| II.
EL CUERPO FEMENINO Y LA QUERELLA DE LAS MUJERES.
La Querella
de las Mujeres es un concepto acuñado desde la historia y desde
las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Sin embargo pensando
en términos históricos la Querella apenas ha transcendido
más que en el recuerdo de algunos grabados, textos, e iluminaciones,
pero en la Querella surge uno de los temas que la investigación
actual en la historia y la antropología han estudiado desde los
últimos decenios: cuerpo de mujer y género femenino.
En la Querella
de las mujeres participaron mujeres pensadoras que identificaron la existencia
en su sociedad de operaciones de política sexual, operaciones que
ellas pudieron localizar un poco en todas partes pero cuya existencia no
resultaba nunca explícita y tomaron postura política contra
ellas.
La Querella fue
un movimiento intelectual reivindicativo y de debate que surgió
en la Europa feudal tardía en fecha incierta. Estaba ya formado
en el siglo XIV y en él participaron tanto hombres como mujeres,
fue sin lugar a dudas Christine quien le dio forma definitiva y contenido,
la difusión de sus obras por la Europa medieval la convirtieron
en una autora de fama internacional y que perduraría hasta la Revolución
Francesa, las mujeres y hombres cultos de Europa debatían sus obras
y rebatieron la tradición misógina occidental, demostrando
que las mujeres eran tan dignas y valiosas como los hombres.
Al sostener estos
argumentos las mujeres ideólogas del movimiento recogieron formas
de expresión y de resistencia acuñadas en la práctica
social por otras mujeres anteriores a ellas, por ejemplo tuvieron la influencia
de la autora Roshvita quien en su Obras Dramáticas, ridiculiza los
argumentos misóginos de los hombres.
Estas nuevas formas
de resistencia se pueden materializar en los siguientes ejemplos de formas
de vida: catarismo, beguinas, anoréxicas, brujas, místicas,
son en muchos casos ejemplos de resistencia al matrimonio, a las formas
sociales convencionales o a la heterosexualidad.
Formas de resistencia
femenina y manifestaciones de conciencia que se adelantaron al movimiento
de la Querella y dieron consistencia a sus argumentos.
De entre estos argumentos
hay dos que continúan hasta nuestros días:
Uno es el de la
definición del cuerpo de mujer y el otro el del género femenino.
Respecto la primer
tema las autoras de la Querella tuvieron que hacer frente a un corpus inacabable
de obras que sostenían que el cuerpo de la mujer era aborrecible
e inferior, hacer frente a aberraciones como las de la filosofía
aristotélica que tanto había calado en el mundo medieval,
en la que identifica a la mujer como un hombre mal hecho, defectuoso o
inacabado, un tópico que las autoras de la Querella ridiculizaron.
Estas pensadoras
no se limitaron a rebatir el argumento que decía que el cuerpo de
la mujer era sexo y que por tanto no debía hablar en público,
además de hablar y de escribir en público y participar en
los debates y tertulias acerca del tema de la dignidad de las mujeres introdujeron
en sus obras una línea argumental de tradición incierta referida
a la sexualidad femenina a veces exaltando la virginidad y la castidad
y otras el deseo y la sensualidad hacia los hombres, y en otras ocasiones
en contra del amor heterosexual.
Una de estas
autoras es Isabel de Villena, a quien veremos, la autora más famosa
de este movimiento en la Corona de Aragón, ofrece en su Vita
Christi descripciones muy bellas de amor y de deseo sexual femenino,
un caso muy bello es la descripción que nos hace del amor de María
Magdalena hacia Cristo, el cual parece corresponderle, este tema que ha
sido un tabú en la cristiandad, no era nuevo en el siglo XV, sin
embargo en este caso Isabel de Villena innova tomando el protagonismo y
la iniciativa María Magdalena, como ya hemos visto en otros apartado.
Un objetivo prioritario
en la política sexual patriarcal es el de controlar el cuerpo de
las mujeres, aunque no se sabe por qué o para qué este control,
dar protagonismo a formas de deseo erótico definidas por mujeres
significa atentar contra la política sexual del patriarcado, en
la Europa del siglo XV, cualquier iniciativa de este tipo chocó
con importantes obstáculos sociales que fueron distintos según
la clase social de las mujeres.
