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CARPETA DIDÁCTICA PROFESORES 4/7
MUJERES MEDIEVALES II
ISBN-84-9714-108-3
Clara Martínez Tomás
 

II. EL CUERPO FEMENINO Y LA QUERELLA DE LAS MUJERES.

 La Querella de las Mujeres es un concepto acuñado desde la historia y desde las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Sin embargo  pensando en términos históricos la Querella apenas ha transcendido más que en el recuerdo de algunos grabados, textos, e iluminaciones, pero en la Querella surge uno de los temas que la investigación actual en la historia y la antropología han estudiado desde los últimos decenios: cuerpo de mujer y género femenino.

 En la Querella de las mujeres participaron mujeres pensadoras que identificaron la existencia en su sociedad de operaciones de política sexual, operaciones que ellas pudieron localizar un poco en todas partes pero cuya existencia no resultaba nunca explícita y tomaron postura política contra ellas.

La Querella fue un movimiento intelectual reivindicativo y de debate que surgió en la Europa feudal tardía en fecha incierta. Estaba ya formado en el siglo XIV y en él participaron tanto hombres como mujeres, fue sin lugar a dudas Christine quien le dio forma definitiva y contenido, la difusión de sus obras por la Europa medieval la convirtieron en una autora de fama internacional y que perduraría hasta la Revolución Francesa, las mujeres y hombres cultos de Europa debatían sus obras y rebatieron la tradición misógina occidental, demostrando que las mujeres eran tan dignas y valiosas como los hombres.

Al sostener estos argumentos las mujeres ideólogas del movimiento recogieron formas de expresión y de resistencia acuñadas en la práctica social por otras mujeres anteriores a ellas, por ejemplo tuvieron la influencia de la autora Roshvita quien en su Obras Dramáticas, ridiculiza los argumentos misóginos de los hombres.

Estas nuevas formas de resistencia se pueden materializar en los siguientes ejemplos de formas de vida: catarismo, beguinas, anoréxicas, brujas, místicas, son en muchos casos ejemplos de resistencia al matrimonio, a las formas sociales convencionales o a la heterosexualidad.

Formas de resistencia femenina y manifestaciones de conciencia que se adelantaron al movimiento de la Querella y dieron consistencia a sus argumentos.

De entre estos argumentos hay dos que continúan hasta nuestros días:

Uno es el de la definición del cuerpo de mujer y el otro el del género femenino.

Respecto la primer tema las autoras de la Querella tuvieron que hacer frente a un corpus inacabable de obras que sostenían que el cuerpo de la mujer era aborrecible e inferior, hacer frente a aberraciones como las de la filosofía aristotélica que tanto había calado en el mundo medieval, en la que identifica a la mujer como un hombre mal hecho, defectuoso o inacabado, un tópico que las autoras de la Querella ridiculizaron.

Estas pensadoras no se limitaron a rebatir el argumento que decía que el cuerpo de la mujer era sexo y que por tanto no debía hablar en público, además de hablar y de escribir en público y participar en los debates y tertulias acerca del tema de la dignidad de las mujeres introdujeron en sus obras una línea argumental de tradición incierta referida a la sexualidad femenina a veces exaltando la virginidad y la castidad y otras el deseo y la sensualidad hacia los hombres, y en otras ocasiones en contra del amor heterosexual.

 Una de estas autoras es Isabel de Villena, a quien veremos, la autora más famosa de este movimiento en la Corona de Aragón, ofrece en su Vita Christi descripciones muy bellas de amor y de deseo sexual femenino, un caso muy bello es la descripción que nos hace del amor de María Magdalena hacia Cristo, el cual parece corresponderle, este tema que ha sido un tabú en la cristiandad, no era nuevo en el siglo XV, sin embargo en este caso Isabel de Villena innova tomando el protagonismo y la iniciativa María Magdalena, como ya hemos visto en otros apartado.

Un objetivo prioritario en la política sexual patriarcal es el de controlar el cuerpo de las mujeres, aunque no se sabe por qué o para qué este control, dar protagonismo a formas de deseo erótico definidas por mujeres significa atentar contra la política sexual del patriarcado, en la Europa del siglo XV, cualquier iniciativa de este tipo chocó con importantes obstáculos sociales que fueron distintos según la clase social de las mujeres.

