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Algunas de las obras más representativas realizadas por Oscar Muñoz a lo largo de los últimos quince o veinte años, se han reunido por primera vez para la presentación en España de este artista nacido en Popayán en 1951 y destacado representante del arte latinoamericano en la Bienal de Venecia del año 2005. Narcisos (1994), Aliento (1997), Lacrimarios 2000/01) , Biografías (2002), Retrato (2003), Proyecto para un Memorial (2004/05), o Intervalos (2004/06), articulan una reflexión que indaga las condiciones de la percepción y la memoria y despliega sus distintos intereses hacia los ámbitos de la reproducción de la imagen y de los problemas antropológicos, estéticos y conceptuales que esas imágenes evocan y suscitan.
En su conjunto la experiencia artística de Oscar Muñoz gira en torno a los procesos de entropía a los que tanto la fotografía como los archivos digitales están sometidos y en relación con la fragilidad de la memoria explora temas como el narcisismo, el anonimato y la anomia. Las distintas metáforas y los elementos poéticos que la distinguen sitúan su obra en el espacio meditativo de un hondo conflicto existencial, pero a la vez tienden a desplegarse como un modo de compartir con otros las emociones de la fragilidad, del dolor, o de la pérdida y en ese sentido dan aliento en su trabajo a una meditación sobre la caducidad de la vida y el paso del tiempo que adquiere validez y alcance universal.
El efecto el tiempo es un mecanismo básico en el funcionamiento de la obra de Oscar Muñoz, y no sólo porque conecta con la estructura y los modos de la memoria, sino sobre todo porque se incorpora en su trabajo a un proceso de gestación de las imágenes que discurre paralelo al modo en el que las percibimos. La utilización de materiales como el agua, el aire (la respiración), la luz y el polvo, asociados a los más diversos soportes (dibujo, fotografía, video, instalaciones o esculturas), sirven al artista para documentar el carácter efímero de la representación entendida como huella de vida, desvelar la fragilidad extrema de nuestra aprehensión de realidad, o proponer la necesidad de memoria frente a la disolución constante e inevitable del presente.
La tensión que registra el proceso de la representación entre presencia y ausencia, recuerdo y olvido, adquiere su tinte más dramático cuando la lectura de la obra de este artista colombiano se inserta en el contexto de un país en el que violencia política y memoria colisionan en un desgarro radical.
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