Entre las del proletariado
urbano, la pobreza fue seguramente el principal obstáculo social
cuando se intentó algún tipo de control sobre el propio cuerpo:
en la Edad Media, las mujeres pobres eran incluso más pobres que
los hombres.
Entre las mujeres
nobles laicas se ejerció un mecanismo importante de control como
fue la legislación sobre el adulterio, llegando el derecho del marido
a ejercer castigos como el emparedamiento en celdas de proporciones muy
reducidas en caso de adulterio.
Entre las mujeres
urbanas de la Europa del Renacimiento, el aire de las ciudades que
hacía libres al ciudadano de los burgos, como rezaba este lema medieval,
no había llegado a las mujeres, las novedades en la forma de vida
urbana y capitalista que llegaron a las ciudades, el amor burgués,
el Estado burgués, la familia burguesa, estaban reservadas exclusivamente
a los hombres.
En este contexto
se espera de la mujer que sea una buena esposa y que sirva a los intereses
de su esposo y sus hijos y que todo esto lo haga por amor, y fue precisamente
el tema del amor el que más se trataba en las tertulias renacentistas,
el ideal burgués del amor para las mujeres fue un ideal de entrega
que consumó la privatización del cuerpo de la mujer en el
marco de la familia.
Otro de los
temas que trataron las mujeres de la Querella y que continúa siendo
tema de investigación y debate actualmente es el “género”.
Este concepto es
antiguo y fueron las pensadoras de la Querella las primeras que lo identificaron
pero sin nombrarlo, se dieron cuenta que lo que los hombres decían
sobre el cuerpo femenino, los horrores que le atribuían y que según
ellos, hacían necesaria la subordinación de las mujeres a
los hombres, no coincidía con su propia experiencia.
Formularon entonces
el principio, fundamental hasta hoy en el pensamiento feminista, que dice
que esa subordinación es de carácter social, no determinada
por la fisiología del cuerpo de mujer, es decir que los contenidos
negativos que le atribuían los filósofos eran pura construcción,
discurso, pues de género, y por tanto modificables, des este argumento
formuló lúcidamente Christine de Pizan en la Ciudad de las
Mujeres y de ello se hace eco Isabel de Villena cuando escribe en su Vita
Christi, en el texto de Isabel hasta el discurso del rey Salomón
podía quedar desautorizado por las acciones de las mujeres. Este
tema de la desautorización y autorización de discursos por
parte de hombres y mujeres es fundamental para entender las repercusiones
públicas e internacionales de la Querella durante los siglos posteriores,
porque fue un debate literario que no provocó movimientos en masas,
ni a favor ni en contra de sus tesis, sin embargo, fue revolucionario que
las mujeres salieran por primera vez en muchos siglos, en defensa pública
de su sexo contra los ya viejos y virulentos argumentos y ataques de los
hombres.
Pero si las mujeres
habían escrito en Europa, aunque menos que los hombres, entonces,
por qué resultaba ahora tan subversivo que se defendieran en público.
Antes de la Querella,
muchas de las escritoras de Europa repitieron insistentemente que ponían
sus pensamientos en texto a pesar de su sexo, este rito de paso les sirvió
para aliviar su miedo a introducirse en el mundo de los hombres, pero también
para dejar claro, que aceptaban las reglas del juego marcadas por el discurso
masculino y por la política de inferioridad femenina que ese discurso
sustentaba.
Unas reglas de juego
que, en el mundo cristiano, había formulado San Jerónimo
cuando decía que las mujeres que quisieran salir de su limitadísimo
mundo tendrían que transformarse en mulieres viriles; es decir,
en criaturas liminares, una especia de criaturas degeneradas, aspirantes
a hombres permanentemente en suspenso entre el género femenino y
el género masculino: En las mujeres viriles se detectan formas de
resistencia femenina; pero también, una operación de política
sexual patriarcal destinada a impedir que esa resistencia desbordara los
poderes de asimilación del discurso masculino dominante.
En cambio
las pensadoras de la Querella hablaron como mujeres, sin ocultar la diferencia
sexual que tan utilizada había sido para denigrarlas; hablaron públicamente
desde la autoridad de su experiencia personal y de la de otras mujeres
del pasado cuya historia se aplicaron a estudiar.
