“Doce artistas en el Museo del Prado” muestra los trabajos de Isabel Baquedano, Carmen Calvo, Naia del Castillo, Cristina García Rodero, Cristina Iglesias, Carmen Laffón, Ouka Leele, Eva Lootz, Blanca Muñoz, Isabel Quintanilla, Soledad Sevilla y Susana Solano.
La exposición tienen un nexo común con la colección "El Museo del Prado visto por 12 artistas contemporáneos", obra que también forma parte de la Colección Bancaja, que nació en 1991 por iniciativa de la Fundación de Amigos del Prado al organizar una serie de actividades culturales en el 180 aniversario de la fundación de la pinacoteca y reunir a un grupo de creadores para que ofrecieran su personal visión del Prado.
Las artistas y sus obras
Isabel Baquedano es profesora de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona. Desde su formación, mostró interés por la obra de Antonio López. Al principio de su carrera, Isabel Baquedono apostó por una pintura figurativa de carácter social y, en general por el realismo moderno de entreguerras, al estilo de Edward Hooper. Sin embargo, enseguida inició una labor de despojamiento de lo superfluo, buscando progresivamente el trasfondo histórico de la modernidad y remontando su vocación primitivista hasta los albores del Renacimiento, fijándose sobre todo en los maestros italianos de principios del XV.
El trabajo de reinterpretación de los antiguos maestros del Museo del Prado que realiza Isabel Baquedano refleja fielmente su trayectoria artística. En su aportación, la artista toma como referencia a Fran Angelico, al que despoja de todo brillo y prolijidad, quedándose sólo con lo esencial.
Carmen Calvo inició su fulgurante proyección internacional al ser seleccionada por Margit Rowell, conservadora del Museo Guggenheim de Nueva York, para exhibir su trabajo en la primera muestra del arte español emergente tras la transición democrática, titulada New Images from Spain (1980). Posteriormente, durante la década de los 80, fijó su residencia en París, lo que le permitió explorar nuevos campos de expresión y afilar su filtro memorialista.
Carmen Calvo ha optado por versionar las obras de Goya La maja y los embozados y El albañil herido.
A través de la renovación artística como fruto del rendimiento creativo, la joven escultora vasca Naia del Castillo ha retomado para esta colección las obras del Museo del Prado Santa Bárbara, del pintor flamenco Robert Campin, y La Mesa de los pecados capitales, de El Bosco.
Con una sólida proyección nacional e internacional como fotógrafa, las obras de Cristina García Rodero revelan su forma compleja y profunda de mirar la realidad. En sus comienzos produjo un gran impacto por la manera de abordar la realidad antropológica de nuestro país. No obstante, por medio de una importante serie de fotografías realizadas en Haití, pronto demostró que su mirada no era “localista”.
En el Museo del Prado ha realizado composiciones fotográficas a partir del cuadro Ofrenda a Flora, de Van der Hamen, y una reflectrografía de la obra Sagrada Familia, llamada “la perla”, de Rafael. En ambas, Cristina García Rodero sobreimpresiona imágenes de dos visitantes del Museo.
La obra de la escultora Cristina Iglesias está marcada por su particular interés por el envés del espacio, por su intención de alumbrar lo espacialmente oculto o relativamente visible, y perforar, abrir y doblar el espacio, quebrando así su aparente planitud. En esta muestra, la artista selecciona como interlocutor a Velázquez y un paisaje, el de la Villa Médicis.
Carmen Gaffón posee una dilatada y rica trayectoria artística, que la convierte en la figura más destacada y representativa del realismo sevillano. Destaca su afinidad con Murillo en su refinado reflejo de la realidad cotidiana.
En esta reinterpretación de los grandes maestros del Museo del Prado, Carmen Gaffón ha tomado un par de fragmentos de El sueño del patricio Juan, de Bartolomé Esteban Murillo, que adornaban la iglesia sevillana de Santa María la Blanca.
