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FUNDACIÓN EDUARDO CAPA DE ESCULTURA

 

EL CASTILLO DE SANTA BÁRBARA


              Al castillo se accede por una carretera posterior que sube, entre pinares, a través del flanco norte, o por unos ascensores excavados en la montaña que se elevan 144 metros y a los que se llega por un túnel de 205 metros, que nace a espaldas de la playa del Postiguet. 

                 Es por superficie una de las fortalezas de traza medieval más grande que existen en Europa. Ocupa toda la cumbre y buena parte de la ladera del Monte Benacantil, mole rocosa que emerge junto al mar y cuya altitud máxima es de 166 metros. Su privilegiada situación desde la que se divisa a la perfección la bahía de Alicante y la antigua huerta, propició que allí hubiera asentamientos humanos desde tiempos remotos pues se han encontrado vestigios de la Edad de Bronce, ibéricos y romanos. Su origen es musulmán y data de finales del siglo IX. 

             De muy rica historia, recibe el nombre de Santa Bárbara porque el día de su festividad, el 4 de Diciembre de 1.248 fue conquistada a los árabes por el infante Alfonso de Castilla, futuro rey Alfonso X El Sabio; se abre un nuevo periodo de cruentas luchas, en esta ocasión entre Aragón y Castilla. Unos lo destruyen, otros lo reedifican, por ello el visitante, al contemplar sus muros verá junto a fragmentos de puro origen árabe, otros construidos por el rey aragonés Jaime II en 1.296. Hasta entonces sólo era castillo la parte alta del actual, terminando en la plaza del “Albacar d’en mig” o de la Torreta. 

El rey Carlos I ordenará su fortificación a comienzos del XVI y Felipe II sabe de la importancia de esta plaza que es la puerta que los piratas, venidos del Norte de África, desean abrir para penetrar en España. Y por esto en 1.562, proyecta su ampliación.

Durante la guerra de Carlos II con Luis XIV de Francia, se bombardea  Alicante y su castillo en 1.689 por una escuadra francesa mandada por el almirante D’ Estrés.

               En la Guerra de Sucesión,  las tropas de Felipe V regresan a la ciudad y tras la voladura de una gran mina, entre otras operaciones militares, consiguen recuperar el Castillo el 19 de abril de 1.709, fecha en la que se retiran las tropas británicas y es ocupado por el ejército español, comenzando su última gran adaptación. Deja de ser castillo y empieza su vida como Fortaleza: se levanta una ermita a Santa Bárbara, se construye un gran cuartel, parque de ingenieros, hospital, …a la par que son demolidas la mayor parte de las viejas construcciones medievales.

En 1.893, por considerar nulo su interés para la defensa nacional, el gobierno ordenó que fuese desartillado. En 1.929 fue cedido en propiedad, por el Estado, al ayuntamiento de la ciudad.

Su apertura al público como lugar de interés turístico se produce a principios de los años 60, coincidiendo con la inauguración de los dos ascensores, siendo declarado Monumento Histórico-Artístico en 1961.

Tras unas pequeñas prospecciones arqueológicas realizadas por la Comisión Provincial de Monumentos en el año 1928, fue en 1987 cuando el Ayuntamiento acometió una importante excavación arqueológica en la zona del “Macho del Castillo” y lo ha estado utilizando como espacio abierto a diversas actividades culturales y protocolarias.

FUNDACIÓN EDUARDO CAPA: Colección de Escultura

             Una ubicación difícil de igualar para una magnífica colección de escultura reunida por Eduardo Capa que, se instalaba en el Castillo el 29 de junio de 1998, siendo en la actualidad la muestra más completa de Escultura Española Contemporánea.

             Preocupado por el arte durante toda su vida, Eduardo Capa, gran conocedor de la escultura y las técnicas que le son propias -no en vano es escultor y fundidor- y preocupado por la enseñanza de las mismas como Catedrático de Bellas Artes, ha constituido este legado escultórico compuesto por más de setecientas piezas. Como coleccionista privado, su carácter entusiasta, inquieto y humano, es un ejemplo en cuanto a valoración y conservación del Patrimonio Artístico Español; Su sensibilidad plástica y su generosidad han hecho posible que hoy esté a disposición del público que desee disfrutarlo.

            La Colección de Escultura Española del Siglo XX, con diferentes lenguajes y conceptos estéticos diversos, pero siempre con un gran valor -es notable el número de esculturas declaradas Bien de Interés Cultural- se conforma como exponente de una época, y nos permite contemplar piezas importantes, de gran maestría técnica, tanto en salas como al aire libre.

            Siguiendo una evolución cronológica podemos empezar a finales del Siglo XIX, con la composición contrapuesta y romántica propia de los gustos exóticos y burgueses, de la escultura de Miguel Blay, Agapito Vallmitjana, Aniceto Marinas, Agustín Querol o Mariano Benlliure, con un amplio número de obras. Escultores que dieron el paso  del siglo XIX al XX, defendiendo una escultura naturalista llena de elementos ilustrativos, de temas conmemorativos o anecdóticos y de costumbres, realizada con un profundo conocimiento del oficio  y una indudable calidad, aunque desigual en la ejecución.

            También figuran los grandes renovadores del realismo hispano: Victorio Macho, Julio Antonio o Emiliano Barral que superando la obsesión por el buen oficio buscan otros valores como la expresión del carácter, de la raza, la valoración del volumen o las propiedades puramente plásticas.

