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LA CIUDAD QUE NUNCA EXISTIÓ

Arquitecturas fantásticas en el arte occidental

 


DATOS DE INTERÉS

El CCCB cierra el ciclo de exposiciones alrededor del imaginario arquitectónico dirigido por Pedro Azara con La ciudad que nunca existió. Arquitecturas fantásticas en el arte occidental.

Después de Casas del alma (1997, en que se mostraron maquetas de la antigüedad y se reflexionó acerca de las nociones antiguas del hecho de habitar) y La fundación de la ciudad (2000, cuyo planteamiento giraba alrededor de los mitos de fundación de las ciudades del mundo antiguo), esta exposición presenta imágenes de arquitecturas imaginarias de autores de todas las épocas, desde la antigua Roma hasta nuestros días.

La exposición reúne unas 80 obras de arte en diferentes soportes, que incluyen frescos, pintura, dibujo, fotografía o instalaciones. El núcleo central de la muestra gira alrededor del género del capricho arquitectónico, entre los siglos XVI y xviii, con una representación de los mejores pintores de las principales escuelas europeas: Monsu Desiderio, Vredeman de Vries, Van Delen, Codazzi, Francisco Gutiérrez, Marieschi, Bellotto, Hubert Robert.

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Este conjunto se complementa con una selección de frescos pompeyanos procedentes del Museo Arqueológico de Nápoles y una muestra de artistas de las vanguardias históricas que han sido influidos por esta tradición pictórica: De Chirico, Piet Mondrian, Mario Sironi, Klee, Paul Delvaux, Leon Spilliaert.

La exposición también presenta el eco de estos temas en algunos creadores plásticos actuales como son José Manuel Ballester, Ann Veronica Janssens, Catherine Yass, Miquel Navarro, Olivo Barbieri o Cristina Iglesias, entre otros

Las obras se agrupan en siete apartados temáticos donde conviven obras de diferentes épocas que permiten una lectura transversal de las arquitecturas fantásticas. Cada uno de los ámbitos destacan distintos rasgos que caracterizan a las arquitecturas imaginarias, o a las arquitecturas reales representadas de tal forma que adquieren un aspecto fantástico.

APARTADOS DE LA EXPOSICIÓN

 

1.- Arquitecturas de otros mundos

Arriba

Ciudades y arquitecturas del mundo de los muertos.

Autores: Miquel Navarro, frescos pompeians, Giorgio de Chirico, Monsu Desiderio, Olivo Barbieri, Maria-Helena Vieira da Silva, W.S. Wols, Paul Klee, Manuel Hernández Mompó, Fernand Léger

Plazas vacías, invadidas de sombras, bajo un sol que declina. Figuras quietas como estatuas de sal. Los espacios que De Chirico pintara, al igual que las ciudades de Navarro, carecían de vida. Ambos artistas se han inspirado en las imágenes arquitectónicas, de contornos nerviosos y formas neblinosas, que pueblan los frescos pompeyanos.

Estos cuadros romanos se inserían en grandes estructuras pintadas que simulaban puertas que se abrían a otro mundo, fuera de los límites de las estancias habitadas; mostraban ciudades del más allá habitadas por sombras –desvaídas almas de ancestros que velaban por los seres vivos. 

2.- Arquitecturas de leyenda

Castillos y ciudades de una Edad Media legendaria.

Autores: Eugène Dehayes, Victor Hugo, Max Ernst, Genaro Pérez Villaamil, Maerten van Valckenborch, Olivo Barbieri, Mario Sironi, Paul Delvaux

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Desde mediados el siglo xvii, los artistas empezaron a pintar arquitecturas de la antigüedad (y ruinas de arquitecturas del pasado), no como ellos se imaginaban que habían sido, sino como las soñaban, como les gustaba que hubiesen sido. La recreación de una época soñada primaba sobre la precisión histórica. Los sueños deforman y engrandecen. También tiñen las formas de niebla. Los castillos medievales, inaccesibles, sobre riscos empinados, y las catedrales góticas cubiertas de agujas se prestaban, por su imposible altivez, a estas recreaciones de la fantasía, de un pasado heroico e imposible.

 

3.- Espacios ambiguos. ¿interior o exterior?

Arriba

Espacios en los cuales se diluyen las fronteras ente el interior y el exterior.

Autores: Hans Vredeman de Vries, Monsu Desiderio, Hendrichk van Steen Wijk “el joven”, Viviano Codazzi, Cristina Iglesias, Dirck van Delen, José Manuel Ballester, Francisco Gutiérrez, Matías de Torre, Perejaume

Trazar los límites de un edificio o de una ciudad es lo primero que hace un arquitecto antes de edificar. Cuentan los mitos que los mismos dioses de la arquitectura ayudaban a los reyes a hincar varas en el suelo y a unirlas con una cuerda para dibujar el contorno exterior de un templo o de un edificio. Los límites entre el exterior, donde acechan los peligros, y el espacio interior, en el que el hombre se cobija y se defiende, constituyen el fundamento de la arquitectura. “Templum”, en latín, significaba “espacio acotado”, aunque no necesariamente construido.

