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Fundación Caja
Navarra muestra en el Archivo General de Navarra una exposición con obras de
la colección de arte de José Lázaro Galdiano (nacido en Beire en
1862 y fallecido en Madrid en 1947), 31 lienzos de maestros de la pintura española
de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, seleccionados de la que está
considerada la tercera pinacoteca de pintura española tras el Museo del Prado
y la Academia de San Fernando.
La muestra, que
permanecerá abierta hasta el 15 de enero de 2004,
es un viaje artístico desde el siglo XVI hasta finales del XIX que
permite contemplar pinturas de gran belleza y conocer un poco más a los
artistas que las crearon, como Goya,
El Greco, Ribera, Zurbarán, Madrazo, Herrera, Claudio Coello, Rizi, Carreño
Smidt, Espinal... y otros pintores ejemplares como Lucas Villamil y
Lucas Velázquez a los que Lázaro Galdiano les dio a conocer en
la sociedad de la época.
Entre las obras
presentadas, es ‘El conjuro o Las Brujas’ de Francisco de Goya la más
conocida por el gran público, una pintura en la que Goya crea un ambiente
irreal y onírico, romántico y humorístico que conforma un conjunto lleno de
extravagancia y magistralidad.

Esta
exposición, comisariada por Leticia Arbeteta, directora de Fundación Lázaro
Galdiano, se integra dentro del
acuerdo alcanzado por Fundación Caja Navarra y la Fundación Lázaro Galdiano
que permitirá nuevas actuaciones para divulgar la figura del navarro y
mostrar los fondos coleccionados -12.600 piezas y una biblioteca de 20.000 títulos-
que donó al estado español.
La
muestra contará con un servicio de visitas guiadas para grupos por las mañanas
(comenzarán a las 10 horas y serán cada media hora), así como con un
servicio de autoguías. El horario de visitas es de 10.00 a 13.00 horas y de
18.00 a 21.00 horas los días laborables; y de 10.00
a 14.00 horas los días festivos.
José Lázaro
Galdiano, editor, coleccionista de arte y bibliófilo, sale pronto de su
tierra natal, Beire, para estudiar y formarse iniciando una vida viajera y en
continuo contacto con intelectuales, escritores, pintores y figuras de la
cultura.
Estudió
Derecho en Valladolid, Barcelona y Santiago de Compostela,
iniciándose a la vez en la práctica del periodismo como crítico de
arte y cronista del periódico barcelonés La
Vanguardia. Al llegar a Madrid a fines de 1888, fundó su editorial –La
España Moderna–, una de las más importantes empresas culturales de la
época, y, enamorado del arte y empeñado en defender la cultura española,
comenzó la formación de la colección artística, una colección de colecciones, ya muy nutrida en los años finales del
siglo XIX y que, según los expertos, es imprescindible para el conocimiento
de la pintura española. Paralelamente fue reuniendo una espléndida
biblioteca, que figura entre las más notables de su tiempo.
En 1903 contrae
matrimonio en Roma con la dama argentina Paula Florido y Toledo (1856-1932),
iniciando un año después la construcción del palacio de Parque Florido, en
la madrileña calle Serrano, verdadero museo
que albergó sus colecciones, enriquecidas por continuas compras, contando con
el apoyo de su esposa.
En 1912, fue
nombrado vocal del Patronato del Museo del Prado, cargo que ocuparía hasta
1918. Tres años más tarde, en 1921, figuró como presidente en el Congreso
Internacional de Historia del Arte celebrado en París.
La Guerra Civil
le hizo abandonar España, residiendo en París, donde formó una nueva
colección. A comienzos de 1940 se trasladó a Estados Unidos, continuando allí
sus compras. En 1945 regresó a Madrid y comenzó a instalar en Parque Florido
las obras adquiridas en París y Nueva York junto a las que ya poseía.
A su muerte,
donó al Estado español todos sus bienes y colecciones, constituyéndose en
1951 el museo que lleva su nombre y que será reinaugurado en febrero de 2004
(calle Serrano 122, de Madrid) como un nuevo espacio museológico y museográfico
tras tres años cerrado por obras.
Retrato
de Felipe II - Círculo
de Juan Pantoja de la Cruz (1553-1608)
La obra refleja
las enseñanzas recibidas de Sánchez Coello en la que destaca uno de los
afanes de Juan Pantoja de la Cruz: la captación de detalles y su rigor casi
miniaturista a la hora de plasmar la indumentaria. Este autor es considerado
uno de los mejores retratistas de la corte de la época.
