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EXPOSICIÓN
Fundació Antoni Tàpies
EULÀLIA VALLDOSERA
Obras 1990-2000
26 enero ­ 25 marzo 2001
 

Patrocinada por CAM
(Caja de Ahorros del Mediterráneo)

Concepto de la exposición: Nuria Enguita Mayo, Bartomeu Marí y Eulàlia Valldosera
Coproducción: Witte de With, Rotterdam y Fundació Antoni Tàpies, Barcelona

Exposición itinerante:
Witte de With, Rotterdam (14 octubre - 10 diciembre 2000)
Fundació Antoni Tàpies, Barcelona (26 enero - 25 marzo 2001)

La Fundació Antoni Tàpies presenta la primera retrospectiva de la artista Eulàlia Valldosera (Vilafranca del Penedès, 1963) en el Estado español, con una amplia selección de instalaciones realizadas durante la década de los noventa. En ellas, la artista recrea ambientes domésticos fragmentados mediante el uso de proyecciones fotográficas y de luz sobre objetos cotidianos asociados al cuerpo.

Eulàlia Valldosera se inicia en el campo de la pintura durante los años ochenta, en un momento en el que la realización de obras de arte se ve en gran medida supeditada a una producción marcadamente objetual. A raíz de un viaje a Amsterdam ­que se convertirá en una larga estancia­ abandona esta práctica en favor de otros medios de expresión, mostrando una preocupación conceptual, más que formal, por la obra de arte. En este sentido, la estancia en Holanda significa una toma de conciencia y un cuestionamiento de la sobreproducción que caracteriza a las sociedades capitalistas, en beneficio de una actitud ³ecológica² de valoración de la no-productividad, que la lleva a trabajar con los residuos de las actividades a su juicio imprescindibles para vivir: comer, dormir o fumar, y que ella entiende como prolongaciones del propio cuerpo. Con estos elementos crea redes de puntos que el espectador une con la mirada, creando torsos humanos. Este es el origen de la obra El ombligo del mundo (1990), incluida en la exposición, que supone un paso importante en la trayectoria creativa de esta artista porque constituye el paso definitivo de la pintura, o más concretamente del dibujo, a la acción, con el rechazo del objeto pictórico que ese cambio implica. Con dicha pieza, Eulàlia Valldosera incorpora el proceso creativo al resultado final de la obra, que se convierte en la documentaciónfotográfica de una acción realizada, positivada y destruida. Valldosera había empezado a incorporar la fotografía a su sistema de trabajo a finales de los años ochenta, y no mucho después incorporaría el vídeo. Estos medios permiten a la artista alterar, condensar, dilatar o congelar distintos instantes temporales en un solo momento espacial, y a la vez le facilitan la introducción de un elemento fundamental de su obra: la sombra.

Estantería para un lavabo de hospital (1992), El comedor: La figura de la Madre (1994-1995) o Envases: El culto a la Madre (1996) son obras en las que la sombra y su relación con la luz juegan un papel esencial. Ese recurso nos remite al mundo del subconsciente, no sólo como espectro de un pasado no resuelto, sino también como forma de aprehensión de la realidad. La sombra posee un fuerte componente simbólico, asociado a una búsqueda interior expresada de forma teatral, a veces incluso de forma cinematográfica, pero en cualquier caso, dotado de cierto dramatismo.

Con los espejos, que la artista ha ido utilizando cada vez más en sus últimos trabajos, ocurre algo parecido. El espejo que aparece en Love¹s Sweeter than Wine (1993-1994), en la serie Relationships (1997) y sobre todo en Les demoiselles de Valence (1999) permite la construcción de una identidad, una imagen de nosotros mismos a menudo elaborada a partir de criterios y clasificaciones socioculturales, que proyectamos sobre los demás. El espejo funciona como metáfora de la fragmentariedad y la incertidumbre que caracterizan nuestras relaciones con el yo (especialmente en Provisional Home, Provisional Bedroom i Still Life, las tres de 1999, y en las que el espejo de mano es protagonista) y con el otro.

Ya desde sus inicios, Eulàlia Valldosera utilizó objetos cotidianos (tales como camas, mesas, sillas, libros, ceniceros, frascos de medicamentos, envases de detergentes, etc.) y su propio cuerpo como modelo y medida del espacio, para llevar a cabo una reflexión sobre la identidad de la mujer como sujeto intelectual, centrándose en los aspectos afectivos y sentimentales generados en torno a los temas del deseo, el enamoramiento, la angustia, la enfermedad y la maternidad. De hecho, ya desde El ombligo del mundo se aprecia en la obra de Eulàlia Valldosera una clara voluntad de representarse como mujer, desprendiéndose de la mirada del otro. Obras como La caída. Salir de las llamas para caer en las brasas (1996) o Envases: El culto a la Madre (1996) ejemplifican una reflexión sobre los roles masculinos y femeninos heredados de generaciones anteriores, sobre cómo podemos enfrentarnos a ellos e incluso transformarlos.

A partir de fotografías, performances, instalaciones y proyecciones de luz, Eulàlia Valldosera crea unas escenificaciones dramatizadas que reflejan simultáneamente la realidad y la apariencia, la presencia y la ausencia, la memoria y el deseo, y que se convierten en un ejercicio no narrativo del acto de desvelar. Con sus obras, la artista desplaza el mundo material y genera un espacio animado donde se sitúa el sujeto ­el espectador­, que en definitiva, es el único protagonista de la experiencia.

Esta exposición cuenta con la colaboración de canalMetro y E. Ariza.

(C) FUNDACIÓN ANTONI TÀPIES
c/Aragón, 255
Barcelona