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Los
fusilamientos del 3 de mayo
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En 1819 tras haber sufrido una enfermedad que le deja sordo
comienza a decorar su nueva casa con pinturas murales al óleo
que se extienden por dos salones de la planta baja y del primer
piso: son las Pinturas Negras. Este conjunto constituye sin
duda la obra más revolucionaria de Goya: un mundo de
imágenes de pesadilla con algunas de las más
turbadoras escenas de la historia de la pintura occidental.
El estallido de la Guerra de la Independencia en mayo de
1808 supone un grave conflicto interior para el pintor ya
que su ideología liberal le acerca a los afrancesados
y a José I mientras que su patriotismo le atrae hacia
los que están luchando contra los franceses.
La pintura refleja un tema patriótico. Ha pretendido
llamar la atención reflejando en el cuadro un sentido
de cronista fotográfico.
Goya recoge con sus pinceles cómo pudo ser el episodio
que encendió la guerra con toda su violencia y su crueldad
para manifestar su posición contraria a esos hechos
y dar una lección contra la irracionalidad del ser
humano, como correspondía a su espíritu ilustrado.
La ejecución es totalmente violenta, con rápidas
pinceladas y grandes manchas, como si la propia violencia
de la acción hubiera invadido al pintor.
En este óleo de estilo romántico el protagonista
absoluto es el pueblo, en su masa anónima, héroe
colectivo y no figura particular como podía serlo el
general victorioso o el rey en el campo de batalla. Éste
es un concepto claramente romántico y moderno de entender
la guerra y los logros nacionales, que se atribuyen al pueblo
y su voluntad, más que a sus dirigentes.
El grupo de hombres de la izquierda presenta pobreza, espontaneidad
y desorganización; se enfrentan horrorizados a un pelotón
de fusilamiento bien pertrechado, perfectamente alineado y
del que se desprende una imagen de organización y eficiencia.
Pero Goya ha tenido el cuidado de no mostrar el rostro de
ninguno; los franceses sin rostro no son nadie, tan solo una
máquina de guerra delimitada por una negra pincelada
que contrasta con el otro grupo. No hay un solo oficial al
mando, únicamente el pueblo que va a morir y el pueblo
que se debe matar.
La ausencia de color pasa a ser una cuestión más
en los cuadros patrióticos. Es el imperio de la mancha,
desaparecido ya el dibujo. El color que más resalta
en contraste con la oscuridad reinante en el fondo del cuadro,
es el blanco de la camisa del hombre que alza las manos y
la del farol.
La técnica empleada en la composición es totalmente
expresionista, está en la línea progresiva y
libre de Goya, que quiere crear el efectismo por medio del
hombre situado de rodillas, protagonista del cuadro. Y para
remarcarlo, crea una especie de muro formado por los soldados.
Juega con las luces y sombras a su antojo proporcionando
así una profundidad creada por la ilera del pelotón.
Simbólicamente el hombre que desafía a los verdugos
es el símbolo del que clama libertad. Simboliza también
la valentía, el arrojo y la dignidad del que muere
sin ocultar el rostro a quien lo mata. El pelotón simboliza
lo inhumano de la opresión. Y las víctimas son
las distintas reacciones humanas y como tales varias y frágiles:
el que reza, el que se horroriza, el que se desespera, el
que no cree lo que está viendo...
Aunque representa un hecho concreto de la guerra de Independencia
española de los franceses, este cuadro no se ciñe
a ella especificamente, sino que es un cuadro de validez universal
para las guerras y víctimas de las guerras. Goya no
tiene un escenario concreto en su cuadro; no hay arquitectura
apenas... ni siquiera los soldados franceses llevan el uniforme
que en aquellos momentos vestía el ejercito francés.
Lo más destacable del cuadro es el movimiento y la
expresividad de las figuras, que consiguen un conjunto impactante
para el espectador. Otra guerra, en este caso la Civil española
de 1936, provocó serios daños en el lienzo.
Al ser transportado el cuadro y su compañero desde
Valencia a Barcelona, por orden del gobierno de la República
para evitar que las tropas del general Franco tomaran el tesoro
pictórico que constituía el Museo del Prado,
la camioneta que los llevaba sufrió un accidente, rompiéndose
la caja que los protegía y rasgando el lienzo en la
parte izquierda.
Se conserva en la sala 39 del Museo del Prado, Madrid.
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