Pinturas de la Reial
Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi
16 de diciembre de 2000-16
de abril de 2001
Annibale Carracci i Francesco Albani,
Asunción.
La exposición muestra una selección
de las mejores piezas que la Reial Acadèmia de Belles Arts de Sant
Jordi depositó en el Museo en el año 1902, obras destacadas
del patrimonio artístico de Cataluña, cuya cronología
abarca desde los inicios del siglo XVI hasta el siglo XIX y sin las que
el actual discurso museográfico del MNAC sería otro. Estas
obras llegaron a la Reial Acadèmia a partir de 1777 cuando dicha
institución se llamaba Escola Gratuïta de Disseny de la Junta
de Comerç. La Escuela, que fue el primer museo de arte de Cataluña,
dispuso de una galería de obras de los grandes maestros que sirvió
de modelo a sus estudiantes, colección que posteriormente, después
de la ley de Desamortización de 1835, se enriqueció con obras
procedentes de iglesias y conventos.
En 1906 la entonces Acadèmia depositó
en el Museo de Barcelona, hoy Museu Nacional d’Art de Catalunya, sus mejores
obras con la finalidad de proporcionar un mejor conocimiento de las mismas
al público. A este depósito pertenecen, entre otras, un conjunto
de tablas flamencas del siglo XVI como la Epifanía del Maestro de
la Epifanía de Amberes, los fragmentos de pinturas murales encargados
en 1600 a Annibale Carracci (1560-1609) para la capilla Herrera de la iglesia
de San Giacomo degli Spagnoli de Roma, el San Jerónimo firmado y
fechado en 1618 por Juan Ribalta (1596/1597-1628) y los dos cuadros genoveses
Los hijos de Jacob presentan a su padre la túnica de José
y Moisés niño tira la corona del faraón, atribuidos
a Orazio de Ferrari (1606-1657), que ilustran escenas del Antiguo Testamento.
Destaca la única serie pictórica
de vida monástica que se conserva íntegra en un museo, las
veinte telas dedicadas a la vida de San Francisco de Asís de Antoni
Viladomat (1678-1755), así como el San Pablo de Pau Muntaña
Cantó (1775-1801), firmado y fechado en 1783, y las escenas de género
de Salvador Mayol (1765-1834) representadas en la obra Un Café en
carnaval.
En el género de la naturaleza muerta
ocupa un lugar especial la pintura de flores, de la que fue un intérprete
destacado Francesc Lacoma Fontanet (1778-1849) como muestra su espléndido
Jarrón con flores.
La pintura de paisaje está representada
por artistas como Lluís Rigalt Farriols (1818-1894) y Josep Amat
Portanell (1814-1911) mientras que la pintura catalana del siglo XIX tiene
como exponente, entre otros, a Ramón Tusquets Maignon (1838-1904)
con la obra La cocina de la casa Cabassa.
Ramon Casas, el pintor
del modernismo
30 de enero – 1 de abril
de 2001
Ramon Casas, La pereza.
El Museu Nacional d’Art de Catalunya en
colaboración con la Fundación Mapfre Vida de Madrid celebrará
una exposición antológica dedicada al pintor catalán
Ramon Casas que revisará la producción de los mejores años
de este artista, con la inclusión de un buen número de sus
obras más significativas, algunas procedentes de colecciones públicas
y otras de colecciones particulares, que no están habitualmente
al alcance del público. La muestra tendrá lugar desde finales
de enero hasta el 1 de abril en la Sala de Exposiciones Temporales del
MNAC, en la sede del Palacio Nacional de Montjuïc, y desde el 10 de
abril hasta el 17 de junio en las salas de la Fundación Mapfre Vida
de Madrid.
