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KOKOSCHKA: Max Schmidt, Adolf Loos y sus amigos
CONTEXTOS DE LA COLECCIÓN PERMANENTE Nº11
Del 6 de noviembre de 2001 al 17 de febrero de 2002

MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA

El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid presenta a partir del 6 de noviembre una nueva exposición de la serie “Contextos de la Colección Permanente”. En esta ocasión la muestra gira en torno a la obra del artista austríaco Oskar Kokoschka, concretamente a un conjunto de retratos psicológicos que realizó entre 1909 y 1914, cuando trabajaba en Viena, Suiza y Berlín bajo la protección del arquitecto Adolf Loos. La profunda amistad que le unió al que fue una de las más destacadas personalidades de la intelectualidad vienesa de principios del siglo XX, así como su apoyo incondicional y su patrocinio, permitió a Kokoschka conocer a su círculo de amigos, todos ellos miembros importantes de la sociedad vienesa de la época, y conseguir numerosos encargos, principalmente retratos.

Biografía del autor

Lista de obras


En la exposición se reúne un total de once de estas obras, un conjunto muy significativo y representativo del particular estilo que Kokoschka desarrolla ya en su etapa de juventud y, más concretamente, de su novedosa concepción del retrato y de la maestría que alcanzó en la representación de la figura humana.

Kokoschka, Adolf Loos y la Viena de principios del siglo XX.

“El decisivo encuentro entre Loos y Kokoschka se produjo en 1908 con motivo de la primera Kunstschau. De este encuentro surgió una sólida amistad entre ambos, que se mantendría de por vida. La citada edición de la Kunstschau, la exposición de arte de vanguardia, celebrada en Viena en un pabellón prefabricado diseñado por Josef Hoffmann, bajo la presidencia de Gustav Klimt, estuvo dedicada al arte austríaco contemporáneo. El joven Kokoschka, que por entonces contaba con veintidós años, consiguió un pequeño espacio en el que expuso varios dibujos, la escultura de una joven y unos cartones para tapices de gran formato, titulados Die Traumtragenden (Los portadores de sueños), dedicados a Klimt.

Frente al estilo preponderante en la muestra, un arte complaciente, dentro de la estética Jugendstil que propugnaba la Secession, las obras de Kokoschka resultaron cuanto menos chocantes. El artista se convirtió en el centro de una exaltada controversia entre la crítica y el público, quienes recibieron con gran rechazo su obra. Sin lugar a dudas eran las imágenes más inquietantes y perturbadoras que jamás se habían visto, por lo que no es de extrañar que causaran un gran revuelo, ni que su sala fuera denominada, como cuenta el artista en sus memorias, ‘la cámara de los horrores’.

(…) Adolf Loos (1870-1933), uno de los pioneros de la arquitectura moderna, funcional y desornamentada, que acababa de sacar a la luz Ornamento y delito, su ensayo más polémico, fue uno de los pocos que se fijó de inmediato en el joven Kokoschka y se convirtió en su fiel protector. No sólo supo valorar la osadía de su lenguaje pictórico, animándole a dejar los Wiener Werkstätte y a seguir las pautas que le marcaba su propia originalidad, sino que además le introdujo en su círculo de amistades, que tenían su cuartel general en el Café Central de Viena o en el American Bar, decorado por Loos pocos años antes como un verdadero manifiesto de su estética. Tanto el poeta Peter Altenberg, como el escritor Karl Kraus, el compositor Schönberg, el actor Reinhold o los historiadores Hans y Erika Tietze, supieron acoger a ese joven desafiante e inconformista, no en vano ellos mismos se sentían también rechazados por una sociedad a la que despreciaban.” (Paloma Alarcó)

“La modernidad vienesa de las dos primeras décadas del siglo XX era la suma resultante de la variada interacción de círculos entrecruzados en la que se superponían dinámicamente corrientes intelectuales e ideologías que competían apasionadamente entre sí. ‘Liberalismo, clericalismo, socialismo, movimiento nacionalista alemán, antisemitismo, sionismo. Cada uno de estos grupos de presión disponía de una organización propia (…) Los artistas y escritores, los científicos y filósofos innovadores tuvieron que buscar aliados dentro de la vanguardia para defender sus posiciones. ‘Nosotros, que somos pocos, deberíamos mantenernos unidos escribió Freud a Karl Kraus en noviembre de 1906.’