Entre las del proletariado urbano, la pobreza fue seguramente el principal obstáculo social cuando se intentó algún tipo de control sobre el propio cuerpo: en la Edad Media, las mujeres pobres eran incluso más pobres que los hombres.

Entre las mujeres nobles laicas se ejerció un mecanismo importante de control como fue la legislación sobre el adulterio, llegando el derecho del marido a ejercer castigos como el emparedamiento en celdas de proporciones muy reducidas en caso de adulterio.

Entre las mujeres urbanas de la Europa del Renacimiento, el aire  de las ciudades que hacía libres al ciudadano de los burgos, como rezaba este lema medieval, no había llegado a las mujeres, las novedades en la forma de vida urbana y capitalista que llegaron a las ciudades, el amor burgués, el Estado burgués, la familia burguesa, estaban reservadas exclusivamente a los hombres.

En este contexto se espera de la mujer que sea una buena esposa y que sirva a los intereses de su esposo y sus hijos y que todo esto lo haga por amor, y fue precisamente el tema del amor el que más se trataba en las tertulias renacentistas, el ideal burgués del amor para las mujeres fue un ideal de entrega que consumó la privatización del cuerpo de la mujer en el marco de la familia.

 Otro de los temas que trataron las mujeres de la Querella y que continúa siendo tema de investigación y debate actualmente es el “género”.

Este concepto es antiguo y fueron las pensadoras de la Querella las primeras que lo identificaron pero sin nombrarlo, se dieron cuenta que lo que los hombres decían sobre el cuerpo femenino, los horrores que le atribuían y que según ellos, hacían necesaria la subordinación de las mujeres a los hombres, no coincidía con su propia experiencia.

Formularon entonces el principio, fundamental hasta hoy en el pensamiento feminista, que dice que esa subordinación es de carácter social, no determinada por la fisiología del cuerpo de mujer, es decir que los contenidos negativos que le atribuían los filósofos eran pura construcción, discurso, pues de género, y por tanto modificables, des este argumento formuló lúcidamente Christine de Pizan en la Ciudad de las Mujeres y de ello se hace eco Isabel de Villena cuando escribe en su Vita Christi, en el texto de Isabel hasta el discurso del rey Salomón podía quedar desautorizado por las acciones de las mujeres. Este tema de la desautorización y autorización de discursos por parte de hombres y mujeres es fundamental para entender las repercusiones públicas e internacionales de la Querella durante los siglos posteriores, porque fue un debate literario que no provocó movimientos en masas, ni a favor ni en contra de sus tesis, sin embargo, fue revolucionario que las mujeres salieran por primera vez en muchos siglos, en defensa pública de su sexo contra los ya viejos y virulentos argumentos y ataques de los hombres.

Pero si las mujeres habían escrito en Europa, aunque menos que los hombres, entonces, por qué resultaba ahora tan subversivo que se defendieran en público.

Antes de la Querella, muchas de las escritoras de Europa repitieron insistentemente que ponían sus pensamientos en texto a pesar de su sexo, este rito de paso les sirvió para aliviar su miedo a introducirse en el mundo de los hombres, pero también para dejar claro, que aceptaban las reglas del juego marcadas por el discurso masculino y por la política de inferioridad femenina que ese discurso sustentaba.

Unas reglas de juego que, en el mundo cristiano, había formulado San Jerónimo cuando decía que las mujeres que quisieran salir de su limitadísimo mundo tendrían que transformarse en mulieres viriles; es decir, en criaturas liminares, una especia de criaturas degeneradas, aspirantes a hombres permanentemente en suspenso entre el género femenino y el género masculino: En las mujeres viriles se detectan formas de resistencia femenina; pero también, una operación de política sexual patriarcal destinada a impedir que esa resistencia desbordara los poderes de asimilación del discurso masculino dominante.

 En cambio las pensadoras de la Querella hablaron como mujeres, sin ocultar la diferencia sexual que tan utilizada había sido para denigrarlas; hablaron públicamente desde la autoridad de su experiencia personal y de la de otras mujeres del pasado cuya historia se aplicaron a estudiar.