La exposición reunirá cerca
de un centenar de obras de Casas, la mayoría pinturas aunque también
incluirá dibujos, correspondientes a la época en la que el
artista ocupó uno de los primeros lugares de la pintura catalana
y contribuyó de forma decisiva a su renovación. Así
pues, se mostrará una amplia colección de aquella parte de
su producción que recoge los planteamientos más personales
e innovadores del artista, que cronológicamente corresponde a la
década de 1890 cuando la pujante burguesía catalana ponía
en marcha su proyecto de modernidad que cristalizó con el modernismo.
No obstante, figurarán también en la muestra obras anteriores
que ponen de manifiesto los inicios de su carrera artística cuando,
a pesar de su talento extraordinario, encontró bastantes dificultades
para introducirse en el convencional ambiente artístico barcelonés
de entonces. La exposición se cerrará con obras de los primeros
años del siglo XX, antes de iniciarse el declive del modernismo
y, por lo tanto, del relieve de su liderato artístico, que quedaría
superado con la consolidación del noucentisme y la consagración,
en 1911, de los pintores más representativos de este movimiento
artístico.
El público podrá admirar
la extraordinaria faceta de retratista de Casas, desde su autorretrato
de 1883, pintura que abrirá la muestra, hasta los retratos de mujeres
elegantes de la sociedad catalana fechados entre 1907 y 1911, pasando por
algunos de los que hizo a sus hermanas a lo largo de su vida, los de las
señoritas N.N., el de la hija de Rusiñol, el de Josep Codina
y los primeros retratos de Júlia, quien se convertiría en
su mujer. También estarán presentes otros temas cultivados
por el artista en esos años, como por ejemplo escenas de la vida
cotidiana de su entorno familiar, escenas taurinas o representaciones del
desnudo femenino. Un conjunto importante estará formado por las
obras fechadas en París entre 1890 y 1892, cuando realizó
una larga estancia en esta ciudad y residió junto con Rusiñol
y Utrillo en el Moulin de la Galette, convirtiendo este popular recinto
del barrio de Montmartre en protagonista de su obra pictórica. Los
interiores con figuras femeninas y las crónicas de acontecimientos
multitudinarios que tuvieron lugar en Barcelona, de los que el propio pintor
fue testigo, reflejan, respectivamente, la facilidad del artista para captar
con la misma intensidad la atmósfera íntima de una escena
anodina o a una multitud que presencia un acontecimiento ciudadano. También
se podrá admirar su faceta como dibujante y cartelista a través
de magníficos dibujos publicados en la revista Pèl &
Ploma, así como algunos personajes de su excepcional galería
iconográfica y dibujos originales de los carteles más representativos
de su producción.
Te envío este
rojo cadmio
24 de abril – 24 de
junio de 2001
Una correspondencia
sobre el color entre John Berger y John Christie

La exposición toma como punto de partida la correspondencia sobre
el color que el escritor y el crítico de arte John Berger y el cineasta
y pintor John Christie mantuvieron entre 1997 y 1999. En la muestra se
combinan las cartas manuscritas de los dos autores con dibujos, fotografías,
notas y una colección de pequeños libros de artista. Su trayectoria
artística confiere a la exposición una extraordinaria cualidad
visual que se completa con una gran cantidad de referencias a momentos
de la historia de la pintura.
El Departamento de Educación propone, a partir de esta exposición,
una reflexión sobre el color que servirá de hilo conductor
para descubrir la creatividad artística a lo largo de los siglos,
a partir de las colecciones permanentes del Museo.
La Máscara Real
7 de junio – 26 de agosto
de 2001
Grabado de P. P. Moles según original
de F. Tramulles, Encabezamiento de capítulo y letra capital A. Pertenece
a la Máscara Real. Barcelona, 1764.
