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Cuando
en 1929 el Palacio de Bellas Artes de Bruselas inauguró
una gran retrospectiva dedicada a su obra, James Ensor
ya era considerado el artista belga más importante
de los tiempos modernos: un precursor del expresionismo
y del surrealismo, cuya obra había suscitado
el interés de Alfred Kubin, Paul Klee y Georg
Grosz, entre otras grandes figuras. Importantes museos
se empiezan a disputar su obra, sus discípulos
confesos eran cada vez más numerosos y las autoridades
de su país le otorgaban la nacionalidad junto
con el título nobiliario de barón. Muere
veinte años más tarde cubierto de honores
y reconocimientos.
Su padre era un ingeniero de origen británico;
su madre, una sencilla ostendense que, al parecer, nunca
alentó la vocación artística de
su hijo. El joven Ensor vivió toda su infancia
y casi toda su vida en esta ciudad, donde la familia
regentaba una tienda de souvenirs y curiosidades, lo
cual hizo que el pintor creciera rodeado de chinoiseries,
abalorios, máscaras y animales disecados, objetos
que luego aparecerán en sus pinturas.
Hacia 1873, Ensor recibió sus primeras lecciones
de pintura de dos artistas de Ostende, Dubar y Van Kuyck,
y tomó clases en la academia local. De 1877 a
1880 estuvo inscrito en los cursos de la Academia de
Bellas Artes de Bruselas, donde se manifestó
su aversión hacia el arte académico establecido.
En la capital belga Ensor también trabó
amistad con algunos condiscípulos como F. Khnopff,
W. Finch, Th. Van Rysselberghe, Th. Hanon, e intelectuales
como E. Demolder y el profesor E. Rousseau, que jugarán
un papel importante en su vida.
De vuelta a Ostende, Ensor se refugia en la casa familiar
y pinta sus primeras obras notables: paisajes, naturalezas
muertas, retratos, escenas de interiores, que destacan
por su colorido rico y profundo, y una iluminación
suave pero vibrante. Durante aquellos años Ensor
también realizó bodegones e interiores
bajo el título de "impression", lo
cual lo emparenta de alguna manera con el impresionismo
parisino. Sin embargo, quizás sería más
justo calificar al joven Ensor de impresionista autóctono
o plenairista, atento a la sutileza con que la luz,
las formas, los colores y las sustancias se expresan,
se transforman o se esconden.
En
1883, Ensor funda junto con algunos amigos de Bruselas
el grupo Les XX, interesado en promover el arte de vanguardia.
Durante los diez años en los que prácticamente
lideró Les XX, Ensor maduró como pintor:
emprendió un ciclo de dibujos de inspiración
religiosa, perfiló sus temas recurrentes, como
la máscara y el esqueleto, y encontró
la manera de dar respuesta, dentro del marco del simbolismo,
a su angustiada visión del mundo.
Bajo la influencia del rico colorido de los impresionistas
y la imaginería de maestros flamencos antiguos,
como Hieronymus Bosch y Pieter Bruegel el Viejo, Ensor
se dedicó a desarrollar obras de inspiración
grotesca, en las que destaca el tema recurrente de la
máscara, que parece ser la contribución
más sorprendente de Ensor al desarrollo de la
modernidad. Las máscaras con las que nos topamos
en su obra sin duda están inspiradas en las máscaras
de carnaval que se vendían en la tienda de sus
padres, pero experimentan una metamorfosis y pierden
cualquier carácter inocente y realista. Los críticos
coinciden en que la relación de Ensor con algunos
temas de lo grotesco pictórico quedó fuertemente
marcada por la obra de Goya. Las similitudes entre la
pintura de Ensor y la serie goyesca conocida como Disparates
resultan particularmente numerosas: ambos pintores exploran
detalladamente las formas más dispares de perversión
y terror, escenas de carnaval, con máscaras animadas,
demonios y todo tipos de situaciones extrañas.
Estas grotescas criaturas enmascaradas constituyen,
sin duda, la más importante aportación
de Ensor al arte moderno.
Hacia finales de 1885 Ensor empieza a hacer grabados.
Casi la mitad de los más de cien grabados que
realizó entre 1885 y 1891 son paisajes y perspectivas
de puertos o ciudades. Se trata de impresiones luminosas,
a veces dignas de un cuento de hadas, de motivos casi
ahogados por la luz (y el blanco de la página).
Desde un punto de vista formal, la obra de Ensor entre
1885 y 1888 se modifica notablemente. El número
de personajes de cada composición aumenta. La
disposición del espacio, lacónico y frontal,
empieza a parecerse a la escena de un teatro abandonado.
La luz se convierte a partir de 1886 en un hallazgo
definitivo. Las gradaciones de tonos dejan cada vez
más espacio a cambios y contrastes de colores
muy parecidos, que dominan la representación.
Luz, color y forma se funden en evocaciones abstractas
avant-la-lettre. En 1888, año del reencuentro
con su musa Augusta Boogaerts, Ensor pinta su obra más
conocida "La entrada de Cristo en Bruselas",
así como sus Máscaras que amenazan a la
Muerte, obras totalmente originales en el contexto pictórico
de su época. En una carta de 1884 a su amigo
Darío de Regoyos, Ensor explica su visita al
Museo de Lille, donde pudo admirar algunas obras del
pintor español: "Las viejas (...) jamás
había visto personajes más horribles,
me han impresionado mucho. Luego las más recientes:
(...) el fondo está pintado como un Manet. También
de Goya, El garrote: un hombre estrangulado, solo en
una picota con una mueca terrible (...) Está
bien pintado y el efecto es muy logrado. Estas pinturas
españolas me han removido la sangre". Ensor
no sólo realizó un par de esbozos rápidos
en los que hacía referencia a las pinturas del
Museo de Lille, sino que copió por lo menos un
grabado.
La muestra pone especial énfasis en la familiaridad
de Ensor con la tradición española, estimulada
sin duda por su amistad con el pintor Darío de
Regoyos, del que se incluye un retrato. Algunos de los
últimos grabados de Goya se exponen junto a los
de Ensor, lo cual permite descubrir el diálogo
establecido entre ambos artistas. Ensor también
se interesó por la figura icónica del
caballero español, recreada en una serie de dibujos
que se conocen con el nombre de "Don Quijote".
Después de 1900, una serie de jóvenes
artistas belgas redescubrieron la obra temprana del
joven realista Ensor. También aparecieron aficionados
a su obra, entre los que se contaban algunos miembros
de la asociación de expositores de Amberes Kunst
van Heden / L'Art contemporain, con la que el artista
mantuvo una fecunda relación. Ensor hizo entonces
decenas de variaciones e incluso copias de su antigua
obra. Se perfiló además como compositor
y escritor. En 1906 emprendió su último
proyecto ambicioso: La gamme d'amour (La escala de amor),
un ballet para el que, además de componer la
música, concibió el libreto, el decorado
y el vestuario.
Es comisario de la exposición: Herwig Todts,
Jefe del departamento de exposiciones, educación
y comunicación del Koninklijk Museum voor Schone
Kunsten de Amberes
La exposición cuenta con un catálogo que
recoge el total de la obra expuesta.
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