| El
Museo Guggenheim Bilbao se complace en presentar Percepciones en
transformación: la Colección Panza del Museo Guggenheim.
Esta inigualable exposición incluye obras de una de las más
destacadas colecciones de arte de las décadas de 1960, 1970 y 1980
incluyendo algunas obras que no se habían expuesto al público
desde hace más de una década. El alcance de la exposición
requiere una instalación escalonada, por lo que las plantas primera
y tercera se abrirán al público el 10 de octubre y las restantes
salas lo harán el 18 de noviembre. Al ocupar la totalidad del espacio
del Museo con más de un centenar de obras de veintitrés artistas
de la Colección. Percepciones en transformación comparte
con una audiencia internacional la presciente visión de Giuseppe
Panza di Biurmo y su esposa, Giovanna, como coleccionistas y las innovadoras
obras de una generación de artistas que cambió la orientación
del arte moderno.
(C) Museo Guggenheim
Los Panza empezaron a adquirir arte en
1956; hoy en día, incluyendo los fondos privados del coleccionista,
la Colección Panza reúne más de 2.500 obras. Entre
1966 y 1975 los Panza formaron una de las más ambiciosas colecciones
de arte minimalista, conceptual, posminimalista y environmental art (arte
ambiental). Esta exposición, que marca un hito en su género,
es el magnífico resultado de la relación continuada entre
la Solomon R. Guggenheim Foundation y los Panza que se inició hace
una década. Entre 1991 y 1992, el Solomon R. Guggenheim Museum de
Nueva York tuvo la fortuna de adquirir, mediante compras y donaciones,
más de 350 obras de esta excepcional colección, y los Panza
han incorporado 355 obras adicionales en calidad de préstamos a
largo plazo.
La colección es un reflejo de los
Panza y de la época que viven. Por medio del arte han encontrado
un medio para expresar verdades simples acerca de la cultura y la existencia.
En tanto que estudioso de la filosofía, el Dr. Panza considera que
las obras que colecciona forman parte de una investigación teórica
y espiritual a mayor escala, un aspecto integral de una búsqueda
personal de significado. La pintura y la escultura abstractas, que se caracterizan
por sus formas geométricas esenciales y una paleta monocroma, han
sido de especial interés para los Panza. Las primeras obras que
captaron su atención fueron las del pintor español Antoni
Tápies y las del artista francés Jean Fautrier. Estas
pinturas reflejan la lucha de la Europa de la posguerra contra el peso
de la historia, así como la incertidumbre frente al futuro. En 1957
Panza descubrió la obra del pintor norteamericano Franz Kline en
un artículo de una revista: reaccionó inmediatamente a la
energía pura que percibió en estos lienzos. Durante los años
siguientes, se centró en la obra de artistas norteamericanos representativos
del expresionismo abstracto y del arte pop que encarnaban el optimismo
y la experimentación típicos del arte en los Estados Unidos.
Panza di Biumo se interesó por primera vez por el arte minimalista
en 1966, después de haber visto una reproducción de una pieza
de Robert Morris, cuyas esculturas sencillas realizadas con materiales
ordinarios llamaron la atención del espíritu contemporáneo
de Panza y su interés por las formas simples y reducidas.
La Colección es emblema de una
era provocativa y precursora en la historia del arte. Las obras expuestas
fueron realizadas por los artistas más influyentes de nuestros tiempos:
Carl Andre, Larry Bell, Hanne Darboven, Jean Dibbets, Dan Flavin, Hamish
Fulton, Jene Highstein, Robert Irwin, Donald Judd, Joseph Kosuth, Sol LeWitt,
, Richard Nonas, Robert Ryman, Richard Serra, Joel Shapiro, James Turrell,
Lawrence Weiner y Doug Wheeler. Absteniéndose de distinciones convencionales
entre pintura y escultura, arte e idea, objeto y entorno, esta generación
de artistas ha redefinido nuestras expectativas y sigue planteando un reto
a nuestro modo de percibir qué puede ser considerado arte. Con pocas
excepciones, cada sala del Museo está dedicada a uno de estos artistas.
Aunque en algunos casos una sola obra ocupa un espacio, muchas de las salas
incluyen varias piezas, como reflejo de la filosofía de Panza de
acaparar varias piezas de un artista para conocer su obra en profundidad.