Al hablar en estos términos, rechazaron las reglas del juego tradicionales y abrieron un proceso de crítica al conocimiento que los filósofos y teólogos del pasado habían elaborado sobre ellas. Por ello podemos decir sin anacronismo que tomaron postura política contra el modelo de relaciones sociales entre hombres y mujeres entonces vigente, por ello sus palabras pasaron a ser percibidas como peligrosas para los hombres.

 Al lanzarse a hablar públicamente desde la experiencia de su ser de mujer, según palabras de Christine de Pizan, las mujeres de la Querella empezaron a penetrar en uno de los terrenos que el discurso masculino les había tradicionalmente vedado como especialmente peligroso: el del cuerpo femenino, según estaba formulado el discurso en le Europa medieval, el cuerpo femenino debía estar callado.

Tomar la palabra desde él y sobre él era desafiar abiertamente el orden material y simbólico establecido.

De ahí que este debate literario del siglo XV, y especialmente los textos de algunas autoras que en él intervinieron, tengan para la historia de las mujeres un interés que todavía no hemos logrado captar en todas sus dimensiones.

 III. ALGUNAS AUTORAS. LAS PALABRAS DE LAS MUJERES.
 

 A finales de la Edad Media es ya posible hablar de una multiforme expresión de las palabras de las mujeres.

Aunque son excepciones como Christine de Pizan, las que se imponen con su saber y su coraje a la resistencia social.

Si bien muchas mujeres como ella, cultas humanistas del XVI luchan en el campo cerrado de las letras, saben a quién se dirigen, pero las voces ocultas de la mayoría de las mujeres analfabetas del medievo no las escucharemos nunca.
En cualquier caso es nuestro trabajo ahora recuperar, sacándolas del silencio de las fuentes algunas de las voces de las mujeres medievales que nos han dejado sus escritos.

LAS PALABRAS DE LAS MUJERES.LAS MUJERES Y LAS LETRAS.
 
 

La educación siempre es revolucionaria para la mujer

ACTIVIDAD INDIVIDUAL:

Reflexiona sobre la frase anterior y explica tu opinión al respecto.

LA EDUCACIÓN DE LA MUJER EN LA EDAD MEDIA

La educación de la mujer en la Edad Media no es un tema fácil de exponer y menos de estudiar. Partiendo de las diversas fuentes, es posible hacernos una idea en lo que respecta a buenos modales, trabajos caseros y devociones, pero no ocurre igual situarnos ante una información exacta en lo que respecta a la instrucción intelectual, excepto en el caso de ciertas damas aristocráticas y unas cuantas monjas; al menos, al dedicarnos al tema de Cristina de Pizan, del grupo aristocrático, podemos hacer alguna aportación.

Comenzaremos describiendo los libros de conducta y los tratados educativos destinados a la mujer de esta época; para pasar a ver los tres tipos de educación a que podía acceder la mujer, en colegios conventuales, en grandes señoríos, o en escuelas elementales para chicos y chicas en las ciudades; y por último analizar los datos que existen sobre la alfabetización de la mujer en la Baja Edad Media.

A partir de las obras didácticas que se les destinaban en la Edad Media, sobre todo a partir del siglo XIII en adelante, es posible acercarnos al tema de la educación en la mujer. 
A través de ellas recogemos datos sobre las ideas medievales  respecto a la mujer y su educación en el sentido más amplio: su preparación para la vida. 

Hasta aquí consistía en asimilar buenos modales, buena religión y buenas labores de hogar y no solamente la instrucción intelectual, de lo que los libros medievales nos dicen poca cosa.

A juzgar por esos tratados didácticos, la educación de la mujer  era, en lo fundamental estrictamente vocacional. Estos tratados se pueden distinguir en dos grandes   grupos: el primero tiene que ver  con la educación cortesana, y su objetivo es preparar a las damas para que brillaran en la sociedad, están llenos de normas para jugar el juego del amor cortesano, tienen un tono frívolo y están tomadas según El arte de amar de Ovidio. Estos modales refinados que se exigían a las damas incluían lo que hoy llamaríamos habilidades. Cazar con halcones, jugar al ajedrez, relatar historias, responder con agilidad preguntas agudas, cantar y tocar varios instrumentos musicales, eran cosas necesarias y también se esperaba que supiesen leer y escribir. 
 