Al hablar en estos
términos, rechazaron las reglas del juego tradicionales y abrieron
un proceso de crítica al conocimiento que los filósofos y
teólogos del pasado habían elaborado sobre ellas. Por ello
podemos decir sin anacronismo que tomaron postura política contra
el modelo de relaciones sociales entre hombres y mujeres entonces vigente,
por ello sus palabras pasaron a ser percibidas como peligrosas para los
hombres.
Al lanzarse
a hablar públicamente desde la experiencia de su ser de mujer, según
palabras de Christine de Pizan, las mujeres de la Querella empezaron a
penetrar en uno de los terrenos que el discurso masculino les había
tradicionalmente vedado como especialmente peligroso: el del cuerpo femenino,
según estaba formulado el discurso en le Europa medieval, el cuerpo
femenino debía estar callado.
Tomar la palabra
desde él y sobre él era desafiar abiertamente el orden material
y simbólico establecido.
De ahí
que este debate literario del siglo XV, y especialmente los textos de algunas
autoras que en él intervinieron, tengan para la historia de las
mujeres un interés que todavía no hemos logrado captar en
todas sus dimensiones.
III.
ALGUNAS AUTORAS. LAS PALABRAS DE LAS MUJERES.
A finales
de la Edad Media es ya posible hablar de una multiforme expresión
de las palabras de las mujeres.
Aunque son excepciones
como Christine de Pizan, las que se imponen con su saber y su coraje a
la resistencia social.
Si bien muchas mujeres
como ella, cultas humanistas del XVI luchan en el campo cerrado de las
letras, saben a quién se dirigen, pero las voces ocultas de la mayoría
de las mujeres analfabetas del medievo no las escucharemos nunca.
En cualquier caso
es nuestro trabajo ahora recuperar, sacándolas del silencio de las
fuentes algunas de las voces de las mujeres medievales que nos han dejado
sus escritos.
LAS PALABRAS
DE LAS MUJERES.LAS MUJERES Y LAS LETRAS.
| La educación siempre es revolucionaria
para la mujer
ACTIVIDAD INDIVIDUAL:
Reflexiona sobre la frase anterior y explica
tu opinión al respecto. |
LA EDUCACIÓN
DE LA MUJER EN LA EDAD MEDIA
La educación
de la mujer en la Edad Media no es un tema fácil de exponer y menos
de estudiar. Partiendo de las diversas fuentes, es posible hacernos una
idea en lo que respecta a buenos modales, trabajos caseros y devociones,
pero no ocurre igual situarnos ante una información exacta en lo
que respecta a la instrucción intelectual, excepto en el caso de
ciertas damas aristocráticas y unas cuantas monjas; al menos, al
dedicarnos al tema de Cristina de Pizan, del grupo aristocrático,
podemos hacer alguna aportación.
Comenzaremos describiendo
los libros de conducta y los tratados educativos destinados a la mujer
de esta época; para pasar a ver los tres tipos de educación
a que podía acceder la mujer, en colegios conventuales, en grandes
señoríos, o en escuelas elementales para chicos y chicas
en las ciudades; y por último analizar los datos que existen sobre
la alfabetización de la mujer en la Baja Edad Media.
A partir de las
obras didácticas que se les destinaban en la Edad Media, sobre todo
a partir del siglo XIII en adelante, es posible acercarnos al tema de la
educación en la mujer.
A través
de ellas recogemos datos sobre las ideas medievales respecto a la
mujer y su educación en el sentido más amplio: su preparación
para la vida.
Hasta aquí
consistía en asimilar buenos modales, buena religión y buenas
labores de hogar y no solamente la instrucción intelectual, de lo
que los libros medievales nos dicen poca cosa.
A juzgar por esos
tratados didácticos, la educación de la mujer era,
en lo fundamental estrictamente vocacional. Estos tratados se pueden distinguir
en dos grandes grupos: el primero tiene que ver con la
educación cortesana, y su objetivo es preparar a las damas para
que brillaran en la sociedad, están llenos de normas para jugar
el juego del amor cortesano, tienen un tono frívolo y están
tomadas según El arte de amar de Ovidio. Estos modales refinados
que se exigían a las damas incluían lo que hoy llamaríamos
habilidades. Cazar con halcones, jugar al ajedrez, relatar historias, responder
con agilidad preguntas agudas, cantar y tocar varios instrumentos musicales,
eran cosas necesarias y también se esperaba que supiesen leer y
escribir.
| ACTIVIDAD INDIVIDUAL:
Investiga entre las mujeres de tu familia,
y de tu entorno, desde las más ancianas:
¿Cuál ha sido su educación,
en qué consistía?