San Francisco en éxtasis -
Domenico Theocopuli, El Greco
(1540-1614)
La obra muestra
la singularidad y belleza de la obra pictórica de El Greco, calificado de
visionario, místico de la pintura que no aspira a representar la materia sino
el espíritu. Este San Francisco es el más logrado de todos cuantos pintó,
ya que data de su época de plenitud.
La
presencia de El Greco en la muestra se contempla con una obra juvenil,
realizada durante su estancia en Venecia y bajo influencia de Tintoretto y
Tiziano.
Noli
me tangere - Jorge
Manuel Theocopuli (1578-1631)
De la mano de
su padre, El Greco, Jorge Manuel Theocopuli aprende las técnicas artísticas.
Convertido en fidelísimo ayudante y discípulo del maestro, pinta obras como
este Noli Me tangere que sigue fielmente el estilo y la temática paterna.
San José con el niño - Francisco
Herrera, el viejo (1590-1656)
Apodado ‘el
viejo’ para diferenciarlo de su hijo, cuentan las crónicas que el artista
era persona de difícil carácter. Sin embargo,
su innata calidad artística y la gran admiración que produjeron sus
frescos del Palacio Arzobispal de Sevilla le valieron trabajar para Felipe IV.
La Virgen de la Merced - Francisco
de Zurbarán (1598-1664)
Uno de los
grandes maestros de la escuela andaluza y
máximo exponente de la pintura religiosa española del XVII. El estilo del
pintor extremeño sorprende por su efectismo, basado en los juegos de luces
heredados del tenebrismo pero aplicados con una paleta cálida, con pliegues
textiles muy trabajados, que logran un aspecto escultórico y que conforman
sobrias composiciones.
San Agustín
- Fransico Rizzi
(1614-1685)
Uno de los máximos
exponentes del barroco exaltado. Rizi, pintor del rey, se expresa en campos
muy diversos, no sólo el religioso, donde se encuadra esta obra. Incluso
pinta obras efímeras para el madrileño teatro del Buen Retiro. Destacan sus
decoraciones barrocas, como la realizada en el Salón de los Espejos
del Alcázar de Madrid y considerado el interior más emblemático de
todos los reales palacios.
En el lienzo se
aprecia una técnica suelta en la
que emplea colores casi puros y un trazo que recuerda a las pinturas al
fresco, técnica que Rizi dominaba con pericia.
Don Fernando de Valenzuela, marqués
de Villasierra - Juan Carreño de Miranda (1614-1685)
En Carreño
confluyen los estilos de Velásquez y Rizi. Su arte se nutre de un peculiar
barroquismo que impregnan los dos grandes estilos que cultivó: el arte
religioso y el retrato, del que aquí se
muestra un ejemplo representativo que corresponde a Fernando Valenzuela, marqués
de Villasierra, conocido como el ‘duende de palacio’
Carlos II - Juan
Carreño de Miranda (1614-1685)
Fue el
retratista del rey Carlos II y pintor de cámara. De esta época data esta
miniatura realizada en su primera época donde se retrata el monarca infante.
Santa Teresa de Jesús - Alonso
del Arco (1652-1700)
El
pintor desvela en este óleo su estilo barroco propio de la Escuela de Madrid.
Del Arco contribuye con su obra en uno de los periodos más coherentes y más
brillantes de la pintura española.
Inmaculada
Concepción - Claudio
Coello (1642-1692)
Considerado uno
de los pintores con más relevancia en la segunda mitad del siglo XVII,
Claudio Coello alcanzó la dignidad de pintor de cámara de Carlos II y
supo trasladar su personalidad a su obra, en la que se plasma su barroquismo
pleno y la espectacularidad de sus composiciones tanto en el lienzo, como
muestra esta Inmaculada, como en el trabajo decorativo al fresco.
Santo Asceta
Penitente - Atribuido a
José Ribera (1591-1652)
El artista nace
en Valencia y pasa gran parte de su vida en Nápoles, pero nunca se desliga de
su país de origen y cuenta en todo momento con la protección de los virreyes
españoles, enviando a la península numerosos cuadros que pasarán a engrosar
las colecciones regias. Conocido como El Españoleto y profundamente
influenciado por Caravaggio, Ribera es el máximo representante del barroco
tenebrista español. Excepcional dibujante y grabador, su calidad se atestigua
en esta obra a través de la magnífica representación de la cabeza del
santo.