La Máscara Real conmemora un hecho
histórico: la fiesta que las corporaciones gremiales y las principales
instituciones barcelonesas celebraron con motivo de la proclamación
de Carlos III como rey, y la entrada del nuevo monarca, su mujer y toda
la familia real en Barcelona el mes de octubre de 1759. Con motivo de aquel
acontecimiento, las calles de Ciutat Vella se engalanaron y se celebraron
diferentes actos festivos que, en gran parte, fueron sufragados por los
gremios. Uno de los actos más vistosos consistió en una cabalgata
destinada a renovar el compromiso de fidelidad de Barcelona con la institución
monárquica, encarnada en la persona de Carlos III, depositaria de
las virtudes que aparecen proclamadas en las diferentes figuras mitológicas
representadas en las doce láminas grabadas por Defehrt (1723-1774).
Para la realización de las composiciones, el grabador, nacido en
Hüring, se basó en los dibujos preparatorios diseñados
por Francesc Tramulles (hacia 1717-1773), conservados en el Museu d’Història
de la Ciutat de Barcelona, quien también participó en el
diseño del resto de las imágenes grabadas por el valenciano
Pasqual Pere Moles (1741-1797), autor de las letras capitales de las explicaciones
de las láminas correspondientes, así como de las cabeceras
y los marmosetes. La presencia de artistas de procedencia diversa convierte
a la Máscara en una obra coral, una manifestación muy singular
que destaca por su incomparable belleza formal, la suntuosidad, el refinamiento
y la elegancia decorativa, muy cercana al lenguaje artístico de
ascendencia rococó.
Por otro lado, el principal grupo de artistas
que trabajó en ella destacó por su vinculación con
el núcleo académico formado en Barcelona a partir de 1774
y dirigido por Francesc y Manuel Tramulles (1715-1791), considerados los
auténticos representantes de la eclosión del fenómeno
academicista en la ciudad. Indudablemente, la existencia de este contexto
académico explicaría la presencia de determinados motivos
figurativos que aparecen en el Álbum y que deben ser interpretados
como una referencia explícita al importante papel de los gremios
y a las actividades creativas en el desarrollo económico y, por
extensión, en la prosperidad conseguida por la ciudad de Barcelona.
No se debe menospreciar tampoco el hecho de que la obra fuese impresa por
Tomàs Piferrer, miembro de una familia de larga tradición
en el oficio, quien fue nombrado impresor real en 1763.
La medalla modernista
A partir del 7 de junio
de 2001
Antoni Parera, Palacio de Justicia de
Barcelona, 1908.
El objetivo de esta exposición
es mostrar cómo en la época del modernismo se manifiesta
una transformación radical del arte medallístico con la plena
adopción de la medalla como objeto de arte, es decir, con la recuperación
de la medalla por parte de los escultores. La interacción de medalla
y escultura es, de este modo, uno de los puntos más importantes
del tema de la exposición.
Dentro de la trayectoria de las artes
en la época modernista, la medalla, por sus propias características,
se convierte en un importante campo de experimentación en el contexto
de los profundos replanteamientos de las formas artísticas. Esto
da como resultado la presencia de ejemplares medallísticos de peculiar
belleza.
Este fenómeno se produce en Cataluña,
al igual que en otros centros europeos del modernismo, con unas líneas
de evolución propias y bien definidas. Cataluña es, además,
pionera en España en este aspecto, ya que en el resto del país
la transformación no tiene lugar hasta pasados unos años.
Presentar la situación de la medalla
catalana e incluirla en el panorama general de la medallística,
tanto española como europea de este período, ofrece una gran
oportunidad para completar la interpretación del fenómeno
desde la óptica del que fue uno de los centros más importantes
y activos de la renovación de la orientación del arte.
Pinturas del Cinquecento
veneciano del Staatliche Eremitage de San Petersburgo
12 de septiembre – 9
de diciembre de 2001
La exposición presenta cuarenta
obras maestras de los pintores venecianos del siglo XVI conservadas en
las colecciones del Staatliche Eremitage. En gran parte son obras muy poco
conocidas y en algunos de los casos salen de la reserva del museo de San
Petersburgo para ser presentadas al público por primera vez. La
selección ha sido elaborada por la profesora Irina Artemieva, conservadora
de pintura italiana del siglo XVI de dicho museo.
