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Washington
Irving
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Un camino histórico que, en la Edad Media, sirvió
de importante vía comercial entre el reino nazarí
de Granada y los dominios cristianos. Una ruta marcada, por
tanto, con un carácter netamente fronterizo, que lleva
de las tierras bajas a orillas del Guadalquivir a las vegas
circundadas por las montañas en las inmediaciones de
Granada. En su trayecto, a lo largo de las provincias de Sevilla,
norte de Málaga, por Antequera, y Granada, se incluyen
extensos pueblos de la campiña y enriscadas villas
a los pies de alcazabas y castillos, localidades que atesoran
una riqueza monumental extraordinaria en medio de espacios
de gran interés y diversidad paisajística natural.
Los usos, costumbres y tradiciones que animan la vida de estos
pueblos, en los que la agricultura es la principal actividad,
ofrecen un aliciente adicional para un fascinante viaje.
El tono legendario del recorrido se acentúa, además,
al atravesar comarcas que el pasado siglo destacaron por la
presencia de contrabandistas y bandoleros como los famosos
Siete Niños de Écija y José María
El Tempranillo.
Paisaje:
El camino pasa de las ondulaciones de la campiña sevillana
a un terreno más quebrado, a partir de Estepa. Singular
interés revisten en estos tramos las lagunas que salpican
los campos, destacando especialmente la de Fuente Piedra.
Las sierras, con las caprichosas formaciones calcáreas
del Torcal de Antequera, se suceden flanqueando la cadena
de vegas que lleva a granada.
Recorrido y distancias:
La ruta transcurre entre Sevilla y Granada, distantes unos
250 kilómetros, a lo largo de un trayecto que se ajusta,
básicamente, a la autovía A-92. A partir de
Sevilla, se dirige en primer lugar a Alcalá de Guadaira,
acercándose después a carmona, Marchena y Écija,
para volver de nuevo a la A-92. Tras rebasar
Osuna, Estepa, La roda de Andalucía, Fuente de Piedra,
Humilladero y Mollina, entra en la vega de Antequera. Atraviesa
luego Archidona, Loja y Huétor-Tájar. Desde
Moraleda de Zafayona, se desvía para visitar Alhama
de Granada, al sur. Al norte de la A-92, asciende hasta Montefrío
e Íllora, retornando por Fuente Vaqueros y Chauchina
al eje de ruta, que culmina en Santa Fe y Granada.
Arquitectura:
MUSULMANA, BARROCA, POPULAR
El considerable Patrimonio monumental de las poblaciones
de esta ruta ofrece, en primer lugar, una extraordinaria selección
de arquitectura hispano-musulmana. Su rastro se prolonga luego
a través de obras mudéjares, barrocas y de la
arquitectura popular que fundamentan el elevado número
de conjuntos de interés histórico-artístico
que jalonan el camino. Junto a las excepcionales muestras
del arte musulmán de Sevilla, con la giralda y el Alcázar,
y Granada, la ciudad de la Alhambra y su corte de valiosos
restos, en las villas y ciudades de esta ruta aparecen edificaciones
no menos excepcionales; castillos y fortalezas, como los de
Alcalá, Antequera o Loja, mezquitas como la de Archidona,
baños como los de Alhama de Granada, de magnífica
conservación. El mudéjar y el barroco exhiben
aquí innumerables obras maestras: iglesias con torres
que recuerdan alminares de mezquitas, templos de tupida decoración
con armaduras y yeserías que evocan oficios de raigambre
musulmana, palacios, edificios públicos, etc. Compartiendo
elementos comunes a las tradiciones musulmana, mudéjar
y barroca, surge una arquitectura popular sencilla y noble,
presente en las construcciones urbanas y en las haciendas,
cortijos y caserías del camino.
Washinton Irving:
El protagonista de la ruta, escritor y diplomático
norteamericano (1738-1859), es el prototipo de viajero romántico.
Seducido por Europa, quedó cautivado por el "exotismo"
de Andalucía. En 1829 hizo el camino entre Sevilla
y Granada, donde residía algún tiempo. Sus andanzas
dieron fruto varias obras de tema hispano árabe, entre
las que destacan sus celebérrimos cuentos de la Alambra,
que tanto contribuyeron a la imagen romántica de Andalucía.
Fiestas:
Los ciclos festivos de las localidades de la ruta de W. Irving
responden al esquema más habitual por tierras andaluzas.
La Semana Santa, las ferias y fiestas patronales, cuya temporada
se concentra en la primavera y el verano, las celebraciones
de Corpus y romerías, suelen ser los acontecimientos
más señalados. Singular relevancia tiene el
flamenco, rasgo inconfundible de la cultura popular de estas
comarcas, presente en festivales y ferias.
El caballo:
Contaba un viejo dicho que los caballos de la campiña
sevillana eran tan veloces porque las yeguas quedaban preñadas
por el viento...., lo cual pone de manifiesto la fama que
siempre han tenido los equinos criados a lo largo de esta
ruta. La imagen de briosos corceles está asociada,
además, al trajín de los viajeros y su legendario
cortejo de bandoleros, característico de este itinerario.
En tierras de Écija, Marchena, Osuna, Antequera, Loja,
hasta las cercanías de Granada, pastan yeguadas que
conservan con gran pureza la raza del caballo español,
con dedicación también a la raza árabe.
Se trata, pues, de un escenario idóneo para realizar
rutas y excursiones a caballo.
Gastronomía:
Los productos de la tierra que se encuentran a lo largo de
esta ruta son la base de una sabrosa gastronomía. De
gran fama son sus panes, el alimento más sencillo,
como los de Alcalá, Antequera, con sus molletes, y
tantos pueblos hasta las mismas puertas de Granada. El aceite
se prodiga desde Sevilla, por Carmona y la campiña
hasta Estepa y La Roda, y desde Antequera, centro de la producción
de la variedad hojiblanca de aceituna, a Loja y la Vega. Los
productos naturales de alta calidad, como los espárragos
de Huétor-Tájar, y una gran variedad de hortalizas,
dan sustancia a la cocina, que sirve abundantes potajes y
guisos, platos como la porra y los gazpachos, ensaladas, etc...
Las chacinas y los platos de carne, de caza también,
de pescado, suponen otro apartado de particular interés.
Especial mención merecen los dulces, desde los elaborados
por monjas de clausura en numerosos pueblos, a los famosos
mantecados, polvorones, roscos, alfajores y un sinfín
de otras delicias.
Artesanía:
Desde Sevilla a Granada, proliferan los talleres donde se
trabajan algunas de las manufacturas más representativas
de la artesanía andaluza. La cerámica ofrece
un excelente repertorio en ambas capitales y otras poblaciones.
Los trabajos en metal tienen también una presencia
notable, así como los oficios de la madera y los del
cuero, aplicado en guarnicionería, talabartería
o encuadernación. Las labores con fibra vegetal y otras
especialidades, como la joyería y la fabricación
de guitarras, completan el panorama artesano de la ruta.
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