Carlos II niño
- Sebastián Herrera
Barnuevo (1619-1671)
Herrera pinta a
Carlos II, a quien la muerte de su padre convirtió en rey tan sólo con
cuatro años, un niño enclenque al que el artista rodea de simbología
de poder y viste con atuendos elegantes y de vivos colores que desvíen la
atención de su poco agraciado rostro.
Inmaculada
Concepción - Miguel
Jacinto Meléndez (1679-1734)
La muerte de
Carlos II coincide con una crisis de la pintura española y se inicia la llegada
a la corte de pintores franceses e italianos. Pese a todo, figuras como Miguel
Jacinto Meléndez, pintor de Felipe V, mantienen el tono y consiguen pervivir
el barroco exaltado madrileño. Buena prueba de ello es este lienzo de gran
hermosura.
La
inmaculada del Zodiaco - Juan
de Espinal (1714-1783)
La pintura es
conocida como la Virgen o la Inmaculada del Zodiaco. Es destacable su curiosa
iconografía asociada a los ejercicios de piedad barroca y contrarreformista,
situándose dentro del escaso rococó español. Figuras como Espinal, Meléndez,
Parte o Del castillo consiguieron hacerse un hueco relevante en el panorama
artístico español hasta hacer innecesaria la presencia de pintores foráneos,
introducidos debido a la crisis pictórica y a la europeización que acompañó
la llegada de los Borbones.
Los santos
niños, Justo y Pastor, conducidos al martirio - José
del Castillo (1737-1793)
José del
castillo tuvo la suerte de ir becado a Italia con tan sólo catorce años. Ese
hecho decisivo en su formación marcará el desarrollo de su labor pictórica.
Vinculado a la Real Fábrica de Tapices a las órdenes de Antonio Rafael Mengs,
Del Castillo sabe adecuar en sus
obras la gracia del estilo rococó con el rigor compositivo y la justeza en el
dibujo originaria de la estirpe neoclásica.
La era o el
verano - Francisco de
Goya y Lucientes (1746-1828)
La obra es un
primer y magistral esbozo para el cartón que se conserva en el Museo del
Prado y que corresponde al tapiz del mismo nombre ideado para decorar el
comedor de verano del Palacio del Pardo. En 1786, fecha de creación de la
obra, Goya ya se ha abierto camino en la corte de Carlos III y se le considera
un estimable retratista.
Santa Isabel
de Portugal cuando las llagas a una enferma - Francisco
de Goya y Lucientes (1746-1828)
Goya, con su
pincel espléndido, pinta este cuadro de santa Isabel de Portugal hacia 1800
curando las llagas a una enferma,
boceto de un cuadro desaparecido durante la Guerra de la Independencia de la
iglesia zaragozana de San Fernando de Torrero. El autor, que derrocha su genio
allí donde pinta, manifiesta en
esta obra la sublime manera de entender la pintura. Con el pincel se limita a
recoger destellos, consiguiendo una sobria composición apoyada por el juego
de luces y sombras.
El conjuro o
Las Brujas - Francisco de
Goya y Lucientes (1746-1828)
Este lienzo
figura entre las obras más celebradas de Francisco de Goya. En un paraje desértico,
entre dos luces, un grupo de viejas lee el conjuro a la luz de un hueso de niño
empleado como tea. Una maliciosa anciana pronuncia un encantamiento sobre la
aterrorizada alma en pena mientras murciélagos de ojos luminosos sobrevuelan
la escena. Goya crea un ambiente irreal y onírico, romántico y también
humorístico.
Escena de
disciplinantes - Atribuido
a Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828)
El pintor
aragonés presenta escenas costumbristas que conviven en la fundación con un
archivo menos conocido por el gran público y que incluye ejemplares de la
obra gráfica del artista como grabados, litografías, pruebas de estado,
dibujos e incluso cartas autógrafas e ilustradas que demuestras, una vez más,
el profundo gusto de Lázaro por la obra de Goya, por el aprecio social que
merecían sus cuadros y, sobre todo, por la fuerza intrínseca que contagia su
trabajo.
La condesa
de Sástago - Agustín
Esteve (1753-1830?)
Esteve tuvo la
mala fortuna de ser contemporáneo de Goya, ya que su calidad se vio eclipsada
por la genialidad goyesca con el que trabajó codo con codo.