Ésta no es una colección enciclopédica, sino que incluye
más bien estudios concentrados de un período en particular
de la obra de un creador. Al centrarse en un artista cada vez, el espectador
podrá comprender mejor las preocupaciones que cada uno de ellos
aborda repetidamente en una serie o mediante una variedad de enfoques.
Del mismo modo, la Colección en su conjunto nos permite comprender
las motivaciones compartidas de estos artistas y presenciar el modo en
que cada uno afrontó retos similares recurriendo a medios o materiales
diferentes.
(C) Museo Guggenheim
En una frase ingeniosa que se ha convertido
en un axioma del minimalismo, el pintor Frank Stella declaró en
1966: “Lo que se ve es lo que se ve”, cuando se refería a sus obras.
La complejidad de la declaración de Stella respecto a la obra de
arte minimalista estriba en el hecho de que dentro de los objetos aparentemente
sencillos a los que se aplica, existen múltiples niveles de experiencia.
En los últimos años de la década de 1960, se estaban
poniendo en tela de juicio y reconsiderando las expectativas tradicionales
de los medios artísticos. Las pinturas de Robert Mangold, por ejemplo,
tales como 1/3 del área curva gris verdosa (1966) difuminan las
distinciones entre las otrora bien diferenciadas disciplinas de la pintura
y la escultura. Aunque tanto la pintura figurativa como la abstracta han
negado tradicionalmente la naturaleza bidimensional de este medio al crear
la ilusión de profundidad, las pinturas de Mangold centran la atención
en esa ilusión y, por ello, la cuestionan. Al usar lienzos con diversas
formas, el artista refuta una lectura del soporte del lienzo como “ventana”
y se centra en las cualidades escultóricas de la tela estirada,
revelándola como un objeto. Mangold centra la atención en
la tendencia natural de los espectadores a ver más que nada el objeto
que hay ante ellos. Tal como el título da a entender, 1/3 de área
curva gris verdosa solamente es una porción de un círculo
entero que nosotros completamos con el ojo de la mente.
Carl Andre y Donald Judd también
rechazaron el ilusionismo y adaptaron un enfoque más literal para
la creación artística al situar el significado de una obra
en sus auténticas cualidades materiales. El color ya no se aplicaba
sencillamente, por ejemplo, sino que era una característica inherente
del material en sí, como el lustroso cobre del Cuadrado de cobre
Alstadt 10 x 10 (1967) de Andre, o el plexiglás azul celeste de
Sin título (1973) de Judd. Lo que verdaderamente es un obra no se
puede discernir hasta rodearla todo su perímetro; hay que caminar
en torno a estas esculturas para comprenderlas plenamente. Carente de “frente”
o “dorso” discernibles, una obra puede parecer un cuadrado desde un punto
de observación y un rectángulo desde otro. Allí donde
antes se producía un acto pasivo de la observación, el minimalismo
trajo consigo la confrontación y la interacción. Colocadas
directamente sobre el suelo, sin pedestales, estas dos esculturas representan
el esfuerzo del minimalismo por llevar el arte al espacio real del espectador;
de este modo, el papel de éste adquiere un nuevo significado y se
realza la relación entre el objeto, espectador y espacio circundante.
Las esculturas de Andre se pueden comprender tanto visual como visceralmente
– de hecho, se invita a los visitantes del Museo a caminar sobre ellas
- . Una consciencia de la propia presencia física también
se hace aparente en relación con la obra de Judd. Mientras que la
escultura tradicional mantiene un eje vertical, lo que frecuentemente provoca
una sensación de monumentalidad, la obra de Judd se puede ver desde
todos los lados e incluso desde arriba. Estas esculturas no contienen referentes
o significados ocultos y su énfasis horizontal limita cualquier
lectura antropomórfica.
