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CARPETA DIDÁCTICA. PROFESORES
MUJERES MEDIEVALES I 3/
ISBN-84-9714-108-3
Clara Martínez Tomás
 

3.1.- EL ESTUDIO DE LAS MUJERES MEDIEVALES.
 
ACTIVIDAD INICIAL INDIVIDUAL:

Expón en una relación cuántas mujeres del período medieval conoces.
¿Qué sabes de ellas?
¿Echas en falta conocer algo más acerca de la historia de las mujeres en el curriculum escolar?

Sea cual sea la respuesta a esta actividad inicial, seguramente resultará insatisfactoria, si la comparamos, con otros conocimientos y noticias que los alumnos y la sociedad en general tienen al respecto.

LECTURA COMPLEMENTARIA
LAS MUJERES Y LA HISTORIA DE EUROPA.

Por Pilar Ballarín, Margarita M. Birriel, Cándida Martinez y Teresa Ortíz. Universidad de Granada

http://www.helsinki.fi/science/xantippa/wes/wes20.html
 

 Este capítulo sobre las mujeres y la historia de Europa se inscribe en la corriente de Historia de las mujeres que se ha venido caracterizando por un enfoque privilegiado hacia las protagonistas femeninas del proceso histórico, pero cuya pretensión va más allá: dar identidad sexual a la historia.

La Historia de las mujeres surge en los años sesenta en íntima relación con el feminismo contemporáneo. En esos primeros años los centros de atención giran en torno al estudio de los orígenes y causas de la posición subordinada de las mujeres en la sociedad y al por qué de dicha situación que parecía perpetuarse a lo largo de la historia. Tras un periodo de aportaciones historiográficas de tipo contributivo que ponían de relieve las formas de opresión y reacción de las mujeres, la Historia de las mujeres entró en una fase de renovación metodológica y conceptual vinculada, por un lado, al desarrollo de las teorías feministas contemporáneas y, por otro, a la Historia Social. De esta forma, en los años setenta, se consolida como rama autónoma de las disciplinas históricas gracias al esfuerzo de conceptualización y metodológico de profesionales como Gerda Lerner, Natalie Zemon Davies, Renata Bridenthal y Carrol Smith-Rosenberg, entre otras (NASH, 1982; 22). 

Hasta hace muy poco gran parte de los historiadores, y también historiadoras, han parecido ignorar que las sociedades estudiadas estaban divididas, además de en etnias, clases, naciones, religiones o edades, por algo que las atraviesa a todas: sexos. Y es que, el individuo social estudiado se ha presentado como neutro, asexuado. Esta exclusión viene determinada porque en la concepción positivista e historicista del proceso histórico las mujeres no aportan nada al mismo. Tampoco la historiografía marxista, en la medida en que se ha centrado en la división en clases sociales, se ha ocupado de las mujeres como grupo social diferenciable del de los varones que atraviesa a todas las clases sociales. No obstante no podemos negar a ésta la aportación de algunos instrumentos que han servido a nuestro análisis (explotación, opresión, alienación, liberación...)

Algunos principios como el "carácter político de lo privado" y "el sexo como categoría social", han llevado a las historiadoras de las mujeres a debatir, entre otras, cuestiones como la mayor o menor pertinencia de considerar una "cultura femenina" -que, si bien sirve al reconocimiento de la especificidad, corre el peligro de hacer olvidar las significaciones simbólicas en que se ha basado la subordinación de las mujeres-; la redefinición del feminismo desde su diversidad y la de las periodizaciones tradicionales en consonancia con la experiencia histórica de las mujeres (PERROT, 1984; ROSSANDA, 1984; ADINOLFI, 1980; IRIGARAY, 1992; FOLGUERA, 1982)
Estas historiadoras se cuestionan algunos supuestos básicos de la historiografía tradicional y se produce ese paso que señala Stimpson (En BRAIDOTTI, 1991;11) para el desarrollo de la teoría feminista contemporánea, y que caracteriza a los Estudios de las Mujeres: la redefinición de lo universal desde la perspectiva del género.