 

ACTIVIDAD INDIVIDUAL:

Investiga entre las mujeres de tu familia, y de tu entorno, desde las más ancianas: 
¿Cuál ha sido su educación, en qué consistía?
Analiza las diferencias con los hombre de su época.

Expón en clase tus resultados:
¿En qué se parece o se diferencian de la educación de las mujeres medievales?

Son muy famosos dos largos poemas franceses del siglo XIII escritos por Robert de Blois y Jacques d¨Amiens.

 En el de R. de Blois se enumeran las cualidades de la heroína: 

Podía llevar y hacer volar halcones,
terzuelos y gavilanes
sabía jugar al ajedrez y a las tablas,
leer romances, contar cuentos y
cantar canciones.Todas aquellas cosas
que una dama bien nacida
debía saber, no le eran ajenas.

En el romance de Flamenca una de las damas de la tan sufrida heroína le dice: 
Una dama es mucho mejor si se halla adornada de conocimientos. Porque , decidme vos señora, en verdad, si no hubieseis sabido todo aquello que sabeis, ¿ cómo habríais  soportado estos dos años durantes los que habéis padecido tan crueles tormentos? Habríais muerto de pesar. No obstante, por muy profundas que fuesen vuestras tristezas, desaparecerían  cuando vos leíais un poco."Amiga", dijo Flamenca abrazándola, " hablas con sabiduría, pues ningún descanso es agradable para el hombre que ignora las letras y verás que siempre aquellos que son ilustrados lamentan no serlo más".

 Como conclusión, se puede decir que la educación cortesana, vista a través de los libros de comportamiento cortesano y descrita en los romances, es frívola y centrada en los cumplidos, pero no por ello se desprecia cierta cualidad intelectual.

Los trabajos didácticos más serios referidos a la crianza de la mujer tienen un matiz diferente.  En tanto que el objetivo de los tratados cortesanos es atraer a los amantes, el de estos otros consiste en la conservación de los maridos. El entrenamiento de una buena esposa es mucho más serio, y de mayor valor pedagógico, pero también estrictamente vocacional. 

Destacaremos los siguientes tratados: dirigidos a las damas distinguidas tenemos los de Felipe de Navarra, F. de Barberino y el Caballero de la Tour Landry; destinados a la burguesía,  Le Menagier de París; algunos como el Livre des Trois Vertus de Christine de Pisan, dirigido a un número  de mujeres de distintas clases.

Este conjunto de tratados se refieren a la conducta de la esposa en relación al marido y los deberes religiosos, dedicando mucha atención a la instrucción en la fe cristiana y las prácticas de la devoción que no se encuentran en los tratados y poemas cortesanos.
Lo lamentable es que de los tres primeros autores citados, lo común sea su sentido restrictivo a la hora de dictaminar ellos mismos el sentido y uso negativo que pueda tener el que la mujer sepa leer y escribir, siendo poco prudente y desaconsejable que lo hagan, llevándonos a pensar que les invade el temor de que las mujeres puedan pensar   y divulgar sus pensamientos con otras mujeres. La erudición se veía positiva solo para las monjas. 

Barberino le da a la niña noble el derecho a leer y escribir, de manera que pueda manejar sus posesiones; pero pone en tela de juicio que las niñas de los señores comunes deban ser enseñadas y termina por desaconsejarlo; y prohibe de manera absoluta  cualquier ilustración para las hijas de los comerciantes y artesanos. Felipe de Navarra prohibe de manera categórica el que las mujeres lean o escriban y el Caballero de la Tour de Landry sólo les permite el conocimiento de la lectura para que puedan leer las Escrituras Sagradas.

La otra cara de la moneda es más sensible a este tema, como ocurre con el Menagier de París o Christine de Pisan, que deseaban que las mujeres leyeran y escribieran. Lo que no nos aportan desgraciadamente es la extensión de la educación intelectual y el método seguido para alcanzarla.