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En los caprichos arquitectónicos, por el contrario, los límites se desdibujan. Las estancias se abren al jardín al tiempo que éste se urbaniza. Grandes oberturas, a los lados y en el fondo, invitan la mirada a explorar el espacio y a perderse –en todos los sentidos de la palabra. Son lugares donde todo es posible. Es imposible morar en paz en éstos. Nada detiene al que los habita; nada se interpone entre la naturaleza agreste y el hogar. 

4.- Ciudades malditas

Ciudades que causan la pérdida de sus habitantes en vez de protegerles la vida.

Autores: Francisco Collantes, Juan de la Corte, Antoni Tàpies, Antonio Joli, Claude Joseph Vernet

“Son los dioses, los dioses implacables
los que están arrumbando esa opulencia
y los que a Troya arrasan de su cumbre.”
(Virgilio, Enéida, II, 601-603)

Hasta épocas recientes, Cnossos –el mítico y laberíntico palacio cretense (un lugar de perdición) donde vivía encerrado el Minotauro– y Troya se confundían. Troya fue construida por el dios de los mares (al que el primer rey negó pagarle ni darle las gracias) sobre los dominios de la diosa del Engaño. 

Según las leyendas latinas, Roma fue fundada por (descendientes de) Eneas, un príncipe troyano. Troya era la causa de Roma. Para los países del norte de Europa, protestantes, calvinistas y luteranos, Roma, sede del ostentoso papado católico, era la Gran Prostituta apocalíptica, la nueva Babilonia (donde se alzaba la torre de Babel que los hombres intentaron levantar para alcanzar el cielo) o la nueva Troya, sedes de todos los males y los monstruos.

Lluvias de fuego cayeron sobre estas ciudades malditas de las que los habitantes, desesperados, vanamente se ufanaban por escapar.

5.- En los límites de lo habitado

Arriba

Espacios aislados construidos frente a la naturaleza amenazadora.

Autores: Karl Friedrich Schinkel, frescos pompeians, Viviano Codazzi, Vicente Giner, Patrick Shanahan, Bernardo Bellotto

El optimismo renacentista se quebró. El hombre dejó de ser el centro del mundo. No era más que una caña doblegada por el viento. Al mismo tiempo, el mundo se ensanchó. Los astrónomos barrocos descubrieron que los cuerpos celestes se multiplicaban hasta el infinito. La naturaleza ya no era el recoleto jardín de las delicias del gótico. Parajes, hasta entonces terroríficos, como riscos y costas recortadas contra el mar encrespado, empezaron a ser objetos de atención por parte de los artistas. Templetes aislados y palacios solitarios se atrevieron a instalarse en la nueva y última frontera, ante el espacio indómito. El hombre ya soñaba con domesticar el mundo entero.

6.- Arquitecturas de la desmesura

Arquitecturas con estructuras imposibles. Inspiradas en arquitecturas masónicas que ponen a prueba la perseverancia del hombre.

Autores: Catherine Yass, Bernardo Bellotto, León Spilliaert, Michelle Marieschi, Marco Ricci, Hubert Robert, Stefano Orlandi

La arquitectura es un arte que los dioses inventaron y que aún practican. Desde muy antiguo, Dios ha sido el Gran Arquitecto del Mundo. En el sigo xviii, se empezó a creer en un Ser Supremo, a cuya facultad principal, la Razón, se la honraba con edificios de formas geométricas grandiosas. 

Para los masones, surgidos en el Siglo de las Luces, la arquitectura, basada en el conocimiento de los secretos constructivos del Templo de Salomón –proyectado por Yavhé–, era un medio para cultivarse. Se edificaba para edificarse. Para pintores masones como Robert, el arte de la arquitectura brindaba imágenes mentales, con volúmenes descomunales que ponían a prueba la inteligencia del hombre, que elevaban el espíritu.

7.- Arquitecturas (in)transitables

Arriba

Espacios reales construidos pero que, paradójicamente, no pueden ser recorridos.

Autores: Ann Veronica Janssens, Martí Anson

La arquitectura es el único arte que se descubre al tiempo que se recorre. Los espacios visitados se suceden en el tiempo. Es imposible abarcarla de un golpe de vista. Nunca se obtiene una única imagen. El espacio interno es el núcleo de la arquitectura. Una construcción impenetrable, como el laberinto de Creta, recorrido por un sinfín de galerías en las que el visitante que se adentra, desorientado, se pierde, es la antítesis de un hogar. El espacio se construye, se delimita y se edifica para ser habitado. Los muros y la techumbre protegen al ser humano. Los “sin-techo” están desamparados. No tienen un lugar donde asentarse. En el imaginario griego, los condenados a la pena máxima eran apátridas que ninguna ciudad podía acoger. Estaban a la merced de los peligros que acechan en las tierras no cultivadas, en medio de los bosques impenetrables. Hoy en día, sin embargo, las metrópolis son como la Roma Imperial: lugares sumidos en el desorden, donde no se puede vivir. Son selvas donde, en ocasiones, nadie se aventura. Algunas instalaciones contemporáneas dan fe del desconcierto del ciudadano ante espacios en que las coordenadas se han perdido y que han vuelto a la barbarie.