Analiza las diferencias con los hombre
de su época.
Expón en clase tus resultados:
¿En qué se parece o se diferencian
de la educación de las mujeres medievales? |
Son muy famosos
dos largos poemas franceses del siglo XIII escritos por Robert de Blois
y Jacques d¨Amiens.
En el de R.
de Blois se enumeran las cualidades de la heroína:
Podía
llevar y hacer volar halcones,
terzuelos y
gavilanes
sabía
jugar al ajedrez y a las tablas,
leer romances,
contar cuentos y
cantar canciones.Todas
aquellas cosas
que una dama
bien nacida
debía
saber, no le eran ajenas.
En el romance de
Flamenca una de las damas de la tan sufrida heroína le dice:
Una dama es
mucho mejor si se halla adornada de conocimientos. Porque , decidme vos
señora, en verdad, si no hubieseis sabido todo aquello que sabeis,
¿ cómo habríais soportado estos dos años
durantes los que habéis padecido tan crueles tormentos? Habríais
muerto de pesar. No obstante, por muy profundas que fuesen vuestras tristezas,
desaparecerían cuando vos leíais un poco."Amiga", dijo
Flamenca abrazándola, " hablas con sabiduría, pues ningún
descanso es agradable para el hombre que ignora las letras y verás
que siempre aquellos que son ilustrados lamentan no serlo más".
Como conclusión,
se puede decir que la educación cortesana, vista a través
de los libros de comportamiento cortesano y descrita en los romances, es
frívola y centrada en los cumplidos, pero no por ello se desprecia
cierta cualidad intelectual.
Los trabajos didácticos
más serios referidos a la crianza de la mujer tienen un matiz diferente.
En tanto que el objetivo de los tratados cortesanos es atraer a los amantes,
el de estos otros consiste en la conservación de los maridos. El
entrenamiento de una buena esposa es mucho más serio, y de mayor
valor pedagógico, pero también estrictamente vocacional.
Destacaremos los
siguientes tratados: dirigidos a las damas distinguidas tenemos los de
Felipe de Navarra, F. de Barberino y el Caballero de la Tour Landry; destinados
a la burguesía, Le Menagier de París; algunos como
el Livre des Trois Vertus de Christine de Pisan, dirigido a un número
de mujeres de distintas clases.
Este conjunto de
tratados se refieren a la conducta de la esposa en relación al marido
y los deberes religiosos, dedicando mucha atención a la instrucción
en la fe cristiana y las prácticas de la devoción que no
se encuentran en los tratados y poemas cortesanos.
Lo lamentable es
que de los tres primeros autores citados, lo común sea su sentido
restrictivo a la hora de dictaminar ellos mismos el sentido y uso negativo
que pueda tener el que la mujer sepa leer y escribir, siendo poco prudente
y desaconsejable que lo hagan, llevándonos a pensar que les invade
el temor de que las mujeres puedan pensar y divulgar sus pensamientos
con otras mujeres. La erudición se veía positiva solo para
las monjas.
Barberino le da
a la niña noble el derecho a leer y escribir, de manera que pueda
manejar sus posesiones; pero pone en tela de juicio que las niñas
de los señores comunes deban ser enseñadas y termina por
desaconsejarlo; y prohibe de manera absoluta cualquier ilustración
para las hijas de los comerciantes y artesanos. Felipe de Navarra prohibe
de manera categórica el que las mujeres lean o escriban y el Caballero
de la Tour de Landry sólo les permite el conocimiento de la lectura
para que puedan leer las Escrituras Sagradas.
La otra cara de
la moneda es más sensible a este tema, como ocurre con el Menagier
de París o Christine de Pisan, que deseaban que las mujeres leyeran
y escribieran. Lo que no nos aportan desgraciadamente es la extensión
de la educación intelectual y el método seguido para alcanzarla.