Según otras fuentes, había cuatro maneras para que la mujer consiguiera una educación literaria: por medio de la instrucción en colegios conventuales para la nobleza y las clases superiores de la burguesía; siendo enviadas al servicio de grandes damas donde era posible que tuviesen buena crianza,  adquiriendo algunos avances intelectuales; mediante la educación técnica y general que suponía el trabajo como aprendizas o al servicio de alguna casa burguesa, a la que podían optar las chicas de la clase artesanal en las ciudades; a través de colegios elementales para niñas de clases más pobres en la ciudad y el campo. 

Nos centraremos en los dos primeros aspectos: conventos y  casa nobles por acercarse más al objetivo de nuestro estudio.

Se suponía que los conventos eran los únicos lugares prácticamente donde se impartía educación en la Edad Media, llegando a exagerarse, tal vez por la falta de otros datos aportados en otro tipo de documentos. Si bien es cierto en general, también sabemos que no todos los conventos tenían colegios, y si era así eran escuelas pequeñas. Además tenían la función de colegios infantiles para niños. 

Había pues, dos limitaciones, una el tamaño y otra más importante que era el costo que suponía a los padres, las monjas cobraban por la pensión y la tutoría y las tarifas debían ser elevadas, porque encontramos padres distinguidos a los que les suponía un gasto caro.
En cuanto a qué enseñaban, estaría en función del valor que tuviese la educación en cada momento y el nivel intelectual de las monjas. En general, a lo largo de la Edad Media, el nivel fue alto, quizá al principio, algo más para decaer con el alejamiento del latín en los siglos XIV y XV.

El curriculum se iría ampliando, pero esencialmente se enseñaba el empleo de la aguja, el arte de la confitería, cirugía, física, escritura, dibujo, en La Muerte de Arturo, de Malory, se dice que su hermana Morgan le Fay fue metida en el colegio de un convento y aprendió tanto que era una gran erudita de la nigromancia, de modo que podríamos agregar que incluso se aprendería magia negra.

La segunda manera de aprender sería en sus propios hogares o fuesen enviadas a casas de grandes damas para servirlas y recibir la instrucción de buenas maneras. Todas las grandes colecciones de cartas de señoríos ingleses del siglo XV, las cartas de Paston, de Stonor y Plumpton, nos hablan de chicas alejadas de sus hogares al objeto de servir a alguna dama de alta alcurnia. Posiblemente obtenían buenos conocimientos prácticos, aunque a menudo se sentían infelices, por la rigidez y severidad con que vivían en casas de extraños.

Sobre  la educación intelectual que recibían las chicas en sus hogares, estaría en manos de un tutor o de un capellán residente. En los romans d´aventure de los siglos XII y XIII encontramos referencias a damas que sabían leer; en el siglo XIV, el scholastici de París al resumir los grupos de profesores de "pequeñas escuelas"", incluía a " mujeres que dirigían y enseñaban en colegios el arte de la gramática" y, en 1380, registraba a 21 maestras de escuela junto a maestros. 

En el Estatuto de 1405 se estableció que "todo hombre o mujer de cualquier estado  o condición que sea, tendrá libertad para colocar a su hijo o hija en cualquier colegio que le plazca dentro del reino" (Statutes of the Realm, 1405-6).

Es difícil saber la efectividad de estos educadores.  Lo que sabemos sobre la alfabetización de las mujeres y su nivel intelectual se basa en suposiciones a través de romances y ciertos incidentes históricos, que nos  indican que las damas de las clases mas altas eran capaces de leer los romances y juzgar las calidades de un poema.

La educación cortesana producía a veces intelectuales como Christine de Pisan en el siglo XV, a quien podemos calificar mujer pionera de su tiempo en el tema del feminismo, una adelantada de su época, como ya sabemos gracias  a sus obras escritas.

A lo largo de los siglos XIV y XV los testamentos muestran a las mujeres en posesión de libros, generalmente salterios y otros textos litúrgicos, pero, en algunos casos también romances y otra clase de libros. Parece ser bastante segura la afirmación de que la educación de las mujeres de clases superiores y de la alta burguesía, en la Baja Edad Media, implicaba al menos, leer y escribir; con respecto a las clases inferiores no se puede afirmar lo mismo.

