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En
el catálogo de la exposición se incluyen
ensayos sobre la obra de este artista de José
Jiménez, Vicente Valero y del comisario de la
exposición Fernando Gómez Aguilera., Stipo
Pranyko (Jajce, Bosnia, 1930) es un artista errante
que pertenece a la nómina de la cultura desplazada
yugoslava surgida después de la Segunda Guerra
Mundial. He desarrollado su carrera artística
en Rovinj (Istria), Galliate (Milán), Friburgo
(Alemania), Chalampé (Alsacia) y Lanzarote (Islas
Canarias) donde reside desde 1990. La exposición
reúne unas 80 obras procedentes de Alemania,
Francia y Lanzarote entre dibujos, objetos-piezas pictóricas,
y un reducido número de esculturas en las que
muestra su lenguaje de madurez, desarrollado entre 1975
y 2003. En el catálogo de la exposición
se incluyen ensayos sobre la obra de este artista de
José Jiménez, Vicente Valero y del comisario
de la exposición Fernando Gómez Aguilera
Stipo Pranyko (Jajce, Bosnia, 1930) inició su
práctica artística en Rovinj, a mediados
de los años cincuenta, vinculado a lenguajes
convencionales, pero, a principios de los sesenta, comenzó
a problematizar su obra, tras entrar en contacto con
Fontana, Manzoni, Castellani y Bonalumi. En 1962, trasladó
su residencia a Galliate, Milán, y allí
mantuvo contactos con artistas vinculados al spazialismo
y, en particular, con Piero Manzoni, que desde 1957
exponía sus acromos, incorporaba materiales diversos
y creaba objetos singulares, alumbrando comportamientos
que lo situaron como precursor del arte povera.
En esos años, Stipo Pranyko se interesa por
la superficie del cuadro manipulándola para conseguir
romper la bidimensionalidad pictórica e introducir
matices cromáticos por efecto de los movimientos
del plano, y adopta la monocromía, que, con el
paso del tiempo, se convertirá en una constante
de su obra. En su mundo creativo cala tanto la proyección
objetual y la dimensión arquitectónica
de la práctica artística, como la referencia
a materiales pobres o de deshecho, signo de identidad
de su vocabulario a partir de los ochenta. Mientras
tanto, a mediados de los setenta, cuando ya reside en
Alemania, se adentra en la formulación específica
de su poética. Produce obras constituidas por
formas singulares y reiteradas que remiten al absurdo
de la vida, refutan el ilusionismo del arte y van dando
forma al imaginario personal.
Sus
formas creadas conforman un paisaje emocional intenso,
relacionado quizá con el desplazamiento cultural
y la lectura abstracta de la memoria personal, de los
propios orígenes de la vida, hasta figurar un
expresivo idioma del desplazado (el desplazamiento constituye
una categoría central en el contexto de su obra).
Conceptualmente se trata de una actitud sustentada en
el principio del azar condicionado, al que Pranyko alude
para aproximarse verbalmente su trabajo.
En adelante Pranyko -que, en 1979, se traslada a vivir
a Chalampé, Alsacia, donde permanecerá
hasta que, en 1990, fije su residencia en Lanzarote-
levantará su universo plástico, marcado
por la adversidad y el escepticismo, también
por la discontinuidad, al margen del circuito comercial
de las galerías. Un universo extrañamente
desgarrado, cohesionado en sus signos y figuras, en
su idioma y en los conceptos y obsesiones que lo argumentan.
Su voz se reconoce en la poética del arte povera,
personalizada y leída desde el arraigo del arte
en la propia vida -bien decantados, durante más
de dos lustros, los reflejos de Manzoni y su mundo de
aperturas-, como una suerte de dietario y huella de
los días que se van viviendo, en la que no hay
lugar para la mediación del esteticismo (antes
al contrario, su proyecto es de raíz antiestética).
El despojamiento y la austeridad de su obra remiten
en ocasiones al arte minimal. En sus collages y objetos
pictóricos, los materiales pobres (tela, arroz,
papeles, celulosa, clavos, tubos de plástico,
trapos, gasas, objetos encontrados) se reúnen
y conviven, entre el organicismo natural y la racionalidad
purista, apoyados en la monocromía blanca y en
la tensión formal de los planos y las superficies
pictóricas, Stipo Pranyko busca permanentemente
a la tridimensionalidad y la expansión espacial,
la ruptura del plano, que, a partir de los 90, se amplía
mediante la búsqueda de la relación de
la pieza pictórica con el espacio arquitectónico,
a través de sus tangentes.
Sus obras se conciben como el equipaje móvil
del vagabundo, pertrechos de la impedimenta del nómada:
son flexibles, transformables, susceptibles de acoger
los roces y las heridas de la vida, incorporando el
desgaste y el deterioro como una más de sus marcas
existenciales y consustanciales. Así la categoría
del tiempo resulta determinante en la obra de Pranyko,
que la incorpora y lee a través de metáforas
poéticas continuadas, en permanente diálogo
con la vida: la muerte, la enfermedad, la desaparición,
el envejecimiento, el dolor, el sacrificio, el abandono…
conforman el clima poético de su universo creativo.
En su obra en papel, los pliegues pasan a constituir
un signo más de la composición. Los cuadros
se enrollan o se pliegan para facilitar su transporte
como un elemento más del ajuar básico
de la vida. El material adquiere una espesa consistencia
física y ética, en sus trazos, además
de las señas de la biografía, resuena
una memoria cultural antigua, y su consistencia y trabazón
parece indicar que estamos ante una escritura o una
cartografía vital más que frente a objetos
artísticos. Papeles o cartón rasgados
con las manos y pegados luego sobre una superficie plana
o trazos de grafito arrebatados, muy gestuales y primarios
en su agresividad y sencillez, configuran tropos de
la herida, en los que el proceso creativo y la relación
con el decurso de los días adquieren espesor
físico y emocional.
En la década de los noventa, Pranyko persiste
en sus materiales pobres, en su lenguaje austero, abriéndolo
a una confrontación más conceptual con
el espacio arquitectónico, a través de
sus tangentes, barras de metal o listones de madera
conectados a sus objetos, a las piezas fijadas a la
pared, que se adentran en el suelo de la sala invadiéndola
físicamente, expandiendo el propio espacio pictórico
u objetual, y acentúa el retorcimiento de sus
telas, cargadas de dramatismo Pranyko, alejado del mundo
del arte, inscrito en el silencio de su soledad y hoy
ya viajero inmóvil, continúa construyendo
intermitentemente artefactos blancos, escribiendo relatos
abstractos de vida difícil, que es la sustancia
de su decir aislado y desnudo -íntimo y solitario-,
de la respiración de sus días, fiel a
una gramática expresiva cerrada sobre sí
misma, marcada por estilemas propios construidos con
perseverancia y coherencia a lo largo de los últimos
treinta años.
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