Se trata de una selección de obras
basada en la presentación de los temas típicamente alto renacentistas:
el tema sagrado y el tema profano, vistos a través de los ojos de
los grandes maestros del Siglo de Oro veneciano como Giorgione, Lorenzo
Lotto, Palma il Vecchio, Paolo y Bonifacio Veronese, Paris Bordone y sobre
todo un número importante de obras de la familia Bassano (Jacopo,
Francesco y Leandro). El MNAC conserva una espléndida pintura sobre
pizarra de Jacopo Bassano que podrá ser comparada con otra de las
mismas características del Eremitage. Además, la exposición
se completará con obras venecianas, propiedad del MNAC, de Ticiano,
Il Veronese y Tintoretto.
Este proyecto es fruto de la colaboración
con el Museo Civico de Bassano del Grappa, una entidad que por primera
vez colabora con nuestro Museo. Entre las obras que se presentan destacan
Madonna en un paisaje, de Giorgione, que determina el tema principal de
un grupo de obras del género conocido como «sacra conversazione»,
donde el paisaje adquiere un protagonismo muy importante y típico
de la cultura artística veneciana. A su lado se podrá admirar
la Sacra conversazione de Bonifacio Veronese, obra capital de este maestro,
que en el siglo XVII fue considerada de Giorgione, además de la
Sacra conversazione de Paris Bordone.
La particularidad estilística de
Lorenzo Lotto, un pintor singular en la tradición veneciana, a la
que une la manera del norte de Italia, queda representada en dos obras
como el Cristo y los apóstoles en el Monte Tabor y la Sagrada Familia
con santa Justina. Entre los cuadros de Paolo Veronese figura la Resurrección
y las Bodas místicas de santa Catalina.
De la familia Bassano destacan la Multiplicación
de los panes y los peces y Cristo con la cruz.
El tema profano estará caracterizado
por retratos de Ticiano, como el de la Joven dama cubierta con pieles o
el de la Joven que se peina (del MNAC), también el Retrato de joven
de Bonifacio Veronese y el Retrato de niño de Giovanni Battista
Morone, además del Retrato de caballero de Jacopo Tintoretto, también
propiedad del MNAC.
La Guerra Civil española
4 de octubre de 2001
– 15 de enero de 2002
Antoni Campañá, Miliciano,
1936
Esta exposición pretende dar una
visión gráfica de los acontecimientos que sucedieron en España
durante la Guerra Civil vistos desde la aportación a la propia historia
de la fotografía que muestra su protagonismo y su proyección
internacional a través de la llegada de nuevas tecnologías
en materia de cámaras y películas, la inclusión de
información gráfica en los periódicos y revistas y
por la propaganda política, ya utilizada anteriormente en la Revolución
rusa, el nazismo y los fascistas italianos.
En un principio, los fotógrafos
locales cubrieron los acontecimientos y se convirtieron en testimonio de
unos hechos que, a pesar de ser previsibles sorprendieron al mundo. Una
vez difundida la noticia del alzamiento, fotógrafos de todas las
nacionalidades fueron enviados por periódicos o llegaron por iniciativa
propia al campo de batalla.
La mayoría eran prácticamente
desconocidos, pero pronto algunos de ellos se convirtieron en mitos con
fama y gloria mundial. Otros tuvieron que esconder su trabajo y mantenerlo
durante mucho tiempo en el anonimato.
El discurso de la exposición analiza
algunos de los hechos más importantes, de los que se han podido
obtener imágenes, que se presentan cronológicamente para
facilitar la comprensión de lo que sucedió. A pesar de que
oficialmente la contienda se inició el 17 de julio de 1936 y acabó
el 1 de abril de 1939, la exposición muestra un período más
amplio. La preguerra, desde los hechos del 6 de octubre de 1934 hasta el
alzamiento, y la posguerra desde el 1 de abril de 1939 hasta el retorno,
en 1954, de los voluntarios de la División Azul que estaban presos
en Rusia desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

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