Puede ser interesante detenernos en una rama especial del conocimiento, que tiene en la mujer un exponente  importante, se trata de la medicina familiar y en particular en la existencia de tratados acerca de las enfermedades de la mujer, especialmente escritos y traducidos para que ellas lo emplearan, pudiendo pensar que podrían leerlos. 

En el siglo XIV, la versión inglesa de un Tratado atribuido a Trotula- la señora Trot-, muestra un Prefacio de un traductor que explica que como "las mujeres de nuestra lengua leen y entienden este idioma mejor que cualquier otro, y toda mujer letrada lee a otras que no lo están y las ayudan y aconsejan con respecto a las enfermedades, sin mostrar su enfermedad a los hombres, he dibujado y escrito esto en inglés". La lectura es evidente, no mostrar el cuerpo a otro hombre, es mas, si una mujer intentaba practicar cómo médico fuera de los límites de su hogar y quería llegar mas lejos que practicante amateur, automáticamente provocaba el escándalo y una oposición alarmante en la profesión médica, vedada hasta el siglo XIX para la mujer. 

Sin embargo, siempre hay mujeres que adquieren considerable fama  en el reducido mundo en que viven,  Totula y las doctoras de Salerno en los siglos XI y XII son figuras médicas, aunque han sido  poco investigadas. A comienzos del siglo XIV, hubo una notable doctora que ejercía en París, su nombre era Jacqueline Felice de Alamania, se la describe como una dama noble, seguramente de origen alemán. En 1322, cuando tenía unos treinta años de edad, fue procesada por la Facultad de Medicina de París bajo el cargo de contravenir el Estatuto  que pohibía la práctica de la medicina en la ciudad y los suburbios sin un decreto de la Facultad y la licencia del canciller, su autodefensa y el apoyo de testigos no sirvieron para nada y se le prohibió ejercer su profesión.

En el Occidente medieval, las mujeres hablaban y mucho pero los hombres medievales lo tenían por charlatanería, sin embargo por interesantes que nos resultaran sus palabras, no nos ha llegado prácticamente nada.

Antes del final del siglo XIII, el silencio es casi total, es más incluso se pretenden hacer pasar por autoría de hombres, obras de mujeres que databan de épocas más antiguas. Las mujeres medievales escribían casi siempre en latín.
Para acceder a la expresión propia escrita primero hay que acceder a la palabra ajena.
Pero dar a las mujeres el dominio de lo escrito es peligroso, las palabras de las mujeres que saben leer y escribir dejará aflorar durante mucho tiempo el temor de las audacias y el miedo a las impotencias.

La manera en que las mujeres ejercen el uso de la palabra es variado, rico, matizado, vehemente: de lo oral a los escrito, de lo escrito por los hombres sobre la palabra de las mujeres a lo escrito por las mujeres que reclaman el derecho a la palabra por medio de lo que lo escrito evoca de la palabra oral de las mujeres. Para descubrir una realidad de la mujer en el acto de usar la palabra, el enigma del peso del código literario constituye un obstáculo.

Sin embargo la palabra femenina medieval sólo necesita abrirse y sí se reconoce la existencia de algunas mujeres trovadoras como veremos a continuación, sí se conoce  la existencia de Marie de France y de Christine de Pizan, se penetra en el campo de una mujer culta y en el campo de la espiritualidad femenina.

La difusión de la palabra escrita de las mujeres suele ser fugaz.
Tenemos otros ejemplos de voces femeninas como las líricas de las trobairitz, contrapunto femenino de los trovadores, que antes hemos comentado haciendo oír su voz en debates y canciones de amor, pero en un contexto popularizante y de trovadores aristocráticos, son por el contrario las voces místicas, la literatura espiritual los vehículos que permiten hablar y expresarse a las mujeres desde sus sentimientos más profundos.

La difusión de estas palabras podemos rastrearla gracias a los manuscritos y a las Vitae, textos escritos a partir del XIII en las congregaciones femeninas, muy elocuentes acerca de la conciencia de la comunidad de mujeres.