Según otras
fuentes, había cuatro maneras para que la mujer consiguiera una
educación literaria: por medio de la instrucción en colegios
conventuales para la nobleza y las clases superiores de la burguesía;
siendo enviadas al servicio de grandes damas donde era posible que tuviesen
buena crianza, adquiriendo algunos avances intelectuales; mediante
la educación técnica y general que suponía el trabajo
como aprendizas o al servicio de alguna casa burguesa, a la que podían
optar las chicas de la clase artesanal en las ciudades; a través
de colegios elementales para niñas de clases más pobres en
la ciudad y el campo.
Nos centraremos
en los dos primeros aspectos: conventos y casa nobles por acercarse
más al objetivo de nuestro estudio.
Se suponía
que los conventos eran los únicos lugares prácticamente donde
se impartía educación en la Edad Media, llegando a exagerarse,
tal vez por la falta de otros datos aportados en otro tipo de documentos.
Si bien es cierto en general, también sabemos que no todos los conventos
tenían colegios, y si era así eran escuelas pequeñas.
Además tenían la función de colegios infantiles para
niños.
Había pues,
dos limitaciones, una el tamaño y otra más importante que
era el costo que suponía a los padres, las monjas cobraban por la
pensión y la tutoría y las tarifas debían ser elevadas,
porque encontramos padres distinguidos a los que les suponía un
gasto caro.
En cuanto a qué
enseñaban, estaría en función del valor que tuviese
la educación en cada momento y el nivel intelectual de las monjas.
En general, a lo largo de la Edad Media, el nivel fue alto, quizá
al principio, algo más para decaer con el alejamiento del latín
en los siglos XIV y XV.
El curriculum se
iría ampliando, pero esencialmente se enseñaba el empleo
de la aguja, el arte de la confitería, cirugía, física,
escritura, dibujo, en La Muerte de Arturo, de Malory, se dice que su hermana
Morgan le Fay fue metida en el colegio de un convento y aprendió
tanto que era una gran erudita de la nigromancia, de modo que podríamos
agregar que incluso se aprendería magia negra.
La segunda manera
de aprender sería en sus propios hogares o fuesen enviadas a casas
de grandes damas para servirlas y recibir la instrucción de buenas
maneras. Todas las grandes colecciones de cartas de señoríos
ingleses del siglo XV, las cartas de Paston, de Stonor y Plumpton, nos
hablan de chicas alejadas de sus hogares al objeto de servir a alguna dama
de alta alcurnia. Posiblemente obtenían buenos conocimientos prácticos,
aunque a menudo se sentían infelices, por la rigidez y severidad
con que vivían en casas de extraños.
Sobre la educación
intelectual que recibían las chicas en sus hogares, estaría
en manos de un tutor o de un capellán residente. En los romans d´aventure
de los siglos XII y XIII encontramos referencias a damas que sabían
leer; en el siglo XIV, el scholastici de París al resumir los grupos
de profesores de "pequeñas escuelas"", incluía a " mujeres
que dirigían y enseñaban en colegios el arte de la gramática"
y, en 1380, registraba a 21 maestras de escuela junto a maestros.
En el Estatuto de
1405 se estableció que "todo hombre o mujer de cualquier estado
o condición que sea, tendrá libertad para colocar a su hijo
o hija en cualquier colegio que le plazca dentro del reino" (Statutes of
the Realm, 1405-6).
Es difícil
saber la efectividad de estos educadores. Lo que sabemos sobre la
alfabetización de las mujeres y su nivel intelectual se basa en
suposiciones a través de romances y ciertos incidentes históricos,
que nos indican que las damas de las clases mas altas eran capaces
de leer los romances y juzgar las calidades de un poema.
La educación
cortesana producía a veces intelectuales como Christine de Pisan
en el siglo XV, a quien podemos calificar mujer pionera de su tiempo en
el tema del feminismo, una adelantada de su época, como ya sabemos
gracias a sus obras escritas.
A lo largo de los
siglos XIV y XV los testamentos muestran a las mujeres en posesión
de libros, generalmente salterios y otros textos litúrgicos, pero,
en algunos casos también romances y otra clase de libros. Parece
ser bastante segura la afirmación de que la educación de
las mujeres de clases superiores y de la alta burguesía, en la Baja
Edad Media, implicaba al menos, leer y escribir; con respecto a las clases
inferiores no se puede afirmar lo mismo.
