan la impresión de color que proporciona el dorado y los mármoles de colores.  También los ángeles y las nubes pintadas en la bóveda tienen una cierta cualidad escultórica. 

Este tipo escultórico es repetido en la representación de la Muerte  de la Beata Ludovica Albertona (1675), en que vuelve a plasmar el éxtasis místico.

En las esculturas funerarias, Bernini, crea un tipo escultórico que pretende la exaltación del difunto, al que coloca sobre un podium rodeado de  figuras alegóricas de méritos y virtudes, sobresalen el mausoleo del Papa Urbano VIII  (1647) y el de Alejandro VII (1671).

Entre sus obras urbanísticas, sobresalen las fuentes: Fuente de los Cuatro Ríos (1648-51) en la plaza Navona de Roma la fuente central consta de un obelisco egipcio, y en cada costado la representación de los ríos más caudalosos obra de sus discípulos, el Nilo por Fancelli, el Danubio por Raggi, el Ganges por Porissimi y el Río de la Plata por Baratta, la obra se inauguró en 1652.

Otras fuentes decoraron las plazas romanas, la de Barcaccia en la Plaza de España, la de los Tritones (1642) en la Plaza Barberini, proyectó la Fontana de Trevi, modificada y reconstruida en 1733 por Salvi.

También ejecutó el obelisco sobre elefante, en la Plaza de Santa María Sopra Minerva.

Cristo de la columna, Gregorio FernándezComo retratista su labor es muy abundante, suele elegir momentos transitorios, pero siempre dinámicos y arrogantes en los que expresa la posición social o el carácter de los modelos, señalar entre otras el Busto de Constanza Buonarelli (1635), el de Luis XIV de Francia (1665), del Cardenal Scipión Borghese (1632), de Francisco I de Este (1652), así como el retrato ecuestre de Constantino representando el caballo a galope y los paños agitados, logrando unos grandiosos efectos lumínicos y dinámicos.

 Bernini, marcó escuela, muchos autores siguen sus modelos, entre estos autores destacan aunque con un sentido más clásico Alejandro Algardi (1595-1654), del que destaca Encuentro de León I y Atila del Vaticano (1650), la estatua de Inocencio X y el sepulcro de León XI  y Francesco Duquesnoy (1594-1663)  autor de San Andrés del Vaticano y Santa Susana de la Iglesia de Santa María de Loreto.

3.3. La imaginería española. 

La escultura barroca española se caracterizó fundamentalmente por:

  • La temática tratada es casi exclusivamente religiosa, solo en el ámbito de la  corte habrá escultura monumental. Los temas mitológicos y profanos estarán ausentes.
  • Se siguen realizando retablos, donde aparecen figuras exentas y algunas veces en bajorrelieve.
  • Los artistas destacan en el campo de la imaginería: figuras exentas para iglesias, conventos y “pasos” para las procesiones de Semana Santa.
  • El material más empleado es la madera, siguiendo la tradición hispana,  se abandonará la técnica del estofado a lo largo de este periodo, posteriormente se policroma.
  • Desarrollo del sentido realista, las imágenes aparecen con ricas vestiduras, cabellos reales, ojos y lágrimas de cristal.
  • Los artistas logran la expresión de los sentimientos en las figuras: dolor, angustia, muerte, extasíes. 
  • La finalidad de las esculturas es sugerir una profunda emoción religiosa en el espectador.
En el siglo XVII, podemos distinguir dos escuelas principales, a continuación se exponen las características diferenciadoras de una y otras.
 
 
ESCUELA CASTELLANA
ESCUELA ANDALUZA
Realismo exagerado Huida de la exageración
Plasmación del dolor y la crueldad, con abundancia de sangre, realismo por tanto hiriente.  Realismo un tanto idealizado
Dinamismo  Serenidad
Tendencia a la caricatura en los personajes malvados Imágenes equilibradas
Fuerte modelado  Modelado suave
Rostros expresivos  Belleza y equilibrio
Centros: Valladolid y Madrid  Centros: Sevilla, Granada, Málaga

La Piedad. Gregorio Fernández (c) Museo de Escultura de ValladolidEn el siglo XVIII, Murcia se convirtió en un foco artístico más importante.

En la escuela castellana destaca Gregorio Fernández o Hernández (1576-1636),  nacido en Galicia, en el primer tercio del siglo XVII trabaja en Valladolid donde consiguió un gran prestigio.

En su obra Cristo Yacente (1614) de el Pardo, tipo iconográfico creado por él y que repitió en otras ocasiones. El modelado del cuerpo de Cristo es perfecto, el realismo patético, con abundancia de sangre. Otras representaciones de Cristo, es el Cristo a la columna , donde la expresión del dolor alcanza niveles muy altos. Los crucificados con tres clavos y el Cristo ya muerto. 

El tema de la Piedad (1616), paso procesional otros pasos procesionales: La Cruz a cuestas , donde destacan las figuras de la Verónica y se Simón Cirineo, el Descendimiento, en las que los gestos y actitudes que acentúan el patetismo pretender despertar el fervor popular;  las Inmaculadas, a las que logra transmitirles un ingenuo candor casi infantil; las representaciones de Santos: Santa Teresa de Jesús, San Bruno, San Ignacio de Loyola, San Isidro. En todas sus figuras son característicos los plegados angulosos, casi metálicos de los paños de sus figuras.

