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La exposición, organizada por la
Generali Foundation de Viena, reúne un amplio espectro de al obra de Adrian
Piper, artista, escritora y profesora de filosofía nacida en Harlem
(Nueva York), en 1948. Tras una pequeña selección de las pinturas de su
primera época, como LSD Void (1965) y Alice in Wonderland
(1966), se muestran prácticamente en su totalidad sus obras conceptuales de
los años sesenta, la documentación de sus performances, sus
instalaciones más conocidas, así como algunos trabajos actuales.
Adrian Piper empezó a estudiar
filosofía en los años setenta y desde entonces ha ejercido como profesora
universitaria. Su formación académica, junto con su temprano interés por la
práctica del yoga y el vedanta, la filosofía fundamental del hinduismo, son
inseparables de su trabajo artístico. Es una de las artistas precursoras en
la utilización de la cultura popular en su obra, en la que conviven
fragmentos de Emmanuel Kant, Aretha Franklin, aspectos de la vida cotidiana,
música funk, la cultura afroamericana y especialmente los prejuicios hacia
ella. Su obra analiza y plantea de forma directa temas como los estereotipos
racistas, la xenofobia y la naturaleza humana, y lo hace evitando un
"lenguaje artístico" elitista.
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Con
sus trabajos -ya sean instalaciones, trabajos fotográficos o dibujos-
Piper intenta crear situaciones en las que los espectadores puedan
reaccionar de forma inmediata y sorprenderse de sus propios impulsos.
A partir de esta idea -a la que se refiere con la expresión
"presente indéxico"- ha surgido una serie de trabajos que
utilizan conceptos como por ejemplo "aquí",
"ahora", "yo", "tú/usted",
"esto", y que a menudo contienen elementos de provocación
directa al espectador. Otro de los conceptos que subyace a lo largo de
su trayectoria es el de meta-arte con el que Piper se refiere
el hecho de mostrar abiertamente la actividad, los procesos de
reflexión, los procedimientos y las condiciones en la producción de
cualquier tipo de arte. |
Cuestiones como la forma en que el
espectador percibe la obra de arte y el papel que el artista elige asumir, las
posibilidades que tiene el arte de comunicar con eficacia cuestiones
políticas y sociales, y finalmente el modo de plantear esta confrontación de
manera que no provoque simples reacciones estéticas, constituyen los
objetivos centrales que Adrian Piper persigue con su obra. Lejos de cualquier
tradición formalista, Piper define la obra como la reacción del espectador
ante ella, y su papel como artista en tanto que "paradigma de la
sociedad". La artista refleja en su trabajo -y de esta manera, pone al
descubierto- el trato que le dispensa la sociedad como sujeto concreto: mujer,
afroamericana y artista. Desde esta perspectiva, la obra de arte y el sujeto
artístico se integran y su trabajo no se define como arte político, sino
como una actividad específicamente política.
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