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EL MUSEO. LA ARQUITECTURA |
| FICHA TÉCNICA |
Proyecto arquitectónico:
Aldo Rossi y César Portela
Dirección de Obra: César Portela y Arturo Conde
Constructora: NECSO |
| Inversión: 1.800 millones
de pesetas |
Superficies útiles:
Primer cuerpo de naves - 4.714 m2
Segundo cuerpo de naves - 3.664 m2
Acuario - 216 m2
Faro - 32 m2 |
La
construcción realizada en el lugar llamado "Punta do Muiño" de la
parroquia de Alcabre en Vigo, es una obra arquitectónica de extraordinario
interés, ya que es uno de los últimos proyectos realizados por el desaparecido
arquitecto italiano Aldo Rossi, firmada en colaboración con el no menos
prestigioso arquitecto gallego, César Portela. Esta construcción es la
única realización de Aldo Rossi en todo el territorio español, por lo que es
un foco de atracción de visitantes de todo el mundo interesados en la obra del
maestro italiano. En la
solución arquitectónica que constituye el Museo del Mar de Galicia, cabe
distinguir seis partes bien definidas:
-
PLAZA EMPEDRADA.
Configurada por edificios preexistentes y otros de nueva planta, que
permiten la comunicación de las playas del Cocho y Mourisca, y posibilita
la continuidad del paso público por el borde litoral. En esta plaza se
ubica la taberna del Museo, de acceso libre e independiente de la visita al
resto de las instalaciones.
-
MUELLE. Es la parte
alta del conjunto que más tiene que ver con el mar en el que, a su vez, van
un muelle marinero, un acuarium, un muelle destinado al amarre de barcos
históricos y un faro de señalización del extremo del espigón que, a su
vez, sirve de mirador del conjunto.

MATERIALES
- La
cantería está omnipresente en muros, pavimentos, bordillos, etc., realizada en
granito gris mondariz.
- Las
cubiertas son de chapa de cobre, y la linterna y veleta del faro, de bronce, lo
que asegura un envejecimiento digno.
- Los
espacios interiores se han realizado combinando piedra vista y estucados,
siempre en verdes y azules en sus tonalidades marinas.
Es el propio César Portela
quien describe su obra: "En este proyecto los espacios edificados, tanto
los que se rehabilitan como los de nueva planta, así como los espacios vacíos
que entre ellos se conforman, además de recibir un tratamiento arquitectónico
singular, se conciben formando parte de un conjunto de orden superior: El Museo
del Mar de Galicia. Este conjunto se comporta como una pieza urbanística que
sirve de transición entre la Tierra y el Mar, y se configura como un Cabo,
mitad Naturaleza, mitad Artificio, en este paradigmático lugar del borde
litoral, próximo a la ciudad de Vigo, que incorpora la Ría como una parte mas
del proyecto, sin duda más importante.
El Museo del Mar de Galicia, se
concibe así como un único e inequívoco ámbito espacial con identidad propia,
tal como requiere la función que alberga y la singularidad del lugar en el que
se ubica, delimitado en parte por un muro perimetral y en parte, por el propio
mar, y lleno a su vez, de espacios menores, dotados de fuerte arraigo y
personalidad, en los que tienen cabida los más diversos usos que el Programa
contempla, y que a medida que se suceden, van creando secuencias capaces de
transportarnos a través de jardines, edificios, patios, plazas, paseos
,pasarelas, muelles..., desde la tierra firme hasta orillamar. Y todo ello sin
manifestar la menor disfunción o desequilibrio, sino por el contrario, logrando
un continuo armónico en el que tienen cabida las funciones más rigurosas y las
más lúdicas, y donde los espacios públicos y los privados se suceden, se
combinan y se funden como partes de un todo, donde el tiempo y el espacio se
ponen al servicio de la Cultura y de la Naturaleza.
La obra, en su conjunto, es un
escenario que se sabe incompleto sin la presencia de usuarios: los visitantes
del museo, quienes en sus desplazamientos a través de los diferentes ámbitos,
delimitados por fachadas y cubiertas cuando son cerrados, o simplemente por
muros cuando son abiertos, y en sus aproximaciones o en sus alejamientos a
los huecos en ellos practicados, completarán el discurso expositivo del museo,
con el disfrute del mar y el cielo que, tras ellos, se ofrecen en toda su
inmensidad y belleza.
Los muros, de fábrica de
piedra, acotan recintos que, en ocasiones se transforman en fachadas, las cuales
una veces acercan y otras alejan el mar, pero siempre defienden de los vientos y
de las lluvias que, con frecuencia, alcanzan el grado de temporales, y arrecian
desde la boca de la ría. La aproximación o el alejamiento al paisaje se debe a
esos huecos practicados en los muros, que según su posición y formato,
enmarcan visiones insólitas y variadas, y las convierten en el principal y, sin
duda, en el más real y rico material museístico que en el Museo se ofrece.
Las ventanas son como ojos
dotados de geometría aristada, que captan escenas marinas, allí donde éstas
se hallan, las enmarcan, se apropian de ellas, las acercan y se las ofrecen a
los visitantes como si de una colección de cuadros se tratara. Pero todo ello
no deja de ser un espejismo, porque el mar, que parece dejarse atrapar y
ofrecerse en esta variada serie de marcos o escaparates, que los huecos de los
muros simulan, sigue vivo y libre, cumpliendo su cometido, y dejándose surcar
incesantemente por barcos, marinos y marineros que viven en él y de él.
Todo el conjunto edificado,
conformado por dos familias de naves y un edificio y una pasarela elevada que
las relaciona, puede considerarse un observatorio desde el cual contemplar y
disfrutar el mar, en tanto que se recorren sus espacios interiores. Pero, a
mayores, y como complemento de estos, se han proyectado una serie de espacios
exteriores de diferente tamaño, configuración y funcionalidad: plazas, patios,
galerías, balcones, jardines..., localizados en puntos estratégicos del
conjunto. Su diferente localización, y la peculiar tipología y proporción de
cada uno de ellos, permite visiones singulares y diferentes, todas ellas
complementarias del único paisaje exterior: el Mar. El Patio de la Palmera, el
Mirador de Poniente, la Plaza del Puerto, la Plaza de Barlovento, la Galería de
la Taberna del Puerto, el Patio de Sotavento, la Plaza del Faro y los miradores
de la Base o el de la Linterna, también del faro, configuran una constelación
de sitios, que hace posible que cada visitante encuentre el suyo
propio".
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