El título ...DE DENTRO DE... resume desde el inicio la intención de la artista, pues implica la idea
de hacer del Espacio Anexo una prolongación de la calle, de los lugares de tránsito, estableciendo
un diálogo entre el exterior y el interior, y también entre los propios espacios interiores. La acción
y la percepción del visitante —actos que implican cierta temporalidad— configuran y alteran el ámbito expositivo, poblado de mecanismos que de forma más o menos sutil invitan al espectador a
percibir la conexión entre lugares que semejan lejanos entre sí —el exterior y el interior— y que se
encuentran en el momento en que el espectador y la obra les permiten existir de otra manera.
El proyecto se basa en cuatro instalaciones/acciones en las que se ofrece al público la posibilidad
de participar, de percibir, y por lo tanto de ‘construir’ la obra:
- En la zona peatonal situada sobre la cubierta de la sala de exposiciones, cinco micrófonos de
condensación recogen los sonidos generados a pie de calle. Dichos micrófonos están
conectados a varios auriculares que penden del techo en el interior de la sala, y que se
corresponden físicamente con la situación de cada micro en el exterior. Así, las personas
situadas en el interior del Anexo escuchan los sonidos que se están produciendo fuera, que ‘pertenecen’ al espacio exterior.
- Esta conexión exterior-interior se refleja también en un teclado localizado en la misma zona
peatonal donde se sitúan los micrófonos. Cualquier persona puede intervenir en el espacio
interior desde la calle, escribiendo palabras o frases desde este teclado, que se verán
reflejadas en tiempo real en una pantalla de texto situada justo debajo, en el interior de la
sala, y que se muestra a los viandantes a través de la pared de cristal del Anexo.
Paradójicamente, imposible de ver para quien está escribiendo. Dado que el teclado permanece
encendido día y noche, queda abierto a cualquier tipo de ‘contribución’ espontánea, generando
un juego que puede ser o no compartido.
En cada uno de los baños interiores del Anexo —prácticamente idénticos y situados uno junto
al otro— se han instalado una cámara y una pantalla de proyección que recogen y proyectan,
respectivamente, las imágenes del otro baño. Se trata de crear un cruce de impresiones, un
efecto espejo, un juego de percepción: lo que la cámara está grabando se ve en el otro baño,
pero el espectador no lo percibirá a no ser que ‘algo ocurra’ en el otro espacio.
Este juego de percepción y conexión entre espacios interiores está presente también en otra
intervención que afecta a dos espacios situados en los extremos de la sala de exposición: el
oscuro pasillo tras los baños —donde se ha instalado una cámara de grabación— y la salita de
proyección en el lado opuesto, también pintada de negro, pero con una pantalla
completamente blanca construida a base de tizas de este color. Sobre esta pantalla se
proyectan en tiempo real las imágenes grabadas en el pasillo situado en el otro extremo: negro
proyectado sobre negro, que se irá transformando en blanco a partir de una serie de acciones
iniciadas por la artista el día de la inauguración, y que consisten en ir retirando una a una las
tizas blancas que conforman la pantalla para realizar dibujos sobre la pared negra de la salapasillo.
A partir de ahí los visitantes podrán ir cogiendo tizas y dibujando en la otra pared de
forma que, en un gradual efecto pictórico, la pantalla blanca se va volviendo negra, y el
espacio negro se va transformando en blanco mediante las formas y dibujos que cada
espectador va aportando para la construcción de esta pieza.
En todas estas acciones o intervenciones se ofrece al público la posibilidad de interactuar con el
entorno, muy especialmente en aquellos lugares que por familiares o comunes suelen pasar
desapercibidos: la calle, los baños, los escaparates y zonas peatonales. Se trata de dar y recibir;
de dar para percibir, a veces sin previo aviso, poniendo a prueba la sensibilidad o capacidad de
percepción del espectador. Algo, por otra parte, ya presente en anteriores trabajos de esta artista,
en los que investigaba nuevas combinaciones y relaciones entre lo público/social y lo
privado/íntimo a través de la experiencia del sonido y de la voz humana, y del cuerpo como
vehículo de transmisión.
Si bien todo forma parte del mismo proceso, estas conexiones auditivas, visuales, o sensoriales
entre distintos espacios sirven a la artista como medio para intentar deshacer la compleja trama de
lo cotidiano; para partir de una experiencia sensorial y llegar a un mejor conocimiento: “conseguir
que en medio de ‘lo de siempre’ algo brille un día; evitar la ceguera de lo cotidiano; en ello reside
la belleza”.
Como un ejercicio analítico y también de síntesis, la propuesta del Espacio Anexo reúne varios
rasgos distintivos de la obra de Rita Rodríguez: la atención al espacio como punto de partida, como
escenario; las contraposiciones o puntos de inflexión entre lo estructural y lo orgánico, como
metáforas del cuerpo y de las normas y convenciones a las que está sujeto; y, sobre todo, la
relación con las personas, con los visitantes, y su implicación como parte integrante de la obra,
como emisores y receptores, como componente físico que aporta corporeidad a un espacio
aparentemente “vacío”.
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