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Los
griegos llamaron a sus pobladores etíopes, hombres de rostros quemados. Para
Herodoto, sus gentes eran las más esbeltas, hermosas y ecuánimes, y sus
arqueros, robustos y diestros. No en vano aquella zona se la conoció como
Tasite, ‘tierra del arco’. Para los egipcios fue, en cambio, ‘la tierra
del oro’. Cruce de caminos entre el África negra, el Egipto faraónico y el
Mediterráneo, Nubia albergó los reinos más antiguos del continente africano
y fue escenario de un intenso comercio de metales preciosos, animales exóticos,
materias primas y objetos manufacturados. En ella florecieron reinos envueltos
por un aura mítica: Kerma, Kush, Napata y Meroe. Pese a la importancia de su
patrimonio histórico y arqueológico, los antiguos reinos de Nubia apenas son
conocidos en nuestro país. CaixaForum desvela a través de 350 piezas
singulares algunos de sus secretos con motivo de la exposición más
importante que se ha organizado en España de estas culturas. La muestra Nubia.
Los reinos del Nilo en Sudán abarca desde la prehistoria hasta la edad
media, e incluye la influencia del cristianismo y del islam. Las obras
proceden de quince instituciones y museos, entre ellos, el British Museum de
Londres, el Museum of Fine Arts de Boston, el Museo Arqueológico Nacional de
Madrid y el Sudan National Museum de Jartum.
La exposición Nubia.
Los reinos del Nilo en Sudán, cuya comisaria es Carmen Pérez Die,
conservadora jefe del Departamento de Antigüedades Egipcias y Próximo
Oriente del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, se podrá visitar en
CaixaForum (Av. del Marquès de Comillas, 6-8), del 10 de abril al 24 de
agosto de 2003.
Nubia
es el nombre que se ha dado en la época moderna a la zona del Nilo medio que
se extiende desde la primera catarata en Asuán hasta la unión del Nilo
blanco y el azul, en Jartum (Sudán). En la antigüedad, fue una entidad política
independiente y unificada, documentada en Egipto como el reino de Kush, aunque
griegos y romanos se referían a ella como Etiopía, ‘tierra de los rostros
quemados’.
Aunque
los primeros viajes y estudios se remontan a 1820, no es hasta bien entrado el
siglo XX cuando se lleva a cabo un reconocimiento exhaustivo y se desentierran
centenares de obras de arte de los antiguos reinos nubios. En 1960, la Unesco
hizo una llamada internacional en defensa del patrimonio nubio que iba a
quedar anegado bajo las aguas del Nilo a causa de la construcción de la presa
de Asuán. Varias misiones extranjeras iniciaron excavaciones de salvamento.
La participación de los españoles fue muy activa, y buena parte de estos
hallazgos se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
La
exposición Nubia. Los reinos del Nilo
en Sudán propone un recorrido temático a partir de un conjunto singular
de 350 piezas (esculturas, cerámicas, objetos litúrgicos, utensilios,
amuletos, joyas y relieves, entre otras). Las obras están distribuidas en
siete ámbitos, que abarcan desde los primeros testimonios de arte rupestre
hasta los vasos de alfarería y herramientas de hierro de época medieval. La
influencia del cristianismo y del islamismo también se hace patente en
algunas de las piezas.
Los
primeros seis ámbitos están dedicados a Los
nubios y su entorno, Nubia y sus relaciones con Egipto y Roma, La realeza y la
sociedad, La tecnología, La religión y El mundo funerario. Cierra la
exposición un último apartado que, a modo de epílogo, da cuenta de la
recuperación de todo este patrimonio histórico y arqueológico de
excepcional belleza e interés.
Nubia
fue siempre un cruce de caminos entre el Egipto faraónico y el África negra,
y el río Nilo la vía de penetración hacia el sur de donde procedían los
productos africanos, las materias primas como maderas y resinas y los animales
exóticos. En territorio nubio era posible encontrar oro, piedras duras y
semipreciosas (coralina, cuarzo, ágata y obsidiana). Esta ventajosa posición
geográfica le permitió controlar las principales rutas comerciales y
establecer intercambios estrechos con sus vecinos. Con Egipto mantuvo una
relación muy especial. Considerada hasta hace poco como subsidiaria de
Egipto, la cultura nubia ha adquirido hoy rango propio, y actualmente se
plantea la relación entre ambas culturas en términos de reciprocidad e
influencia mutua. A lo largo de la historia se llevaron a cabo ‘razias’,
expediciones comerciales, conquistas, anexiones y colonizaciones entre ambos
reinos.