(…) Adolf Loos se encontraba en el epicentro de un círculo muy abierto de amigos y simpatizantes que tenían puntos de contacto con el grupo de Karl Kraus, al que pertenecían, por ejemplo, Peter Altenberg y Albert Ehrenstein, y con el círculo de Arnold Schönberg, que reunía en torno a sí, en calidad de alumnos y amigos de toda la vida, a los compositores Alban Berg y Anton von Webern. En el verano de 1909 Oskar Kokoschka fue aceptado en el círculo de Loos y, de este modo, se encontró inmerso en el campo de fuerza de la vanguardia artística vienesa.” (Johann Winkler)

Uno de los grandes creadores del retrato moderno

El excepcional conjunto de retratos que se reúne en esta exposición pone de manifiesto las principales características del arte de Kokoschka: su gran expresividad, el uso de una gama de colores muy restringida y su inconfundible trazo violento. Pero, sobre todo, permite profundizar concretamente en su personal forma de entender e interpretar el género del retrato. En estas obras el artista centra la atención, principalmente, en la captación de los sentimientos del modelo en detrimento del parecido físico, una de las más importantes aportaciones de Kokoschka al retrato moderno. Con una pincelada fluida y alargada, el pintor insiste particularmente en las manos y en el rostro, donde vuelca toda su expresividad. El aire introspectivo de los personajes, la ausencia de elementos que definan su status social o su ocupación, son un fiel reflejo de lo que el artista pretendía y que él mismo nos transmite en las siguientes palabras: Cuando pinto retratos, lo que me preocupa no es fijar en la tela lo externo de un ser humano, el rango o los atributos de su preeminencia espiritual o mundana o su procedencia social. Proporcionar documentos a la posteridad es tarea de la historiografía. Lo que en tiempos provocaba el desconcierto de la sociedad ante mis retratos era lo que yo intentaba averiguar a través de los rostros, de los gestos, de los ademanes, para, por medio de mi lenguaje plástico, reproducirlo en un documento visual como suma total de un ser vivo.

“Hasta entonces la noción de retrato había permanecido inseparable de la representación externa del individuo. La subordinación del parecido físico a la representación de la psicología del personaje era, por tanto, el principal problema que debía resolver el artista moderno y Kokoschka fue uno de los primeros en lograrlo. Cada gesto, postura, o movimiento de sus personajes, transmiten un sentimiento individual.

(…) La utilización de trazos violentos aplicados con colores oscuros, sobre los que sólo algunas zonas, como el rostro y las manos, se iluminan con una luz centelleante, procedente generalmente de una fuente desconocida, y el aislamiento de los modelos sobre un fondo neutro, inestable y vacío, contribuyen a sacar a la superficie las emociones más profundas. Sorprende la austeridad con que Kokoschka representa a sus retratados, sin referencia alguna a su rango o profesión, para así poder concentrarse únicamente en el individuo.

(..) no podemos olvidar otras dos innovaciones fundamentales que Kokoschka aportó al género del retrato: la anulación de la pose y la sustitución de la imagen real por la imagen imaginada. Kokoschka pintaba siempre a sus modelos en movimiento para hacerles olvidar que estaban siendo observados: Mi curiosidad – escribe Kokoschka en su diario – nunca ha ido dirigida a obtener de mis ‘víctimas’ - como me gusta llamarlas – confesiones personales, ni a enterarme de cosas privadas o íntimas, sino a forjarme una imagen de ellas similar a la que se conserva en la memoria, una imagen recordada que uno lleva consigo, vívida y fresca, o como la que adquiere una persona cuando soñamos con ella. Todo esto me hubiera resultado imposible si hubiera tenido a mis modelos inmóviles como ante una cámara fotográfica.” (Paloma Alarcó)

El Triple retrato de los hermanos Schmidt

El núcleo de la exposición lo constituye el Triple retrato de los hermanos Schmidt, lienzo que fue recortado en tres partes en los años 50. Una de ellas – Hugo Schmidt – se da por desaparecida, la parte central – el retrato de Max Schmidt – se conserva en la Colección Permanente del Museo Thyssen-Bornemisza y la tercera – Carl Leo Schmidt – fue adquirida en 1998 para la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Los hermanos Schmidt, Hugo, Carl Leo y Max, eran propietarios de una floreciente empresa de muebles y decoración de interiores establecida en Viena y Budapest, y mantenían también una estrecha relación profesional y de amistad con Adolf Loos; seguramente a través de él encargaron este triple retrato a su protegido Oskar Kokoschka:

