Alrededor de 230 obras de artistas como Klee, Kandinsky, Marc, Schiele, Brancusi, Chagall, Nolde, Balla, Goncharova, Léger, Severini, Grosz, y un largo etcétera, mostrarán al público cómo fue la relación entre el arte de vanguardia y la Guerra de 1914 y sus diversas implicaciones: cómo el tema de la guerra aparece en la obra de muchos de estos pintores, cómo el arte se convierte en algunos casos en divisa visual del belicismo o, por el contrario, en denuncia ante el horror de la contienda, cómo trabajan los artistas movilizados en el frente, la adaptación de los nuevos lenguajes artísticos como instrumento de propaganda, o cómo el arte de vanguardia asumió también en ocasiones una misión profética frente a la crisis.
Pocos acontecimientos históricos tuvieron una capacidad de determinación tan fuerte sobre la
trayectoria de las primeras vanguardias artísticas como la guerra de 1914. El periodo
inmediatamente anterior al estallido de la contienda coincidió con el de máxima vitalidad de
los movimientos de vanguardia, en cuya voluntad de insurrección se anticipaba la militancia
belicista por la que se pronunció una mayoría de los artistas del momento. Por otro lado, la
experiencia de la guerra incidió poderosamente sobre el trabajo de muchos de ellos, no sólo
como tema de sus obras, sino también como realidad que ponía de relieve contradicciones internas en el ideario de la modernidad del que participaban sus obras.
El trabajo de decenas de autores encuadrados en la principales corrientes del arte nuevo
reunidos en esta exposición -Klee, Kandinsky, Marc, Schiele, Brancusi, Chagall, Nolde, Balla,
Goncharova, Boccioni, Léger, Severini, Popova, Grosz, Macke, y un largo etcétera- mostrará,
entre otros asuntos, la misión profética que asumió el arte de vanguardia en relación a los
acontecimientos que van a determinar su crisis, la capacidad de los nuevos lenguajes artísticos
para convertir sus representaciones en divisa visual del belicismo, las diversas derivaciones de
una escritura apocalíptica que emerge y muere en ese periodo, o la posición de denuncia
ante el disparate de la contienda que asumieron también algunos artistas.
Entre las obras expuestas destacan algunos préstamos y conjuntos excepcionales, tanto por la
importancia y calidad de las piezas como por tratarse en algunos casos de trabajosprácticamente inéditos, poco conocidos o apenas expuestos al público. Entre los primeros,
sobresale la representación de Umberto Boccioni, con 3 óleos fundamentales, el conjunto de
obras de Franz Marc, Paul Klee, Marc Chagall, Sironi y Lehmbruck, o la serie de Ossip Zadkine,
nunca antes expuestos en un conjunto tan completo, incluyendo entre ellos una acuarela
inédita, Cuartel. Completan la lista de obras poco conocidas y excepcionalmente expuestas,
los dibujos de Marcoussis, algunas obras de Sironi, Lothe, Lehmbruck o Rouault, y una curiosa
escultura, una cabeza realizada sobre los restos de un obús, atribuida a André Derain y
recientemente descubierta.
Este recorrido se ha organizado a través de trece capítulos que se distribuyen entre las dos
sedes de la muestra: las salas del Museo Thyssen-Bornemisza y de la Fundación Caja Madrid.

1. El oscurecimiento del mundo
La exposición arranca con algunas obras fundamentales de Franz Marc, Otto Dix y de Egon Schiele, realizadas en los años inmediatamente anteriores a la Gran Guerra, que ofrecen una visión fatalista del mundo que representan y están marcadas por el desconsuelo y por alusiones a la muerte y la amenaza. La naturaleza doliente y atemorizada que se representa en estos cuadros sirve de imagen al abatimiento anímico que se vivió durante esos años.
2. La segunda visión
La función de la pintura como medio de anticipación o de revelación de una realidad más elevada, y como promesa de liberación de valores espirituales, determina una buena parte del arte nuevo en torno a 1913. Bajo el título de este capítulo se agrupan una serie de pinturas y esculturas -de Kupka, Marc, Souza Cardoso, Epstein, Goncharova o Brancusi- que responden explícitamente a la capacidad del arte de anticipar acontecimientos lejanos o futuros en forma de una visión, tomando a veces imágenes del mundo animal.
