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INTRODUCCIÓN AL TEMA
3.3 SOCIEDADES
Y ALIMENTACIÓN
LOS PRODUCTOS
ALIMENTICIOS
CRISTIANOS
JUDÍOS
MUSULMANES

LOS PRODUCTOS
ALIMENTICIOS
La dieta de la sociedad
medieval, estaba supeditada a la producción agrícola y ganadera,
el pescado y sus conservas en salazón en zonas pesqueras.
Pero inciden otros
factores que enriquecen o varían la dieta, como la opción
religiosa y dentro de esta el calendario litúrgico.
En las tres religiones
que estamos viendo en nuestras Guías didácticas: el Islam,
el cristianismo y el judaísmo, la dieta se rige por las prescripciones
religiosas y el calendario litúrgico.
Así por ejemplo
durante la Pascua no se puede comer carne según el calendario cristiano,
hasta hace poco tiempo los viernes durante todo el año estaba mal
considerado su consumo.
Durante la Pascua
hebrea o Pesah, el consumo de pan ácimo, sin levadura y de verduras
amargas como rábanos, es obligado durante la noche de Pesaj, ya
que conmemora los amargos momentos que pasaron durante la esclavitud en
Egipto.
El ayuno durante
el día de agua y alimentos es una costumbre durante el mes de Ramadán
musulmán.
Vemos como una vez
pasadas estas fiestas las tres religiones incluyen como alimento significativo
el sacrificio de un cordero.
Por otra parte
también los acontecimientos que tienen que ver con el ciclo de la
vida: Nacimientos, bodas, fallecimientos... están relacionados con
unas costumbres gastronómicas determinadas.
Hemos dividido este
Guía según las costumbres religiosas de los tres grandes
grupos del medievo, aunque veremos un apartado general de los productos
de consumo cotidianos durante el medievo.
LOS PRODUCTOS
DE CONSUMO
Durante el medievo
la dieta estaba supeditada a los productos mediterráneos por excelencia;
el cereal en sus variedades, viñedo y olivo.
El trigo constituyó
la especie más cultivada, el viñedo fue cultivado por cristianos
y hebreos, no así por musulmanes pues tienen prohibido el consumo
de vino.
Las legumbres,
lentejas, garbanzos y judías eran también base de la dieta.
La ganadería
ocupa un lugar importante en la economía cristiana medieval,
encontramos las siguientes especies:
Bóvidos,
cerdos y ovinos.
Sin duda la dieta
medieval incorporó nuevos productos durante el período de
dominación musulmán y la introducción de nuevos cultivos,
provenientes de Oriente y norte de África, los frutos secos y variedades
de palmeras datileras, caña de azúcar, y el gusto excesivo
por los dulces elaborados a base de miel y almendras, los que todavía
quedan en nuestras recetas tradicionales.
En la dieta castellana,
el trigo era consumido en forma de pan, que es un alimento muy significativo
tanto simbólicamente en el cristianismo, ya que representa el cuerpo
de Cristo, como alimento básico de toda la sociedad medieval cristiana.
El pan ácimo,
sin levadura, era consumido por la sociedad hebrea y musulmana.
Respecto al consumo
de carne, como ya hemos citado anteriormente, no había restricciones
, salvo las que indicaba el calendario litúrgico, en cualquier caso
podía obtenerse una bula de Roma para poder seguir consumiendo carne
todo el año.
En al-Andalus, los
sistemas de regadío proporcionaron una producción de productos
de la huerta, conllevaba una organización del territorio y un cambio
en la alimentación de la sociedad andalusí, se introdujo
el cultivo y consumo de la caña de azúcar, el algodón,
el arroz, el sorgo o zahina, el trigo duro, los cítricos salvo la
cidra, un gran número de hortalizas, frutas y verduras (sandía,
berenjena, espinacas, etc.), árboles tropicales como el cocotero
o el mango, y una serie de plantas no comestibles bastante amplia.
En cuanto a los
platos introducidos por los árabes, citaremos sólo los más
significativos: cuscús almohade, y otros como tarid, asida, tafaya,
o el zirbay, estos dos últimos de origen persa; y tampoco debemos
olvidar que se importó la tradición centroasiática
de las leches fermentadas, cuajadas, yogurt, etc.
Trigo, cebada, habas,
garbanzos, aceite, manteca, harina, miel, pasas, higos, almendras, carne
-entre las que se citan la de vaca y la de carnero- pan, sal y fruta en
general.
†
COCINA CRISTIANA.
| LECTURA COMPLEMENTARIA 1
La Cocina en la Edad Media Europea
Mª Isabel Yagüe
La primera gran mesa del Occidente medieval
fue la del emperador Carlomagno, gigante, majestuoso y posiblemente analfabeto. |
Aunque fue el primer
rey cristiano que sentó las damas a su mesa. Ordenó que en
todos los huertos se plantaran hortalizas, hierbas aromáticas y
árboles frutales, en especial manzanos sidreros (adoraba la sidra).
