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MUSEO DE AMÉRICA

El mundo perdido de los
OPARVORULOS

 

 

"La invención de mundos propios e imaginarios es una saludable gimnasia de la sorpresa y de la fantasía que, desgraciadamente, no constituye una práctica demasiado habitual dentro de la creación artística.

Aún así, desde Aristóteles o San Agustín, pasando por la Utopía de Tomás Moro, los reinos descubiertos por Gulliver, las ciudades invisibles de Italo Calvino, el imaginario condado de Yoknapatawpha urdido por Faulkner, el País de La Gran Garabaña de Michaux, la Tierra Media de Tolkien, Tlön y Uqbar de Borges o, ya entre nosotros, la mítica Región de Juan Benet, reinos y territorios ideales pero no por ello menos plausibles surgen, dentro del mundo de la literatura, como raras flores en un jardín cerrado.

Más raro y cerrado aún es ese jardín dentro del Planeta Arte. Tal vez la invención de Evrugo, ese estado mental creado por el difunto Zush, en el que seres, paisajes y criaturas forman un singular reino imaginario, sea una de las pocas excepciones que escapan a la férrea dictadura de Madame Realidad.

No deja pues de ser una agradable sorpresa recibir noticias de una nueva tierra hasta ahora desconocida –la singular península de Burelandia- en un planeta quizás ya demasiado conocido como es el nuestro.

En ocasiones, allí donde no llega el astrolabio ni los mapas del descubridor, ni siquiera la incontestable espada del conquistador, o incluso el extraño icono ortogonal de la cruz del misionero, llega –por el arte de magia de la imaginación y del juego- la mirada creadora y demiúrgica del artista.

Y nuestro artista -digámoslo ya- Enrique Cavestany, ha llegado a estos nuevos parajes y ha levantado acta imaginativa del reino de los Oparvorulos, de sus costumbres y deseos, de su arte, de su memoria escrita, esculpida y pintada, de sus extrañas reliquias y, seguramente también, de sus miedos. Con el ojo fascinado y claro de un niño ha dibujado estas singulares cartografías de la imaginación y del sueño.

Crear es hacer posible. Soñar es darle la vuelta al duro pellejo de la realidad, y poder ver estrellas y labios donde antes sólo hubo gris ceniza y silencio. Así, no me cabe duda de que este nuevo territorio, esta limes que aún no ha sido hollada por esos bárbaros cantados y contados por Kavafis, y que atesora en su memoria paisajes, criaturas, fauna, flora, dioses, sueños y leyendas habita también en el corazón y en la inventiva imaginación de quien lo ha urdido. Corazón e inventiva, dos licores que, por cierto, tampoco abundan en el frío cóctel del arte actual."

                                                                                         Francisco Carpio

El mundo perdido de los Oparvorulos

"La Fundación Enrius se enorgullece en presentar por primera vez en Madrid esta exposición testimonio, que muestra de manera exhaustiva el arte y la cultura de una civilización por completo desconocida hasta nuestros días así como a los hombres y mujeres que hicieron posible estos sensacionales descubrimientos. En un mundo del que creíamos conocerlo todo, en el convencimiento de lo extremadamente improbable de la existencia de lugares no explorados en el planeta, la sorpresa no es menor que el entusiasmo ante un hallazgo de esta naturaleza.

La Fundación es depositaria de esta extensa colección de objetos, manuscritos, reproducciones fotográficas, grabaciones sonoras y muestras de arte de la, hasta ahora, desconocida península de Burelandia.

Saliendo al paso de las dudas y reticencias que se han manifestado recientemente por parte de algunos especialistas e instituciones tanto privadas como públicas, acerca de la autenticidad y verosimilitud de esta colección y de su sorprendente origen, hemos de manifestar que nos sorprende esta actitud.

A ninguno de estos detractores se le hubiera ocurrido desmentir, por ejemplo a Tolkien, dando por improbable la ubicación de la Tierra Media, ni evidenciar el error de cálculo de Orwell imaginando un horror social en “1984” acaecido sólo en parte y, por lo demás, materializado en algún espectáculo televisivo multinacional destinado a excitar los instintos de menor estatura entre todos los susceptibles de ser estimulados entre los humanos. Nadie puso en duda, tampoco, el testimonio de Yarfoz acerca del príncipe Nébride aportado por el singular Rafael Sánchez Ferlosio en su relato historiográfico de las guerras barcialeas. Ni la rigurosa verdad del viaje de San Brandano monje irlandés que inició su histórico periplo en busca de una tierra de promisión, un paraíso perdido al SO de la isla de Ibernia entrado el siglo VI.

No nos duelen prendas, sin embargo, a la hora de reconocer que el extraño mapa mudo encontrado en el archivo histórico oparvorulo, en el cual se sitúa Burelandia como una península surgida en la costa norte de Venezuela, puede sembrar el desconcierto entre los geólogos y geógrafos mejor intencionados.

Siguiendo las suspicacias de estos bienintencionados críticos acabaríamos dudando de la existencia de la ínsula Barataria y lo que es peor, poniendo en tela de juicio la capacidad de Sancho Panza para gobernarla. Si quieren dudar de los más preciados símbolos nacionales que lo digan."

Enrique Cavestany