3. Últimos días de la humanidad
Los expresionistas Ludwig Meidner y Jacob Steinhardt, creadores del grupo "Die Pathetiker", muestran en su obra las visiones turbulentas que profetizan el hundimiento del mundo moderno, como los llamados "paisajes apocalípticos" de Meidner; en este capítulo se reúnen algunos ejemplos de este trabajo junto a lienzos coetáneos de Feininger, Nolde o Boccioni, que muestran también el tema del pavor milenarista en el arte inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial.
4. La vanguardia a caballo
El jinete a caballo es un motivo recurrente en la iconografía de la vanguardia artística de la primera mitad de la década de 1910: Marc, Kandinsky, Macke, Boccioni, Severini, Duchamp-Villon, entre otros, se ocuparon reiteradamente de la representación de jinetes y caballos. El caballo encarna con frecuencia la fuerza dinámica como imagen del arte de avanzada. La identificación del arte emergente y de la así llamada vanguardia con la caballería permite asociar algunas de las inquietudes artísticas más determinates de la época con una militancia belicista que, de hecho, se manifestará en los acontecimientos de 1914.
5. Canción de guerra / Naturalezas muertas
Con el idioma pictórico del cubismo como principal punto de partida, en torno a 1914 se desarrolló un lenguaje heráldico que daba pábulo al militarismo y a la insurgencia patriótica. Diversas obras de Hartley, Sironi, Popova, Gleizes, Léger y Duchamp-Villon presentan en esta sección esa transformación del cuadro en proclama, en divisa visual o imaginería distintiva para el alzamiento en los diversos países en conflicto.
6. Torbellino destructor
La mecanización y el dinamismo inducido por la máquina en la vida moderna ocupa un lugar central en algunas de las manifestaciones de la vanguardia histórica, principalmente en el movimiento futurista. El estallido de la Primera Guerra Mundial puso al descubierto la fuerza destructora de la máquina y, cuando la exploración artística de la mecanización toma por tema el conflicto bélico, evoca y celebra la estética inspirada en el automatismo como síntesis de las cualidades aniquiladoras de la máquina. Algunas obras maestras de Man Ray, Léger, Epstein, Dix, Sironi y Severini, de los años 1914 a 1917 y reunidas en este capítulo, muestran el fervor marcial, la fuerza o el dinamismo mecánico como imagen de la tensión deshumanizada de los actores de la guerra, del avance militar y la destrucción.
7. Guerra de las formas. Una estética de la desaparición
La representación de energías en tensión o en desplazamiento, desprovista de referentes figurativos, fue motivo frecuente de composiciones abstractas en torno a 1914 y, en ocasiones, éstas aluden analógicamente a la realidad de la guerra. Al hablar en el título de esta sección de una estética de la desaparición se alude a la correspondencia entre una visión artística y el fenómeno bélico que nos ocupa. Difícilmente se pueden caracterizar las pinturas que aquí se presentan como cuadros propiamente de batalla, pero sí son representaciones fuertemente ligadas a la exaltación del conflicto, al tiempo que máximos exponentes de la primera abstracción pictórica, entre ellas obras de Giacomo Balla, Franz Marc, Pavel Folonov, Pierre Albert-Birot y Wassily Kandinsky, con fecha entre 1914 y 1917.
8. Carga de profundidad
Paul Klee, Ossip Zadkine y Marc Chagall se ocupan de la realidad de la guerra como circunstancia que expresa la desventura humana e invita a la compasión; la muestra reúne en este espacio una selección de dibujos y acuarelas realizados por estos tres artistas durante la guerra, en los que representan, con una profundidad sin parangón, los escenarios de los que fueron testigos directos; se trata de obras enormemente emotivas de hospitales, heridos y convalecientes, de escenas militares pero también del efecto de la guerra sobre la vida civil.
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