El uso de materiales intercambiables de
producción industrial que caracteriza a muchas de las obras de la
colección Panza se hace evidente en la obra de Morris Sin título
(piezas de 5 planchas de acero) de 1969. Compuesta de planchas industriales
de acero sujetas con abrazaderas, esta obra es característica de
la reacción de su generación contra las asociaciones románticas
asignadas al reconocimiento y evidencia de la mano del artista y el aura
de una obra de arte original. Dan Flavin se decantó también
por los materiales prefabricados y creó sus esculturas lumínicas
únicamente con instalaciones de tubos fluorescentes. La importancia
del papel del artista como artesano empezó a verse sustituida por
su ingenio conceptual. Los artistas conceptuales, incluyendo a Joseph
Kosuth y Lawrence Weiner, cuestionaron más todavía el valor
del objeto artístico único. Empezaron realizando obras que
subrayan la idea por encima del resultado físico. El lenguaje pasó
a ser tanto contenido como materia. Se ensalzó la idea por encima
del artefacto y la manifestación física de una obra se consideraba
sencillamente un subproducto del proceso mental creativo o idea.
Las obras conceptuales suelen ser efímeras o se pueden rehacer repetidamente,
de la misma manera que las palabras se pueden emplear una y otra vez. Titulado
(El arte como idea como idea) [Idea] (1967), de Kosuth, consiste en una
fotografía de la definición obtenida en un diccionario de
la palabra “idea”, presentada en un tipo de letra sencillo y montada sobre
cartón. Esta obra y otras de Kosuth juegan con la noción
de la idea en tanto que forma y contenido de una obra de arte. Las palabras
que vemos son el componente visual de la pieza, pero también imparten
información y significado.
Muchos de los artistas representados en
Percepciones en transformación comparten un interés por la
relación entre el arte y su entorno y por ampliar la experiencia
de la obra para hacer que ésta incluya el espacio circundante. Los
artistas preceptúales y ambientales han creado obras que cuestionan
y expanden la experiencia estética del observador. Sus obras centran
la atención en estímulos espaciales y sensoriales al destacar
los efectos de la iluminación y la manera en que estos efectos inciden
en el espacio circundante. Esto se puede conseguir mediante grandes
instalaciones pensadas para una ubicación específica, tales
como la de James Turrell y Doug Wheeler, o a una escala menos, en una obra
como la de Robert Irwin Disco de color gris pálido verde rosa violeta
(1966-7). El disco de acero ligeramente convexo de Irwin parece flotar
en el espacio de la sala. Cuatro lámparas incandescentes crean sombras
sobre el disco y sobre la pared que hay tras él, borrando la frontera
entre objeto y entorno, así como entre materia y luz. La percepción
del observador de este fenómeno es un componente integral de la
obra. De igual modo, Pasillo de luz verde (1970), de Bruce Nauman, se centra
en el observador y sus reacciones y comportamiento. Al crear un estrecho
pasillo con dos paredes verticales, Nauman invita al observador a interactuar
con la escultura. A medida que se recorre el espacio así creado
la luz verde fluorescente produce una sensación de incomodidad y
la inusitada longitud del pasillo y sus estrechas dimensiones acentúan
la influencia que la arquitectura y los estímulos ambientales ejercen
sobre las reacciones corporales, físicas y de conducta. Aunque el
ambiente (environment) de Nauman exige la participación de la audiencia,
también predice y controla las reacciones de los participantes.
Al coleccionar estas obras tan rompedoras,
los Panza han sido tan innovadores y adelantados en su forma de pensar
como los artistas a quienes apoyan, respaldándolos cuando eran virtualmente
desconocidos. Impertérrito ante un arte complejo que se resiste
a los modos tradicionales de cosificación y exposición, Panza
ha coleccionado muchas obras antes de su construcción, cuando solamente
existían como ideas o proyectos sobre papel. Muchas dependían
de una ubicación específica para ser imaginadas y creadas.
A principios de la década de 1970, Panza encargó varios de
estos tipos de ambientes para su residencia particular, la Villa Menaflogio
Litta Panza, en Varese, Italia, invitando a Flavin, Irwin, Maria Nordman
y Turrell a crear instalaciones permanentes para el espacio. La villa está
ahora al cuidado del Fondo per l´Ambiente Italiano (sociedad italiana
para la conservación del patrimonio) y se abrió al público
en septiembre de 2000. Una exposición simultánea de las obras
de la Colección Panza del Guggenheim en la Peggy Guggenheim Collection
en Venecia examina la obra de siete artistas del sur de California presentes
en la Colección, muchos de los cuales también exponen aquí
en Bilbao. Este trío de exposiciones honra a los Panza, su visión
y generosidad, así como la contribución que han hecho a la
comprensión y aprecio de las obras que integran su colección.
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