Asimismo, se ha podido documentar que algunos de ellos pertenecieron a una familia de jardineros que ostentaron el cargo de “Cultivadores de loto del templo de Amón”, puesto que en el recinto sagrado de Karnak se cultivaba esta flor con la finalidad de utilizarla para rendir culto a la divinidad. A excepción de seis sarcófagos enteros, el resto fueron depositados en el Museo Egipcio de Turín, del que Schiaparelli era su conservador. Una parte significativa de este impresionante conjunto se exhibe, por primera vez, en el Museu Egipci de Barcelona.
JARDINEROS DE AMÓN EN EL VALLE DE LAS REINAS
El estudio de los textos jeroglíficos redactados sobre los sarcófagos ha permitido conocer parte de la historia de sus propietarios: nombres, títulos y lazos de parentesco. Así, se han determinado hasta cinco generaciones de una saga familiar que durante un siglo reutilizó las tumbas principescas, una familia que prosperó gracias a que muchos de sus miembros desempeñaron el cargo de “Cultivadores de la flor de loto en el templo de Amón”. Es el caso del llamado Harua I (cuya momia recientemente restaurada se expone por primera vez en esta exposición), que fue Jardinero de Amón, como su padre, su cuñado y sus dos sobrinos.
EL ESPACIO PROTECTOR DE LA VIDA ETERNA
Cuantos más textos jeroglíficos y representaciones divinas pudieran disponerse en la superficie del sarcófago, mejor podía llevar a cabo su función protectora para el difunto. Por supuesto, esta capacidad podía incrementarse enormemente utilizando más de un sarcófago para la contención de la momia. De un jardinero de Amón llamado Mentuirdis, se exponen la caja del sarcófago exterior, el sarcófago intermedio y el sarcófago interior; un impresionante conjunto donde figuran la mayor parte de elementos iconográficos utilizados en esta época: rostro del difunto, peluca tripartita, barba postiza y el gran collar usej dominan la parte frontal de las tapas; sobre la cabeza y en la base suelen disponerse discos solares apareciendo y ocultándose en el horizonte; y en el interior, divinidades protectoras de gran tamaño, especialmente Ptah-Sokar-Osiris, Nut, Isis, Neftis o la diosa de Occidente.
EL LOTO Y EL AZUL: UNA FLOR Y UN COLOR PARA LA ETERNIDAD
Se ha documentado ampliamente la existencia de jardines vinculados al templo de Amón en Karnak. Tenían como finalidad el cultivo de plantas dedicadas al culto del dios entre las que el loto jugó un destacado papel. La flor del loto azul se cierra y se sumerge bajo el agua por la noche, para abrirse de nuevo y aflorar a la superficie cuando amanece; por esta razón los egipcios la asociaron al sol, que también muere y nace cada día, y más concretamente al concepto de renovación de la vida. Una carga simbólica tan significativa justifica que en numerosos objetos o representaciones aparezca el motivo del loto, muchas veces pintado o asociado al color azul, el mismo color de dos elementos que también evocan los conceptos de vida y renacimiento: el cielo y las aguas primordiales. Uno, morada de eternidad de los seres divinos; las otras, escenario de la primera manifestación divina. Dioses y seres humanos aspiraron el oloroso y relajante perfume de la flor de loto, esperando potenciar su capacidad de renovación y, por tanto, de supervivencia.
|