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El anteproyecto de esta obra
fue encargado por la Consellería de Cultura de la Xunta de Galicia en diciembre
de 1992 a los arquitectos Aldo Rossi y César Portela. Desde esa
fecha, además de la muerte del arquitecto italiano, se produjeron una serie de
circunstancias que ralentizaron el ritmo de las obras. En 1999, con el encargo
del Consorcio de la Zona Franca, el arquitecto pontevedrés César Portela
retomó la construcción del Museo y, respetando la idea del anteproyecto
inicial, aportó una serie de mejoras para adecuar el espacio a las nuevas
necesidades museísticas y ejecutar el proyecto en su totalidad. César
Portela describe así la idea que ha dado forma en su trabajo: "El
espacio del Museo se ha concebido como un espacio real que permite realizar a su
través un viaje ideal. Su recorrido debe constituir una aventura personal por
el espacio y por el tiempo, que sirva para aproximarse y comprender un mundo: el
del mar. El espacio
global del Museo se configura como suma de múltiples espacios de menor entidad,
que se suceden e interrelacionan, configurando un
itinerario-expositor que semeja una "ruta", un
"camino", a lo largo del cual iremos descubriendo la singularidad,
el encanto, el misterio y la memoria del mundo marino, y
del paisaje litoral, conformando un camino, que a su vez pretende ser claro
y lineal, y permitir, desde cualquier punto, una fácil orientación y la
toma de decisiones, por parte del visitante, acerca de las múltiples
alternativas itinerantes que el Museo ofrece.

El
recorrido por el Museo supondrá un paseo a lo largo de un tiempo mítico e
histórico, acompañado por la fuerte presencia de la Ría, y constituirá una experiencia
científica, artística y vital. Un recorrido por un laberinto estético,
a través del cual se puede sentir el regocijo del enriquecimiento cognitivo, la
alegría de comprender y de gozar, a partir de secuencias y estímulos,
rítmicamente ordenados, en el que los objetos -el factor estático-, y su
disposición -el factor cinético-, no son más que elementos de estimulación,
y de información, que conforman los "quanta" de un mensaje global, de
superior entidad: El Mundo Marino, cuya presencia nos llega del otro lado
de los muros a través de los huecos en él practicados. También de los olores
y de los sonidos, de la atmósfera toda que impregna el ambiente. Se
trata, al fin, de configurar espacios dotados de un orden propio, que incorporen
formas y colores en un proceso de síntesis de las Artes que, a su vez, sean
capaces de integrarse e integrar a la Naturaleza. Arquitectura pensada para un
lugar, potente, austera, sin gestos gratuitos, depurada, escueta, ligera de
equipaje, casi desnuda, como nos decía Machado que se encontraban a borde de
la nave, los hijos de la mar, dispuestos a afrontar el último viaje".
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