Martínez Montánchez. La NatividadTambién realizó varios retablos como el de la Catedral de Plasencia (1625), el de las Carmelitas calzados de Valladolid, con el magnifico relieve de Bautismo de Cristo (1630).

Tuvo una gran cantidad de discípulos, que perpetúan los tipos, creaciones y estilo del maestro.

El portugués Manuel Pereira (1588-1683), se especializó en la realización de figuras de piedra para las portadas de los edificios religiosos, Portada de San Isidro el Real, su realismo es sereno, sus figuras se caracterizan por la talla suave y curvilínea, es suma por un mayor clasicismo. Además de sus Cristos y el San Bruno (1652) de la Academia de San Fernando de Madrid en piedra y el de la Cartuja de Miraflores, en madera.

Martínez Montánchez. La Inmaculada de la Catedral de SevillaEn la Corte del siglo XVII, los monumentos erigidos para la exaltación de los reyes, son obra de extranjeros, el retrato ecuestre de Felipe III es obra de Juan de Bolonia y el de Felipe IV es obra de Pietro Tacca.

En la escuela andaluza destacaron, Juan Martínez Montañés(1568-1649), Alonso Cano (1601-1667) y Pedro de Mena y Medrano (1628-1688).  El comercio de América había convertido a Andalucía en la zona más rica de esa época, siendo Sevilla y Granada los polos de atracción del arte del XVII.  En contraposición a la escuela castellana, Martínez Montañés, es la serenidad, el clasicismo, el sosiego y la búsqueda de la belleza.  De talla muy modelada, sus grandes paños dan grandiosidad a la imagen.  Su devoción va más dirigida al alma que a los sentidos, distando mucho su equilibrada policromía, del desgarrado color castellano.  Todo esto se aprecia en El Cristo de la Clemencia (1603) en el que crea el tipo de Cristo andaluz, muy humanizado, casi sin notas sangrientas, el Retablo de Santo Domingo (1605)  y San Jerónimo.  Su Inmaculada (1628-31)  de la Catedral de Sevilla, (La Cieguecita), representa a joven ingenua, serena  y melancólica, plena de dulzura y belleza. 

Alonso Cano. Inmaculada de GranadaEntre sus discípulos, está Juan de Mesa (1583-1627), de dedica principalmente a la ejecución de figuras sueltas para cofradías y particulares, entre las que sobresalen  el Jesús del Gran Poder (1620) y el Cristo de la Expiración de Vergara (1622).

Alonso Cano gana en hondura expresiva y en dinamismo a su maestro Martínez Montañés.  La búsqueda de la perfección, del equilibrio y la idealización de los modelos, la plasmación de una aplacible serenidad en sus figuras sustituye el dramatismo de otros autores. Es el primer escultor andaluz que abandona la técnica del estofado. En el retablo de Santa María de Lebrija (1628-38), en su hierática imagen central se advierten algunas de sus características: inclinar la cabeza a la derecha, el manto caído dejando al descubierto uno de sus hombros, el apuntamiento de la figura hacia los pies, la superficie ondulada de los paños.  En la Inmaculada del Facistol (1655) ; su aspecto fusiforme, de pequeño tamaño, cabeza inclinada, grandes ojos, cabellos largos y actitud recogida,  tuvo posteriormente imitadores. 

Salzillo. La oración en el huertoOtras obras dignas de mención son: el San Diego de Alcalá, en la Catedral de Granada la Virgen de Belén y  los bustos  de San Pablo, Adán y Eva.

Pedro de Mena. San Francisco, copiaPedro de Mena, mucho más directo y realista, comunicaba fácilmente los estados de ánimo. Gusta de la representación de los temas ascéticos y dolientes, la Magdalena Penitente (1664) del Museo de Valladolid, y el San Francisco de la Catedral del Toledo, de gran tensión dramática. Otra de sus creaciones son los bustos de la Dolorosa y el Ecce Homo, con frecuencia formando pareja, que consigue una gran fuerza expresiva del patetismo y dolor. Realizó también la sillería del coro de la Catedral de Málaga (1658), con cuarenta representaciones de santos.

 José de Mora (1642-1724), discípulo de Alonso Cano, que llegó a ser escultor del rey Carlos II,  mucho más exaltado llegando a veces a lo teatral, nos dejó además de Dolorosas y Ecce Homos, imágenes de San José, San Antonio y la Inmaculada. Continuador de Mora es José Risueño ( 1665-1732).

El gran imaginero murciano del siglo XVIII, Francisco Salzillo (1707-83), autor de magníficos pasos de Semana Santa: la Caída (1752) completado con  las imágenes independientes de la Verónica (1754), San Juan y la Dolorosa (1755), el paso de la Oración del Huerto (1752), su obra maestra, la Cena (1760), el Prendimiento (1756), el de la Flagelación (1778).Al final de su vida, desde 1776, se dedicó a realizar el Nacimiento, casi un millar de figuras, de gran colorido y vitalidad en vestuarios, algunas de cuyas figuras están ya dentro del pleno rococó.

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