Presentación de Pedro Azara, comisario de la exposición

“Tales formas no existen, no pueden existir ni han existido nunca”
(Vitrubio –autor romano–, acerca de los caprichos arquitectónicos de su época)

Cuando, a finales el siglo XV, se descubrieron los frescos con arquitecturas imaginarias que decoraban las paredes del palacio de Nerón en Roma, empezó un nueva concepción del arte y un nuevo género. Hasta entonces, las imágenes arquitectónicas y urbanas sólo habían servido de fondo o de marco de escenas sagradas. A partir de entonces, artistas hubo que retrataron fielmente edificios y ciudades existentes. Otros, por el contrario, pintaron arquitecturas manifiestamente fantásticas o dieron un aspecto fantástico a edificios o ciudades reales. 

Los “caprichos arquitectónicos” muestran edificios que parecen de otro mundo o de un tiempo de leyenda –los evanescentes frescos pompeyanos, que inspiraron las plazas petrificadas de De Chirico, representaban templos, villas y ciudades del mundo de los infiernos–; el océano o el bosque acecha el espacio construido; los límites entre el interior y el mundo exterior son inciertos; una red de galerías y escalinatas convierten las estancias en intrincados laberintos; duros juegos de luces contrastadas dan un aspecto fantasmagórico a ciudades sobre las que ha recaído una maldición. Algunos espacios están sumidos incluso en la total oscuridad. Los personajes, como sombras, son diminutos frente a la arquitectura aún más desmesurada. A menudo, escenas violentas o dramáticas contribuyen a que los edificios tengan un aire de pesadilla. Son lugares donde no se puede estar. Los cuadros del siglo de las luces muestran grandes puentes sobre arcadas ciclópeas (semejantes a la que escondía las tablas de las Palabras Perdidas bajo el mítico Templo de Salomón), próximos a los símbolos masónicos, que invitan al espectador a soñar con salir de sus límites, a huir del mundo y a ascender, superando dificultades, hacia la luz. 

Las ciudades de los muertos y los infiernos de la antigüedad, situados en los confines del mundo, eran temidos puesto que, como en los laberintos que no tienen fin, impedían a los que entraban, como almas apenadas, emprender el camino de regreso. Hoy, artistas se han atrevido a levantar estos espacios paradójicos. Parecen habitables; son intransitables empero, porque los puntos y los planos de referencia, gracias a los que el ser humano se ubica y se centra en el mundo, han desaparecido o se han confundido, como en las desorientadoras ciudades contemporáneas de las que podrían ser símbolos. Sitios que sólo existen en las pesadillas se hacen realidad. El hombre se pierde en ellos.

Estas arquitecturas no llaman a recogerse. La vida no puede asentarse, ni se siente como en casa, en medio de espacios controlables, entre límites definidos. No son casas del alma. Son lugares para los fantasmas de la imaginación.

CRÉDITOS FOTOGRÁFICOS

1. Victor Hugo, Le burg dans l'orage, 1857
Pluma, pincel, tinta sepia y acuarela sobre papel. - 31,6 x 49,5 cm.
Maison de Victor Hugo
© Photothêque des musées de la ville de Paris / Foto : Joffre

2. Max Ernst, La ciutat sencera, 1933 Oli sobre paper i cartró
Collection Gemeentemuseum Den Haag, La Haia
© Max Ernst, VEGAP, Barcelona, 2003. Fotografia: Strengers

3. Hans Vredeman de Vries, Arquitectura fantástica con personajes, 1568  
Óleo sobre tabla - 84,5 x 118,5 cm. - Museo de Bellas Artes de Bilbao


HORARIO 

  • Martes, jueves y viernes: de 11 a 14 h y de 16 a 20 h 

  • Miércoles y sábados: de 11 a 20 h 

  • Domingos y festivos: de 11 a 19 h 

  • Cerrado: lunes no festivos

PRECIO DE ENTRADA 

  • Entrada a una exposición: 4 € / 3 €

  • Entrada combinada a dos o más exposiciones: 5,50 € / 4 €

  • Entrada gratuita: menores de 16 años y Amigos del CCCB

  • Entrada reducida los miércoles no festivos y para jubilados, estudiantes y parados.

  • Articket: 15 €. Entrada única para el CCCB, MACBA, MNAC, La Pedrera, Fundació Antoni Tàpies y Fundació Joan Miró

  • Amigos del CCCB. Hazte Amigo por un año. Individual: 27 € / Estudiantes y jubilados: 20 € / Familia: 35 €

  • Venta de entradas en las taquillas del CCCB, en las oficinas de Caixa Catalunya y a través del servicio de Tel-Entrada: 902 10 12 12

Visitas comentadas a las exposiciones: de martes a viernes, a las 18 h, y sábados, domingos y festivos a las 11.30 h.

Presentación en Bilbao
Museo de Bellas Artes de Bilbao

Inauguración: 23 de febrero

Fechas: 24 de febrero – 30 de mayo de 2004