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Con
el título Los tracios. Tesoros enigmáticos
de Bulgaria, y tras su paso por CaixaForum (Barcelona),
la Obra Social "la Caixa" presenta en Madrid
la mayor exposición realizada en nuestro país
de una de las culturas más olvidadas y misteriosas
de la Antigüedad. Gracias a la colaboración
del Ministerio de Cultura de la República de
Bulgaria, la muestra reúne unas trescientas obras
excepcionales: ricos ajuares, objetos suntuarios, armas
y arneses, máscaras funerarias y servicios para
banquetes en oro, plata y bronce, entre los que destacan
los tesoros de Letnitsa, Vratsa, Rogozen, Borovo y Panagyurishte.
Esta exposición, singular por la amplitud de
su enfoque y la calidad conseguida, desea familiarizar
al público de nuestro país con la cultura
de los tracios, pueblo de origen indoeuropeo que habitó
los actuales territorios del norte de Grecia, Bulgaria,
Rumanía y el alto Dniéper (República
de Ucrania).
El conocimiento de la historia
Uno de los objetivos de la Obra Social de ”la Caixa”
es contribuir al conocimiento de la historia y el arte,
poner al alcance del público los últimos
hallazgos arqueológicos y mostrar en todo su
esplendor el legado de los pueblos de la Antigüedad
a través de exposiciones dedicadas a las grandes
culturas del pasado, como Los íberos, príncipes
de Occidente, Asia: ruta de las estepas y Nubia.
Los reinos del Nilo en Sudán. La muestra Los
tracios. Tesoros enigmáticos de Bulgaria responde
a esta voluntad.
La exposición actual desvela los últimos
descubrimientos arqueológicos realizados en territorio
búlgaro a través de una selección
de las piezas más notables y singulares halladas,
procedentes de una treintena de museos búlgaros.
Aunque el acento recae en la cultura tracia, también
se exhiben algunos objetos especialmente relevantes
de las culturas que la precedieron en los Balcanes orientales.
Es el caso de Varna, uno de los yacimientos arqueológicos
más importantes del mundo (datado a finales del
Calcolítico, es decir, más de 4.000 años
antes de nuestra era) y donde quizá, según
coinciden en afirmar varios expertos, se esconde la
cuna de la civilización europea, así como
el primer oro trabajado del mundo. En las casi trescientas
tumbas estudiadas se han hallado collares, brazaletes,
cetros, amuletos e, incluso, un falo de oro, todos ellos
trabajados con un refinamiento que sorprende.
La exposición quiere familiarizar al público
español con la cultura de los tracios, un pueblo
de origen indoeuropeo que habitó los actuales
territorios del norte de Grecia, Bulgaria, Rumanía
y hasta la desembocadura del río Dniéper
(República de Ucrania). A lo largo de los siglos,
Tracia ha permanecido en el olvido. El reciente descubrimiento
de magníficas tumbas reales ha llamado la atención
de los especialistas sobre el extraordinario legado
de los tracios. A partir de 1970, los hallazgos se han
encadenado de forma continua: la necrópolis de
Varna (1972), el tesoro de Borovo (1974), la tumba de
Sveshtari (1982), el tesoro de Rogozen (1985), las tumbas
de Shushmanets (1996), Starosel (2000), Alexandrovo
(2001), Goliama Kosmatka (2004), etcétera. Precisamente,
los tesoros de Letnitsa, Vratsa, Rogozen, Borovo y Panagyurishte
son el gran reclamo de esta exposición singular
por la amplitud de su enfoque y la calidad de las obras
y los objetos reunidos.
La muestra ha sido dividida en seis ámbitos,
que recorren la cultura tracia y sus predecesoras desde
el Neolítico hasta su declive en las épocas
helenística y romana
El comisario de la exposición, Gregorio Luri,
hizo una apasionada defensa de la cultura tracia durante
la presentación de la muestra. "La historia
urbana de Europa -ha aseverado- no se puede escribir
igual sin la aportación de la cultura tracia.
Mientras en Mesopotamia comenzaba el desarrollo de la
agricultura y en Egipto se esbozaba lo que iba a ser
su gran civilización, ya existía una cultura
tracia" plenamente desarrollada.
Para Gregorio Luri, "Si le pudiéramos preguntar
a Sócrates o a Fidias qué pueblo estaría
nominado a dominar el mundo hubiera respondido que los
tracios.
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