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Fachada
de San Lorenzo del Escorial
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El estilo herreriano comienza a partir del reinado de Felipe
II y sobre todo con la corriente de austeridad católica
que impregna la sociedad española de la Contrarreforma.
Juan de Herrera dirigió la obra desde 1572 hasta el
final, y le imprimió su sello característico.
Este arquitecto, estudioso de las teorías del romano
Vitrubio, va a influir decisivamente en la arquitectura española
del último cuarto de siglo. Otras obras de Herrera
serán la Lonja de Sevilla y la catedral de Valladolid.
La fachada principal tiene 207 m. de largo por 20 de altura,
con dos torres en los extremos de 75 m. terminadas en pirámides
cubiertas de pizarras coronadas con una bola (1,40 m. de diámetro)
con su veleta y cruz de hierro en el remate. La componen tres
portadas, de las que sobresale y destaca el hermoso y clásico
acceso central-dórico en el cuerpo bajo y jónico
en el superior-ornado de pilastras, ventanas, nichos y cornisas,
coronado todo ello por un frontón rematado por bola,
bajo el que ocupan los lugares de privilegio la figura de
San Lorenzo, el escudo real de Felipe II y dos parrillas que
recuerdan el martirio del santo patrón. Las otras dos
portadas, más simples, pero también rematadas
por un frontón, sirven de acceso al colegio y al convento.
La fachada norte, la primera que encuentra accesible el visitante
que llega de Madrid, corresponde a uno de los lados menores
del rectángulo (162 m.), y nada perturba en ella la
horizontalidad de sus líneas características
entre los dos torreones que la limitan. Tiene tres grandes
puertas; la central es la antigua del Palacio, la de la derecha
corresponde al Colegio de PP. Agustinos, y la de la izquierda
a las habitaciones reales; una cuarta puerta más pequeña
en la torre de las Damas fue la que siempre usó Felipe
II.
Las referidas fachadas quedan enlazadas a través de
La Lonja, explanada formada por losas de granito perpendiculares
entre si, cerrada por un antepecho de piedra berroqueña
labrada, intercalada con pilastras y bolas, con nueve entradas
cerradas con cadenas de hierro. El espacio de Lonja correspondiente
a la fachada norte está atravesado por un camino subterráneo,
"La Mina", construido en tiempos de Carlos III para
desplazarse entre el zaguán de palacio y las Casas
de Oficios a cubierto de las inclemencias climatológicas
invernales.
Los edificios auxiliares situados frente al Monasterio corresponden
a dos momentos distintos: las Casas de Oficios y Ministerios
que dan a la fachada norte son obra de Juan de Herrera, y
las Casas de Infantes, de la Reina y la Compaña, frente
a la fachada principal, se edificaron por Juan de Villanueva
en el reinado de Carlos III; todas ellas atendieron las necesidades
crecientes de la Corte albergando séquitos, funcionarios,
y, en general, personas al servicio del Palacio. Contiguo
a los últimos pabellones se encuentra la Compaña,
amplia edificación con bello patio central ajardinado,
destinada en origen para almacenes y enfermería hasta
que en 1893 fundaron los agustinos en ella la Universidad
Escurialense que hoy sigue cumpliendo esta función.
La antigua Compaña se comunica con el Monasterio mediante
una galería elevada cubierta de pizarra; por ella pasarían
los enfermos a la Galería de Convalecientes, lugar
resguardado desde el que se goza de hermosas vistas. Pero
antes de llegar a la galería se pasa por la antigua
Casa de la Botica, y ya si, tras estas dependencias, se encuentra
la hermosa galería que adopta forma de L con dos cuerpos
o galerías: la baja, a nivel de los jardines, de orden
dórico, y la alta, de orden jónico, con una
hermosa balaustrada y antepechos de piedra, todo ello debido
al excelente diseño del arquitecto Francisco de Mora.
A continuación de uno de los lados de la galería
de Convalecientes se inicia la fachada de Mediodía
(sur) del Monasterio, quizá la más admirable
de todas por su estilo sencillo, de esquemáticas líneas,
operando sobre una colosal fábrica, pues a consecuencia
de los desniveles del terreno tiene mayor altura que las anteriores.
Es la fachada más antigua pues por este lado se comenzó
la construcción del edificio, correspondiendo su revolucionario
diseño, tan abismalmente alejado de los recargados
modos platerescos, a J. B. Toledo, primer arquitecto del Monasterio.
Nos ofrece el insólito espectáculo de cerca
de 300 ventanas sobre una fachada interminable sólo
interrumpida por los torreones esquineros que acotan el edificio.
Las tres pequeñas puertas de la fachada del Mediodía
comunican el edificio con el Jardín de los Frailes
sobre una gigantesca terraza cubierta por un cuidado parterre,
fuentes y un pretil que sirve de excelente mirador tanto del
entorno natural como de la propia fachada. Amplias escaleras
nos permiten descender a las bóvedas para pasar del
jardín a la huerta, en uno de cuyos laterales se sitúa
la alberca en la que se refleja el Monasterio.
La fachada de Oriente, que puede contemplarse al llegar al
Monasterio si se procede de la estación, es la más
sencilla de todas. En su centro se levanta un frontispicio
liso, sin ventanas ni adornos, que corresponde al respaldo
del altar mayor de la basílica; rodeándolo y
a menor altura, acomodándose al desnivel del terreno,
destaca la fachada que corresponde al Palacio de los Austrias.
También toda esta fachada está rodeada por los
hermosos jardines colgantes que así completan los más
de 500 m. de la gigantesca terraza sostenida, a casi 8 metros
de altura por 77 arcos de cantería.
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