“Se puede suponer que sería Max Schmidt quien encargó a Oskar Kokoschka, por sugerencia o ante el ruego de Adolf Loos, que le retratara a él y a sus hermanos como responsables de la suerte de la empresa. Su retrato (..) parece presentarse ante el espectador en tres dimensiones, con una enorme presencia corporal; está situado en la parte central de este triple retrato, entre la representación sorprendentemente fiel a los rasgos externos de Hugo Schmidt, plasmada con viveza sobre el fondo oscuro, y la de Carl Leo, dispuesta en la parte derecha del cuadro sobre el fondo claro del lienzo, retrato éste condensado en el mero contorno y la insinuación de los rasgos esenciales. De este modo, la composición se refiere inequívocamente al papel rector que Max Schmidt desempeñaba dentro de la empresa. Al mismo tiempo, también se puede interpretar como una manera de destacar su comprensión artística y su actitud particularmente abierta frente a la novedad.” (Johann Winkler)

Junto a los dos únicos fragmentos que se conservan de este triple retrato, en la exposición podrán verse, entre otros, los retratos de su mentor, Adolf Loos, y de su compañera, Bessie Bruce - ambos cedidos por la Nationalgalerie de Berlin -, del matrimonio Victorie y Joseph de Montesquiou-Fezensac – prestados, respectivamente, por el Cincinnati Art Museum y el Moderna Museet de Estocolmo -, del aristócrata italiano Conde Verona, - procedente de una colección particular - o el retrato de la que fuera compañera de Kokoschka, Lotte Franzos – de la Phillips Collection de Washington:

“El arte de la representación humana propio de Kokoschca cobra una posición excepcional y destacada dentro de la pintura europea del siglo XX. Retratos como el del distinguido matrimonio compuesto por Victoire y Joseph de Montesquiou-Fezensac o el del aristócrata italiano Conte Verona, enfermo de tisis, que pintó en el sanatorio de tuberculosos Mont Blanc en Leysin a comienzos de 1910, durante su primer viaje a Suiza en compañía de Adolf Loos, evidencian de manera estremecedora la forma despiadada en que Kokoschka, bajo la influencia de la pintura de Edvard Munch y Vincent van Gogh, espolea más allá de la máscara del decoro su indagación de la conditio humana, alentada por la empatía y la piedad. La compostura aparente, mantenida únicamente con esfuerzo o incluso perdida por completo, no llega a distraer nuestra atención del desvalimiento, desamparo y soledad que nos salen al encuentro desde estos rostros.

Y sin embargo, qué diferente el aura cautivadora que irradia el retrato de Bessie Bruce, entonces compañera de Adolf Loos, cuya enfermedad pulmonar motivó el viaje al lago Lemán que emprendieron con ella Loos y Kokoschka. (…) Los retratos de Adolf Loos y Herwarth Walden, que se llevó a Kokoschka a Berlín en 1910 para que colaborara desde el primer momento en la redacción de la revista Der Sturm, fundada por él como portavoz de la vanguardia artística europea, son iconos de la amistad, desde los que habla un profundo agradecimiento. Este profundo agradecimiento late también tras la delicada ternura con que ha captado y reproducido los rasgos de Lotte Franzos.” (Johann Winkler)

Biografía del autor

Lista de obras


FICHA DE LA EXPOSICIÓN:

Título: Contextos de la Colección Permanente nº11: “Kokoschka: Max Schmidt, Adolf Loos y sus amigos”
Organiza: Museo Thyssen-Bornemisza
Patrocina: Fundación Caja Madrid
Conservador jefe: Tomàs Llorens
Comisaria: Paloma Alarcó, conservadora de Pintura Moderna del Museo Thyssen-Bornemisza
Lugar: Sala de Exposiciones Contextos (Primera planta: zona de descanso entre las salas 37 y 38)
Fechas: 6 de noviembre de 2001 - 17 de febrero de 2002
Horario: De martes a domingo, de 10:00 a 19:00 horas. La taquilla cierra a las 18:30. Domingos, abierto todo el día.
Entrada: Incluida en la visita a la Colección Permanente.
Catálogo: Textos de Johann Winkler (especialista en Kokoschka y autor del catálogo razonado del artista), E.H. Gombrich (historiador de arte), Paloma Alarcó y Tomàs Llorens.
Conferencias: Viena fin de siglo es el título del ciclo de ocho conferencias que el Museo organizará con motivo de esta exposición y que tendrán lugar en enero y febrero de 2002.


Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid

 

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Tfno. 91 420 39 44 / Fax. 91 420 27 80

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