La Historia de las mujeres no pretende ser la historia solo de media humanidad porque concierne tanto a varones como a mujeres. Por ello, en los últimos años, las historiadoras feministas hemos comenzado a utilizar el concepto "género" para referirnos a la organización social de las relaciones entre los sexos, conscientes de la necesidad de introducir categorías analíticas nuevas y propiciar cambios metodológicos que transformen los paradigmas históricos tradicionales. Género hace referencia a la construcción cultural derivada de la sexuación. "Categoría cultural impuesta sobre un cuerpo sexuado" (SCOTT, 1990;28)

Toda Historia de las mujeres y del género es Historia social, siempre que ésta no se entienda de forma restringida como historia de la sociedad determinada por la estructura de clase, pero no puede equipararse ni supeditarse a ella. Porque aunque la Historia de las mujeres se ocupa también de las clases éstas no funciona igual para varones que para mujeres y, por tanto, su experiencia de clase es distinta; la Historia social se ha visto removida por estos planteamientos.
Al mismo tiempo, la nueva historia de las mujeres requiere de un análisis de la relación no sólo entre "experiencia masculina y femenina en el pasado, sino también la conexión entre la historia pasada y la práctica histórica actual" (SCOTT, 1990;27)

La perspectiva histórica que presentamos pretende recoger algunas parcelas que puedan explicar aspectos importantes de la vida de las mujeres en Europa y, por tanto, de la Historia de Europa. Es feminista en tanto que parte de una perspectiva igualitaria y está marcada por los efectos de los feminismos contemporáneos en el campo del conocimiento -es el movimiento de mujeres el que se interroga sobre su pasado y su futuro y, en consecuencia, nos introduce en el terreno de la historia- pero no renunciamos a que sea plural y es por esto que no hablamos solo de las conquistas femeninas sino de aquellos aspectos de la historia de las mujeres que consideramos más elocuentes para comprender la evolución del sistema de géneros.

Nuestra reflexión parte de las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres europeas a lo largo de la historia considerando tanto las actividades realizadas en el ámbito doméstico como, fundamentalmente, su incorporación al trabajo asalariado y a la educación, en el mundo contemporáneo. Pensamos que son precisamente estos dos últimos factores los que permiten y sientan las bases del movimiento organizado de las mujeres europeas que se reivindicaran como ciudadanas y, en consecuencia, demandarán los derechos -hasta entonces privilegio de varones- de los que venían siendo excluidas. Este movimiento es responsable de los profundos cambios acaecidos en la Europa del siglo XX en el orden político, social, cultural y económico que están generando una nueva configuración de los modelos de género.

El pasado de las mujeres europeas es, sin duda, muy variado, ligado a culturas y procesos socio-políticos diversos, pero, el hecho de que sean los aspectos de nuestra convergencia presente los que nos mueven a rastrear nuestro pasado, hace que nuestra historia focalice más lo común entre nosotras, el hecho de ser mujeres, que las divergencias fruto de nuestra pertenencia a una nación o cultura. 



El estudio de las mujeres en la historia, como hemos visto en la lectura anterior, es una disciplina reciente y no exenta de polémica y de diferentes metodología en el estudio y acercamiento de la vida de las mujeres en las sociedades históricas.

Durante años se ha desprestigiado e infravalorado el estudio de las mujeres, tachándolo de “feminista” y de un género menor en el discurso científico.

Afortunadamente, cada vez más, encontramos en las universidades, cátedras dedicadas a los estudios de género e instituciones científicas y académicas, cuyas investigaciones actualizan los conocimientos históricos y ofrecen nuevas visiones y metodologías de acceso al estudio del tema.
 

Algunos de los problemas que el estudio de las mujeres presenta, es la imposición, en casi todos los ámbitos académicos tanto en universidades, como en centros de enseñanzas medias, de la tradición positivista e historicista, en las que el estudio a las estructuras sociales y a las relaciones humanas en las sociedades históricas no es objeto de estudio, dedicándose al estudio de datos y fechas, estableciendo un símil con la informática vendría a ser algo así como :

La obtención de información sin procesarla.

Otra dificultad que encontramos en el estudio de las mujeres medievales radica en la extensión del período histórico medieval, mil años de historia, muy ricos en cambios y procesos sociales, una sociedad cada vez más compleja y cambiante, pero muy pobre en la disposición de fuentes para su estudio.

Por último y ligado a este último punto es la carencia de fuentes para el estudio de las mujeres medievales.

3.2.- LAS MUJERES EN LA SOCIEDAD

El rol de las mujeres en la sociedad medieval estaba determinado por diversos factores, entre los que se encontraba la edad,  no tanto la cronológica sino la social, y su contexto, su situación social y procedencia, el entorno donde residían, pero nunca su voluntad, veamos qué papeles desempeñaban las mujeres en su reducido universo.

En los apartados siguientes veremos qué situación se destinaba a las mujeres en diferentes ámbitos de la sociedad, para comprender esto, veremos en primer lugar las ideas que sobre las mujeres había en el medievo, construidas primordialmente desde la Iglesia, cómo se ordena la vida social de las mujeres de acuerdo a unos conceptos religiosos y cual debe ser su papel en la sociedad.

Una vez visto este contexto, veremos la situación de las mujeres en los diferentes ámbitos de la vida, la mujer y el matrimonio, la religión, el trabajo y la cultura.