3.1.-
EL ESTUDIO DE LAS MUJERES MEDIEVALES.
| ACTIVIDAD INICIAL INDIVIDUAL:
Expón en una relación cuántas
mujeres del período medieval conoces.
¿Qué sabes de ellas?
¿Echas en falta conocer algo más
acerca de la historia de las mujeres en el curriculum escolar? |
Sea cual sea la
respuesta a esta actividad inicial, seguramente resultará insatisfactoria,
si la comparamos, con otros conocimientos y noticias que los alumnos y
la sociedad en general tienen al respecto.
Este capítulo
sobre las mujeres y la historia de Europa se inscribe en la corriente de
Historia de las mujeres que se ha venido caracterizando por un enfoque
privilegiado hacia las protagonistas femeninas del proceso histórico,
pero cuya pretensión va más allá: dar identidad
sexual a la historia.
La Historia de las
mujeres surge en los años sesenta en íntima relación
con el feminismo contemporáneo. En esos primeros años los
centros de atención giran en torno al estudio de los orígenes
y causas de la posición subordinada de las mujeres en la sociedad
y al por qué de dicha situación que parecía perpetuarse
a lo largo de la historia. Tras un periodo de aportaciones historiográficas
de tipo contributivo que ponían de relieve las formas de opresión
y reacción de las mujeres, la Historia de las mujeres entró
en una fase de renovación metodológica y conceptual vinculada,
por un lado, al desarrollo de las teorías feministas contemporáneas
y, por otro, a la Historia Social. De esta forma, en los años setenta,
se consolida como rama autónoma de las disciplinas históricas
gracias al esfuerzo de conceptualización y metodológico de
profesionales como Gerda Lerner, Natalie Zemon Davies, Renata Bridenthal
y Carrol Smith-Rosenberg, entre otras (NASH, 1982; 22).
Hasta hace muy poco
gran parte de los historiadores, y también historiadoras, han parecido
ignorar que las sociedades estudiadas estaban divididas, además
de en etnias, clases, naciones, religiones o edades, por algo que las atraviesa
a todas: sexos. Y es que, el individuo social estudiado se ha presentado
como neutro, asexuado. Esta exclusión viene determinada porque en
la concepción positivista e historicista del proceso histórico
las mujeres no aportan nada al mismo. Tampoco la historiografía
marxista, en la medida en que se ha centrado en la división en clases
sociales, se ha ocupado de las mujeres como grupo social diferenciable
del de los varones que atraviesa a todas las clases sociales. No obstante
no podemos negar a ésta la aportación de algunos instrumentos
que han servido a nuestro análisis (explotación, opresión,
alienación, liberación...)
Algunos principios
como el "carácter político de lo privado" y "el sexo como
categoría social", han llevado a las historiadoras de las mujeres
a debatir, entre otras, cuestiones como la mayor o menor pertinencia de
considerar una "cultura femenina" -que, si bien sirve al reconocimiento
de la especificidad, corre el peligro de hacer olvidar las significaciones
simbólicas en que se ha basado la subordinación de las mujeres-;
la redefinición del feminismo desde su diversidad y la de las periodizaciones
tradicionales en consonancia con la experiencia histórica de las
mujeres (PERROT, 1984; ROSSANDA, 1984; ADINOLFI, 1980; IRIGARAY, 1992;
FOLGUERA, 1982)
Estas historiadoras
se cuestionan algunos supuestos básicos de la historiografía
tradicional y se produce ese paso que señala Stimpson (En BRAIDOTTI,
1991;11) para el desarrollo de la teoría feminista contemporánea,
y que caracteriza a los Estudios de las Mujeres: la redefinición
de lo universal desde la perspectiva del género.
La Historia de las
mujeres no pretende ser la historia solo de media humanidad porque concierne
tanto a varones como a mujeres. Por ello, en los últimos años,
las historiadoras feministas hemos comenzado a utilizar el concepto "género"
para referirnos a la organización social de las relaciones entre
los sexos, conscientes de la necesidad de introducir categorías
analíticas nuevas y propiciar cambios metodológicos que transformen
los paradigmas históricos tradicionales. Género hace referencia
a la construcción cultural derivada de la sexuación. "Categoría
cultural impuesta sobre un cuerpo sexuado" (SCOTT, 1990;28)
Toda Historia de
las mujeres y del género es Historia social, siempre que ésta
no se entienda de forma restringida como historia de la sociedad determinada
por la estructura de clase, pero no puede equipararse ni supeditarse a
ella. Porque aunque la Historia de las mujeres se ocupa también
de las clases éstas no funciona igual para varones que para mujeres
y, por tanto, su experiencia de clase es distinta; la Historia social se
ha visto removida por estos planteamientos.
