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El
entierro del Conde Orgaz
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El origen del cuadro es un encargo del párroco de
dicha Iglesia a El Greco para con esta pintura recordar de
una manera más directa al fiel la necesidad de la caridad
para lograr la salvación. El cuadro en sí es
una catequésis.
Este gran cuadro es de estilo manierista (estilo artístico
difundido por Europa en casi la segunda mitad siglo XVI, caracterizado
por la expresividad y la artificiosidad) y está dividido
en dos grandes zonas, por un lado en la parte alta se observa
una zona celestial en donde aparecen Cristo, la Virgen, ángeles,
santos y otros personajes ya fallecidos. En la parte inferior,
la terrenal, se representa un entierro rodeado de personajes,
unos eclesiásticos y otros civiles. Ambas zonas tienen
una luz diáfana que no procede de un punto concreto
( luz artificial usada a criterio del autor; típico
del manierismo), es decir, no se han tenido en cuenta las
antorchas pintadas como procedencia de la luz del cuadro,
si no, habrían habido contrastes entre luces y sombras
en función de la ubicación de las antorchas.
Se podría decir que el Renacimiento es la plasmación
a través de la belleza y la explosión de colores
(sobre todo en la escuela veneciana: Tintoretto, Tiziano),
de los modelos clásicos de acuerdo con la nueva mentalidad
del hombre moderno y cristiano que ya no necesita una interpretación
eclesiástica de la realidad, el pensamiento y la conciencia.
Es un arte que es una recreación del espíritu.
Concretamente el Cinquecento se ubica en la ciudad de Roma
donde todo el arte es religioso bajo el mecenazgo de los Papas
(Julio II, Leon X y Clemente VII). El Renacimiento de los
patrones y modelos (arquitectura, pintura, escultura...) no
es un hecho aislado y desvinculado sino que forma parte de
los cambios políticos (Monarquía Autoritaria
y Estado Moderno), económicos (comienza el Capitalismo),
sociales y urbanos (afianzamiento de la burguesía).
Se consagra al hombre y la naturaleza (sobre todo en la pintura)
combinandolos de forma real y dando volúmen (buena
anatomía a los cuerpos humanos).
El Greco concebía este cuadro como una creación
de su mente no como "un retrato de lo que debió
pasar", es decir, impera su creatividad y no la realidad.
Aunque representa un milagro del siglo IV está situado
en el Toledo de su época se cree para ganarse la simpatía
de la ciudad (se empadronó dos años más
tarde) y obtener encargos de cuadros de donde vivir pintando.
Es característico de su estilo el alargamiento de las
figuras, el horror a los espacios vacíos, el contraste
lumínico y el colorido acentuado.
También resaltan lo alargadas que son las figuras
humanas (sigue un canon según el cual a la cabeza le
corresponde una décima parte de todo el cuerpo) y en
sí el cuadro que es mucho más alto que ancho
porque El Greco con los manieristas postulaban que el cuerpo
humano no puede medirse objetivamente sino que intenta estilizar
bellamente las formas alargandolas en muchos de sus cuadros
(concretamente las manos estilizadísimas en este, los
cuerpos y sobre todo las caras). Dispone a los personajes
y al cuadro en altura y no en la acostumbrada horizontalidad
teatral y renunciando a los fondos y escenarios arquitectónicos
enormes llenos de pórticos y columnas para lograr profundidad
y perspectiva y suprimiendo aludir a tiempo y lugar como también
haría en El Expolio.
Destaca en el cuadro:
Los aristócratas asistentes al entierro son caras reales
de señores nobles del Toledo de la época.
La cara real del cura que oficia es la del que le encargó
este cuadro (totalmente a la derecha con estola).
La de su hijo señalando la escena principal y la de
su padre (del pintor) son las únicas caras de todo
el cuadro que miran de frente al espectador.
A la vírgen la coloca en el medio de la zona celestial
como "medianera" entre la multitud de santos y Jesucrito
para apoyar la contrareforma católica contra la herejía
protestante que postulaba que la vírgen no tenía
un papel medianero entre la humanidad y Dios.
El cuadro tiene forma asemajada a los iconos del arte sacro
para indicar el desapego a lo terrenal.
Los cuerpos terrenales muy anatómicamente logrados
( muy "miguelangelesco").
Explosión de color para resaltar la zona celestial
mientras que en la terrenal predomina el contraste negro/blanco
con las escepciones de los ropajes de los seres celestes en
zona terrenal (incluido el fallecido porque también
va al cielo). Con ello acentúa el dramastismo del cuadro.
En la zona celestial se aprecia la poca frencuencia de la
linea sustituída por las pinceladas y formas de color
mientras que sobre todo en las caras las lineas definen todo.
Un afán por llenar todo el lienzo que hasta da la sensación
de apretujarse.
En la actualidad se conserva justo encima de la tumba del
Señor de Orgaz en Toledo.
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