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El CRISTO DE LA CLEMENCIA de Juan Martínez Montañés


Escultura realizada en madera policromada por Juan Martínez Montañés en (1603-1606). Tiene una altura de 1,90 m y se conserva en la sacristía de la Catedral de Sevilla. El Cristo de Clemencia es uno de los Crucificados más representativos del naturalismo barroco español. Fue tallada por encargo de un sevillano particular y con destino a su propia capilla funeraria; el policromado se debe a Francisco Pacheco, maestro y suegro de Diego Velázquez.
El Cristo de la Clemencia de Juan Martínez Montañés

La obra creada por M. Montañés responde con toda precisión a los deseos del cliente: representa a un Cristo crucificado vivo antes de expirar, que con la cabeza inclinada sobre el hombro derecho mira serenamente al que está orando ante él, no hay exageración dramática ni aspavientos agónicos, hay serenidad y dulzura en la mirada, hay comunicación, como quejándose del padecimiento divino por los pecados del orante.

La anatomía de la figura está modelada con una perfección naturalista extrema inspirada en los modelos clásicos, sin más símbolos de la tortura que la propia crucifixión, sin sangre ni crispación muscular, incluso con cierta belleza atlética. El paño de pureza es otra muestra de la habilidad escultórica del artista por el complicado diseño de su variado, múltiple y plegado menudo que rítmicamente se distribuye creando una zona donde el movimiento rompe la quietud vertical.

Martínez Montañés escultor español nació en Sevilla (1568-1649). Es una figura sobresaliente de la escultura en madera policromada, la técnica escultórica que alcanzó mayor desarrollo en la España de los siglos XVI-XVII. Su nombre y el de Gregorio Fernández suponen los puntos culminantes de este arte peculiar, que respondió al ambiente de piedad y devoción característico de la Contrarreforma. De ambos, el último capitalizó la escuela castellana de la talla en madera, mientras Martínez Montañés fue la cabeza visible de la escuela andaluza o sevillana. Llevó a cabo una producción vastísima, religiosa en su totalidad con la única excepción de un busto de Felipe IV (perdido), que debía servir de modelo para la estatua ecuestre encargada al italiano Pietro Tacca. El Cristo de la clemencia y La Inmaculada Concepción de la catedral de Sevilla se cuentan entre sus estatuas más admiradas. Pero su obra maestra es el retablo mayor del monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce, que incluye las magníficas figuras orantes de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y doña María Alonso Coronel. Su obra influyó en escultores como Alonso Cano y Juan de Mesa, de quienes fue maestro, y también en los principales pintores de la escuela sevillana del siglo XVII, entre ellos Velázquez y Zurbarán. Pacheco mantuvo con él una estrecha relación y a menudo policromó sus estatuas.

Que España fuera una de las bases de la Contrarreforma católica, la lucha de los jesuitas españoles en Trento para defender la indiscutibilidad del dogma y el poder de la Iglesia marcarían las más notorias características de nuestro barroco;el arte será utilizado como argumento convincente del poder católico.
El arte se dirigirá entonces a la sensación antes que a la razón. Los fines de la imagen religiosa católica del barroco son el despertar la atención, enternecer la sensibilidad y propiciar la devoción.

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