La cercanía en
el trabajo y otros aspectos pictóricos han provocado que su obra haya sido
tomada en parte como autógrafa de Goya, aunque son destacables por si solas
varis pinturas, como este bello retrato aristocrático de la Condesa de Sástago
Matilde
Cobos - Zacarías González
Velázquez (1763-1834)
Exponente de
una corriente realista durante el XIX, el retrato de la niña Matilde Cobos,
realizado tan sólo dos años antes de su muerte, es quizá su obra más
conseguida. Trabaja con una paleta exquisita que supone la única referencia
al rococó, ya pasado de moda, aunque también mantiene en uso su gama de
colores, complementados con un suave modelado de pinturas que muestran
composiciones agradables y equilibradas.
El pintor
Nicolás Gato de Lema - Vicente
López Portaña (1772-1850)
Desarrolla una
pintura vivaz y precisa, con suntuosa delectación en el tratamiento de las
texturas y materias al tiempo que sabe translucir actitudes psicológicas de
los personajes reflejados. Un ejemplo es este retrato del pintor romántico
Gato de Lema, realizado en la década de los cuarenta.
Agustina de
Aragón - Juan Gálvez
(1714-1846)
Esta pintura,
realizada hacia 1810, está cargada de simbología patriótica y representa a
una España herida en su orgullo, heroica y valerosa.
La señora
de Carsi - Bernardo López
Piquer (1799-1874)
Uno de los
mejores retratistas de la primera mitad del XIX, Bernardo López Piquer,
utiliza en esta obra el trazo suelto y los fondos efectistas, realizando
contrastes severos como el del vestido oscuro y las vidrieras góticas.
Realidad y fantasía convierten a la Señora de Carsi en una narración, más
allá de una pintura testimonial como lo es cualquier retrato.
El Papa Pío
VII - José de Madrazo y
Agudo (1781-1859)
Pintor de cámara
de Carlos IV y uno de los iniciadores de la corriente de pintura histórica
que en Francia culminaba con el genio de David, de quien fue alumno Madrazo.
Las cualidades técnicas del artista y su gran calidad como retratista son
innegables, como se constata en la minuciosidad de este retrato del papa Pío
VII.
La sopa boba
- Leonardo Alenza
(1807-1845)
Se trata de un
lienzo de corte costumbrista al que Alenza le otorga algo de crudeza y
realismo. Una obra tampoco exenta de una cierta carga de denuncia social.
Capea en un
pueblo - Eugenio Lucas
Velázquez (1817-1870)
Uno de los
grandes del romanticismo español, Lucas se interesó por las escenas goyescas
de tauromaquia. Es el caso de esta capea en un pueblo. El artista pretende
rendir un homenaje al genial pintor aragonés antes que realizar simples
imitaciones. En algunas de sus obras la composición alcanza gran maestría.
Además de ls escenas de toros, Eugenio Lucas Velásquez también retoma el
tema de las brujerías y encantamientos entre otros tópicos goyescos.
Romería a
la ermita de San Isidro - Eugenio
Lucas Velásquez
El costumbrismo
se mezcla con la religiosidad popular como en este óleo, donde el pintor
consigue un resultado completamente diferente a sus escenas de temas taurino.
También en la temática religiosa popular y en el ámbito donde se desarrolla
la escena, coincide con Goya que plasmará este lugar en alguno de sus cuadros
más famosos como La Cacharrera o La darrera de San isidro.
Retrato de
la Hija de Gaztambide - Ricardo
de Madrazo y Garreta (1852-1917)
Ricardo y su
hermano Raimundo continúan la trayectoria familiar como retratistas iniciada
por su abuelo José de Madrazo y su pare Federico. De Ricardo Madrazo destacan
varias sobras, entre ellas este retrato abocetado de la Hija de Gaztambide
realizado en su juventud. El artista quiere hacer predominar los tonos rojos
en torno a la cabeza de la agraciada muchacha, hija del célebre músico
tudelano Joaquín Gaztambide, uno de los maestros de la lírica del siglo XIX.
Suerte de
varas - Eugenio Lucas
Villamil (1858-1918)
Lucas
Villamil es capaz de abordar con plenas garantías tanto la temática taurina
como otras bien distintas. Destaca el trabajo realizado en la decoración pictórica
de la casa palacio de la familia Lázaro Galdiano, Parque Florido, en la que
reproduce fielmente el edificio, pinturas y objetos de la colección, además
de copiar la iconografía de determinados artistas y personajes históricos
que conviven con figuras imaginarias de alto valor simbólico.
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