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"El conjunto de la obra
realizada por Curro Ulzurrun en el período de cinco años que cubre esta
exposición, (1997-2002), puede dividirse en tres grupos diferenciados, y que,
sin embargo, están ensartados por unos hilos conductores tanto materiales
como metafóricos.
Si en primer lugar nos
referimos a las materias con las que trabaja, la muestra se inicia con
esculturas en piedra de Calatorao, con la que Ulzurrun ha trabajado durante
muchos años.
Tras este primer ciclo en
piedra, Ulzurrun pasa a ala madera, con la que están realizadas
prácticamente todas las obras del centro cronológico de la exposición,
años 2000-2001. No son nunca maderas nobles, son listones de pino, ripios,
tablas, maderas como aprovechadas de un derribo, que él ha querido salvar del
olvido dándoles formas y significados oníricos, tiernos, inexistentes e
inutilizables en el mundo práctico.
En las obras del tercer y
último grupo utiliza ramitas, pequeños troncos -que ya estaban en piedra al
inicio- y plumas que envuelven, recubren o "protegen" las
"construcciones".
La trabazón metafórica que
recorre toda la exposición se nos descubres desde su inicio.
Hay una serie de casas,
llamada "Tu casa es como un nido", algunas con protuberancias
de ramas y raíces, también éstas dos últimas de piedra en algunos casos.
Anzuelos y espinas pétreas
que "hieren" al tocarlos; todo ello se presta a un juego cargado de
ironía visual.
La serie "Un
experimento con el tiempo. La espera", en la que encontramos
recipientes, vasos con agua, ramas que se sumergen, nos remite de nuevo a la
idea del receptáculo, siempre válido como "nido", y a la espera en
ese lugar imaginario de refugio y protección. Estas obras, y las de otra
serie llamada los "Bordes del charco", veremos que tienen una
correspondencia con la obra posterior.
El segundo grupo está
compuesto por muebles imaginarios, mesas y sillas de madera, (algunas obras en
bronce), pintadas en colores grafito, azul, naranja, o sencillamente dejadas
en su madera natural.
Aquí las formas imposibles
de sillas y mesas, enormes o diminutas, sillas arrimadas de espaldas a sí
mismas o a la mesa, debajo de ésta, apiladas en desorden; mesas colocadas de
canto, rotas por hojas de árbol, trepando por la pared, con huecos
("nidos"); todas ellas en situaciones inverosímiles, sitúan al
observador ante varias reflexiones.
La búsqueda de estas formas,
que han roto con su uso cotidiano, permite a Ulzurrun expresar, a través de
ellas, ciertas actitudes del individuo, sus pensamientos, actuaciones y
comportamientos.
Son metáforas de encuentros
y desencuentros, de juegos, e compañía cómplice o de soledad. Sus
acercamientos, enfrentamientos y distanciamientos conforman un "campo de
batalla" de la convivencia.
En este segundo ciclo el
color juega un papel determinante. La pintura sobre las esculturas apoya con
fortaleza el que unas obras a veces severas, formales, adquieran un humor
irónico. El rigor minimalista se suaviza y diluye. Al transpirar ese color,
se liberan en parte de la carga de la madera, y se vuelven más espontáneas,
más genuinas y libres.
Aquí, las formas y el color
son correa de transmisión de un mensaje, una mirada, y en ocasiones de una
vivencia personal, que le proporcionan credibilidad y veracidad a la obra.
En el tercer y último grupo
de obras, en el que Ulzurrun utiliza de manera predominante ramas, pequeños
troncos, plumas y cordel, se completa el círculo metafórico.
Hay
nidos reales, de ramitas y plumón, puentes recubiertos de plumas, casas
colgadas y colgantes, torres y construcciones imaginarias. Están realizadas
con gran meticulosidad, y nos sugieren un mundo primitivo y atávico,
transmitiendo a la vez una sensación de fragilidad, de delicadeza. Es un
conjunto de obras de gran poesía y belleza.
El encadenamiento con todo lo
anterior es visible tanto en lo material, -agua es a piedra, piedra es a
hueco, hueco es a madera, madera es a pluma, pluma es a aire, aire es a agua-,
como en lo metafórico.
La casa, "el nido",
el puente livianísimo que une los "bordes del charco", las plumas
que flotan en el aire y se dirigen a las nubes hacia las que se alzan las
torres.
Es muy patente en el conjunto
de las tres fases de esta exposición una visión antropológica no exenta de
humor, algunas veces incisivo, irónico, y otras muy fresco e ingenuo,
características muy frecuentes en la obra de Curro Ulzurrun."
Ana Blanco y Cristina Parra
Comisarias de la exposición
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