            Hay además un buen número de escultores, que desde distintas regiones, optaron por una obra de carácter regionalista, pintoresca o folklórica, pero que también irrumpieron en el retrato o en el tema religioso como Juan Bautista Adsuara, José Capuz,  Julio Beobide, Manuel Álvarez Laviada, Pedro de Torre Isunza o Fructuoso Orduna entre otros.

            También los escultores figurativos y academicistas que defendieron desde distintas posturas las fuentes clásicas, en algunos casos matizadas por la corriente mediterránea de Mateo Inurria o la más convencional y retórica de Pérez Comendador,…

           Son clarificadoras las obras de Planes que, ya en la posguerra, va a depurar su figurativismo abriendo una puerta de estilización simplificadora.          

            Preocupados por la experimentación y el análisis más original de otros lenguajes: expresionismo, surrealismo, cubismo o abstracción, existe un grupo de artistas que constituyen la llamada Vanguardia: Manolo Hugué, representante de la Escuela de París junto a Picasso y Pablo Gargallo; Salvador Dalí, visto aquí como escultor surrealista en la figura de Newton que preside hoy el monumento de la plaza que lleva su nombre en Madrid; Y Ángel Ferrant, que introdujo nuevos materiales para incidir en el espacio con escasa masa y mucho gesto.

            Único es el conjunto de obras de Alberto Sánchez, de distintas épocas y todas ellas de concepción original, no desprovistas de simbolismo dentro de una tendencia más organicista, inspirada directamente en la naturaleza. 

            Ya en la segunda mitad del siglo, Cristino Mallo, con sus obras de pequeño formato, siempre llenas de expresión sencilla y natural, grandiosamente cotidianas. Los hermanos OteizaJorge y Antonio- nos introducen en el expresionismo de raíces primitivas. Pablo Serrano, expresionista hasta la abstracción. Subirats, expresionista o abstracto, pero siempre esquemático o Pablo Palazuelo, dentro de la abstracción geométrica más pura.

Interesante es la representación de esculturas de la Escuela de Madrid: Venancio Blanco trabajando el gesto, el movimiento y el hueco; y otros de la misma generación que parten de los setenta, como Francisco Toledo creando nuevas versiones de la realidad, César Montaña, jugando con la relación masa y vacío en bocetos expresivos, Juan Manuel Castrillón, que llega a un cierto eclecticismo, Jesús Valverde ….

            Se muestran también los artistas abstractos como Martín Chirino o Amadeo Gabino y los realistas capitaneados en calidad por Julio López Hernández y Miguel Ángel Sánchez.

            Se encuentran también representados artistas de la última generación, con obras tendentes a la abstracción trabajadas en diferentes materiales y lenguajes plásticos diversos, como Miquel Navarro, David Lechuga, Manuel Mateo, Francisco Leiro, Fernando Capa y Oscar Alvariño.

            Un centro dinámico de escultura

            Un conjunto rico y sugerente que permite tanto la recreación estética del profano como la del especialista que encuentra, además, una información  muy completa y de gran interés sobre la Escultura Española del Siglo XX. Al mismo tiempo, su distribución por las distintas dependencias del Castillo –Salón de Felipe II, Antiguo Polvorín, Cuerpo de Ingenieros, Sala Noble, Sala Larga y Casa del Gobernador-, unas veces por temas –retratos, iconografía religiosa, bocetos de monumentos…- otras por tendencias, cronología o escuelas, nos proporciona una idea general de la evolución técnica, estética y sobre todo conceptual de la escultura de este último siglo.

            Si la colección de obras en bronce, por su amplitud cronológica y su carácter representativo ofrece, a pesar de las ausencias, una referencia indispensable para el conocimiento de la plástica contemporánea española, la existencia de un importante número de bocetos de escayola y barro y de moldes, nos permiten conocer los entresijos del proceso técnico y conceptual de la creación escultórica.

            Consciente del vacío existente en cuanto a las últimas tendencias escultóricas, la Fundación Eduardo Capa intenta introducirnos en las técnicas y producciones más recientes a través de exposiciones temporales exhibidas en las salas Antigua Taberna y Cuerpo de Guardia.

            El interés de Eduardo Capa por dar a la colección un sentido pedagógico, se ha traducido en el Taller Didáctico que organiza visitas guiadas y talleres para escolares, directos herederos de un legado plástico que ahora se exhibe en Alicante, y en actividades complementarias como cursos para diferentes colectivos destacando la Universidad de Verano de Escultura, única en Europa, que reúne a prestigiosos teóricos y artistas que imparten conferencias y talleres en distintas técnicas escultóricas.

            La Fundación Eduardo Capa cuenta además en su sede alicantina con una Biblioteca especializada en Escultura y una Sala de Proyecciones donde se celebran conferencias y convoca anualmente una serie de premios, ayudas a la investigación y  becas para estudiantes de Bellas Artes e Historia del Arte, destacando por su planteamiento y dotación el Premio Internacional de Escultura y el de Investigación sobre las Bellas Artes.


INFORMACIÓN
Camino de los Santos nº5
Arganda del Rey
28500- MADRID

Correo electrónico: fundacioncapa@telefonica.net
 www.fundacioncapa.net
Tel. 91 871 04 63 - 91 871 34 40