Hacía servir a la mesa asno salvaje, relleno de pajarillos, aceitunas
verdes y trufas enteras. Impuso de nuevo, siguiendo a romanos y persas,
el pavo real que se sirvió en el banquete de su coronación
como Emperador de Occidente. La cocina del Sacro Imperio, en los siglos
X y XI, era sumamente dilapidadora, en palacios, monasterios y catedrales,
donde los cocineros gustaban cocer, con mosto de vino, aves, caza de las
selvas germánicas y grandes salmones y lucios. Guisaban lechones
cocidos con miel y pichones rellenos de jalea de arándanos.
Junto a esta opulencia,
siervos y campesinos sufrían años de hambre devastadora:
En Alemania, Francia, Polonia, Bohemia o Hungría se dieron casos
de antropofagia, recuérdese la leyenda de San Nicolás o el
cuento de Pulgarcito (del término húngaro, viene la palabra
ogro). Para paliar estos estragos, los germanos extendieron el consumo
del cerdo en la cocina, y popularizaron la "sauerkraut", col blanca fermentada
(de "sauer", agrio, y "kraut", vegetal), también, llamada "choucroute"
por los franceses; macerada y hervida. La col blanca, encurtida con sal
y pimienta blanca en grano, durante tres o cuatro semanas, luego hervida,
unas cuatro horas, con zanahorias, cebollas cortadas en rodajas, manteca
de cerdo o de oca y vino blanco, y condimentada con diversas especias,
acompaña a un buen número de platos germanos, típicos
desde el siglo XIII, como las salchichas de Frankfurt.
En Bélgica,
se elabora el denominado potaje de coles de Bruselas y que consiste en
cocer en abundante agua con sal 600 gr. de estas coles, juntamente con
100 gr. de judías y 100 de garbanzos, previamente puestos a remojo
la noche anterior. Una vez todo cocido, se debe separar del caldo, la verdura
y las legumbres. En otra cacerola, hay que derretir mantequilla para rehogar
las coles y legumbres, espolvorear con harina y, a continuación,
añadir el caldo de la cocción, sal, pimienta negra y nuez
moscada rallada; se deja cocer todo media hora, se reduce a puré
y se añade una salsa previamente elaborada con medio vaso de crema
de leche y una yema de huevo. Finalmente, se echa por encima trocitos de
pan frito.
A partir del siglo
XIII, el hambre va desapareciendo lentamente gracias a las gachas de cereales,
legumbres, aves de corral y a la carne de cerdo salado o embutido. Es el
momento del pleno apogeo del ajo, considerado como protector contra la
peste, siguiendo una tradición hebrea.
También es
éste el siglo de expansión del uso del tenedor que se introdujo
en Venecia; al principio fue visto como cosa demoníaca, en unos
ambientes, y afeminada, en otros. Las especias de Oriente, por sus precios
tan elevados, tampoco eran de uso general. Cuando se hizo habitual la ruta
de Vasco de Gama, bordeando las costas africanas, pudieron bajar los precios
de la pimienta, canela, nuez moscada, clavo, etc.; hasta entonces, las
clases populares, hacían uso de las hierbas aromáticas, más
económicas, como el tomillo, ajedrea, mejorana, orégano y
ajo.
En España,
durante el reinado de Alfonso X el Sabio, en Castilla, y de Jaime I, en
la Corona de Aragón, todavía se seguía con unas costumbres
anticuadas, por ej., las damas comían separadas de los varones.
Las comidas cotidianas, según cuenta el Arcipreste de Hita (s. XIV),
en "El Libro Buen Amor", eran cinco, almuerzo por la mañana, yantar
al mediodía, merienda por la tarde, cena al caer el día y
zahorar por la noche. Zahorar era sobrecenar. En La Mancha, esta palabra
significa actualmente hacer una comilona o merienda abundante, entre amigos.
El Arcipreste de Talavera, en la obra misógina "Corvacho o reprobación
del amor mundano", nos ofrece una muestra de todas aquellas delicias de
repostería que se preparaban en las cocinas medievales: entre otras,
violado de confites, alfeñique, acitrón confitado, matalauva,
piñonada, hidromiel...
A lo largo del siglo
XIV, en ningún lugar de Europa, ni en Venecia, ni en la misma Bizancio,
se comió tan espléndidamente como en Avignon. En estas ciudades
citadas, se degustó el plato catalán más famoso, el
menjar blanc, su modo de elaboración aparece, en primer lugar, en
el "Libre de Sent Soví", el recetario medieval más importante
de España. Después, todos los libros de cocina europeos medievales
y renacentistas incluyen este plato consistente en mezclar leche con azúcar
y harina de arroz, en una cacerola puesta a fuego lento. Una vez todo cocido
en su punto, se deja enfriar y se añade por encima agua de azahar.
Otra variante de
este "manjar blanco", que fue famoso hasta el siglo XVII, consistía
en agregar a todo lo anterior pechugas de gallina o de capón muy
desmenuzadas junto con almendra machacada y pan rallado. En este mismo
libro de cocina catalán, podemos leer la primera receta escrita
de una tortilla de huevo, así como la forma de elaborar el "almadroc",
precedente de la salsa ajolio (cat. alioli), que se hacía a base
de emulsionar ajo crudo, queso y agua, y también el "morterol",
que se tomaba el día de Año Nuevo y consistía en mezclar
arroz cocido con leche de almendras, pan rallado y huevos batidos, y se
acompañaba de barquillos endulzados.
 
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