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En
la segunda mitad del siglo VIII aC irrumpen en la historia de Egipto
los reyes de Kush, procedentes de Napata, anexionándose inmensos
territorios y conquistando durante algún tiempo el milenario trono.
El primero de estos faraones negros fue Piyé, quien en dos estelas
nos narra la conquista de Egipto y las luchas con los soberanos
locales. Sus descendientes Shabaqo, Shabataqa, Taharqa y Tanutamón se
consideraron auténticos soberanos de todo el valle del Nilo y
adoptaron muchas costumbres egipcias, incluidas las funerarias. Con la
llegada de los asirios a Egipto, los kushitas se replegaron a su país
de origen. La situación de condominio alcanzada durante el periodo
ptolemaico se vio alterada por la llegada de Roma. A finales del siglo
III Diocleciano renunció a controlar Nubia y retiró la frontera
hasta Asuán.
En
lengua nubia el rey es conocido como kore.
Las esculturas y relieves presentes en la exposición nos muestran a
soberanos de rasgos negroides, con los rostros redondeados y llenos de
vigor. Su actitud y su vestimenta recuerdan a la de los soberanos
egipcios cuando se representan como esfinges o con las coronas faraónicas,
pero habitualmente aparecen tocados con el bonete kushita, las dos uraeus
en la frente y dos cintas en la nuca hasta los hombros. El tema
egipcio del faraón triunfante fue adoptado por los soberanos meroíticos:
la iconografía muestra al rey con una pierna adelantada, sujetando a
sus enemigos por los cabellos con una de sus manos y blandiendo un
hacha de guerra en la otra. |
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Buena
parte de la información que nos ha llegado referente a algunas de las
civilizaciones antiguas procede de sus necrópolis. Si bien la tumba neolítica
consistía en una fosa circular u oval, durante la colonización faraónica se
adoptó la pirámide de pendiente. Entre los ajuares depositados junto a los
difuntos se han hallado artículos de tocador (peines y adornos para el pelo)
y relacionados con la cosmética (pintura de ojos, ungüentos, aceites en el
interior de recipientes de alabastro, madera y marfil). También nos han
llegado collares, pulseras y tobilleras, así como cerámicas con
representaciones de múltiples animales: leones, jirafas, hipopótamos,
cocodrilos, avestruces, monos, escorpiones, ranas, caballos, etcétera.
Las
primeras representaciones antropomorfas se fechan en época neolítica, son
femeninas y extremadamente simples, con tatuajes, amplias caderas y
voluminosas cabelleras. Suelen ser designadas como Venus y podrían
interpretarse como garantes de fertilidad para perpetuar la especie. A partir
de la época napatea, la adopción de algunas divinidades egipcias está bien
documentada, se coloca a Amón en la cima del panteón kushita como dios
supremo y garante del trono real. Pero, además, los meroíticos veneraron a
otras divinidades vinculadas al mundo africano. La más célebre fue Apademak,
el león adorado como dios de la victoria, en estrecha unión con la vegetación
y la fertilidad.
La
metalurgia se desarrolló en Nubia desde épocas tempranas. Nos han llegado
dagas, espejos, joyas y demás utensilios de cobre y bronce hallados en las
sepulturas más ricas. El hierro está atestiguado en Meroe a partir del siglo
I aC, y el electro (aleación de oro y plata) y la plata se utilizaron para
joyas y recipientes rituales. La producción de cerámica en Nubia tuvo gran
calidad en su ejecución, con formas y decoraciones de gran belleza. El
repertorio neolítico es admirable, los recipientes de tipo calciforme merecen
una mención especial. Asimismo, la cerámica meroítica es muy variada y muy
bella y hubo talleres dedicados a su manufactura.
La
fayenza (compuesta de sílice y álcali) fue una materia prima utilizada para
la manufactura de un gran número de objetos. Fue estimada principalmente por
su simbolismo y por su belleza, y su color verde estaba relacionado con la
regeneración. La pasta vítrea se utilizó en la elaboración de cuentas, y
durante el periodo helenístico-romano los talleres de vidrio produjeron
ejemplares de lujo que se depositaron en las tumbas: copas, botellitas y
recipientes para perfumes.
DATOS
DE INTERÉS
Nubia.
Los reinos del Nilo en Sudán
Fechas: Del
10 de abril al 24 de agosto de 2003
CaixaForum
Av. Marquès de Comillas, 6-8
08038
Barcelona
Tel.: 902 22 30 40
Horario:
De martes a domingo, de 10.00 a 20.00 h - Lunes, cerrado
Entrada gratuita
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