La trayectoria artística de la creadora madrileña Ouka Leele se basa en la fotografía, sin embargo su definición como “fotógrafa” peca de reduccionista. Aunque sus primeros trabajos de finales de los 70 fueron fotográficos, su primera irrupción pública con la exposición Peluquería mostraba fotografías subordinadas a la representación documental de unos tocados surrealistas, “esculturas de cabeza” y “objetos” surrealistas.
Las dos fotografías digitalizadas que recogen su intervención en el Museo del Prado son buen testimonio de ello. Ambas entremezclan la danza, el teatro, la música, la pintura y la fotografía con la intención de la autora de romper los géneros y separar la ficción del arte y la realidad. Para Las meninas, de Velázquez, y El juicio de París, de Rubens, Ouka Leele utiliza un recurso de la animación del cuadro.
De origen vienés, la artista Eva Lootz se afincó en España en 1967, poniendo desde su llegada su rica experiencia a disposición de la madrileña Galería Buades, que en la década de 1970 cohesionó a un grupo de escritores y artistas con una clara vocación experimental y cosmopolita. La trayectoria artística de Eva Lootz enlaza con los planteamientos del arte post-conceptual y post-minimal, con un registro expresivo muy versátil.
El diálogo de la artista con el Museo del Prado se traduce en un par de imágenes fotográficas de impresión digitalizada que representan una pareja de aves de corral, en la línea temática del género de la naturaleza muerta, sobre las que impresiona la denominación de la cepa del virus de la gripe aviar. Con esta obra, Eva Lootz actualiza un género tan tradicional como el bodegón, a través de la denuncia de la degradación contemporánea del medio ambiente.
El trabajo de la escultora madrileña Blanca Muñoz se basa en el binomio de la luz y lo curvilíneo. Gran parte de su obra se desarrolla mediante esculturas metálicas, que sirven como andamiaje para mostrar las infinitas trayectorias parabólicas de los cuerpos. Gracias a su audaz introducción de la tridimiensionalidad en el papel, Blanca Muñoz obtuvo el Premio Nacional de Grabado en 1999.
La visión del Museo del Prado de la artista se centra en las gorgueras, espectaculares cuellos ornamentados, que se pusieron de moda entre los siglos XVI y XVII.
La pintora Isabel Quintanilla, casada con el artista Francisco López Hernández y madre del escultor Francesco López Quintanilla, ofrece en sus obras una particular interpretación del realismo, con un encuadre visual peculiar, desde arriba y en diagonal sobre el motivo, y lo que Calvo Serraller denomina un “pálpito luminoso”.
En esta ocasión, Isabel Quintanilla se ha decantado por las obras de Velázquez y Zurbarán. Sus dos grabados se realizan a partir de una reinterpretación de Las meninas y un Bodegón.
Destacada representante de la abstracción geométrica de la década de los 70, Soledad Sevilla muestra un fértil talento para las metáforas visuales. En los primeros años de su carrera se decantó por analizar pictóricamente las tramas del espacio, usando como punto de referencia la compleja escenografía espacial de Las meninas. Durante los años posteriores no ha variado su vértice de atención central, pero sí ha ampliado el campo abarcado, incluyendo en su producción artística las instalaciones, e incorporando a ella un arte tan teatral y geométrico como la tauromaquia.
En su diálogo con las obras del Museo del Prado, Soledad Sevilla ha elegido el cuadro de Hipomenes y Atalanta, del clásico-barroco Guido Reni, que reinventa a través de la sobreimpresión del lance taurino de una verónica encima de la escena protagonizada por los dos héroes legendarios.
El proceso de maduración artística y personal de Susana Solano incluye el paso de la pintura a la escultura, arte en el que conjuga por un lado, el peso del espacio, y por otro, su ligereza. En su escultura hay un componente sintético de dureza a la hora de definir los cuerpos en el espacio, y otro analítico, que los volatiza.
La aportación de Susana Solano a esta particular visión de las obras del Museo del Prado incorpora grabados realizados bajo la inspiración de su recorrido mental y físico por el museo.