Organizada conjuntamente por el Museo Thyssen-Bornemisza y Ferrara Arte, la muestra ofrece una relectura del fascinante universo mironiano desde este novedoso punto de vista, reuniendo cerca de 70 obras que abarcan toda su trayectoria artística desde 1918, año de su primera exposición individual, hasta su muerte en 1983.
Todo el arte de Miró está profundamente relacionado con el concepto "tierra" en su acepción más amplia y simbólica: desde la fuerte conexión con su Cataluña natal, su gente y sus tradiciones, o su fascinación por el mundo rural y el culto a los orígenes, hasta los temas relacionados con la sensualidad o la fertilidad, el infierno y la metamorfosis, la vida y la muerte, la materia y la negación de la forma... La muestra, organizada conjuntamente por el Museo Thyssen-Bornemisza y Ferrara Arte, ofrece al espectador una relectura desde este punto de vista diferente y más desconocido del complejo y fascinante universo mironiano. Un proyecto ambicioso que ha contado en todo momento con el importante apoyo de la Successió Miró.
Cerca de 70 obras -principalmente pinturas, pero también esculturas, dibujos, collages, cerámicas, etc.- procedentes de numerosos museos y colecciones de todo el mundo, han sido seleccionadas por el comisario de la exposición, Tomàs LLorens, para presentar en las salas esta revisión del arte de Joan Miró frente a las tradicionales revisiones historiográficas centradas habitualmente en su vinculación con el surrealismo. Esta nueva clave de lectura permite además reexaminar aspectos de su producción y de su trayectoria que no han sido adecuadamente valorados hasta ahora, como por ejemplo, su obra posterior a la segunda guerra mundial y, particularmente, la de carácter tridimensional (escultura, cerámica, tejidos y otros objetos), y permite también entender el diálogo que Miró establece durante esos años con los artistas informalistas de la generación siguiente a la suya (Dubuffet, Tàpies, Millares o Saura, entre otros); una perspectiva diferente desde la que la obra realizada por el artista catalán en la segunda mitad de su vida cobra un peso mayor al que se le suele dar habitualmente.
Desde el punto de vista formal, el interés de Miró por el núcleo "tierra" se manifiesta por una exaltación de la materia y de los materiales que componen la obra de arte, lo que le lleva a alcanzar soluciones formales inéditas y extraordinarias, al igual que algunas de las más importantes corrientes artísticas del siglo XX, como el informalismo norteamericano y europeo.
Entre las obras presentes en la exposición destacan por su relevancia algunos préstamos excepcionales como, por ejemplo, la pieza más destacada de Miró en los fondos del MoMA [El cazador (Paisaje catalán], los dos miró más importantes del Guggenheim de Nueva York [Tierra labrada y Paisaje (La liebre)] o las obras cedidas para la ocasión por el Centre Georges Pompidou de París [La Masovera y Pintura-objeto]; todas ellas piezas fundamentales en la trayectoria artística de Miró pero apenas vistas en Madrid. Destaca igualmente otro conjunto de préstamos procedentes de colecciones particulares internacionales; se trata de obras prácticamente desconocidas, por lo que esta exposición constituye una auténtica revelación y su primera presentación al público.
La exposición se articula a través de siete capítulos temático-cronológicos que recorren la totalidad de su trayectoria.
JOAN MIRÓ
(Barcelona, 1893 - Palma de Mallorca, 1983)
Joan Miró se forma artísticamente en la Llotja de Barcelona y posteriormente en la Academia de Francesc d'A. Galí, de espíritu más renovador. En esa escuela y en el Cercle Artistic Sant Lluc, conoce a sus grandes amigos, E.C. Ricart y a J. F. Ràfols, dos artistas en un principio renovadores pero que posteriormente se anclaron en la moderada propuesta noucentista. Desde joven Miró se relaciona con el mundo más vanguardista de Barcelona que, por esos años, está en plena efervescencia. En 1917 Picabia llega a la ciudad, funda la revista dadaísta 391 y pone a los jóvenes artistas catalanes en contacto con el arte internacional.
A finales de 1920 Miró viaja por primera vez a París, donde conoce a Picasso. Durante toda esa década alterna los inviernos parisinos con largas estancias en la masía familiar de Mont-roig, en el campo de Tarragona. Esos serían los años cruciales de su carrera artística, en los que descubre su lenguaje personal. En 1921 empieza a trabajar en el estudio de Pablo Gargallo de la rue Blomet. Allí Miró tiene como vecino a André Masson, en torno a quien se forma el denominado grupo "de la rue Blomet", futuro núcleo surrealista. También conoce a Max Jacob, Pierre Reverdy y posiblemente a Tristan Tzara. La imaginación de Miró encontró su verdadera expresión a través de sus contactos con los poetas dadaístas y con el grupo surrealista. Con estos últimos compartía muchos de sus planteamientos teóricos, pero no estaba integrado del todo en el grupo ni asistía regularmente a sus reuniones y actividades. El poeta y antropólogo Michel Leiris, un gran entendido en ritos primitivos y arte exótico, se convirtió en uno de sus mejores amigos.
A partir de la década de los años 1930, Miró se consagró como una de las figuras más destacadas del panorama artístico internacional y como uno de los artistas clave del siglo XX. Los últimos años de su vida los pasó en Palma de Mallorca, trabajando en su estudio de Son Abrines, diseñado por Josep Lluís Sert.
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