Puede ser interesante
detenernos en una rama especial del conocimiento, que tiene en la mujer
un exponente importante, se trata de la medicina familiar y en particular
en la existencia de tratados acerca de las enfermedades de la mujer, especialmente
escritos y traducidos para que ellas lo emplearan, pudiendo pensar que
podrían leerlos.
En el siglo XIV,
la versión inglesa de un Tratado atribuido a Trotula- la señora
Trot-, muestra un Prefacio de un traductor que explica que como "las mujeres
de nuestra lengua leen y entienden este idioma mejor que cualquier otro,
y toda mujer letrada lee a otras que no lo están y las ayudan y
aconsejan con respecto a las enfermedades, sin mostrar su enfermedad a
los hombres, he dibujado y escrito esto en inglés". La lectura es
evidente, no mostrar el cuerpo a otro hombre, es mas, si una mujer intentaba
practicar cómo médico fuera de los límites de su hogar
y quería llegar mas lejos que practicante amateur, automáticamente
provocaba el escándalo y una oposición alarmante en la profesión
médica, vedada hasta el siglo XIX para la mujer.
Sin embargo, siempre
hay mujeres que adquieren considerable fama en el reducido mundo
en que viven, Totula y las doctoras de Salerno en los siglos XI y
XII son figuras médicas, aunque han sido poco investigadas.
A comienzos del siglo XIV, hubo una notable doctora que ejercía
en París, su nombre era Jacqueline Felice de Alamania, se la describe
como una dama noble, seguramente de origen alemán. En 1322, cuando
tenía unos treinta años de edad, fue procesada por la Facultad
de Medicina de París bajo el cargo de contravenir el Estatuto
que pohibía la práctica de la medicina en la ciudad y los
suburbios sin un decreto de la Facultad y la licencia del canciller, su
autodefensa y el apoyo de testigos no sirvieron para nada y se le prohibió
ejercer su profesión.
En el Occidente
medieval, las mujeres hablaban y mucho pero los hombres medievales lo tenían
por charlatanería, sin embargo por interesantes que nos resultaran
sus palabras, no nos ha llegado prácticamente nada.
Antes del final
del siglo XIII, el silencio es casi total, es más incluso se pretenden
hacer pasar por autoría de hombres, obras de mujeres que databan
de épocas más antiguas. Las mujeres medievales escribían
casi siempre en latín.
Para acceder a
la expresión propia escrita primero hay que acceder a la palabra
ajena.
Pero dar a las
mujeres el dominio de lo escrito es peligroso, las palabras de las mujeres
que saben leer y escribir dejará aflorar durante mucho tiempo el
temor de las audacias y el miedo a las impotencias.
La manera en que
las mujeres ejercen el uso de la palabra es variado, rico, matizado, vehemente:
de lo oral a los escrito, de lo escrito por los hombres sobre la palabra
de las mujeres a lo escrito por las mujeres que reclaman el derecho a la
palabra por medio de lo que lo escrito evoca de la palabra oral de las
mujeres. Para descubrir una realidad de la mujer en el acto de usar la
palabra, el enigma del peso del código literario constituye un obstáculo.
Sin embargo la palabra
femenina medieval sólo necesita abrirse y sí se reconoce
la existencia de algunas mujeres trovadoras como veremos a continuación,
sí se conoce la existencia de Marie de France y de Christine
de Pizan, se penetra en el campo de una mujer culta y en el campo de la
espiritualidad femenina.
La difusión
de la palabra escrita de las mujeres suele ser fugaz.
Tenemos otros ejemplos
de voces femeninas como las líricas de las trobairitz, contrapunto
femenino de los trovadores, que antes hemos comentado haciendo oír
su voz en debates y canciones de amor, pero en un contexto popularizante
y de trovadores aristocráticos, son por el contrario las voces místicas,
la literatura espiritual los vehículos que permiten hablar y expresarse
a las mujeres desde sus sentimientos más profundos.
La difusión
de estas palabras podemos rastrearla gracias a los manuscritos y a las
Vitae, textos escritos a partir del XIII en las congregaciones femeninas,
muy elocuentes acerca de la conciencia de la comunidad de mujeres.

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