Al mismo tiempo,
la nueva historia de las mujeres requiere de un análisis de la relación
no sólo entre "experiencia masculina y femenina en el pasado,
sino también la conexión entre la historia pasada y la práctica
histórica actual" (SCOTT, 1990;27)
La perspectiva histórica
que presentamos pretende recoger algunas parcelas que puedan explicar aspectos
importantes de la vida de las mujeres en Europa y, por tanto, de la Historia
de Europa. Es feminista en tanto que parte de una perspectiva igualitaria
y está marcada por los efectos de los feminismos contemporáneos
en el campo del conocimiento -es el movimiento de mujeres el que se interroga
sobre su pasado y su futuro y, en consecuencia, nos introduce en el terreno
de la historia- pero no renunciamos a que sea plural y es por esto que
no hablamos solo de las conquistas femeninas sino de aquellos aspectos
de la historia de las mujeres que consideramos más elocuentes para
comprender la evolución del sistema de géneros.
Nuestra reflexión
parte de las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres europeas a
lo largo de la historia considerando tanto las actividades realizadas en
el ámbito doméstico como, fundamentalmente, su incorporación
al trabajo asalariado y a la educación, en el mundo contemporáneo.
Pensamos que son precisamente estos dos últimos factores los que
permiten y sientan las bases del movimiento organizado de las mujeres europeas
que se reivindicaran como ciudadanas y, en consecuencia, demandarán
los derechos -hasta entonces privilegio de varones- de los que venían
siendo excluidas. Este movimiento es responsable de los profundos cambios
acaecidos en la Europa del siglo XX en el orden político, social,
cultural y económico que están generando una nueva configuración
de los modelos de género.
El pasado de las
mujeres europeas es, sin duda, muy variado, ligado a culturas y procesos
socio-políticos diversos, pero, el hecho de que sean los aspectos
de nuestra convergencia presente los que nos mueven a rastrear nuestro
pasado, hace que nuestra historia focalice más lo común entre
nosotras, el hecho de ser mujeres, que las divergencias fruto de nuestra
pertenencia a una nación o cultura.
El estudio de
las mujeres en la historia, como hemos visto en la lectura anterior, es
una disciplina reciente y no exenta de polémica y de diferentes
metodología en el estudio y acercamiento de la vida de las mujeres
en las sociedades históricas.
Durante años
se ha desprestigiado e infravalorado el estudio de las mujeres, tachándolo
de “feminista” y de un género menor en el discurso científico.
Afortunadamente,
cada vez más, encontramos en las universidades, cátedras
dedicadas a los estudios de género e instituciones científicas
y académicas, cuyas investigaciones actualizan los conocimientos
históricos y ofrecen nuevas visiones y metodologías de acceso
al estudio del tema.
Algunos de los problemas
que el estudio de las mujeres presenta, es la imposición, en casi
todos los ámbitos académicos tanto en universidades, como
en centros de enseñanzas medias, de la tradición positivista
e historicista, en las que el estudio a las estructuras sociales y a las
relaciones humanas en las sociedades históricas no es objeto de
estudio, dedicándose al estudio de datos y fechas, estableciendo
un símil con la informática vendría a ser algo así
como :
La obtención
de información sin procesarla.
Otra dificultad
que encontramos en el estudio de las mujeres medievales radica en la extensión
del período histórico medieval, mil años de historia,
muy ricos en cambios y procesos sociales, una sociedad cada vez más
compleja y cambiante, pero muy pobre en la disposición de fuentes
para su estudio.
Por último
y ligado a este último punto es la carencia de fuentes para el estudio
de las mujeres medievales.
3.2.-
LAS MUJERES EN LA SOCIEDAD
El rol de las mujeres
en la sociedad medieval estaba determinado por diversos factores, entre
los que se encontraba la edad, no tanto la cronológica sino
la social, y su contexto, su situación social y procedencia, el
entorno donde residían, pero nunca su voluntad, veamos qué
papeles desempeñaban las mujeres en su reducido universo.
En los apartados
siguientes veremos qué situación se destinaba a las mujeres
en diferentes ámbitos de la sociedad, para comprender esto, veremos
en primer lugar las ideas que sobre las mujeres había en el medievo,
construidas primordialmente desde la Iglesia, cómo se ordena la
vida social de las mujeres de acuerdo a unos conceptos religiosos y cual
debe ser su papel en la sociedad.
Una vez visto este
contexto, veremos la situación de las mujeres en los diferentes
ámbitos de la vida, la mujer y el matrimonio, la religión,
el trabajo y la cultura.

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